martes, 21 de abril de 2026

VIAJAR NO DA LA FELICIDAD

Madre mía, se me van a echar al cuello los frikis de los viajes con este post... 😬


Pero es que no, es que viajar no da la felicidad, para nada. Hace poquito, hice mi último viaje, me fui solo al norte de España, estuve en Santander, San Sebastián y alrededores. Es bonito y se come bien. También es caro viajar, hay muchos turistas según qué zonas, es cansado, a veces aburrido... Tiene sus pros y sus contras. Me gustó mi viaje, pero no fue la panacea.


Más que nada porque, y este es el punto al que quiero llegar, nada es la panacea. El significado de panacea es "Remedio o solución general para cualquier mal", así que si hablamos de la panacea de la felicidad podríamos hablar del remedio a la infelicidad. Y eso no existe. La felicidad no es algo que se consigue. Es algo que se siente, por momentos. Por tanto, el dinero no da la felicidad, tener una pareja no da la felicidad, viajar no da la felicidad. Pueden procurarnos muchos momentos felices, pero eso también dependerá de otros factores, personales (si eres un niño pijo que ha viajado ya por medio mundo, seguramente viajar nuevamente no te genere tanta satisfacción como quien viaja menos a menudo), y ambientales (si resulta que el destino no era finalmente cómo te habías imaginado, por muchas fotos idílicas que cuelgues en Instagram, la realidad es la que es).


Entonces, si resulta que la felicidad es un sentimiento que vivimos por momentos, y que depende de factores internos y externos, aunque viajar esté bien, que no digo yo que no (también me parece súper legítimo que haya gente a la que no le guste viajar), ¿no será mejor centrar tus pensamientos, esfuerzos y energías en construir una rutina de vida atractiva?


Viajar, como tantos otros productos de consumo, es un anzuelo para que te gastes el dinero, para que trabajes mucho, como un puto pringado, seguramente ayudando a otros a hacerse ricos gracias a tu productividad y la de tus compañeros, mientras tú te pasas la mayor parte del año soñando con esos dos viajes que haces (con suerte) para escapar de los berridos de tu jefe y de la monotonía esclava de tu lugar de trabajo. Además, como ves mundo, esa experiencia te genera la falsa ilusión de que no eres un peón como tantos otros, sino que perteneces a una clase media que puede hacer cosas de ricos y quizá, algún día, aspirar a la vida ostentosa que tiene tus ídolos de la tele. Spoiler: no.


Basamos demasiado nuestro bienestar en la novedad, en ese par de viajes al año, en el plan del fin de semana, en el fiestorro que haremos por nuestro 50 cumpleaños (si llegamos) o por nuestras bodas de plata (estadísticamente, bastante improbable). Y, mientras tanto, la vida se nos pasa. La vida buena no hay que erigirla sobre las bases de la novedad, sino de la rutina, de una rutina que sea atractiva, buena para ti.


Haz, todos los días, cosas que te gusten, que te hagan sentir bien, con las que te sientas orgulloso. No tienen que ser novedosas ni el no va más. Es más importante que tengan un significado positivo para ti, que tú te sientas bien simplemente por el hecho de hacerlas porque crees que le dan un buen sentido a tu vida, una buena dirección. Cuidarte, cuidar a otros, hacer ejercicio, practicar aficiones, aprovechar el tiempo, descansar, leer...


¡Por cierto, leer es otra manera de viajar! (y menos costosa) ¡Y, por cierto, este jueves 23 de abril es el Día del libro! ¡Y, por cierto una vez más, ¿a qué esperas para hacerte con mi libro, La Dictadura de la Felicidad?! ¿Qué mejor que hacerte con él, de una vez, para celebrar el Día del libro? No se ha notado apenas la cuña, ¿verdad? 😁


Bueno, concluyendo, que viajar está bien (o no), pero que al final la vida es mucho más que eso y, para vivir más o menos bien, cuando se pueda, que no siempre se puede, haz cosas que ames, y ama lo que haces.


Yo lo intento y creo que me va más o menos bien. Sí. Amo mi rutina. Y si a veces me escapo de ella es para después volver, ¡y cogerla con más ganas!


Cuestiona lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


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Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para el resto del mundo. Aquí mis libros.


