jueves, 17 de octubre de 2019

GENTE IN Y GENTE OUT

Tengo una amiga, mi querida Helen, que desde unos años para acá está muy interesada en su crecimiento interior. Ella es bastante graciosa y me hace reír mucho cuando vemos a una "persona out" y me dice en un tono resignado: "Está fuera, David, no está dentro como nosotros, está fuera".

Estar dentro o estar fuera puede suponer una diferencia enorme, peeero enooorme, en la calidad de vida de las personas. ¿Y qué significa exactamente ser in o ser out? Por supuesto, no tiene nada que ver con la orientación sexual. Te lo explico con este post:

GENTE OUT

- Son personas cuyos estilos de vida están muy condicionados por los estímulos del entorno, por lo externo, por lo de fuera.

- Entonces, se dejan guiar demasiado por las recompensas externas, por el placer que encontramos en lo estético, lo material y lo superficial: una persona atractiva, un exquisito plato de comida, la promesa del fin de semana, la ilusión del lujo.

- Viven, al dejarse llevar tanto por esos condicionantes externos, una vida poco consciente. No se preguntan si realmente hacen lo que les gusta, lo que quieren, lo que les hace feliz... o si están haciendo lo que se les ha dicho que han de hacer para sentirse felices. Van arrastrados por el rebaño de las masas, viven una vida en "piloto automático".

- Por supuesto, al hacer todo esto, no se interesan lo más mínimo por actividades orientadas a reforzar lo de dentro, nuestra consciencia y atención, el control de la mente, la gestión de nuestras emociones, enriquecer la relación que tenemos con nosotros mismos, con los demás y con el planeta. ¿Para qué, si la felicidad está fuera?

- Muchas "personas out" pueden tener muchos "momentos in" a lo largo de su vida pero, a no ser que tomen consciencia y se vuelvan in, su pensamiento general sobre la vida es que la felicidad está en lo externo y no en lo interno.

GENTE IN

- Somos personas que hemos tomado consciencia de que nuestra felicidad no depende tanto de los condicionantes externos como de nuestra paz y bienestar interior. Por supuesto, sabemos que sentirnos felices no implica estar bien siempre y que eso es imposible precisamente debido a las dificultades que nos encontramos en el exterior (problemas, pérdidas, conflictos), pero también sabemos que nuestra actitud frente a esas dificultades, y no la ausencia de las mismas, es lo más determinante para nuestra calidad de vida.

- Entonces, ya no nos dejamos guiar tanto por el placer estético (sexo, vanidad), material (cosas, comida) o superficial (diversión, sociabilidad). Todo eso nos gusta. Todo eso nos encanta. Pero sabemos que hay más: lo que nos llena, lo que nos hace crecer y realizarnos. Y la paz interior.

- Saber esto nos hace conscientes, darnos cuenta de cuándo nos estamos dejando llevar por condicionantes externos: el influjo de la publicidad, lo que la sociedad nos dice que es bueno, lo que los demás quieren que hagamos... y cuando detectamos que eso no es lo que nosotros queremos para nosotros mismos, obtenemos mayor capacidad de elección, de hacer o no hacer, de tomar un rumbo distinto si discernimos qué es lo que nos hará sentirnos mejor. Al ser más conscientes, somos más libres, porque adquirimos mayor capacidad de distinguir aquello que nos hace felices y lo que no. 

- Por supuesto, al alcanzar este nivel de consciencia, nos damos cuenta de que mucho de lo que nos hace felices está dentro y no fuera: en nuestra capacidad de relajarnos, en nuestra capacidad de sentir gratitud, de amar... Entonces, empezamos a cultivar lo de dentro: leemos libros sobre crecimiento personal, empezamos a acudir a conferencias de bienestar o a talleres de psicología, meditamos, escribimos, vamos a terapia.

