miércoles, 20 de junio de 2018

EL ENEMIGO PÚBLICO NÚMERO 1 DE LA RESILIENCIA

La Resiliencia es la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas, y ser transformado positivamente por ellas.

Lo que no te mata te hace más fuerte. O más sabio. O más bueno.

Como capacidad que es, es susceptible de ser potenciada y desarrollada, a través del fortalecimiento de otras competencias personales asociadas a un buen nivel de resiliencia:

- Capacidad de aceptación y de resolución. Cuando en lugar de quejarme y ver lo negativo me centro en buscar alternativas y soluciones.

- Autoestima positiva. Una buena valoración de uno mismo. Aceptación de los defectos y confianza en las virtudes.

- Optimismo Inteligente. El optimismo ingenuo es pensar que siempre te irá bien. El optimismo inteligente es de aquél que sabe que le puede ir mal pero confía en que le irá bien.

- Inteligencia Emocional. La capacidad para comprender, expresar y regular nuestras propias emociones y la de los demás. Es muy importante para mantenernos estables emocionalmente en tiempos de tormenta.

- Estilo de afrontamiento activo. Las personas con un buen nivel de resiliencia no evitan, ni echan culpas ni usan actividades compensatorias (p. ej: beber alcohol para olvidar), sino que enfrentan los problemas cara a cara.

- El sentido del humor. Imprescindible. Ayuda a desdramatizar y dejar de ver la adversidad como algo terrible. Quita hierro y por lo tanto, dolor a los traumas.

- Aparte de factores personales, los externos también juegan su papel en el desarrollo de una buena resiliencia: el modelo educativo, los condicionantes económicos y culturales, el apoyo social.

Todos estas competencias y factores son susceptibles de ser transformadas para mejorar nuestro nivel de resiliencia. Pero todo aquello que se puede cambiar, también puede resistirse al cambio.

Las resistencias y bloqueos que nos pueden impedir o dificultar tener un buen nivel de resiliencia son todos los opuestos a las competencias comentadas: negatividad, déficit de autoconfianza, pesimismo, represión o descontrol de emociones, evitación, dramatización, y factores externos adversos. Pero todos tienen un denominador común. 

¿Sabes ya cuál es?

EL MIEDO

Porque el miedo puede hacer que:

 - Lo vea todo negativo.

- No confíe en mí y en mis fortalezas.

- Piense que todo irá siempre mal.

- Me deje dominar por el miedo.

- Evite aquello que me da miedo.

- Sobrevalore aquello que me da miedo.

Esto es lo que llamamos eustrés o estrés negativo (porque cierta cantidad de estrés -tensión- es positiva para afrontar las situaciones): cuando subestimamos nuestras capacidades y sobrevaloramos la dificultad y gravedad del estímulo, llegando a percibir éste como una amenaza de proporciones bíblicas.

¿Y si hago el ridículo? ¿Y si me despiden? ¿Y si me dejan? Lo pasaré fatal. No seré capaz de superarlo.

Pensar que no serás capaz de superarlo, es el primer escollo para superarlo. Es la resistencia psicológica que te dificultará poner en marcha los mecanismos (aceptación, optimismo, resolución, humor, etc) que te permitirían afrontar la adversidad con resiliencia.

Pensar que no serás capaz de superarlo es la voz del miedo. Es lo que te dice el miedo. Y no se trata de acallarlo, ya que no podemos vivir sin miedo. Porque gracias al miedo sobrevivimos. Pero a veces el miedo excede sus funciones y convierte en amenazas lo que sólo son adversidades que nos permitirán aprender, crecer y mejorar.

No se trata de vivir sin miedo. Se trata de aprender a vivir con miedo. Se trata de darse cuenta de que si el miedo aparece, no es suficiente motivo para dejar de creer en nosotros y magnificar los sucesos negativos de nuestra vida, ya hayan pasado, estén pasando o sólo puedan pasar.

Se trata en definitiva de que cuando el miedo hable, no creer tanto en él como en nuestra maravillosa capacidad para superar la adversidad y salir fortalecidos.

No te fíes tanto de tu miedo, como de tu resiliencia.

Y dominarás tu miedo.

¡Un abrazo resilientes!

miércoles, 13 de junio de 2018

EL EFECTO HALO

Seguro que conoces a personas que dicen cosas como: "¡Cupido me la tiene jurada, qué mala suerte tengo en el amor, a mí me ha mirado un tuerto!"

