miércoles, 5 de agosto de 2026

DESDE EL TRAUMA

En el último post te daba algunas claves, tanto cognitivas como de autorregulación emocional, para ayudarte a calmar la emoción cuando la intensidad de esta se dispara. No olvidemos que las emociones no son un problema por sí mismas, sino que es, a veces, su intensidad, lo que nos abruma y provoca dolor o sufrimiento o hace que actuemos de manera impulsiva y equivocada. Pero esa intensidad se puede regular.


Bien, pues hay algo que no te conté en ese post y que, quizá, puede ser lo más útil para calmar la respuesta emocional tan intensa que estemos sintiendo: saber de dónde viene eso.


¿No te lo has preguntado nunca? ¿Por qué reaccionas emocionalmente de manera tan intensa ante ciertos estímulos y situaciones, mientras que otras personas no responden igual? Por supuesto, por tu historia. Una historia que no tiene los mismos traumas que ninguna otra persona. Pueden ser similares, en algunos casos, pero nunca 100% idénticos.


Entonces, lo que hace tu cerebro cuando percibe un estímulo (y recordemos, esos estímulos pueden ser externos, como situaciones e interacciones, o pueden ser internos, como pensamientos, emociones y sensaciones) es buscar rápidamente (en milisegundos) información con la que asociar ese estímulo para identificar si es peligroso o neutro. Si encuentra traumas o situaciones aversivas del pasado que asocia al estímulo presente, la sobre respuesta emocional ya está en marcha.


Imagínate un niño que sufrió en el pasado porque sus padres no dejaban de discutir violentamente y, ahora, en el presente, en cuanto se enfrenta a una situación de conflicto con alguien, responde entrando en pánico, o de manera agresiva, o se encierra en sí mismo y se queda días en un estado de ánimo deprimido. Su trauma se está despertando. Un trauma es una herida emocional todavía abierta.


¿Hay que cerrarla para que podamos sanar y, por ende, dejar de reaccionar emocionalmente así? Yo soy de los que piensa que no. Todos estamos traumados. Todos estamos heridos. Y vamos a seguir estándolo. Y no pasa nada. Bueno, mentira, sí que pasa: sufrimos. Pero no se trata de no sufrir. Se trata de sufrir bien. Y cuando te das cuenta de que tu sufrimiento viene de un trauma, es como si descubrieras que solo es una especie de falsa alarma, que en realidad estás sobre reaccionado a algo que tu cerebro se piensa que es muy malo pero que no lo es tanto o que, al menos, es manejable.


No necesitas sanar. No necesitas dejar de responder así (no puedes evitarlo). Solo necesitas cuidarte. Porque estás herido. Y todo herido necesita cuidados. Y es entonces, cuando entiendes que solo tienes que hacer eso, cuando la emoción se puede calmar. Porque sabe que está siendo bien atendida.


Sabe que la vas a sufrir bien.


Cuestiona lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


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martes, 7 de julio de 2026

CALMAR LA EMOCIÓN

 Sentir es normal. Hasta ahí llegamos, ¿verdad?


Sentir emociones incómodas, desagradables o dolorosas, como el miedo, el enfado o la tristeza, también es normal. To no puede ser bonito. Y, además, esas emociones están ahí para algo, cumplen alguna función.


Lo que ya no es tan normal o, mejor dicho, lo que puede provocarnos problemas (y las emociones no están ahí para provocarnos problemas) es cuando tenemos respuestas emocionales muy intensas, cuya intensidad no es adaptativa, y que pueden prolongarse en el tiempo.


Por ejemplo, lo que conocemos como estrés. El estrés es una respuesta adaptativa que se produce en el organismo y que nos prepara para afrontar ciertas demandas del entorno. No es otra cosa que una activación psicofisiológica elevada porque, si estuviéramos siempre en calma, no estaríamos lo suficientemente preparados para realizar ciertas tareas o resolver algunos problemas, ¿no?


Pero cuando el estrés es muy elevado con respecto a la demanda que lo provoca o nos mantenemos estresados cuando no toca, el organismo se resiente, y se agota, y pueden aparecer problemáticas como el burnout, la depresión o los ataques de pánico. ¿Lo ves?


Lo mismo con el enfado: ¿te has enfadado alguna vez y te has arrepentido de lo que has hecho luego o te has dado cuenta de que tu enfado había sido desproporcionado? Y con la tristeza: ¿ha hecho la intensidad (el drama) de la tristeza que lo veas todo negro y que nada tenga sentido ya?