- Muchas "personas in" hemos tenido y tenemos "momentos out", es decir, momentos en los que nos dejamos arrastrar por lo de fuera y nos olvidamos que la auténtica felicidad está dentro. Es normal que eso nos pase, pero la filosofía general de vida de la "gente in" es que la felicidad no está fuera, sino dentro. Aunque no está de más que nos lo recordemos o nos lo recuerden muy a menudo.

Este post no pretende ofender a nadie. No estoy diciendo que la "gente in" sea mejor que la "gente out", simplemente, como psicólogo, escritor y divulgador, defiendo que un estilo de vida basado en la consciencia de que nuestro bienestar personal depende sobre todo de nosotros y no de los placeres o dificultades externos, aumenta nuestra calidad de vida. Insisto en que eso no quiere decir que podamos sentirnos siempre bien independientemente de las circunstancias: ni se puede ni se debe pretender. Es muy lícito e inevitable sentirse mal.

Del mismo modo, no digo que los placeres de la vida sean malos. Lo repito: a la "gente in" nos puede encantar el sexo, comer y beber abundantemente y estar toda una noche de juerga. Pero eso es placer. La felicidad... está dentro. En cómo vivencio los placeres externos y cómo afronto las dificultades del entorno.

Y, por último, quiero recalcar que todos, todos, todos nosotros, yo incluido, podemos ser in o out según el momento vital que estemos atravesando. Yo, hoy, me considero in, lo que no quiere decir que a veces me desubique un poco y me quede out. Pero cuando me pasa, trato de volver. Trato de volver a mí. Después de todo, la felicidad no es una meta, es un camino. Ser in es la brújula que me devuelve al camino.

Para la "gente in" que quiera estar más in todavía, y para la "gente out" que quiera meter un poquito la cabeza en territorio in para ver cómo les va, este sábado 19 de octubre hago en Málaga el Taller "¡Soy infeliz y me alegro!" Psicología Positiva para la gestión de nuestro bienestar personal. Un taller para ganar consciencia, la cual no es poca ganancia. Si estás en Málaga para la fecha, ¡te espero!

Por favor, si te gustó este post, no te lo quedes solo para ti, compártelo.

Gracias por leerme. No te creas nada de lo que escribo, cuestiónalo siempre. Y como siempre recibe ¡un abrazo!

miércoles, 9 de octubre de 2019

REQUISITOS PARA UNA BUENA COMUNICACIÓN

La comunicación es esencial. Por varios motivos:

- Ayuda a la resolución de conflictos, facilitando la superación de interpretaciones sesgadas o prejuicios que suelen provocar malentendidos.

- Mejora la dinámica relacional de las parejas y de los grupos (familia, trabajo, amigos), aumentando la satisfacción, la implicación y la cohesión.

- Genera un espacio en el que cada uno puede expresar y compartir acerca de sus pensamientos, sentimientos o intenciones, sintiéndose escuchado y recibiendo feed back de los demás.

Entre otros... 

Sin embargo, no toda comunicación conlleva estos beneficios. Más importante que la comunicación en sí o la cantidad de comunicación, es la calidad de la misma. Por eso cuando hago terapia de pareja o de familias, antes que nada expongo una serie de requisitos o condiciones básicas para que la comunicación en las sesiones sea eficaz. Y hoy quiero compartirlos contigo en este post, porque pienso que se pueden poner en marcha fácilmente (con las dos "p" tan necesarias para conseguir aplicar un conocimiento: práctica y paciencia) y te pueden resultar muy pero que muy provechoso en tu relaciones interpersonales.

Estos son:

- Escucha activa. La escucha activa es escuchar de verdad a la otra persona. No estar pensando en otras cosas. No pensar en lo que le voy a decir en cuanto acabe. No interrumpir, no juzgar. Estar atentos al mensaje y, no sólo a eso, también a si realmente estoy entendiendo el mensaje. "Entonces, ¿lo que quieres decir es... a qué te refieres cuando dices que...?" Ese tipo de verbalizaciones, además de mostrar un interés en que nos esforzamos por entender al otro, supera muchas barreras e interferencias de la información.