Habría que contestarles: no es Cupido. No es la suerte. No es el tuerto. Eres tú.

Uno de los factores que más influyen a hora de que una relación funcione o no, es la elección que hacemos.

Y no quiero decir con esto que tengamos que estar seguros de hacer una elección perfecta, ni encontrar a nuestra alma gemela o media naranja, ni hacer un exhaustivo proceso de selección, no...

No es tan importante la elección que hagamos como el tipo de relación que mantengamos después: si por ejemplo escojo como pareja a una persona muy diferente a mí, pero ambos nos centramos en lo que nos une, en lugar de lo que nos separa, y sabemos superar nuestras diferencias con respeto, comunicación y tolerancia, es muy probable que nos vaya bien en el amor.

Por tanto, no es determinante para la buena marcha de una relación, acertar de pleno en la elección que hagamos, pues serán las pequeñas decisiones del día a día las que sí que determinen que esa relación sea positiva o negativa. 

Y sin embargo, si hago una mala o pésima elección: ¿no será mucho más difícil?

Y en el amor, uno de los sesgos cognitivos (distorsiones del razonamiento o interpretaciones ilógicas) que facilitan que hagamos una pésima elección de pareja es: el Efecto Halo.

Este sesgo cognitivo consiste en atribuir una serie de cualidades a una persona por uno o varios rasgos que no tienen nada que ver y a partir de los cuales no puedo llegar, de una manera lógica, a hacer esas atribuciones.

Por ejemplo: si alguien es muy guapo o guapa, pensar que además es buena persona, que es amable, simpática, inteligente...

Es decir, que nos dejamos llevar por información superficial para sacar conclusiones que sólo podríamos inferir si nos diéramos más tiempo para conocer a esa persona.

El Efecto Halo sucede con más frecuencia de la que pensamos, nos consideremos superficiales o no. Por ejemplo se ha demostrado que las personas más atractivas físicamente superan los procesos de selección de las empresas con más facilidad que las que lo son menos. ¿Y es acaso un guapo mejor trabajador que alguien menos guapo? O: los jurados tienden a exculpar a las personas que son más atractivas. Ah, ¿si alguien está buenorro o buenorra significa que es inocente?

¿Como interviene el Efecto Halo en el ámbito de las relaciones románticas? Es obvio: lo hace cuando elegimos. Nos dejamos llevar por información superficial, que no tiene por qué ser sólo el atractivo físico, también: cómo huele, su tono de voz, la forma de moverse, su expresión facial, cómo viste..., y pensamos que es una buena persona para mí... ¡cuando todavía estoy a 1000 km de saber quién es esa persona!

Es más, es posible que ni siquiera sepa qué narices es una buena persona para mí.


Por eso, no se trata ni muchísimo menos de a partir de ahora escoger a un feo para asegurarte de que no te dejas engañar por el Efecto Halo, ni tampoco ir haciendo tests de personalidad a tus candidatos, pero quizá sí:

1. Primero conócete bien y se consciente de lo que te gusta y lo que quieres para tu vida.
2. Luego enamórate. Déjate llevar por lo que sientas, por tu corazón. Elige a quien mejor huela, a quien más atractivo te parezca, ¡al que más te ponga!
3. Pero por último: pon cabeza a ese sentimiento. Conoce a la persona, tratando de mantener una visión realista y lógica. Y si tu cabeza te dice que no puede ser, no puede ser.

No estás obligado ni obligada a seguir a tu corazón. Puedes escucharle, igual que me estás escuchando (en este caso leyendo) a mí, pero escucha también a tu cerebro. Y trata de hacerlo libre de sesgos que distorsionan la realidad.

Si no tenéis nada en común, si vuestros proyectos de vida son opuestos, o si sobre todo, te trata mal, no lo dudes, tu corazón engaña.

No, no va a cambiar. No, no es la persona que creías que era. Simplemente te formaste una idea equivocada de esa persona, por culpa del Efecto Halo, y te equivocaste.

Y por mucho tiempo que haya pasado, nunca es tarde para rectificar, aprender de los errores, y empezar de nuevo.

¡Y volver a enamorarte, con corazón y con cabeza! ¡Un abrazo! 

martes, 5 de junio de 2018

10 EJERCICIOS PARA PRACTICAR MINDFULNESS

El Mindfulness es la capacidad para prestar atención plena al momento presente, al aquí y ahora, libre de juicios, evaluaciones e interpretaciones.

