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miércoles, 29 de octubre de 2025

LA MENTE ES UNA MONSTRUA

Ya estamos en la semana de Jallowín (como me gusta llamarla a mí). De aquí a poco, veremos cientos de monstruitos (y no tan "itos") invadiendo las calles, los colegios, los bares... 


¿Le tienes miedo a los monstruitos? No sé si ya te he contado esto, pero yo, de pequeño, me vi las mejores pelis de terror de la historia: El Resplandor, El exorcista, Alien, Viernes 13... Digamos que mis padres fueron un poco negligentes con nosotros en ese sentido. ¡Suerte que no he acabado siendo un psicópata, sino solo psicólogo! (no sé qué es peor 😅) Fue con aquella última que he mencionado, Viernes 13, con la que desarrollé cierto TOC. En una secuencia, un jovencísimo Kevin Bacon se tumba plácidamente en una cama y, un poquito después, un cuchillo le rebana el cuello. Me pasé años mirando debajo de la cama antes de acostarme. ¡Años!


Normal, hay cosas para las que un niño no está preparado. A favor de mis padres he de decir que también hicieron cosas bien, eh. Además, hoy día le debo a ellos que soy fan de las pelis de terror y me lo paso bomba viéndolas, incluso cuando paso miedo (que para eso están, para dar miedo). Mis monstruos de la infancia no son nada en comparación con los monstruos de la vida adulta: el rentista, el banquero, el cajero del súper mercado (pobre cajero, tampoco tiene la culpa). 


El caso es que hay miedos que se generan a través de experiencias, ya sea en primera o tercera persona, que vivimos en nuestro pasado, infancia y adolescencia sobre todo (aunque en cualquier momento de la vida adulta puede nacer un nuevo miedo). Es lo que le pasó a una de mis pacientes, que cuando era niña escuchó algunas historias de espíritus y fantasmas y vio también alguna peli del género o algún programa de Cuarto Milenio (que es como una peli pero en mala), y acabó desarrollando espectrofobia, o lo que es lo mismo, fobia a los fantasmas.


Esta fobia le limita bastante la vida, ya que no se atreve a dormir sola (siendo ya adulta), y tiene que dormir con la luz encendida (si no la de la habitación, al menos la del pasillo). Y aún haciendo todo esto, lo pasa mal, porque su mente no deja de ponerla en alerta ante la posibilidad de que un espíritu se le aparezca, o en el mejor de los casos, un asesino en serie (bueno, ante cualquiera de las dos posibilidades estaría bastante jodida, la verdad).


Y es ahí, en lo que acabo de decir (o escribir, para ser más exactos), donde radica el motivo de mi post. Porque he dicho (he escrito) "su mente no deja de ponerla en alerta". Entonces, si queremos superar algunos de nuestros miedos, o, al menos, poder convivir con ellos de manera más tranquila, ya sean esos miedos menos realistas, como los que tienen que ver con fenómenos paranormales o fantasmas, ya sean más realistas, como los relacionados con el rentista, el banquero y etc., hemos de aprender a hacerle menos caso a nuestra mente.


Que esa sí que es una monstrua. Y de monstruita nada. Monstrua, monstrua, una bien grande.


La mente es la loca de la casa. La mente-miente. No te creas a la mente (no siempre). No le hagas caso. Aprende a pasar de aquello que tu mente te diga y que no sea creíble, que no te aporte, que no sea amable contigo.


¿Por qué la mente piensa lo que piensa y nos dice lo que nos dice? ¿Tenemos al enemigo en casa? ¿Es el peor monstruo de todos? ¿Si me disfrazo de mente en este Halloween lo petaré? Posiblemente, pero, más allá de eso, no, tu mente no es tu enemigo. Tu mente, o, mejor dicho, tu actividad mental (pensamientos, proyecciones, recuerdos...), es el resultado de tu actividad cerebral. Y el cerebro no es un enemigo, es un amigo que hace muchas cosas por ti, te ayuda a mantener un montón de funciones básicas para tu supervivencia, y está trabajando a destajo ahora para que entiendas este rollo que te estoy soltando.