¡Y, como siempre, recibe este abrazo! 

martes, 3 de marzo de 2026

PONER EN VALOR LA RAREZA

 Hoy día se han empezado a usar bastante los términos "neurodiversidad" y "neurodivergencia". El primero se refiere a que las personas que formamos parte de una sociedad somos neurológicamente diversos. Dentro de esa diversidad, hay grupos que se alejan de lo predominante, como personas con rasgos de autismo, de TDAH y otros, y estos serían los "neurodivergentes". Es decir, todos somos neurodiversos en cuanto al funcionamiento de nuestro cerebro, y algunos son diferentes a lo más típico. No por ello quiere decir que estén enfermos. Estos términos son más inclusivos, menos estigmatizantes, y por eso estoy muy a favor de que se usen más a menudo.


Sin embargo, creo que también debería haber un término que recogiera más la diversidad social, y que estuviera muy alejado de los que ya conocemos: marginados, bichos raros, frikis, nerds, inadaptados... Ya lo dijo el orador y escritor indio Jiddu Krishnamurti: "No es signo de buena salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma".


Que seas diferente, que no te guste lo que le gusta a "todo el mundo", que tus ideas, valores e intereses difieran de los más aceptados socialmente, no significa que estés enfermo. De hecho, no tiene por qué significar que tengas algún problema. Es más, hay patrones de comportamiento que me parecen más nocivos (para uno mismo y para los demás) que los de, por poner un ejemplo, los therians: estos solo están haciendo un juego que les ayuda a encontrar pertenencia a un grupo en el mundo, identificándose con los animales (lo cual me parece estupendo, ya lo dijo el cantante: "Yo quisiera ser civilizado como los animales..."), mientras que en la sociedad actual encontramos muchas conductas hiperindiviudalistas, egoístas, orientadas a lo material y a la acumulación de dinero y experiencias, que dan una importancia excesiva al ego y al estatus... Basura para el alma y escollos para nuestra salud mental.


Por eso, ahora que se habla tanto de neurodiversidad y neurodivergencia, de estilos cognitivos diferentes pero no inferiores, y ahora que se han puesto tan de moda los therians, yo quiero poner en valor a los Bichos Raros, con las dos letras iniciales en mayúsculas, con orgullo. Pensar, sentir y actuar de manera diferente a lo normativo puede ser, según qué casos, bueno para nuestra salud mental. Y también para el desarrollo de una sociedad más respetuosa con el bienestar de todas las personas.


Y aprovechando que queda ya poquito para la Gala de los Oscars 2026, que se celebra el 15 de marzo, quiero dejaros una lista de películas protagonizadas por personajes alejados del exitismo al que nos tiene tan acostumbrados (y mal enseñados) Hollywood. Personajes imperfectos, pero bellos. Personajes con heridas, y también con fortalezas. Personajes con historias que nos recuerdan, que nos enseñan, y que nos inspiran.


Y estas son:


- Bestias del sur salvaje. La historia de una niña de seis años que vive con su padre en un lugar aislado del mundo. Te enamorarás de Hushpuppy.

- Black Mirror: Nosedive. Un capitulón de la mítica serie Black Mirror, en el que se nos habla de la falsa necesidad de aprobación social.

- Requisitos para ser una persona normal. Primera película como directora de Leticia Dolera. ¿Necesitamos ser normales para ser felices?

- Pequeña Miss Sunshine. Una pequeña joya del cine indie americano. Una niña quiere participar en un concurso de belleza e involucra a toda la familia.

- Mary and Max. Obra maestra del cine de animación que nos cuenta sobre la amistad que surge entre un adulto con Asperger y una niña solitaria.

- El rey pescador. Dramedia noventera en la que Robin Williams se pone en la piel de un vagabundo con problemas mentales que busca el Santo Grial.

- Ted Lasso. Una serie que nos cuenta sobre un entrenador de fútbol con sensibilidad e inteligencia emocional. ¿Es posible? En Ted Lasso, sí.

- Perfect Days. Película japonesa del alemán Win Wenders, nos muestra el día a día de un limpiador de urinarios con una vida solitaria... y muy tranquila.

- Memorias de un caracol. Del creador de Mary and Max. Sobre la amistad entre una anciana excéntrica y una niña que ha perdido a su hermano mellizo.

- Eight grade. Imprescindible para adolescentes. Una niña en el último curso del colegio tiene que lidiar con sus tremendas inseguridades. 


Esta lista de diez películas es todo un regalo, porque las películas, las historias en general, nos enseñan grandes lecciones de vida con perlas de sabiduría muy útiles para nuestro bienestar y crecimiento personal y colectivo. Así que espero que las disfrutéis, ¡y que os sean de provecho!


Ah, ¡y que vivan los bichos raros!