Es decir: aparezca lo que aparezca, ya sea externo (ruido, imágenes, situaciones) o interno (sensaciones, pensamientos y emociones) sólo obsérvalo. De hecho, podríamos decir que el Entrenamiento en Mindfulness desarrolla el arte de observar.

Esto no quiere decir que nos vuelva personas pasivas, ni mucho menos. Lo que sucede es que la Mente, a través de diversas actividades, trata de intervenir en aquello sobre lo que no puede hacer nada: en el pasado a través del arrepentimiento y la culpa en forma de rumiaciones,  en el futuro a través de la preocupación, o en el presente que escapa de nuestro margen de maniobra a través de la queja o autocrítica (por ejemplo, ¿quejarse de que suene la alarma de un coche va a hacer que cese, machacarme por que se me ha caído un vaso va a hacer que el vaso se reconstruya?).

El entrenamiento del Mindfulness tiene múltiples beneficios sobre nuestra salud mental y emocional, y por ende sobre nuestra salud física, ya que está demostrado que un exceso de pensamientos sobre el pasado se relaciona con la depresión, un exceso de pensamientos sobre el futuro con la ansiedad, y una autoexigencia severa con ambas además de con el estrés y las somatizaciones.

Por otra parte, la práctica del Mindfulness nos permite disfrutar más de la vida, al hacernos más conscientes del momento presente. Un ejemplo: 7 de la tarde, un sol de escándalo y te estás una cerveza bien fresquita en un sitio acogedor y con muy buena compañía, pero... Es domingo. Y estás pensando: "Mañana tengo que madrugar, coger atasco para ir al trabajo, empieza la semana... pffff, vaya rollo". ¿Te ha pasado alguna vez? Una manera fantástica, sin duda, de perderse un maravilloso domingo por la tarde.

Pues así andamos habitualmente: perdiéndonos demasiado en pensamientos sobre el pasado, sobre el futuro o sobre nosotros mismos, que nos impiden disfrutar con consciencia, plenitud y gratitud, de lo único que tenemos, el aquí y ahora, y que no es poco.

Una vez expuesto los motivos por los que es beneficioso aprender a desarrollar nuestra capacidad de Atención Plena, voy a enumerar de manera breve algunos ejercicios para entrenar el mindfulness:

1. Mindfulness sobre la respiración. Meditar no es dejar la mente en blanco. Meditar es focalizar la atención sobre un estímulo, normalmente, la respiración, tratando de no caer en interferencias mentales como los recuerdos, los pensamientos o las expectativas. Pero si aparecen estas distracciones no significa que estés haciendo mal el ejercicio. Acepta esas distracciones sin juzgar ni juzgarte por ello y luego vuelve a prestar atención plena a la respiración. La meditación sobre la respiración es el ejercicio más usado para entrenar Mindfulness, pero hay muchos otros objetos de meditación que podemos usar.

2. Mindfulness sobre las sensaciones de nuestro cuerpo. Por ejemplo: picor, tensión muscular, incluso dolor. El Mindfulness es muy bueno para las enfermedades con dolores crónicos porque ayuda a deshacerse de juicios que amplifican y cronifican la sensación de dolor. Si al dolor no le añado juicio, el dolor puede que permanezca en mí, pero no lo estoy agrandando a través de mis pensamientos.

3. Mindfulness sobre las imágenes. Por ejemplo la llama de una vela, el viento meciendo las hojas de un árbol, o la lluvia, son objetos de meditación que nos pueden facilitar la atención con consciencia plena y libre de pensamientos distractores.

4. Mindfulness sobre nuestro propio movimiento. Es parecido al Yoga pero sin la necesidad de acudir a posturas demasiado complejas. Sólo es necesario que muevas los brazos, las piernas, la cabeza o tronco con movimientos lentos y suaves y prestes toda tu atención en ellos. Saborea con gratitud el enorme milagro que significa tener un cuerpo y poder controlar su movimiento a través de tu cerebro.

5. Mindfulness sobre los sonidos. En el lugar en el que hagas este ejercicio de meditación, trata de observar los sonidos que te rodean, primero discrimanóndolos (por ejemplo: los de tu cuerpo, los del interior de la sala donde estés, los del exterior) y luego observando todos los sonidos a la vez, dejándote llevar por el enorme concierto que se forma en torno a ti. Recuerda: no valores, no te digas "este sonido me molesta" o "esto es malo", sólo observa y déjate llevar hasta el aquí y ahora sonoro que te envuelve.