- Empatía. La empatía es ponerme en el lugar de la otra persona. Y eso no es dar la razón a la otra persona, es entender sus razones. Aunque no me guste nada lo que está diciendo, aunque tenga clarísimo que se equivoca; lo que esa persona me está transmitiendo es su verdad (sobre cualquier situación hay tres versiones: tu verdad, mi verdad y LA VERDAD) y tiene razones para ver lo que ve, pensar como piensa, sentir cómo siente o reclamar lo que esté reclamando. Si acepto (que no "me resigno a") su verdad, me será mucho más fácil exponer la mía sin tratar de imponerme, y así será más fácil evitar una escalada del conflicto.

- Actitud propositiva. Porque una escalada del conflicto (nos enfadamos, subimos el tono, nos atacamos...) se produce cuando en lugar de actitud propositiva tenemos una actitud confrontativa, es decir, queremos imponernos al otro, ganarle, vencerle... Llevar la razón o que el otro me la dé en todo. Obtener lo que quiero y que el otro no se lleve nada. Esa actitud, por supuesto, provoca una actitud defensiva en la otra persona y desde aquí es mucho más difícil llegar a la resolución del conflicto, porque en realidad ambas personas no están interesadas en resolver nada, sólo en ser poseedores de "la verdad" e imponerla. Una actitud confrontativa o defensiva conlleva: atacar, reprochar, despreciar. Mientras que una actitud propositiva implica, claro, proponer. Buscar, conjuntamente, soluciones, alternativas, acuerdos, compromisos. Y normalmente se consigue a través de una negociación en la que ambas partes han de ceder algo, para conseguir algo: la resolución del conflicto.

Por supuesto, hay otros requisitos que son muy importantes para que haya una buena comunicación y sobre los que no me voy a extender: respeto, amabilidad, simpatía. Pero creo que los tres básicos que he expuesto facilitan que aparezcan estos otros.

Así que espero honestamente que este post nos ayude a mejorar nuestras relaciones interpersonales. Me gusta pensar que un mundo con menos ruido y más palabras, con menos egos y más empatía, y con menos reproches y más propuestas, es un mundo mejor.

Un mundo mejor que todos podemos construir. ¡Un abrazo!

martes, 1 de octubre de 2019

LAS CUATRO PATAS DE LA MESA DEL AMOR

Ayer, 30 de septiembre, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó datos actualizados sobre los divorcios, separaciones y nulidades matrimoniales en España (más info aquí). Y aunque las noticias aparentemente son buenas, porque en 2018 los divorcios han descendido casi un 3% en comparación con el año anterior, el porcentaje de divorcios en España sigue estando alrededor del 60% (más info aquí).

Si más de la mitad de las parejas que se unen, se separan, para mí es un indicador de que algo se está haciendo mal en el amor, o algo al menos se puede mejorar. Por eso he querido escribir este post, ya que creo que venía como... anillo al dedo (perdón por el chiste a lo Matías Prats).

Para identificar qué mata el amor y qué puede salvarlo, creo que primero hay que hablar de cuatro valores que considero necesarios para que dos personas se enamoren y decidan embarcarse en una relación:

- La atracción. Evidentemente, es necesaria. Pero no tiene que ser solo atracción física, ha de ser sexual, y la sexualidad puede experimentarse más allá del físico: por la inteligencia, por la manera de ser o de tratarme, por su timbre de voz, por su olor, por sus detalles, por su carácter... Pero, sí, claro, por las razones que sea, ha de haber atracción sexual.

- La admiración. Esto no significa poner en un altar (mejor, de hecho, si no lo hacemos), pero sí que haya aspectos de la personalidad y de la vida del otro que admire, que valore de forma positiva y especial. Puede ser su trabajo, puede ser su cultura, sus intereses y aficiones, su manera de comportarse con los demás, su forma de afrontar la vida, su actitud, su filosofía... Pueden ser tantas cosas.

