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lunes, 22 de junio de 2026

EL BUEN GUSTO Y LA SALUD MENTAL

 ¿Se puede educar en el buen gusto?


Quizá, antes de hacerse esa pregunta, habría que decir ¿Qué es el buen gusto?


Pero, en realidad, antes que esa otra pregunta, habría que preguntarse ¿Y qué es el gusto?


Y, para responder esa última pregunta (o primera, yo ya me he líao), habría que preguntarse ¿Cuál es la diferencia entre gusto y deseo?


Porque eso es lo que nos sirve para definir el gusto, ya que este es lo que gusta, lo que es agradable o, valga la redundancia, gustoso para uno. Mientras que el deseo es una fuerza psicofisiológica que activa en la búsqueda de lo que es deseoso porque es interpretado como potencialmente gustoso.


Vaya un rollo filosofal, ¿verdad? Pero tiene un sentido. Si el gusto es lo agradable para uno, y el deseo es lo que nos empuja hacia lo que es agradable, el gusto se puede educar para que el deseo se pueda manipular y, con ello, se manipulen también nuestras intenciones y acciones.


En un mundo como el de hoy, tan capitalista, tan materialista, tan superficial, tan dopaminérgico, tan todo fácil y rápido y ya, con tanta publicidad, con tantas RRSS y con tanto falso gurú guiando a tanta gente perdida (demasiada gente), tiene uno la sensación de que nuestro gusto tiene muchos malos maestros y nuestro deseo muchas malas influencias. Y que, con el gusto mal educado, el otro, el deseo, fácilmente nos empuja hacia estímulos, actividades o personas que no siempre son lo mejor.


Pero, ¿y qué es lo mejor? ¿O qué es el buen gusto? Bueno, si hemos determinado antes que el gusto es lo que me gusta porque es agradable para mí, podríamos decir que lo que es agradable para mí es bueno. Aunque... no siempre, ¿verdad? Hay veces que algo parece bueno, y luego no lo es, o lo es, pero solo en un primer término, y luego aparecen secuelas desagradables. Una comida basura puede ser muy buena en el plazo más inmediato, y, quizá, un poco después... a nuestro aparato digestivo ya no le parezca tan bueno.


Trabajar hasta altas horas en la oficina cada día puede no ser gustoso ni deseoso, ni explotar a personas a través de rentas especulativas (seguramente tenga que inventarme algún "atajo moral" para que mi conciencia pueda tolerarlo), pero el dinero que obtengo y que me va a llevar a cierto estatus socioeconómico puede que sí que sea lo gustoso y deseoso.


O, quizá, si aplicamos el pensamiento críticoliberado de condicionamientos culturales negativos que abogan por el entretenimiento vacío, la novedad permanente, la hiperproductividad del ocio, y el materialismo en detrimento del humanismo, lleguemos a la conclusión de que aquel estatus no sea lo más gustoso ni deseoso.


Yo, desde mi propio pensamiento crítico, pienso que hoy día debemos recuperar
el buen gusto
. El gusto por lo sencillo, el gusto por lo natural, el gusto por la mesura, el gusto por la humildad, el gusto por la autenticidad, el gusto por la virtud, el gusto por la quietud y el silencio, el gusto por la pereza y por una productividad razonable y razonada, el gusto por la reflexión y por la filosofía, el gusto por la soledad como espacio para el desarrollo personal, el gusto por la cooperación como dinámica de crecimiento colectivo, el gusto por el arte como expresión de lo anticultural, el gusto de ser un antisistema como respuesta a un sistema disfuncional en el que gusto y deseo nos conducen, demasiadas veces, a la insatisfacción, al vacío y a la enfermedad mental.


Pero, insisto, este es solo mi pensamiento. No tienes por qué sentirte identificada o identificado. Sirva este texto, simplemente, para hacerte pensar sobre tu propio gusto y, quién sabe...


... quizá, también, para explorar.


Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


Si te gustó el post, comenta y comparte, no te lo quedes solo para ti, porfa.


Si te gusté yo, ¡gracias! Hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para todo el mundo. Tengo un par de libros muy majos.