Por eso a las emociones no hay que combatirlas. No se trata de luchar contra ellas ni de eliminarlas ni de transformarlas como primera opción (podemos cambiar lo que sentimos, sí, pero tras haber atendido antes la emoción que estábamos sintiendo en primer lugar). Se trata de aprender a regular la intensidad de las emociones cuando esa intensidad se dispara y nos provocan dolor innecesario o respuestas disfuncionales.


Y esa regulación se puede hacer de manera mental, cognitiva, con diálogo interno y cambio de pensamientos. Puedo decirme algo para ver aquello que me está estresando de otra manera, y ayudarme así a bajar un poco la guardia. Puedo relativizar aquello que ha provocado mi enfado. Puedo cuestionar tanta negatividad y tratar de enfocarme en lo positivo (siempre que este sea un ajuste realista, claro).


Pero, a veces (y creo que muchas veces) nos sentimos tan abrumados por la intensidad de la emoción que nos es imposible pensar con claridad y decirnos algo que sea útil. Por eso, hay que ir primero al cuerpo, a la emoción directamente.


Y hay dos formas principales de calmar la emoción:


1.  Relajarla. Si lo que notas es aceleración, hiperactividad, que no puedes quedarte quieto, que la emoción te empuja a actuar de manera impulsiva y desenfrenada, seguramente necesites pararte y bajar esas revoluciones. Por ejemplo, respirando lenta y profundamente. O con autoverbalizaciones relajantes. O con música de ambiente tranquilo, o con yoga o meditación. Se trata de desacelerar cuerpo y mente, que van a mil por hora, y, con otra marcha puesta, pensar de una manera más nítida y actuar de forma más controlada. Esta estrategia puede ser especialmente útil cuando estamos muy agobiados porque tenemos muchas cosas que hacer y sentimos esa presión de que no podemos con todo, o cuando la ira nos empuja a actuar sin control, de manera muy rápida, y, casi siempre, desacertada.


2. Desfogar. Si lo que notas es angustia, una tensión que te oprime, que te hace pequeñito, y te sientes bloqueado, asustado, encogido, con mucha inquietud interna, seguramente lo que necesitas entonces es ¡soltar toda esa tensión, liberarla! Puedes hacer alguna actividad física intensa, incluso en casa, moverte fuerte y rápido para "agotar" toda esa energía de más que hay en tu organismo. O puedes salir a la calle a andar rápido (normalmente, cuando se hace esto, tras un tiempo, se suele pensar con mayor claridad). Puedes cambiarte de sitio, porque a veces nos sentimos como encerrados, y, simplemente cambiado de entorno, empezamos a sentirnos mejor. Si relacionas esa tensión con el enfado, puedes desfogar soltando tacos o insultos (con la persona implicada fuera de esto, claro), o escribir muy rápido sobre todo lo que se te ocurra para soltar tu mala leche. O si lo que estás es triste, puedes llorar, por supuesto, que es de las cosas que hacemos que más liberados de tensión nos dejan.


Al final, se trata, sobre todo, de ser conscientes de que aquello que creemos que es el problema (algo externo) no lo es tanto o se puede resolver, pero que, primero, seguramente, necesitemos atender el verdadero problema principal: una respuesta emocional demasiado intensa. Nos sobre agobiamos, o nos sobre enfadamos, o nos volvemos demasiado negativos...


... pero podemos calmarlo. Y espero que este post te ayude con eso. Y si no, siempre puedes acudir a mí como tu psicoterapeuta y te enseño más sobre esto.


Cuestiona lo que digo, que la duda nos acerca más a la verdad.


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lunes, 22 de junio de 2026

EL BUEN GUSTO Y LA SALUD MENTAL

 ¿Se puede educar en el buen gusto?


Quizá, antes de hacerse esa pregunta, habría que decir ¿Qué es el buen gusto?


Pero, en realidad, antes que esa otra pregunta, habría que preguntarse ¿Y qué es el gusto?


Y, para responder esa última pregunta (o primera, yo ya me he líao), habría que preguntarse ¿Cuál es la diferencia entre gusto y deseo?