- La complicidad. Esto no implica que las dos personas hayan de ser 100% compatibles, ni mucho menos, pero han de existir algunos aspectos que los unan, que las hagan cómplices. "Nos reímos de las mismas tonterías, nos entendemos sin hablarnos, compartimos una visión del mundo parecida..." Ese tipo de sub-conexiones que fortalecen la conexión principal.

- El respeto. Lamentablemente, este valor no es en realidad necesario para que dos personas se enamoren. Pero debería serlo. Te puedes enamorar de un maltratador, te puedes enamorar de una egoísta. Pero no es bueno que lo hagas, claro. Si todos tomamos conciencia de que el respeto es básico, desde primera hora, elegiremos mejor en el amor. Si hay atracción, admiración y complicidad, seguramente estarás muy enamorado o enamorada y, sin ninguna duda, importa una mierda si no hay respeto, ya que en tal caso no debes embarcarte en una relación.

Imaginemos que aparecen estos cuatro valores y tú y otra persona os enamoráis muy mucho. ¿Qué es lo que mata el amor? La relación, el propio curso de la relación es lo que lo mata. Porque, con el tiempo, en la relación:

- Aparece la rutina. Nos cansamos del mismo cuerpo, de las mismas posturas, de las mismas conversaciones... Todo es repetición, monotonía. Y eso provoca apatía y finalmente rechazo; ya no deseamos tanto estar con la otra persona.

- Aparece el tedio, el aburrimiento. Y ya dejamos de valorar lo que tanto admirábamos al principio. Nos empezamos a fijar más en lo que me molesta, en los pelos en el baño o los calcetines en el suelo.

- Aparece la fatiga y el cansancio. Estar con la otra persona me empieza a dar pereza, hablar con ella se convierte en un compromiso, en una tarea desagradable. Y cada vez nos alejamos más el uno del otro.

- Y aparecen las peleas. Y con ellas las faltas de respeto. Y con ellas heridas que a veces no cicatrizan del todo. Y entonces ya voy envenenado hacia nuestro próximo desencuentro y... Ese veneno, definitivamente, mata el amor.



Un panorama desolador, ¿verdad? Esto es lo que pasa, irremediablemente, en la gran mayoría de los casos. En cualquier relación, por muy fuerte que haya sido la primera conexión (la del enamoramiento), van a aparecer rutina, aburrimiento, cansancio y peleas. Y por tanto, se va a jod... ¡No! No se tiene que joder nada. Porque ahora que sabemos cuáles son las dificultades que provocan que se pierdan los valores que nos hicieron enamorarnos de la otra persona, lo que hay que hacer es prevenir esas dificultades y promover estos valores.

Y eso es lo que yo creo que se consigue con "las cuatro patas de la mesa del amor". Las llamo así porque una mesa se sostiene gracias a sus cuatro patas y, de la misma manera, no creo que una relación se pueda sostener sin estos cuatro pilares:

- Dedicación. Hay que esforzarse, hay que trabajar. Pero es un trabajo ligero, no pesado, es bonito y enriquecedor para las dos personas. Cuando nos enamoramos de alguien nos esforzamos por captar su atención y con el tiempo nos acomodamos y dejamos de hacerlo. ¡Y eso mata el amor! Hay que seguir depilándose, afeitándose, ponernos guapos, ser higiénicos, mantenernos en forma, elegir ropa interior sexy. En definitiva, seguir dedicándome a captar la atención de la otra persona. Con esta "pata" se preserva la atracción y la admiración y se previene la rutina y el aburrimiento.

-  Intimidad. Se trata de tener intimidad sexual (una escapada, probar cosas nuevas) y no sexual (tener momentos para los dos solos como pareja). En definitiva: seguir siendo novios, ya que esto es algo que se olvida con el tiempo y ambas personas suelen encerrarse en sus roles de trabajador-trabajadora y padre-madre. Hay que seguir haciendo esas cosas que hacíamos cuando empezamos y que nos hacían sentir tan bien, y por supuesto probar cosas nuevas (que es algo que también hacemos cuando iniciamos una relación). Con la intimidad se  preserva la atracción y la complicidad y se previene la rutina y el aburrimiento.