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martes, 10 de febrero de 2026

NO CONTROLES

Como estamos en la semana del amor, porque el sábado es San Tontín San Valentín, hace poco creé esta decálogo de amor sano:



Y tras hacerlo, analizándolo me di cuenta de que no había puesto nada relacionado con la celotipia (celos obsesivos). Pero no es verdad. En realidad, en el punto 1 está resumido todo lo que necesitamos saber sobre el problema de la celotipia. 

Tu pareja no es tu pertenencia. Tu pareja no es tu pertenencia. Tu pareja no es tu pertenencia...

Y como tu pareja no es tu pertenencia, no hay nada que debas hacer para controlarla.

Cierto es que en una relación de parejas hay pactos. Las personas llegan a acuerdos que se traducen en compromisos. Como, por ejemplo, el compromiso de fidelidad. Pero no es tu misión velar por que tu pareja cumple sus compromisos. Esa es su misión, no la tuya. La tuya es cumplir tus compromisos, confiar, y ser un buen compañero/a de tu pareja.

Punto.
No eres ni debes ser el policía de nadie.

Si cumples tus compromisos, confías y eres bueno/a, y tu pareja te engaña, tú has hecho tooooodo lo que tenías que hacer, y el único responsable de ese engaño, ¿quién ha sido? Efectivamente, tu pareja. Pues, hala, que él o ella se lo trabaje.

Si tienes pensamientos de contenido celotípico que te generan ansiedad y que te empujan a acometer actos de control (vigilancia, espionaje, interrogatorios, ponerle censuras y trabas a tu pareja, pelear con ella para que te confirma o desmienta...), has de tener muy claro clarinete que esas conductas nunca tienen cabida en una relación de pareja.

Sentir celos es algo normal, todos podemos llegar a sentir celos. Y algunas veces, incluso están bastante justificados. Pero la celotipia (celos obsesivos) es una enfermedad de la que te tienes que ocupar tú, trabajando en ti, no controlando a tu pareja. Y si crees que está pasando algo en la relación que te molesta o que te provoca inseguridad, háblalo con ella, con asertividad, con respeto, y tratando de llegar a entendimientos y soluciones. 

Cada cual elige estar con quien quiere estar y hacer lo que quiera. Somos libres. También debemos ser responsables, por supuesto. Pero asegurarte de que tu pareja lo será, no es tu responsabilidad.

Tenlo claro, y si con todo esto todavía tienes problemas con tu celotipia: no lo dudes, ven a terapia. Te ayudo.

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Y no podía despedirme sin desearte ¡mucho cuidado con ese loco de Cupido, que ya anda suelto! ¡Que alguien se ocupe de él y le dé su merecido!

¡Un abrazo! 😅

lunes, 19 de enero de 2026

DIFERENCIAS ENTRE TRISTEZA Y DEPRESIÓN

Hoy dicen que es Blue Monday. Ya sabes, esa chuminá que se inventó algún
iluminati para decir que el tercer lunes de enero es el más triste del año. Y yo llevo aprovechándome de esta fecha, de un tiempo hacia acá, para defender a la denostada tristeza y ensalzar sus valores. ¡Necesitamos a la tristeza! In love con la tristeza.


Este año, lo que quiero hacer para generarle buena fama a mi querida tristeza es diferenciarla bien de la depresión. Tristeza y depresión no son lo mismo.


Para vosotros quizá sea obvio, pero como psicólogo me encuentro con personas que sí creen que tienen depresión, cuando lo único que les pasa es que se sienten tristes, y con razón además. Se estigmatizan sin motivo (ojo: tampoco hay que hacerlo cuando se tiene depresión). Y pueden llegar a recurrir a psicofármacos sin tener por qué.


La tristeza es una emoción que puede durar minutos u horas. A veces pasamos de la emoción al estado de ánimo, y este puede durar días. No se diagnostica depresión hasta que la persona manifiesta sentirse de una determinada manera durante al menos dos semanas, la mayor parte del día.


Pero, además del factor tiempo, también tenemos que tener en cuenta las características. La depresión es un conjunto de síntomas. La tristeza es solo uno de ellos, y no necesariamente está presente siempre. La depresión no es estar triste, aunque pueda conllevar estarlo. Es sobre todo una pérdida de ganas. Por eso, otros síntomas que aparecen en un cuadro depresivo son la apatía, la anhedonia, la baja motivación, la falta de autoestima...