Porque eso es lo que nos sirve para definir el gusto, ya que este es lo que gusta, lo que es agradable o, valga la redundancia, gustoso para uno. Mientras que el deseo es una fuerza psicofisiológica que activa en la búsqueda de lo que es deseoso porque es interpretado como potencialmente gustoso.


Vaya un rollo filosofal, ¿verdad? Pero tiene un sentido. Si el gusto es lo agradable para uno, y el deseo es lo que nos empuja hacia lo que es agradable, el gusto se puede educar para que el deseo se pueda manipular y, con ello, se manipulen también nuestras intenciones y acciones.


En un mundo como el de hoy, tan capitalista, tan materialista, tan superficial, tan dopaminérgico, tan todo fácil y rápido y ya, con tanta publicidad, con tantas RRSS y con tanto falso gurú guiando a tanta gente perdida (demasiada gente), tiene uno la sensación de que nuestro gusto tiene muchos malos maestros y nuestro deseo muchas malas influencias. Y que, con el gusto mal educado, el otro, el deseo, fácilmente nos empuja hacia estímulos, actividades o personas que no siempre son lo mejor.


Pero, ¿y qué es lo mejor? ¿O qué es el buen gusto? Bueno, si hemos determinado antes que el gusto es lo que me gusta porque es agradable para mí, podríamos decir que lo que es agradable para mí es bueno. Aunque... no siempre, ¿verdad? Hay veces que algo parece bueno, y luego no lo es, o lo es, pero solo en un primer término, y luego aparecen secuelas desagradables. Una comida basura puede ser muy buena en el plazo más inmediato, y, quizá, un poco después... a nuestro aparato digestivo ya no le parezca tan bueno.


Trabajar hasta altas horas en la oficina cada día puede no ser gustoso ni deseoso, ni explotar a personas a través de rentas especulativas (seguramente tenga que inventarme algún "atajo moral" para que mi conciencia pueda tolerarlo), pero el dinero que obtengo y que me va a llevar a cierto estatus socioeconómico puede que sí que sea lo gustoso y deseoso.


O, quizá, si aplicamos el pensamiento críticoliberado de condicionamientos culturales negativos que abogan por el entretenimiento vacío, la novedad permanente, la hiperproductividad del ocio, y el materialismo en detrimento del humanismo, lleguemos a la conclusión de que aquel estatus no sea lo más gustoso ni deseoso.


Yo, desde mi propio pensamiento crítico, pienso que hoy día debemos recuperar
el buen gusto
. El gusto por lo sencillo, el gusto por lo natural, el gusto por la mesura, el gusto por la humildad, el gusto por la autenticidad, el gusto por la virtud, el gusto por la quietud y el silencio, el gusto por la pereza y por una productividad razonable y razonada, el gusto por la reflexión y por la filosofía, el gusto por la soledad como espacio para el desarrollo personal, el gusto por la cooperación como dinámica de crecimiento colectivo, el gusto por el arte como expresión de lo anticultural, el gusto de ser un antisistema como respuesta a un sistema disfuncional en el que gusto y deseo nos conducen, demasiadas veces, a la insatisfacción, al vacío y a la enfermedad mental.


Pero, insisto, este es solo mi pensamiento. No tienes por qué sentirte identificada o identificado. Sirva este texto, simplemente, para hacerte pensar sobre tu propio gusto y, quién sabe...


... quizá, también, para explorar.


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miércoles, 20 de mayo de 2026

HÁBITOS TÓXICOS Y HÁBITOS SANOS PARA NUESTRA AUTOESTIMA

La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos.


Es muy importante porque dependiendo de esa valoración, tendremos más confianza en nosotros o menos. Y la confianza da seguridad. Y la falta de confianza da miedo.


Además, de una mala autoestima se pueden derivar sentimientos como el sentimiento de inferioridad o el autorrechazo. No siento que sea lo suficiente, no siento que sea merecedor.


Normalmente, la mala autoestima proviene de experiencias chungas del pasado que provocaron que generaras creencias también chungas sobre ti mismo. Tu autopercepción y tu manera de pensarte han sido condicionadas por aquellas malas experiencias. Es decir, te ves de una forma distorsionada. Esto se puede trabajar en terapia.


Pero, independientemente de tus mierdas del pasado (que todos, por cierto, tenemos algunas), hay cosas que haces hoy día, en el presente, que pueden cuidar o intoxicar tu autoestima. Ten en cuenta que la autoestima no es inmutable, ya que esta va muy ligada al autoconcepto, y nuestro autoconcepto puede variar con el tiempo. Autoconcepto positivo = autoestima positiva. Autoconcepto negativo = autoestima negativa. 