6. Mindfulness sobre el silencio. El silencio también se puede escuchar. Incluso cuando no hay ausencia de sonidos, podemos encontrar frecuencias de silencio. incluso cuando no eres capaz de encontrarlas, si el sonido no te molesta, si aceptas plenamente el sonido: eso es silencio. El mindfulness supera las resistencias psicológicas que provocan tensión y perturbación, llevándonos a la quietud y a la paz. Al silencio interior.

7. Mindfulness sobre las personas. Qué difícil es mirar a la gente y no caer en juicios de valor, ¿verdad? "Esta persona está gorda, esta persona es vieja, éste no me gusta, deseo a ésta..." Bien, ¡lo difícil es una oportunidad única para entrenar! Siéntate en un banco o asómate a tu ventana y observa a las personas: sus rostros, sus cuerpos, sus maneras de moverse y de expresarse. Y trata de no caer en esos juicios de valor que son tan típicos en nosotros y que suponen prejuicios que dificultan y menoscaban nuestras relaciones con los demás.

8. Mindfulness sobre nuestra imagen en el espejo. ¿Y a ti mismo? ¿Te resultaría fácil o difícil mirar tu imagen en un espejo y no juzgarte? ¡Creo que sería mucho más difícil que no juzgar a los demás! Y sin embargo, ¿cómo no vamos a juzgar a los demás si no somos capaces de hacer lo mismo con nosotros? La triada básica del Mindfulness es: observación-aceptación-gratitud. ¿Te aceptas? ¿Te valoras? A través de la observación sobre ti mismo, libre de juicios, puedes alcanzar un nivel de relación superior con tu ser.

9. Mindfulness sobre las actividades de la vida diaria. Cualquier momento puede ser bueno para prestar atención plena al aquí y ahora: mientras como, mientras me ducho, mientras me lavo los dientes, mientras conduzco, mientras practico el acto sexual (envidio a quien pueda decir que esto último es una actividad de la vida diaria). Observar, libre de juicios y otras distracciones mentales, te permitirá estar cada vez más conectado al aquí y ahora y por tanto disfrutar con mayor plenitud del momento presente.

10. Mindfulness sobre las emociones. No somos sólo seres con un cuerpo y una mente. También tenemos "corazón" (por tradición cultural se sitúa en ese órgano a nuestras emociones, pero la localización exacta es en el sistema límbico del cerebro). Tenemos todo un Universo Emocional dentro de nosotros, somos seres sintientes. Y el Mindfulness es una herramienta poderosísima que nos permite conocer mejor ese Universo, para comprenderlo con más profundida, aprender a expresarlo adecuadamente, y conseguir regularlo para dominar nuestras emociones y que no sean ellas las que nos dominen a nosotros. A través de los pensamientos, como pasaba con el dolor físico, podemos aumentar y alargar nuestro dolor emocional. Con la observación y aceptación de nuestras emociones, las emociones pasan por nosotros, no se quedan, simplemente llegan y las sentimos, y así es como se van.

Sin embargo, para poder practicar y aplicar todos estos ejercicios es necesario tener unas nociones básicas de Mindfulness, una base teórica y práctica. Por eso este sábado 9 de Junio hago el Taller de Mindfulness en Emociones III en Málaga, un encuentro en el que practicaremos muchos de los ejercicios enumerados y nos centraremos sobre todo en la última parte sobre el área emocional. Si estás en Málaga para la fecha te espero allí, y si no seguro que en tu localidad encuentras a alguien que se dedique a la difusión y aplicación de esta disciplina y que te ayuda a adquirirla y practicarla.

Recibe como siempre un fuerte abrazo... y mucha atención plena. ¡Gracias!        

miércoles, 30 de mayo de 2018

¿SER DIFERENTE ES MALO?

De 2015 a 2017 tuve el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestábamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Fue una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevé y que quiero compartir con vosotros, publicando algunas de las consultas más destacadas que tuve la oportunidad de contestar.

Esta semana: un caso real que nos explica cómo se puede sentir una persona cuando no encaja y se ve como pez fuera del agua. ¿Ser diferente es malo?