Se ha llegado a definir la depresión como la fatiga de ser uno mismo. La depresión conlleva una fatiga física, mental y emocional. El organismo se deprime, por eso se llama depresión. Es decir, se viene abajo. Nos exponemos a presiones que nos producen un estrés excesivo y continuado (cumplir con las exigencias, con los estándares), y cuando no podemos más, ¡plof! Nos cansamos de ser nosotros mismos, el yo que nos hemos exigido ser y que, en realidad, no podemos (ni es saludable).


En ocasiones se dice que la tristeza es la antesala a la depresión, pero no es verdad. La depresión puede venir también por un suceso aislado, no por una exposición constante al estrés: una ruptura sentimental, la pérdida de un ser querido, un trauma que produce demasiado dolor..., pero es, precisamente, nuestra resistencia a la tristeza y al dolor, nuestra lucha con nosotros mismos, lo que provoca esa fatiga que acaba en depresión.


De ahí la importancia de dejarse ser, imperfecto, vulnerable, y de aceptar la
parte jodida de la vida y las emociones que provoca, como la tristeza. No hay que luchar, no hay que reprimir, no hay que esconder... hay que sentir, transitar y soltar.


Y como todos, Todos, TODOS en algún/unos momentos de nuestra vida podemos caer en depresión, permitámonos pedir ayuda, por supuesto.


Cuenta conmigo para eso.


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¡Y recibe el primer abrazo de 2026! ¡Feliz año! Y cuando no sea feliz, que al menos sea tolerable. 😉

jueves, 18 de diciembre de 2025

LO MEJOR DEL 2025

Como cada año por estas fechas, hago una selección de lo mejor que he visto en RRSS sobre psicología, bienestar y crecimiento personal y colectivo. Espero que os guste ¡y que os sea de provecho!







En este link encontraréis información detallada y útil sobre el TEPT (Trastorno de estrés postraumático) tras un accidente de tráfico.

https://farahandfarah.com/es/impacto-emocional-despues-de-un-accidente-traumatico/





Interesantísimo artículo que diferencia entre depresión estrictamente clínica y el malestar mental y emocional que, sin ser depresión ni requerir de tratamiento psiquiátrico, abunda en nuestros tiempos, debido a un estilo de vida exageradamente individualista que produce una patologización del yo.






Diferencia entre culpa y arrepentimiento. Analizarlas es clave para conseguir perdonarse a uno mismo.



Y, en esta ocasión, dada su reciente marcha, no podía faltar a la cita Robe Iniesta. Nos ha dejado no solo un gran poeta y artista, también un filósofo, y un terapeuta que nos sanó con sus versos y nos hizo crecer con su arte. Como leí hace poco que escribió alguien: "Todo lo que no me enseñó mi padre lo aprendí con las canciones de Extremoduro". ¡Larga vida a Robe!

He seleccionado algunas de las que son, para mí, sus más memorables frases:








Por supuesto, no podía faltar su himno, pero esta vez cantado por un coro de niñas. Y es que Robe inspiró a muchas generaciones, y este mensaje debería llegar a todo el mundo. ¡Ama, ama, ama, y ensancha el alma!





Si quieres regalarte salud mental, puedes pedirme cita aquí. Si quieres regalar un libro, ¡aquí tienes los míos!

Me despido hasta, espero, el 2026. Que tengas felices fiestas y buena entrada de año, y que se porten bien Los Reyes Magos. Y si te traen carbón, llámame... ¡y lo juntamos con el mío y hacemos una barbacoa! ¡Un fuerte abrazo! 💖


miércoles, 26 de noviembre de 2025

12 APRENDIZAJES QUE ME HA ENSEÑADO LA PSICOTERAPIA

Esta semana cumplo 12 años como psicólogo (¡casi na!) y quiero celebrarlo
compartiendo contigo algunas de las enseñanzas más importantes que he aprendido a través de la psicoterapia. Porque no solo es el paciente quien aprende y crece, también el profesional.


La psicoterapia es un espacio de encuentro en el que dos personas hablan del dolor y del sufrimiento. También del bienestar y de la felicidad. Y aunque es verdad que una de ellas, el psicólogo, es la encargada de ayudar a la otra, con su visión objetiva y analítica, con sus conocimientos y herramientas, de ese encuentro ambos sacan beneficio.


Por eso, te dejo algunas de las ganancias que he cosechado como psicólogo estos 12 años. Aquí van ¡12 aprendizajes que me ha enseñado la psicoterapia!


1. Existen dos máximas en psicología: si no quieres pensar en algo, lo peor que puedes hacer es desear no pensar en ese algo, y si no quieres sentir algo, lo peor que puedes hacer es desear no sentir ese algo.