A continuación te hago una lista de hábitos tóxicos y hábitos sanos que inciden en nuestro autoconcepto y que, por ende, envenenan o fortalecen nuestra autoestima. ¡Ahí van!


Los chungos:


- Destacar lo malo e infravalorar lo bueno.

- Compararse (cuando lo hacemos, solemos menospreciarnos).

- Ser demasiado autoexigentes. Al no llegar a tus estándares imposibles, te vas a sentir insuficiente.

- Hablarte mal (insultarte o criticarte de manera destructiva).

- Priorizar las necesidades y/o deseos de los demás siempre.


Los sanos:


- Acepta tus defectos; valora tus virtudes.

- Trata de superarte solo a ti mismo, entendiendo que nunca vas a alcanzar la perfección.

- Exígete dentro de tus posibilidades. Por tanto, reconoce tus límites y respétalos.

- Háblate como le hablarías a alguien al que intentaras ayudar: de manera amable, paciente y comprensiva, tratando de mejorar las cosas, no de empeorarlas.

- Sé consciente de tus necesidades y atiéndelas debidamente. Date tu lugar.


Como ves, la autoestima, y con ella nuestro autoconcepto y la confianza en
nosotros mismos, es algo que se puede atender y desarrollar cada día. Elige lo que es sano. Desecha lo que es tóxico. Cuídate bien y mucho.


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martes, 21 de abril de 2026

VIAJAR NO DA LA FELICIDAD

Madre mía, se me van a echar al cuello los frikis de los viajes con este post... 😬


Pero es que no, es que viajar no da la felicidad, para nada. Hace poquito, hice mi último viaje, me fui solo al norte de España, estuve en Santander, San Sebastián y alrededores. Es bonito y se come bien. También es caro viajar, hay muchos turistas según qué zonas, es cansado, a veces aburrido... Tiene sus pros y sus contras. Me gustó mi viaje, pero no fue la panacea.


Más que nada porque, y este es el punto al que quiero llegar, nada es la panacea. El significado de panacea es "Remedio o solución general para cualquier mal", así que si hablamos de la panacea de la felicidad podríamos hablar del remedio a la infelicidad. Y eso no existe. La felicidad no es algo que se consigue. Es algo que se siente, por momentos. Por tanto, el dinero no da la felicidad, tener una pareja no da la felicidad, viajar no da la felicidad. Pueden procurarnos muchos momentos felices, pero eso también dependerá de otros factores, personales (si eres un niño pijo que ha viajado ya por medio mundo, seguramente viajar nuevamente no te genere tanta satisfacción como quien viaja menos a menudo), y ambientales (si resulta que el destino no era finalmente cómo te habías imaginado, por muchas fotos idílicas que cuelgues en Instagram, la realidad es la que es).


Entonces, si resulta que la felicidad es un sentimiento que vivimos por momentos, y que depende de factores internos y externos, aunque viajar esté bien, que no digo yo que no (también me parece súper legítimo que haya gente a la que no le guste viajar), ¿no será mejor centrar tus pensamientos, esfuerzos y energías en construir una rutina de vida atractiva?


Viajar, como tantos otros productos de consumo, es un anzuelo para que te gastes el dinero, para que trabajes mucho, como un puto pringado, seguramente ayudando a otros a hacerse ricos gracias a tu productividad y la de tus compañeros, mientras tú te pasas la mayor parte del año soñando con esos dos viajes que haces (con suerte) para escapar de los berridos de tu jefe y de la monotonía esclava de tu lugar de trabajo. Además, como ves mundo, esa experiencia te genera la falsa ilusión de que no eres un peón como tantos otros, sino que perteneces a una clase media que puede hacer cosas de ricos y quizá, algún día, aspirar a la vida ostentosa que tiene tus ídolos de la tele. Spoiler: no.


Basamos demasiado nuestro bienestar en la novedad, en ese par de viajes al año, en el plan del fin de semana, en el fiestorro que haremos por nuestro 50 cumpleaños (si llegamos) o por nuestras bodas de plata (estadísticamente, bastante improbable). Y, mientras tanto, la vida se nos pasa. La vida buena no hay que erigirla sobre las bases de la novedad, sino de la rutina, de una rutina que sea atractiva, buena para ti.