Y, como siempre, ¡recibe este abrazo!

martes, 18 de junio de 2024

UNA VIDA SENCILLA

Hace poco vi la película japonesa del director alemán Wim Wenders, Perfect Days. Retrata la vida de un hombre sencillo, que pasa su día a día de manera tranquila, solitaria, dedicándose a hacer su trabajo, limpiar urinarios, lo mejor que puede, tratando de no molestar a nadie y de ayudar al prójimo en lo que esté en sus manos. Escucha cintas de cassette de los 60 y 70, lee, contempla, saborea...


En cuanto terminé de verla supe que tenía que dedicarle una reflexión, porque nos muestra un estilo de vida casi completamente opuesto a lo habitual en la época contemporánea: vivimos de manera frenética, siempre con algo que hacer, siempre rodeados de gente (que no significa acompañados), no paramos, no observamos, la multiplicidad y complejidad de los estímulos que nos invaden, nos desbordan... ¿No te sientes a veces así, desbordado?


Frente a esa manera de vivir, y tratando de hacer un esfuerzo por parecerse un poco a Hirayama, el protagonista de Perfect Days, cada vez hay más gente (y aún así, siguen representando una minoría) con una nivel de consciencia, no diré que más elevado, simplemente distinto. Personas que se han dado cuenta de la importancia crucial de cuidar su bienestar psicoemocional y de que, por y para ello, es necesaria una forma de vida más amable, más lenta, con menos presión y sobre carga, más sencilla.


Sin embargo, el sistema, este maldito y asqueroso sistema capitalista (o neoliberal = capitalismo al cuadrado = sociedad materialista y egoísta), un sistema al que no le interesa para nada las personas amables, lentas y sencillas, porque actuar así no resulta productivo y todo lo que sea improductivo este sistema lo margina y desecha, pues este sistema, digo, se ha rearmado frente a ese nuevo nivel de consciencia, y cada vez nos lo pone más difícil. Mucho más difícil.


A fin de cuentas, o mejor dicho, haciendo cuentas, para vivir de manera sencilla es necesario priorizar. Uno empieza priorizando aquellos aspectos de la vida, como tiempo con la familia y los amigos, o el cultivo de lo que Aristóteles llamaba la virtud (obrar bien para uno mismo y los demás), que se han demostrado por los estudios que son los que más felices nos hacen, y acaba dando un lugar más bajo a otros aspectos como la riqueza material o el estatus. Pero cuando el sistema se rearma y no te permite llegar a esos cálculos, porque simplemente no salen las cuentas, porque la vivienda se ha convertido en un objeto de lujo, porque para poder llegar a fin de mes hay que trabajar cada vez más solo para poder conseguir pagar lo básico, entonces estás exprimido, el sistema, entiéndase por sistema a todos los que tienen capital y se lucran con el sudor de tu trabajo, te exprime, te tiene literalmente exprimido.


Es en ese momento cuando uno se da cuenta de lo jodido que está, de que no puede elegir una vida sencilla porque no le dejan, y salir de la rueda del hámster pasa por quedar en el desamparo, en la marginación, excluido de una sociedad adicta al dinero y a lo material pero de la que si no formas parte no vas a poder ni subsistir. O eso o...


... cambiamos las putas reglas del juego.


El sábado 29 de junio en Málaga nos manifestamos por que la ciudad sea un espacio en el que vivir, y no para sobrevivir. Los precios de la vivienda son insostenibles, y no es ya solo que te impidan vivir una vida sencilla (sin lujos ni excentricidades, pero con más tiempo para las personas queridas y para uno mismo), es que ni matándote a trabajar puedes acceder a un techo y cuatro paredes bajo los que refugiarte, con toda la problemática para la salud mental que ello conlleva: personas que se sienten frustradas por no poder iniciar un proyecto de vida, otras que tienen que alejarse de sus arraigos en la ciudad en la que nacieron, otras que soportan los inasumibles precios a costa de un nivel de estrés que cada vez les pasa más factura. 


Los abusadores económicos (propietarios, fondos buitres, inmobiliarias, bancos, y políticos que se alinean con ellos), no solo no quieren impedir que vivas una vida sencilla, porque no les renta, es que te lo van a poner lo más difícil que puedan, al más alto coste, porque es eso lo que les hace ganar más dinero.