El problema es que la función principal (diría que función exclusiva) de tu cerebro es precisamente aquella, tu supervivencia. Y a veces se lo toma más en serio de la cuenta, se pone nerviosillo, y se equivoca. ¿Quién no se ha equivocado estando nervioso? Pues, tu cerebro dispara cortisol (hormona del estrés) cuando él cree que estás en peligro, para ponerte en alerta. Y en esa sensación de amenaza que alerta a tu cerebro, influyen mucho, muchísimo, tus traumas, tus creencias, tus inseguridades y miedos... tu identidad personal, que se ha ido formando a través de experiencias de vida más o menos chungas, como escuchar historias de espíritus o ver morir con una violencia desatada a Kevin Bacon. Ya con las experiencias en primera persona, ni te cuento.


Una vez que estás en alerta, sientes ansiedad. Y esa ansiedad se nota en el cuerpo, y también en cómo funciona tu mente, en cómo son tus pensamientos: nos ponemos en lo peor, exageramos, rumiamos, tenemos pensamientos irracionales... Por eso, no hay que creerse (siempre) a la mente, mucho menos cuando estamos agobiados. Si te sientes mal, lo más probable es que pienses mal. Y, encima, ese pensamiento de mala calidad te pondrá peor todavía. ¡Sobre todo si te lo crees y lo sigues escuchando todo el tiempo!


Simplemente ser conscientes de todo esto que te acabo de contar (que cuando te pones a pensar cosas que te agobian o desatan tus mil demonios, lo más probable es que estés pensando así porque previamente te has agobiado, y seguramente sin necesidad alguna de agobiarte), te ayudará a poner el foco no en el peligro, no en la amenaza, porque seguramente ni existan, sino en ti, en tu agobio, en tu estado de alerta y ansiedad. Y así hacer algo que te ayude a relajarte: respirar profundo, hablarte de manera amable, usar algún estímulo que te facilite recuperar la calma... 


Una vez un poco más consciente y más relajado, podrás producir un pensamiento de mayor calidad. Por ejemplo, podrás decirte que entiendes que te da miedo que te asuste la oscuridad por todas las historias de fantasmas que escuchaste de pequeña, pero que tienes que afrontarlo y aprender a vivir con ello; o que después de que rebanaran el cuello a Kevin Bacon en esa peli, él hizo muchas pelis más, así que tu cerebro (que por otra parte, no distingue entre realidad y ficción) puede que exagere un poco; o que cada vez que pasas los productos por la caja del súper el atraco es bestial, pero que, aún así, consigues volver a la semana siguiente.


Recuerda esto: tú eres tú y tu mente es tu mente. Y no siempre tienes que creerte ni hacer caso ni prestar atención a lo que te dice tu mente. Porque tu mente es una peliculera, ¡y a veces se monta unas pelis de terror de la hostia!


Y si crees que nada de lo que te he dicho en este post te va a servir pa una mierda, ¡pues al menos te disfrazas de mente en Halloween, que seguro que lo petas!


Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


Si te gustó el post, comenta y comparte, no te lo quedes solo para ti, porfa.


Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para todo el mundo. También tengo un par de libros.


Y seas de Jallowín o no lo seas, ¡abraza a tus monstruitos de mi parte!  

jueves, 16 de julio de 2020

¿EXISTE EL ALMA?

Existen muchas definiciones para el concepto alma. Una de ellas se refiere a que, en algunas religiones (o culturas o corrientes filosóficas), el alma es la sustancia espiritual e inmortal del ser humano. Quien me conoce sabe que no soy creyente. Pero no creer no implica saber, así que no me detendré a rebatir esa definición, simplemente analizaré el concepto "alma" por otro lado.

Otra explicación del término "alma" es la que sigue ---> la parte inmaterial que, junto con el cuerpo o parte material, constituye el ser humano. Esta definición sí me interesa más porque divide al ser humano en dos partes: la parte material, cuerpo, y la parte inmaterial (alma).

A raíz de aquí, me surgen varias preguntas que trataré de responder en este post: ¿qué es, exactamente, esa parte inmaterial considerada el alma?; ¿alma y cuerpo están conectados?; ¿somos, al tener una parte inmaterial a la que podemos (o no) llamar alma, seres espirituales?

Para responder a estas preguntas, intentaré usar razonamientos científicos y objetivos.