Haz, todos los días, cosas que te gusten, que te hagan sentir bien, con las que te sientas orgulloso. No tienen que ser novedosas ni el no va más. Es más importante que tengan un significado positivo para ti, que tú te sientas bien simplemente por el hecho de hacerlas porque crees que le dan un buen sentido a tu vida, una buena dirección. Cuidarte, cuidar a otros, hacer ejercicio, practicar aficiones, aprovechar el tiempo, descansar, leer...


¡Por cierto, leer es otra manera de viajar! (y menos costosa) ¡Y, por cierto, este jueves 23 de abril es el Día del libro! ¡Y, por cierto una vez más, ¿a qué esperas para hacerte con mi libro, La Dictadura de la Felicidad?! ¿Qué mejor que hacerte con él, de una vez, para celebrar el Día del libro? No se ha notado apenas la cuña, ¿verdad? 😁


Bueno, concluyendo, que viajar está bien (o no), pero que al final la vida es mucho más que eso y, para vivir más o menos bien, cuando se pueda, que no siempre se puede, haz cosas que ames, y ama lo que haces.


Yo lo intento y creo que me va más o menos bien. Sí. Amo mi rutina. Y si a veces me escapo de ella es para después volver, ¡y cogerla con más ganas!


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martes, 3 de marzo de 2026

PONER EN VALOR LA RAREZA

 Hoy día se han empezado a usar bastante los términos "neurodiversidad" y "neurodivergencia". El primero se refiere a que las personas que formamos parte de una sociedad somos neurológicamente diversos. Dentro de esa diversidad, hay grupos que se alejan de lo predominante, como personas con rasgos de autismo, de TDAH y otros, y estos serían los "neurodivergentes". Es decir, todos somos neurodiversos en cuanto al funcionamiento de nuestro cerebro, y algunos son diferentes a lo más típico. No por ello quiere decir que estén enfermos. Estos términos son más inclusivos, menos estigmatizantes, y por eso estoy muy a favor de que se usen más a menudo.


Sin embargo, creo que también debería haber un término que recogiera más la diversidad social, y que estuviera muy alejado de los que ya conocemos: marginados, bichos raros, frikis, nerds, inadaptados... Ya lo dijo el orador y escritor indio Jiddu Krishnamurti: "No es signo de buena salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma".


Que seas diferente, que no te guste lo que le gusta a "todo el mundo", que tus ideas, valores e intereses difieran de los más aceptados socialmente, no significa que estés enfermo. De hecho, no tiene por qué significar que tengas algún problema. Es más, hay patrones de comportamiento que me parecen más nocivos (para uno mismo y para los demás) que los de, por poner un ejemplo, los therians: estos solo están haciendo un juego que les ayuda a encontrar pertenencia a un grupo en el mundo, identificándose con los animales (lo cual me parece estupendo, ya lo dijo el cantante: "Yo quisiera ser civilizado como los animales..."), mientras que en la sociedad actual encontramos muchas conductas hiperindiviudalistas, egoístas, orientadas a lo material y a la acumulación de dinero y experiencias, que dan una importancia excesiva al ego y al estatus... Basura para el alma y escollos para nuestra salud mental.


Por eso, ahora que se habla tanto de neurodiversidad y neurodivergencia, de estilos cognitivos diferentes pero no inferiores, y ahora que se han puesto tan de moda los therians, yo quiero poner en valor a los Bichos Raros, con las dos letras iniciales en mayúsculas, con orgullo. Pensar, sentir y actuar de manera diferente a lo normativo puede ser, según qué casos, bueno para nuestra salud mental. Y también para el desarrollo de una sociedad más respetuosa con el bienestar de todas las personas.


Y aprovechando que queda ya poquito para la Gala de los Oscars 2026, que se celebra el 15 de marzo, quiero dejaros una lista de películas protagonizadas por personajes alejados del exitismo al que nos tiene tan acostumbrados (y mal enseñados) Hollywood. Personajes imperfectos, pero bellos. Personajes con heridas, y también con fortalezas. Personajes con historias que nos recuerdan, que nos enseñan, y que nos inspiran.


Y estas son:


- Bestias del sur salvaje. La historia de una niña de seis años que vive con su padre en un lugar aislado del mundo. Te enamorarás de Hushpuppy.