- Confianza. Esto implica dar libertad a la otra persona para que tome sus propias decisiones y no despojarle de su espacio personal, porque confío en ella y sé que no lo va a usar para hacerme daño. No anular la individualidad de la otra persona, fomentarla, y que así cada uno de los dos tenga sus propios amigos (pueden ser exclusivos o compartidos), sus propias aficiones, su tiempo para estar solos (todos lo necesitamos). Con la confianza se preserva la admiración y el respeto, y se previene el cansancio (porque como no estamos todo el tiempo juntos ya no nos cansamos tanto el uno del otro) y se evitan muchas peleas que devienen precisamente por la falta de confianza.

- Comunicación. Es importante hablar, sí, pero más importante es hablar bien. En una pareja siempre van a aparecer motivos de discusión, y es bueno y sano que se discuta. Pero discutir es poner en debate dos puntos de vista distintos; no es pelear. Se pelea cuando se falta el respeto, cuando se reprocha y se ataca. Comunicarse bien implica escuchar, empatizar (que no es estar de acuerdo, pero sí entender) y tener una actitud propositiva, que significa querer llegar a acuerdos y no empeñarme en que el otro me dé la razón. Este tipo de comunicación preserva la complicidad y el respeto y previene la fatiga y las peleas.

Por último, pero no menos importante, aclarar que estas cuatro patas de la mesa sirven para sostener la relación, pero no necesariamente han de salvarla. Porque a veces no hay nada que salvar. A veces simplemente me doy cuenta de que elegí mal y quiero otra cosa. A veces simplemente crecemos juntos hasta que llega un punto en el que nos damos cuenta de que al menos uno de los dos quiere seguir creciendo por separado. A veces simplemente se acaba el amor. Y ya está. No hay que buscar culpables ni víctimas, ni buenos ni malos, ni motivos ni excusas.

Como siempre digo, el amor es un encuentro, y en algún momento (muerte o separación) se ha de producir el desencuentro. Mientras dure el camino, a disfrutarlo.

Y espero que este post sirva a algunos para que ese camino sea más bonito. Y si no... os recuerdo que hago terapia de pareja y que una ayuda desde fuera nunca viene mal. ¡Gracias por leerme, un abrazo!

miércoles, 25 de septiembre de 2019

CELOS: CÓMO SUPERAR LA CELOTIPIA

Más o menos una vez cada mes publico algunos de mis posts antiguos más leídos. Así, descanso un poco y recordamos ideas muy útiles a las que siempre viene bien hacer un repaso, porque en psicología tan importante es lo que conviene aprender, como desaprender, como recordar.

Esta semana, CELOS: CÓMO SUPERAR LA CELOTIPIA. Un post que escribí y publiqué en Mayo de 2015 y que nos ofrece algunas claves de por qué se desarrolla la celotipia (celos obsesivos) y qué podemos hacer para superarla.



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Los celos son una emoción, y como tal, son humanos, naturales, cualquiera puede sentir celos a lo largo de su vida.

El problema aparece cuando permitimos que las emociones gobiernen nuestra vida produciendo conductas disfuncionales, es decir, conductas que no son adaptativas, que no sirven, y que sólo generan malestar y conflictos.

En el caso de la pareja: peleas, invasión del espacio personal del otro, e incluso infidelidades. Porque, sí, los celos pueden acabar desencadenando la famosa profecía autocumplidacuando yo mismo provoco, de manera no consciente, aquel mal que tanto temo.

Y es cuando se dan este tipo de situaciones en la pareja que podemos hablar de celotipia: pasamos de la emoción a la obsesión, la creencia permanente de que mi pareja va a serme infiel, o dejarme por otra persona, o que otra persona llegará para quitármela.

Esa obsesión acaba en compulsión: una conducta repetitiva y dirigida a reducir la ansiedad que nos provoca la obsesión. Prohibir, restringir, controlar, espiar, etc. Conductas que, como digo, facilitan la aparición de la profecía autocumplida, ya que generan desgaste y animadversión, y se acaba buscando fuera la paz, el cariño y la libertad que no encontramos dentro.