2. Todo el mundo sufre; todos somos vulnerables. Y para ser feliz, hay que aprender a sufrir bien.


3. La felicidad ni se busca ni se alcanza. La felicidad es lo que te pasa (a veces) mientras vives, es lo que haces, es lo que eres.


4. Parafraseando a Carl Jung: un psicólogo, por muy profesional que sea, por mucha carrera y muchos másteres que tenga, al final, deber ser un ser humano delante de otro ser humano.


5. Las sonrisas más bonitas son las que aparecen detrás de las lágrimas. Sin el dolor, no podría haber felicidad.


6. La escucha activa y adecuada, a veces, ayuda más que la intervención (y esto vale para todos). Los silencios también sanan.


7. Un psicólogo, más que darte respuestas, te ayuda a hacerte las preguntas apropiadas para que las encuentres tú.


8. La terapia no soluciona tus mierdas. Te ayuda a entenderlas mejor. Y, gracias a ese entendimiento, poder llevarte mejor con ellas.


9. No existe crecimiento personal sin crecimiento colectivo. Nuestros bienestares están conectados. Por eso, el bien común es cosa de cada uno de nosotros y de todos.


10. El sentido del humor es fundamental en la terapia psicológica... ¡y en la vida!


11. Hacer crecer, te hace crecer.


12. Y, por último, por encima del qué dirán, por encima de lo que se supone que se espera de ti, por encima de tus tareas, responsabilidades y rendimiento, por encima de la resolución de problemas propios o ajenos, pon siempre tu salud mental y bienestar.


Gracias por estar a mi lado todos estos años. Os quiero.


Cuestiona lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.


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Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para todo el mundo. También tengo un par de libros publicados.


Y espero que, por muchos años más, ¡recibas este abrazo!

miércoles, 29 de octubre de 2025

LA MENTE ES UNA MONSTRUA

Ya estamos en la semana de Jallowín (como me gusta llamarla a mí). De aquí a poco, veremos cientos de monstruitos (y no tan "itos") invadiendo las calles, los colegios, los bares... 


¿Le tienes miedo a los monstruitos? No sé si ya te he contado esto, pero yo, de pequeño, me vi las mejores pelis de terror de la historia: El Resplandor, El exorcista, Alien, Viernes 13... Digamos que mis padres fueron un poco negligentes con nosotros en ese sentido. ¡Suerte que no he acabado siendo un psicópata, sino solo psicólogo! (no sé qué es peor 😅) Fue con aquella última que he mencionado, Viernes 13, con la que desarrollé cierto TOC. En una secuencia, un jovencísimo Kevin Bacon se tumba plácidamente en una cama y, un poquito después, un cuchillo le rebana el cuello. Me pasé años mirando debajo de la cama antes de acostarme. ¡Años!


Normal, hay cosas para las que un niño no está preparado. A favor de mis padres he de decir que también hicieron cosas bien, eh. Además, hoy día le debo a ellos que soy fan de las pelis de terror y me lo paso bomba viéndolas, incluso cuando paso miedo (que para eso están, para dar miedo). Mis monstruos de la infancia no son nada en comparación con los monstruos de la vida adulta: el rentista, el banquero, el cajero del súper mercado (pobre cajero, tampoco tiene la culpa). 


El caso es que hay miedos que se generan a través de experiencias, ya sea en primera o tercera persona, que vivimos en nuestro pasado, infancia y adolescencia sobre todo (aunque en cualquier momento de la vida adulta puede nacer un nuevo miedo). Es lo que le pasó a una de mis pacientes, que cuando era niña escuchó algunas historias de espíritus y fantasmas y vio también alguna peli del género o algún programa de Cuarto Milenio (que es como una peli pero en mala), y acabó desarrollando espectrofobia, o lo que es lo mismo, fobia a los fantasmas.


Esta fobia le limita bastante la vida, ya que no se atreve a dormir sola (siendo ya adulta), y tiene que dormir con la luz encendida (si no la de la habitación, al menos la del pasillo). Y aún haciendo todo esto, lo pasa mal, porque su mente no deja de ponerla en alerta ante la posibilidad de que un espíritu se le aparezca, o en el mejor de los casos, un asesino en serie (bueno, ante cualquiera de las dos posibilidades estaría bastante jodida, la verdad).