- Black Mirror: Nosedive. Un capitulón de la mítica serie Black Mirror, en el que se nos habla de la falsa necesidad de aprobación social.

- Requisitos para ser una persona normal. Primera película como directora de Leticia Dolera. ¿Necesitamos ser normales para ser felices?

- Pequeña Miss Sunshine. Una pequeña joya del cine indie americano. Una niña quiere participar en un concurso de belleza e involucra a toda la familia.

- Mary and Max. Obra maestra del cine de animación que nos cuenta sobre la amistad que surge entre un adulto con Asperger y una niña solitaria.

- El rey pescador. Dramedia noventera en la que Robin Williams se pone en la piel de un vagabundo con problemas mentales que busca el Santo Grial.

- Ted Lasso. Una serie que nos cuenta sobre un entrenador de fútbol con sensibilidad e inteligencia emocional. ¿Es posible? En Ted Lasso, sí.

- Perfect Days. Película japonesa del alemán Win Wenders, nos muestra el día a día de un limpiador de urinarios con una vida solitaria... y muy tranquila.

- Memorias de un caracol. Del creador de Mary and Max. Sobre la amistad entre una anciana excéntrica y una niña que ha perdido a su hermano mellizo.

- Eight grade. Imprescindible para adolescentes. Una niña en el último curso del colegio tiene que lidiar con sus tremendas inseguridades. 


Esta lista de diez películas es todo un regalo, porque las películas, las historias en general, nos enseñan grandes lecciones de vida con perlas de sabiduría muy útiles para nuestro bienestar y crecimiento personal y colectivo. Así que espero que las disfrutéis, ¡y que os sean de provecho!


Ah, ¡y que vivan los bichos raros!


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martes, 10 de febrero de 2026

NO CONTROLES

Como estamos en la semana del amor, porque el sábado es San Tontín San Valentín, hace poco creé esta decálogo de amor sano:



Y tras hacerlo, analizándolo me di cuenta de que no había puesto nada relacionado con la celotipia (celos obsesivos). Pero no es verdad. En realidad, en el punto 1 está resumido todo lo que necesitamos saber sobre el problema de la celotipia. 

Tu pareja no es tu pertenencia. Tu pareja no es tu pertenencia. Tu pareja no es tu pertenencia...

Y como tu pareja no es tu pertenencia, no hay nada que debas hacer para controlarla.

Cierto es que en una relación de parejas hay pactos. Las personas llegan a acuerdos que se traducen en compromisos. Como, por ejemplo, el compromiso de fidelidad. Pero no es tu misión velar por que tu pareja cumple sus compromisos. Esa es su misión, no la tuya. La tuya es cumplir tus compromisos, confiar, y ser un buen compañero/a de tu pareja.

Punto.
No eres ni debes ser el policía de nadie.

Si cumples tus compromisos, confías y eres bueno/a, y tu pareja te engaña, tú has hecho tooooodo lo que tenías que hacer, y el único responsable de ese engaño, ¿quién ha sido? Efectivamente, tu pareja. Pues, hala, que él o ella se lo trabaje.

Si tienes pensamientos de contenido celotípico que te generan ansiedad y que te empujan a acometer actos de control (vigilancia, espionaje, interrogatorios, ponerle censuras y trabas a tu pareja, pelear con ella para que te confirma o desmienta...), has de tener muy claro clarinete que esas conductas nunca tienen cabida en una relación de pareja.

Sentir celos es algo normal, todos podemos llegar a sentir celos. Y algunas veces, incluso están bastante justificados. Pero la celotipia (celos obsesivos) es una enfermedad de la que te tienes que ocupar tú, trabajando en ti, no controlando a tu pareja. Y si crees que está pasando algo en la relación que te molesta o que te provoca inseguridad, háblalo con ella, con asertividad, con respeto, y tratando de llegar a entendimientos y soluciones. 

Cada cual elige estar con quien quiere estar y hacer lo que quiera. Somos libres. También debemos ser responsables, por supuesto. Pero asegurarte de que tu pareja lo será, no es tu responsabilidad.

Tenlo claro, y si con todo esto todavía tienes problemas con tu celotipia: no lo dudes, ven a terapia. Te ayudo.

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Y no podía despedirme sin desearte ¡mucho cuidado con ese loco de Cupido, que ya anda suelto! ¡Que alguien se ocupe de él y le dé su merecido!

¡Un abrazo! 😅