La solución para superar esta problemática a nivel de pareja está clara: fomentar una relación basada en el respeto (respeto de un espacio compartido y un espacio personal y exclusivo), la confianza, la complicidad y la intimidad. Lo que son para mí "las cuatro patas de la mesa del amor".

Lo que sucede es que para un celotípico esto va a ser duro. Sobre todo por el tema de la confianza. Porque su celotipia se ha vuelto un rasgo de personalidad. Al celotípico no tienen por qué darles razones para manifestar celos, ya él o ella se ocupará de encontrarlas, dado su patrón caracteríctico o mapa mental, que determina a la postre cómo percibe, interpreta y afronta su realidad. 

Y este patrón, en la celotipia, se construye en base a dos pilares muy personales:

1. El sistema de creencias. Que puede estar muy distorsionado si es fruto de malos aprendizajes que han llevado a aceptar como ciertos falsos mitos: todos los hombres son iguales, las mujeres tienen que quedarse en casa... El primer ejemplo es una sobregeneralización, el segundo también y además una afirmación que proviene de la cultura más machista.

2. La autoestima. Porque la desconfianza que aparece en una relación puede muy bien ser fruto de la falta de confianza en uno mismo. Si no me valoro y encima me subestimo frente a los demás, fácilmente pensaré que mi pareja me dejará por otra persona y que tengo que poner los medios de "protección" necesarios para que eso no ocurra.

Por tanto, las soluciones para superar la celotipia pasan por hacer un trabajo con uno mismo, en el que un psicólogo puede ser una ayuda fundamental. Un trabajo para cuestionar la racionalidad, veracidad y utilidad de tus pensamientos, y conocer tus fortalezas y recursos personales y aprender a exprimirlas. Es difícil que una persona con un pensamiento libre de creencias erróneas y con una autoestima sana pueda sufrir de celotipia.

Pegar siempre te la pueden pegar, pero al menos no pongas tú las condiciones idóneas para que eso ocurra. Y si sucede, puedes interpretar ese suceso como una adversidad que te ayudará a crecer y a empezar una nueva etapa en tu vida, si así lo decides. No pienses que ha sido un "robo", porque ésa es otra de las creencias erróneas de los celotípicos: que el otro nos pertenece.

Nadie es de nadie. Una relación son personas que comparten un proyecto en común, no personas que se tienen.

O como dice Fito:

Me di cuenta tarde que te perdí,
por pensar que te tenía...


¡Un abrazo!

miércoles, 18 de septiembre de 2019

AHORA O NUNCA

Cuando abordamos el estudio de la conducta humana desde una perspectiva psicológica, hay un factor de predicción del comportamiento de las personas y que conocemos como contingencia.

Sabemos que las decisiones y acciones del ser humano están motivadas o bloqueadas por sistemas de recompensa y castigo: la recompensa refuerza una conducta mientras que el castigo tiende a reprimirla o erradicarla.

Sin embargo, para que ese sistema funcione, es necesario que las consecuencias de la respuesta sean consistentes en el tiempo (para que no concluyamos que el fruto de nuestras acciones ha sido producto del azar) y también contingentes: a una respuesta determinada le sigue una consecuencia más o menos inmediata.

Si la consecuencia es lejana en el tiempo, a las personas nos cuesta mucho más asociar aquella con nuestra conducta.

Y eso es lo que está pasando hoy, ayer y, como no hagamos algo ahora, mañana, con el cambio climático. Nos estamos cargando el planeta pero como no somos capaces de ver las consecuencias ya, no erradicamos nuestra conducta de autoaniquilación ni la transformamos por otro conjunto de comportamientos y hábitos que sean compatibles con la vida.