Y es ahí, en lo que acabo de decir (o escribir, para ser más exactos), donde radica el motivo de mi post. Porque he dicho (he escrito) "su mente no deja de ponerla en alerta". Entonces, si queremos superar algunos de nuestros miedos, o, al menos, poder convivir con ellos de manera más tranquila, ya sean esos miedos menos realistas, como los que tienen que ver con fenómenos paranormales o fantasmas, ya sean más realistas, como los relacionados con el rentista, el banquero y etc., hemos de aprender a hacerle menos caso a nuestra mente.


Que esa sí que es una monstrua. Y de monstruita nada. Monstrua, monstrua, una bien grande.


La mente es la loca de la casa. La mente-miente. No te creas a la mente (no siempre). No le hagas caso. Aprende a pasar de aquello que tu mente te diga y que no sea creíble, que no te aporte, que no sea amable contigo.


¿Por qué la mente piensa lo que piensa y nos dice lo que nos dice? ¿Tenemos al enemigo en casa? ¿Es el peor monstruo de todos? ¿Si me disfrazo de mente en este Halloween lo petaré? Posiblemente, pero, más allá de eso, no, tu mente no es tu enemigo. Tu mente, o, mejor dicho, tu actividad mental (pensamientos, proyecciones, recuerdos...), es el resultado de tu actividad cerebral. Y el cerebro no es un enemigo, es un amigo que hace muchas cosas por ti, te ayuda a mantener un montón de funciones básicas para tu supervivencia, y está trabajando a destajo ahora para que entiendas este rollo que te estoy soltando.


El problema es que la función principal (diría que función exclusiva) de tu cerebro es precisamente aquella, tu supervivencia. Y a veces se lo toma más en serio de la cuenta, se pone nerviosillo, y se equivoca. ¿Quién no se ha equivocado estando nervioso? Pues, tu cerebro dispara cortisol (hormona del estrés) cuando él cree que estás en peligro, para ponerte en alerta. Y en esa sensación de amenaza que alerta a tu cerebro, influyen mucho, muchísimo, tus traumas, tus creencias, tus inseguridades y miedos... tu identidad personal, que se ha ido formando a través de experiencias de vida más o menos chungas, como escuchar historias de espíritus o ver morir con una violencia desatada a Kevin Bacon. Ya con las experiencias en primera persona, ni te cuento.


Una vez que estás en alerta, sientes ansiedad. Y esa ansiedad se nota en el cuerpo, y también en cómo funciona tu mente, en cómo son tus pensamientos: nos ponemos en lo peor, exageramos, rumiamos, tenemos pensamientos irracionales... Por eso, no hay que creerse (siempre) a la mente, mucho menos cuando estamos agobiados. Si te sientes mal, lo más probable es que pienses mal. Y, encima, ese pensamiento de mala calidad te pondrá peor todavía. ¡Sobre todo si te lo crees y lo sigues escuchando todo el tiempo!


Simplemente ser conscientes de todo esto que te acabo de contar (que cuando te pones a pensar cosas que te agobian o desatan tus mil demonios, lo más probable es que estés pensando así porque previamente te has agobiado, y seguramente sin necesidad alguna de agobiarte), te ayudará a poner el foco no en el peligro, no en la amenaza, porque seguramente ni existan, sino en ti, en tu agobio, en tu estado de alerta y ansiedad. Y así hacer algo que te ayude a relajarte: respirar profundo, hablarte de manera amable, usar algún estímulo que te facilite recuperar la calma... 


Una vez un poco más consciente y más relajado, podrás producir un pensamiento de mayor calidad. Por ejemplo, podrás decirte que entiendes que te da miedo que te asuste la oscuridad por todas las historias de fantasmas que escuchaste de pequeña, pero que tienes que afrontarlo y aprender a vivir con ello; o que después de que rebanaran el cuello a Kevin Bacon en esa peli, él hizo muchas pelis más, así que tu cerebro (que por otra parte, no distingue entre realidad y ficción) puede que exagere un poco; o que cada vez que pasas los productos por la caja del súper el atraco es bestial, pero que, aún así, consigues volver a la semana siguiente.


Recuerda esto: tú eres tú y tu mente es tu mente. Y no siempre tienes que creerte ni hacer caso ni prestar atención a lo que te dice tu mente. Porque tu mente es una peliculera, ¡y a veces se monta unas pelis de terror de la hostia!


Y si crees que nada de lo que te he dicho en este post te va a servir pa una mierda, ¡pues al menos te disfrazas de mente en Halloween, que seguro que lo petas!


Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


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Y seas de Jallowín o no lo seas, ¡abraza a tus monstruitos de mi parte!