En primer lugar, la ciencia, a día de hoy, no ha sabido responder a la pregunta de si tenemos alma, pero sí sabemos, gracias a ella, que tenemos Sistema Nervioso. Debajo de nuestra piel y nuestros músculos, existe un complejo conjunto de millones y millones de células cuya actividad química y eléctrica depende de la estimulación externa que reciben a través de nuestros órganos externos (los sentidos) y nuestras funciones motoras y cognitivas a su vez dependen de aquella actividad. Las funciones cognitivas del cerebro (memoria, pensamiento, imaginación) generan consciencia: el conocimiento de la propia existencia, de mi historia, de mi identidad y realidad subjetiva. Ese conocimiento, en forma de pensamientos, supone también estimulación que reciben las células de nuestro Sistema Nervioso y que alteran, de una manera u otra, su actividad química y eléctrica. Ni las células del Sistema Nervioso ni la mente (el conjunto de nuestras capacidades cognitivas) se tocan o se ven (a no ser que sea con un microscopio, en el caso de las células). Es decir, son inmateriales. Pero existen.

En segundo lugar, el cuerpo, el Sistema Nervioso y nuestra mente, por supuesto que están conectados. Sin un cuerpo no podría recibir información sensorial, sin un Sistema Nervioso esa información sensorial no llegaría al cerebro en forma de actividad química o eléctrica y cuando llega al cerebro se transforma en mente (recuerdos, pensamientos, deseos...). Todo, por tanto, está conectado y son necesarias todas las partes para que se dé el todo, queramos llamar a ese todo ser humano, persona, vida o lo que sea.

En tercer lugar, habría que preguntarse qué es "ser espiritual". La RAE, en su primera acepción del término "espíritu", dice: "ser inmaterial y dotado de razón". En este sentido, somos espirituales ya que nuestro ser está formado por entes (o sub-entes) inmateriales, aunque no independientes, pues recordemos que todos ellos forman parte de un todo y que dentro de ese todo está el cuerpo, que es material. Por otra parte, la RAE también define la palabra espiritual como "Dicho de una persona: Muy sensible y poco interesada en lo material". Y este es un buen punto para detenerse.

Porque, si retrocedemos al "segundo lugar", recordemos: necesitamos un cuerpo para recibir información sensorial que llega al Sistema Nervioso y de ahí al cerebro, generando nuestros pensamientos. Pero, ¿de dónde recibimos esa información, aparte de nuestra propia mente?

De la vida. De la parte material de esta... y de la no material. El conjunto de millones de células que forman nuestro Sistema Nervioso y cuya actividad luego va a ser transformada en consciencia, recibe información sensitiva de lo que vemos, de lo que tocamos, de lo que olemos, de lo que oímos y de lo que saboreamos. Pero también de los químicos que hay en el propio ambiente o de su actividad eléctrica. Y por supuesto, de las emociones. Somos capaces de percibir emociones y de sentirlas: el sistema límbico es la parte del cerebro encargada de regular las respuestas fisiológicas y las emociones. De nuevo, estamos hablando de información que viaja por nuestro Sistema Nervioso en forma de químicos o electricidad y que es traducida en nuestro cerebro. No se ve (en muchas ocasiones no lo vemos), no se toca. Pero lo percibimos, lo sentimos. Es inmaterial, pero existe. Y se llama vida.

No sé si existe un ser independiente a nosotros que sobreviva cuando estemos muertos, simplemente no creo en él. Pero, solo soy psicólogo, así que no importa demasiado lo que crea o no. Pero lo que la ciencia sí sabe es que somos mucho más que un cuerpo, que un universo de millones de células dentro de ese cuerpo, y que un cerebro que alberga mente y emociones. Somos vida. Porque todo lo anterior no sería posible, sin una vida que está siendo vivida.

Y que, independientemente de lo que nos depare el más allá, merece que la cuidemos, tanto la parte material como la inmaterial (lo que pensamos, lo que sentimos, lo que hacemos sentir a los demás), aquí y ahora.

Cuestiona siempre lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.

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Hago terapia psicológica en Málaga y online para el resto del mundo.

Y, aunque no pueda dártelo materialmente, recibe, por favor, este abrazo. ¡Gracias!