Porque, aunque ya se estén notando algunos efectos, tendemos al sesgo de disponibilidad, que en este caso implicaría subestimar las probabilidades sin tener en cuenta los verdaderos datos sobre cambio climático, porque la información más accesible (y que tiendo a pensar, equivocadamente, que es la más creíble) es la de nuestras personas más cercanas, y no la de los científicos. Así, como la gota fría, las inundaciones, las olas de calor, etc. ya las vivieron nuestros padres y abuelos, ¡tampoco está pasando nada del otro mundo!

Qué nos dice la ciencia: que el mundo se va directamente a la nada. Que en varias décadas el derretimiento de los polos y consiguiente aumento del nivel del mar, la desertización y los niveles de contaminación global van a hacer muy difícil la vida en este planeta, debido a los desplazamientos de población, la falta de recursos y las enfermedades. Y esto no lo van a vivir tus tataranietos. Esto lo van a vivir tus hijos.

No esperes a que las consecuencias se hagan reales. ¡Actúa ya! Desde este viernes 20 de septiembre al siguiente viernes 27 se van a realizar acciones en todo el mundo (en todo el mundo) promovidas por los jóvenes para exigir a los gobiernos medidas reales contra el cambo climático. Estas acciones van desde manifestaciones a huelgas generales. Dependiendo de la ciudad varía el día de la huelga: puedes seguir el calendario de acciones en tu ciudad clicando en este link

Yo haré mi huelga el 27 de septiembre en Málaga, no trabajaré ese día, mi consulta permanecerá cerrada, perderé dinero... pero merecerá la pena si ganamos vida para este planeta. ¡Ojalá! ¡Contribuye, haz que sea histórico! ¡Un abrazo! 

jueves, 12 de septiembre de 2019

¿TE PUEDES SENTIR BIEN CON INDEPENDENCIA DE TUS CIRCUNSTANCIAS?

La terapia cognitiva basa su teoría en la idea que no son los eventos los que generan nuestros estados emocionales, sino la manera de interpretarlos.

Muchos profesionales (y no tan profesionales) han aprovechado este dogma para postular que si cultivamos un pensamiento ecuánime (equilibrado; razonar con sensatez y lógica) es posible mantenerse imperturbable antes los diferentes acontecimientos de nuestra vida.

Díselo a unos padre que hayan perdido a su hijo, a una persona que lleve años sin trabajar y apenas pueda cubrir sus necesidades básicas o a alguien que sufra de dolores crónicos.

No podemos sentirnos siempre bien. No. Es imposible. Olvídalo. Y como no podemos, no debemos siquiera pretender sentirnos bien siempre, porque esa expectativa irreal hará entonces que me sienta muy frustrado y mal conmigo mismo ante una adversidad que me desestabilice emocionalmente. Cuando en realidad, es normal desestabilizarse ante los avatares de la vida.

De la misma manera, es imposible pensar de manera lógica, racional y con discernimiento, siempre. No somos robots carentes de pasiones y éstas nos llevan a veces a hacer interpretaciones erróneas y valoraciones exageradas de la realidad.

Pero podemos aprender a pensar mejor. Y eso nos va a ayudar a sentirnos mejor.

El arte de pensar bien es el arte de, a menudo, que no siempre, evitar caer en trampas mentales de todo tipo: creencias erróneas, pensamientos polarizados, sesgos cognitivos, pensamiento neurótico, rumiaciones, etc., y como contrapunto, generar pensamientos más acordes con la realidad y más favorables a nuestros intereses.

Esto no significa que si te pasa algo malo vayas a dejar de sentirte mal, simplemente significa que si te pasa algo malo vas a poder dejar de generar actividades mentales que agraven y alarguen tu malestar y sustituirlas por dinámicas de pensamiento que te ayuden a superar tu decaimiento e incluso a salir fortalecido por éste.