Y su estatus, su materialismo, su alto tren de vida..., lo estás pagando tú, con tu sacrificio, y con tu salud. Por ello, amigo, amiga, si estás en Málaga el 29 J, ven con nosotros, ¡y rebélate!


Y que ese sea solo el primer paso. Porque si ellos quieren que sus beneficios aumenten a costa de nuestra felicidad, nosotros les daremos paz social únicamente a cambio de que terminen con su avaricia.


Y si no quieren, que no haya paz social.


Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


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Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para todo el mundo. También tengo un par de libros.


Y, con ganas de cambio, ¡recibe este abrazo!  

miércoles, 24 de mayo de 2023

UNA ACCIÓN QUE NI TE PLANTEABAS QUE PODÍA SER MUY IMPORTANTE PARA TU SALUD MENTAL

A continuación voy a enumerar una serie de hábitos que pueden llegar a ser muy beneficiosos para nuestra salud mental:


- Apagar las luces de las habitaciones que no están siendo usadas.

- Echar combustible en gasolineras low cost.

- Poner las lavadoras en horarios de tarificación más económica.

- Hacer listas de la compra para gastar solo en aquello que realmente se necesite.

- Hacer una hoja de ingresos y gastos y reducir o eliminar lo que se pueda.

- Ahorrar para imprevistos.

- Usar más la bici, los patinetes o los pies.

-...


Sí, efectivamente el estrés económico puede ser muy perjudicial para nuestra salud mental. Y no solo el estrés económico. Occimorons, genial psicólogo y viñetista al que puedes seguir en Instagram, nos lo explica mejor con esta frase: "Salud mental es también tener un trabajo estable con un sueldo digno que nos permita construir un proyecto de vida". Pues sí, la precariedad laboral afecta, y mucho, a la salud mental. Y si no que se lo digan a nuestros jóvenes (y a los no tan jóvenes también).


Por eso, a la lista que he hecho antes, yo añadiría una acción que puede ser decisiva para nuestra salud: votar. Porque las decisiones en política influyen en el modelo económico y laboral de una sociedad. Y ese modelo, por supuesto, influye en nuestra salud mental.


Este próximo domingo, en España, son las elecciones municipales y, en algunos sitios, también las autonómicas. Yo vivo en Málaga y tengo muy claro que no voy a votar al actual alcalde, Francisco De La Torre, del Partido Popular. Málaga, al igual que otras ciudades como Madrid o Mallorca, se ha convertido en un lugar tensionado económicamente. Los precios de las vivienda en propiedad y de los alquileres han subido de manera desproporcional a los sueldos y a eso se le une el aumento del precio en todo lo demás. No estoy de acuerdo, para nada, en el modelo liberal o neoliberal de políticos como De La Torre, Ayuso u otros del Partido Popular. Las políticas de derecha defienden un modelo basado en la competitividad y en la cultura exacerbada del esfuerzo. Eso, aparte de no coincidir con mis valores, no es sano. Es estrés. Mucho estrés. Cada vez hay que saber más y trabajar más para poder acceder a lo mismo que antes no costaba tanto. ¡Y eso si llegamos!


Pfff... Qué agobio, ¿no? Me dan ganas de decirles "¡Dejadme vivir en paz, cooooño!" ¿A ti no? En serio, no creo que el capitalismo, al menos no el capitalismo extremo que defienden algunas corrientes políticas, sea bueno para la salud, ya seas de izquierdas o de derechas. No creo que el ser humano esté preparado para soportar tanta tensión como la que genera el crecimiento económico ilimitado. Los recursos del planeta no son ilimitados. Los de las personas, tampoco.


Y, con la que está cayendo, con la que está cayendo, quizá no sería mala idea que, a la hora de votar este domingo, también pienses en la salud mental. 


Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


Si te gustó el post no te lo quedes sola para ti, porfa, comenta y comparte.


Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para el resto del mundo. También tengo un libro fantastioso llamado La dictadura de la felicidad.


Y, ya pienses de una manera u otra o como te dé la gana, ¡recibe este abrazo!