CONSULTA

Estoy en el último curso de la ESO y desde el principio me he sentido cómoda en clase en ningún momento. Soy una chica de buenas notas, responsable y muy sociable pero siento que con las personas que llevo toda la vida no encajo. Durante este verano estuve más con mi novio, mi familia y mis amigos de triatlón que con los de clase y ahora noto que me aburren, no me interesan sus temas de conversación. Siento que no tienen nada que ver conmigo, como si fueran muy simples e infantiles. Siempre me he juntado con amigos mayores y me siento más a gusto con ellos que con los de mi edad, ya que a ninguna de mis amigas les interesa hablar de política, machismo, consumismo o cualquier otro tema que se salga de criticar a otra persona. ¿Por qué si nunca me sentí diferente, ahora sí lo hago? ¿Es malo verse apartada aunque sepas que nadie lo hace?

RESPUESTA

Respecto a tu primera pregunta: porque has cambiado. Las personas lo hacemos. Con la edad, maduramos (algunos), nuestros gustos e intereses cambian, por lo general nos volvemos con el tiempo más selectivos a la hora de elegir amistades. Eso no implica que dejes de ser tú, simplemente creces, y el crecimiento implica cambio. Y no es malo. Así que nada de lo que preocuparse.

Respecto a la segunda pregunta, me cuesta más entenderla, pero creo que estás diciendo que, aunque nadie te aparta ni te margina, tú sí te sientes apartada o marginada… ¿por ser diferente? Si eres diferente a tu grupo de iguales, a la gente de tu edad, no tiene nada de malo, menos todavía cuando tienes la suerte de haber encontrado otras personas con las que sí tienes más cosas en común.

En la infancia los modelos de referencia son los padres, y en la adolescencia pasa a ser el grupo de iguales. Sin embargo, en la vida, la referencia más importante que encontrarás serás tú misma: es importante conocerte bien, aceptarte y valorarte. Qué te gusta, qué no, con qué valores y tipo de personas te identificas, cuáles son tus principios, cuáles tus metas, y cuáles tus fortalezas para perseguir esas metas. 

Responder a este tipo de preguntas te ayudará a encontrarte contigo misma, saber qué quieres y con quiénes quieres estar. Y descubrir que eres un ser único y que eso no es nada malo, al contrario. Suerte, un abrazo.

martes, 22 de mayo de 2018

¿BAJAR TUS EXPECTATIVAS TE PUEDE HACER MÁS FELIZ?

Sé lo que estás pensando. O a lo mejor no, soy psicólogo, no adivino. Pero déjame adivinar por un momento: piensas que la pregunta que da título a este post suena a conformismo.

Es como si planteara: para ser feliz, ¿debo conformarme? ¿Debo renunciar a proyectos y metas? ¿Debo dejar de soñar?

No es eso de lo que me dispongo a hablar ahora, y aunque lo fuera, lo último que tienes que hacer es hacerme caso. Yo no escribo en este blog para que me hagas caso. Escribo para hacerte pensar, y luego, tras tus reflexiones, que tú te hagas caso a ti mismo.

Y no a lo que nos han dicho que debemos hacer caso...

Es bueno tener proyectos y metas, y sueños. Es bueno soñar, pero no siempre, porque suele ser habitual tener también que trabajar para cumplir nuestros sueños.

También es bueno tener expectativas positivas. Porque cuando las tengo, cuando espero que de mi trabajo salga algo bueno, me predispongo al éxito, a la consecución de aquellas expectativas, y por ejemplo me hago más tolerante al fracaso, pongo más empeño y motivación, persisto más en pos de aquellos objetivos con los que me comprometí. Las expectativas positivas me acercan a la consecución de mis expectativas:

Si pienso que seré capaz de hacerlo,
estaré más cerca de hacerlo,
que si pienso que no soy capaz.

Lo que quizá no sea tan bueno es esperar que cumplir mis expectativas me hará muy feliz. O que no cumplirlas me hará sumamente infeliz.

Podemos encontrar muchos ejemplos muy habituales sobre esto: quiero hacer una fiesta de cumpleaños y quiero que sea la fiesta más épica de todos los tiempos, si lo consigo es posible que ni la disfrute porque habré estado demasiado preocupado por que fuera la mejor fiesta del mundo, si no lo consigo me sentiré un fracasado total, a pesar de que posiblemente haya sido una muy buena fiesta.

Más ejemplos: la pérdida de la virginidad, esa peli cuyo tráiler la hacía parecer alucinante, las bodas, el fin de semana... ¿Qué hay de malo en tener un fin de semana sin planes? Te quedas descansando en casa, puedes ahorrar, puedes invertir tu tiempo en hacer cosas solo o sola que hace tiempo que querías hacer pero nunca encontrabas tiempo.