Por ejemplo, si te despiden y piensas que es lo peor que te había podido pasar, que eres un inútil y por tanto tú tienes la culpa y que seguro que no encuentras trabajo y te vas a morir de hambre, no te vas a sentir mal, te vas a sentir fatal. Sin embargo, si piensas que es una putada pero que no es el fin del mundo, que lo puedes superar con el cariño de tus seres queridos y que es momento de centrarse en las alternativas (búsqueda de nuevo empleo, reciclarse, emprender...), te vas a sentir mal. Pero seguramente menos y durante menos tiempo, y además te estarás dirigiendo hacia lo que puedes hacer (posibles ganancias) en lugar de hacia las pérdidas (el pasado que ya no se puede cambiar), por lo que aumentan las probabilidades de cambiar esa situación adversa.

Pensar bien es un arte. Y como todo arte, requiere de conocimiento, entrenamiento y práctica para su desarrollo. Por eso este sábado 14 de septiembre hago el nuevo Taller del Buen Pensar, para aprender a detectar y superar aquellas creencias limitantes y pensamientos negativos que nos amargan la existencia. Si estás en Málaga para la fecha, te espero, y si no, recibe como siempre ¡este abrazo!

lunes, 2 de septiembre de 2019

NOS HEMOS VUELTO VIGILANTES

¿Por qué nos cuesta tanto confiar en que las cosas irán bien?

Lo veo constantemente. En mis pacientes, en mis familiares y amigos, en mí mismo. Parecería que el estado natural de las personas es el estado de alerta: mantenerse en tensión, al acecho. Vigilantes.

Y preocuparse es vigilar.

¿Por qué? Ese estado es patológico, es insano, es... Una putada. No ganamos nada de nada de nada preocupándonos. Es un autoengaño: preocupándome no hago nada por que las cosas vayan bien o por evitar que vayan mal. Preocupándome lo único que consigo es ponerme mal yo.

Y la mayoría de nosotros ya sabemos esto y, aún así, seguimos preocupándonos y preocupándonos. 

¿Por qué?

Creo que es porque nos hemos vuelto adictos al confort. Somos dependientes del confort y, por ello, tratamos de evitar a toda costa:

- Las incomodidades.

- Los problemas.

- Los conflictos.

- Las malas noticias e imprevistos.

- El... El dolor, al fin y al cabo.

Mediante el estado de alerta en el que me sumerjo a través de preocuparme y preocuparme y preocuparme, me genero la ilusión de que estoy vigilante, al acecho, controlando algo que en realidad no controlo porque: ¡por más que quieras evitarlo, la vida son problemas, conflictos y dolor!

Entonces, por ende, si nos relajamos, ¡no estresamos! Porque pensamos que no deberíamos hacerlo, que si me relajo no estoy haciendo lo suficiente por mantener el confort en mi vida y evitar el displacer. ¡Maldito hedonismo!

Las rumiaciones y preocupaciones me tensan. Pero si me relajo, ¡también me tenso porque pienso que debería estar rumiando y preocupándome! Pienso que debo estar vigilante, para no estar mal; pero estar vigilante, me pone mal.

Vaya círculo vicioso de mierda.

¿Cómo salimos de él? No soy quién para dar respuestas definitivas, pero pienso que ayudaría bastante hacer un ejercicio de interiorización a través del cual, cada día, cada puto día, en serio, nos comprometamos con nosotros mismos a renunciar al confort absoluto y al control total para mantener aquél. Renunciar a que las cosas vayan bien siempre. Dejar entrar en nuestra vida todo tipo de incomodidades que son, la gran mayoría de ellas, completamente llevaderas y superables. 

Escribir un Manifesto de Renuncia puede ser de gran ayuda en este sentido. "Yo Fulanito o Fulanita de Tal me comprometo a..." Y leerlo todos los días.

Te aseguro que con este método... ¡no dejarás de preocuparte, ni de coña! Pero puede (puede) que te ayude a:

1. Darte cuenta de que estás en alerta.

2. Relajarte. Es decir, desactivar ese estado de alerta.

3. Dirigir tu actividad mental hacia otras cosas más agradables y productivas que el maldito control.

Te deseo, de verdad y de corazón, mucho descontrol y caos en tu vida. Abre los brazos para recibirlos y para que te pueda dar yo ¡este abrazo!