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jueves, 15 de julio de 2021

LA FELICIDAD EN EL SIGLO XXI

Hace muy poquito, el 5 de julio, por fin salió a la venta mi segundo libro, La
Dictadura de la Felicidad. Pero no he venido a hablar en este post de mi libro.


Bueno, a ver, a lo mejor un poquito. Pero muy poquito, os lo prometo.


Porque de lo que de verdad he venido a hablaros es de la felicidad en el siglo XXI. Tiene sentido si leemos el título del post, ¿verdad?


Cabría preguntarse por qué es necesario hablar de la felicidad en el siglo XXI. ¿Acaso la felicidad ahora es diferente que en el siglo XX, el IXX, etc.? ¿Varía la felicidad en función de la época, la década o, incluso, la temporada? Imaginaros: "Es verano y no sé qué felicidad ponerme, ¿cuál es la que está de moda este año?"


Según mi punto de vista, que no es el único, pero es el que puedo dar, durante lo que llevamos de siglo han surgido varios cambios que han influido en nuestra manera de ver y entender la felicidad y, por tanto, en el cómo hacemos para ser felices. Y son los siguientes:


- La aparición de la Psicología Positiva a principios de siglo. La ciencia de la felicidad. Con esta corriente, dentro de la psicología, se puso el foco de estudio en las mal llamadas "emociones positivas" (las emociones no son ni positivas ni negativas; son, punto). Esto está bien, creo que es bueno que se estudie qué hábitos, rasgos de personalidad y actitudes favorecen los estados de bienestar. Pero, la consecuencia también fue que se demonizaron las "emociones negativas". Ser feliz pasó a ser muy importante. Y ser infeliz... ¡la peor desgracia del mundo!


- El auge de las nuevas tecnologías. Internet, redes sociales, móviles... Sin duda nos han facilitado y enriquecido la vida en muchos aspectos. Pero, sí, también tienen su lado oscuro. Generan adicción y dependencia, nos desconectan (estamos más conectados que nunca, pero, ¿más siempre es más?, ¿o un mayor número de interacciones hace que estas sean menos profundas y significativas?), y, sobre todo, para el tema que nos atañe, estas nuevas tecnologías se han convertido en Escaparates de felicidad. Hoy, a través de las redes sociales, mucha gente muestra ser muy feliz todo el tiempo. Pero... ¿es verdad? ¿Y cómo pensáis que afecta esto a nuestra percepción de la felicidad?


- La "crisis" económica. En 2008 estalló, pero ya se había estado gestando mucho antes esta crisis estafa. La llamo así porque los principales responsables de la misma fueron los entes del sector financiero (bancos, grupos de inversión, grandes empresas) y sin embargo la pagamos los ciudadanos y ellos siguen siendo tan ricos son más ricos aún de lo que ya eran. La consecuencia para nuestra felicidad es que, en un contexto en el que la felicidad ha pasado a ser importante, porque hemos tomado consciencia gracias a la Psicología Positiva u otras fuentes, ¿cuándo nos ocupamos de ella, si hoy, para poder vivir, tenemos que trabajar más, cobrando menos, para pagar recursos básicos que cada vez son más caros?


- El confinamiento. Y si teníamos poco en estas dos décadas con la crisis económica, va y en el 2020, ¡bum!, llega el coronavirus. ¡Ole! La pandemia, al menos en España, nos metió dos meses en casa. Un tiempo en el que el mundo se paró. Fueron muchos los que dijeron que esto cambiaría nuestra manera de ver las cosas y vivir. ¿Fue realmente así? ¿Paramos? ¿Cambiamos? Algunos, simplemente, no pudimos, porque seguimos teletrabajando, y otros se dedicaron a aprovechar esta "pausa" para hacer más cosas que nunca: aprender a hacer pan y pasteles, clases online de yoga, seminarios webs de cualquier tipo... ¿Tenemos miedo a detenernos y mirarnos... por lo que pudiéramos encontrar?


Fuera como fuese, estos cuatro fenómenos me sirven para extraer unas ideas que pueden ser importante para la generación y buen mantenimiento de nuestra felicidad:


- Ve al psicólogo. O a una conferencia. O a un taller. O lee. O escribe. O medita. En definitiva, haz actividades que te ayuden a hacer introspección, autoanálisis. Ya que este es el primer paso para avanzar: conocerse, para saber de donde se parte.