Otro ejemplo: cuando España ganó el Mundial. ¿Cuánto tiempo llevábamos esperándolo? Lo deseábamos tanto que hasta pensábamos que cambiaría nuestras vidas: "¿cómo nos sentiremos cuando por fin seamos campeones del mundo?", nos decíamos. Pues la noche de la final fue un subidón absoluto, pero al día siguiente... Al día siguiente a currar (o a estudiar o a buscar trabajo) exactamente igual que tres días antes.

Tener expectativas demasiado altas puede hacerte infeliz. Porque mientras trabajas para alcanzar esas expectativas te centras tanto en conseguir que se cumplan que te olvidas de disfrutar el trabajo, el camino. Y porque una vez que las consigues experimentas un estado de felicidad que como todo estado de felicidad, es transitorio.

El estado de felicidad que experimentas cuando te comes un helado, es transitorio. El estado de felicidad que experimentas cuando consigues el ascenso de tu vida, es transitorio.

Por tanto sueña, no dejes de soñar, y persigue tus sueños... pero no olvides de disfrutar el camino, porque eso seguramente sea más importante que tus sueños, ya que el camino...

Es tu vida.

Y la vida no es sueño.

Barry Schwartz es un psicólogo estadoudinense, autor del libro La paradoja de la elección, por qué más es menos. En él habla de cómo en las sociedades industrializadas hemos ampliado hasta la enormidad nuestra capacidad de elegir y eso ha aumentado considerablemente nuestras expectativas.

Como tenemos tanto de donde elegir, nuestra expectativas respecto al objeto de elección (unos vaqueros, un trabajo, una pareja, una casa...) aumentan. El resultado: nos bloqueamos e invertimos demasiado tiempo y energía en decidir, y una vez hecha nuestra elección, es muy probable experimentar arrepentimiento, culpa o decepción al imaginar otra opción disponible que era mejor que la escogida.

Es decir: no disfrutamos el camino y cuando llegamos no nos sentimos mucho mejor.

Si mantuviéramos nuestra capacidad de elección pero hubiera menos donde elegir, seríamos más felices, porque nuestras expectativas no serían tan elevadas. Si por ejemplo en el mundo hubiera una distribución más igualitaria de la riqueza, haríamos más felices a personas del tercer mundo, al darles capacidad de elegir, y al reducir nuestro agigantado abanico de elección, nosotros también seríamos más felices... porque ya no estaríamos tan preocupados por elegir lo mejor, como por hacer lo mejor con lo que tuviéramos.

Tener alternativas es bueno. Tener demasiadas alternativas que inflan nuestras expectativas... No lo creo. Por eso:

1. Haz cosas bonitas con tu vida: márcate proyectos, metas, ten ilusiones, sueña y haz por cumplir tus sueños.
2. Pero renuncia a conseguir lo mejor (la expectativa más alta). Porque cuando consigas lo mejor seguramente te darás cuenta de que lo mejor no era para tanto...
3. Y que ni siquiera tenías que conseguirlo, porque ya lo tenías...

Porque lo mejor reside en tu capacidad de aceptar plenamente el aquí y ahora y disfrutar y agradecer lo que tienes hoy.

Porque la vida es lo que pasa y la felicidad lo que haces, mientras tienes otras expectativas.

¡Un abrazo!

martes, 15 de mayo de 2018

LA VIDA ES UNA LENTEJA

No hace mucho tiempo fui opositor.

Opositar significa: nervios, dudas, incertidumbre, fatiga física y mental, frustración... Si alguien ha pasado o está pasando por el duro reto de enfrentarse a unas oposiciones, sabe de lo que estoy hablando.

El día del examen es como si todos aquellos estados emocionales acumulados durante los meses previos (o incluso años), se reunieran dentro de ti para organizar una gran fiesta. Es el momento del todo o nada, la hora de la verdad. ¿Todo el tiempo y esfuerzo invertidos habrán valido para algo?

Veía a gente en los pasillos antes de entrar al aula de examen y cada uno trataba de gestionar su ansiedad lo mejor que podía: repasando los apuntes por última vez para así no pensar, rezándole a un rosario, llamando a sus seres más cercanos para decirles que les querían... La verdad es que ahora que lo pienso, el aula de examen, a la que nos iban llamando uno a uno para entrar por orden alfabético, parecía aquel día más un matadero que la clase de una facultad.

¿Cómo gestioné yo mi propia ansiedad? Observando. La verdad es que observar siempre me ha servido para relajarme. A mí por ejemplo me gusta muy poco conducir y mucho viajar como pasajero: en coche, en tren, en avión... En esos momentos en los que sueltas el control (la Mente siempre quiere tener el control de todo, especialmente sobre lo que no controla), te dejas llevar por la vida como si fueras un pasajero y te sientes cómodo, relajado, tranquilo.

Me refiero a observar, sólo observar, por supuesto. Sin juicios ni valoraciones ni críticas... Sin control o pretensión de control. Mindfulness, Atención Plena. Sin embargo algo no estaba haciendo bien porque, aunque sí que conseguí reducir mi nivel de ansiedad, estaba enfadado. Estaba enfadado por tener que aguantar tanto histerismo, enfadado porque había mucha gente con la que iba a competir por una plaza, enfadado porque no sabía muy bien cómo había llegado hasta allí, enfadado porque quería que terminara lo más pronto posible. Creo que incluso me enfadaba el hecho de estar relativamente tranquilo cuando todo el mundo estaba nervioso.

Recuerdo (ahora, justo ahora que estoy escribiendo, porque esto no lo tenía preparado así) mi primer día de colegio. Mi madre al dejarme en el cole me dijo que cuando saliera vendría a recogerme, que si yo salía antes y ella no estaba que no me preocupara ni llorase, que ella aparecería pronto para llevarme a casa. Al salir mi madre no estaba y yo recordé lo que me había dicho y me mantuve tranquilo... hasta que me di cuenta de que a mi alrededor no había más que niños llorando histéricamente porque sus madres no había aparecido aún, así que yo me puse a llorar con ellos. Cuando mi madre apareció, me regañó (y con razón): "¿Por qué lloras, no recuerdas lo que te dije?" Hoy le diría que fui víctima de  un proceso empático. En esa ocasión sólo pude articular un lastimero "No sé" entre hipo e hipo.

Lo que más me enfadaba  de aquel día del examen era estar allí tranquilo cuando en realidad debía estar hecho un manojo de nervios como el resto. ¿Qué me pasaba? ¿A dónde había ido mi empatía? ¿Es que aquello no me importaba o ya lo daba por perdido?

Autoanalizándome ahora (y lo estoy haciendo, por eso me gusta tanto recomendar la escritura como ejercicio terapéutico) me doy cuenta de que algunas personas canalizan su ansiedad rezándole al rosario y otros simplemente se enfadan.

El hecho es que cuando por fin dijeron mi nombre y entré en el aula y me indicaron el sitio en el que debía sentarme... No creo en el destino ni ese tipo de cosas (Universo, karma, etc.), pero cuando me senté en el sitio donde realizaría mi examen, enseguida me percaté de que alguien había escrito una frase con típex. Una frase que llamó mucho mi atención y que decía:

La vida es una lenteja

No creo que el destino me pusiera en aquella mesa para leer esa frase, darle un significado especial y poder transmitírtelo. Pero es lo que está sucediendo ahora varios años después. Tampoco sé si mi interpretación de la frase es la misma que la persona que la escribió (seguramente no, me imagino a una una chica o chico aburrido por culpa del rollazo que le está contando algún profesor o profesora y escribiendo entonces con el típex la primera tontería que le viene a la cabeza), y puede que tampoco sea la misma que la tuya. ¿Qué te ha transmitido "la vida es una lenteja"?

A mí me transmitió paz. En cuanto la leí, desapareció el enfado y todo lo demás: los nervios, las dudas, la incertidumbre, la frustración... Se acabó la fiesta chicas. Me quedé tranquilo y contento.

Porque "la vida es una lenteja", para mí (y quizá sólo para mí, quizá tú tengas que encontrar tu propia frase) significó en aquel momento que aquel momento no era tan importante. De hecho, no era nada importante. No era más importante que una lenteja. Y hoy, en mi vida, significa que la vida no es más importante que una lenteja.

Es bonita, es sabrosa, es bella y merece ser vivida. Pero saber que no es importante (ni tiene que serlo) a mí me ayuda a quitarme miedos y preocupaciones que me impedirían valorar, saborear, apreciar y vivir mejor mi vida.

Por eso, si te estás o te tienes que enfrentar a algún reto hoy, ya sea un examen, una entrevista de trabajo, un proyecto, un cambio, una decisión "importante"... Hazlo, enfréntate, dedícale tiempo, esfuerzo, ganas, coraje, ilusión... Pero no pienses que es importante. No creas que te va la vida en ello. Y aunque así fuera: tu vida no es importante. La vida es una lenteja.

Suspendí aquel examen con una nota horrible. A veces me gusta pensar que gracias a aquel suspenso puedo estar aquí escribiéndote estas líneas. Que gracias a aquel suspenso hoy día hago un trabajo con mis pacientes y los asistentes a mis talleres que me gusta y me llena. Hoy, estoy tranquilo y contento.

Y cuando dejo de estarlo, porque no siempre se puede estar tranquilo y contento, creo que acordarme de la frase "La vida es una lenteja" me ayudará.

Espero que a ti también. ¡Un abrazo!

*Este post está dedidado a todos los opositores que rezan rosarios antes de un examen.  

jueves, 10 de mayo de 2018

CÓMO CONTROLAR LAS EMOCIONES

Las emociones son naturales y cumplen una función.

Por eso decimos que no hay emociones buenas ni malas. Sólo emociones más agradables y otras menos. Existen incluso emociones dolorosas. Pero ni siquiera éstas se pueden considerar malas. ¿Es el dolor malo?

La fiebre es útil para el sistema inmunitario, ya que le permite tomar ventaja sobre agentes infecciosos, haciendo al cuerpo menos receptivo a la replicación de virus y bacterias sensibles a la temperatura. ¿Y qué me dices del dolor que precede al parto? ¿Y el dolor tras la marcha de un ser querido? Esa tristeza es la que nos permite superar la pérdida.

Entonces, si decimos que no hay emociones ni buenas ni malas, ¿por qué hablar de controlar las emociones? Entiendo que para muchas personas el término "control" les induzca a pensar en "represión". ¿Quién soy yo para controlar tu vida cuando el dueño de tu vida eres tú?

Exacto. Por eso: ¿quién es la emoción para controlar tu vida? El hecho de que tengas emociones no implica que debas cederle el mando de tu vida a esas emociones. Se trata por tanto de controlar no para reprimir la emoción, sino para que la emoción no nos controle. Dominar para que no nos domine. No darle el poder, no ceder el control absoluto a la emoción.

Porque entonces la tristeza me puede llevar a pasarme días enteros en la cama, y a no ser que estemos de vacaciones (y normalmente ni por esas) no queremos pasarnos días enteros en la cama, por tanto la emoción ha tomado el control. El miedo nos puede llevar a evitar y por regla general queremos afrontar. La ira nos puede llevar a golpear y... Aunque a veces sí quisiéramos hacerlo, desde luego que no deseamos las consecuencias negativas tras el golpe.

¿Cómo conseguimos dominar o controlar la emoción? Desde la posición de observador. Observando la emoción y permitiéndola estar, ser, sintiendo la emoción, porque así es como una emoción se extingue: no reprimiéndola, ahí se queda con nosotros; se extingue sintiéndola.

Cuando soy capaz de sentir la emoción aceptándola plenamente, sin pelearme con ella ni conmigo mismo porque se manifiesta, y soy capaz de no dejarme llevar por ella gracias a mi posición de observador de la emoción, a través de la cual dejo ser a la emoción pero no me identifico con ella: la emoción viene, transita por mi, y se va. Cumple su función, pero no me condiciona. No ha tomado el control, no me ha dominado, porque he sido capaz de mantenerme en posición de vigilia (despierto, no adormecido por la emoción) y en esa posición tengo el control.

Esto es lo que se trabaja, entrena y desarrolla a través del Mindfulness en Emociones:

1. Observar nuestro Universo Emocional.
2. Comprenderlo. Conocernos mejor.
3. Aceptarlo evitando hacer juicios de valor que le den el control a nuestras emociones.
4. Experimentar gratitud ante nuestro sentir porque todas las emociones cumplen una función que nos ayuda a adaptarnos al medio.
5. Y al no sentirme mal conmigo mismo por cómo me siento: mejorar la relación con mi Yo.

Este sábado 12 de Mayo de 10:30 a 13:30 en Málaga haré un nuevo Taller de Mindfulness en Emociones para alcanzar paz y bienestar emocional observándonos, desde dentro. Si estás en Málaga y puedes asistir, ¡te espero! Si no, recibe como siempre un abrazo. Y recuerda:

La salida del dolor, es a través del mismo dolor.