- Haz menos y más lento. No necesito explicar esta idea. Simplemente hazlo, quítate cargas, quítate prisas, y comprueba si tu vida mejora o no.


- El sistema competitivo en el que vivimos no beneficia nuestra salud mental y emocional. Para nada. La perjudica. Por tanto, necesitamos ayudarnos más, ser más cooperativos, colaborar.


- Conéctate mejor. No más; mejor. Da igual el canal que uses, si es con el móvil o in situ. Lo importante es que dediques tiempo y atención a otras personas, sobre todo a las personas que son más importantes para ti. Escucha. Ábrete. Compartid.


- Y, por supuesto, ya que nuestro concepto de la felicidad, por todo lo anterior expuesto, y por otros muchos factores, se ha podido desvirtuar bastante, habrá que redefinir qué es la felicidad. Y para eso podéis comprar mi libro (y para más cosas, ya que en él también hablo del amor, de la toma de decisiones, de la autoestima). Ahora sí, ahora sí que me tocaba hacer un poco de spam (sorry).


Tenéis más información acerca de La Dictadura de la Felicidad, un libro de
autoayuda diferente, aquí.


Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.


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Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para el resto del mundo.


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jueves, 25 de marzo de 2021

COSAS QUE NOS HACEN FELICES Y NO CUESTAN DINERO (O MUY POCO)

Este pasado sábado 20 de marzo, coincidiendo además con la entrada de la
primavera, fue el día internacional de la felicidad.


No hay un consenso total sobre qué es la felicidad, pero la mayoría de los investigadores sí están de acuerdo en que se trata de un estado psicoemocional. Es decir, no es algo permanente sino transitorio. Un sentimiento que se identifica con lo bien que se siente uno en un momento determinado.


Placer y felicidad no son lo mismo. Aunque tener una vida colmada de placeres y con no demasiado displacer (o, el que tengamos, al menos, que sepamos llevarlo) ayuda a que uno se sienta feliz. Pero, la felicidad suele asociarse a sentimientos más profundos que el placer: satisfacción, plenitud, autorrealización.


Muchos estudios encuentran que no hay una relación correlacional entre dinero y felicidad, es decir, que no es cierto que a más dinero más felicidad. Por eso, he querido hacer una lista de cosas (que no son cosas) que pueden ayudarnos a sentir mucha felicidad en nuestras vidas y que no cuestan dinero (o muy poco).


Estas son:


- Llorar. O gritar de rabia. O reconocer nuestro miedo. Expresar nuestras emociones difíciles y dolorosas nos alivia y nos libera.


- Ayudar. Cuando ayudamos a otros no sentimos, por norma general, placer, y puede ser engorroso. Pero los sentimientos de plenitud y satisfacción que se alcanzan suelen ser bastante elevados.


- Deshacerse de cosas. Cuando donamos, regalamos o entregamos para reciclaje objetos, estamos quitando de nuestro espacio cosas que ya no nos hacen falta, que solo estorbaban, y esto puede tener también una repercusión positiva en nuestro bienestar.


- Quejarse. Está bastante comprobado que las personas que viven instaladas en la queja suelen sentirse infelices. Pero los extremos no son buenos. A veces necesitamos quejarnos, despotricar, cagarnos en... Y nos quedamos a gusto y luego a otra cosa.


- Habla de cosas importantes. El jijijaja es buenísimo para la felicidad, pero entrar en dinámicas en las que solo se dan conversaciones banales puede resultar agotador. A veces necesitamos entrar en profundidad sobre temas serios que nos preocupan o simplemente interesan.


- Trabajar. Estar ocupados siempre no es muy bueno... no tener una ocupación, tampoco. El trabajo facilita tener una rutina y objetivos, estar activos (y gracias a ello no pensar demasiado), socializar...


- Hacer tareas pendientes. Sobrecargarnos de tareas nos estresa y agota, pero también es verdad que hay cosas que se tienen que hacer y se tienen que hacer y punto. Y, cuando las procrastinamos, ese aplazamiento se queda en nuestro subconsciente y nos genera tensión psíquica y emocional. Por eso, cuando por fin las hacemos y nos las quitamos de encima, ¡ah, alivio!


- Hacer terapia psicológica. Puede ser caro, pero tampoco es que tengas (forzosamente) que hacer terapia toda la vida; puedes recurrir a ella en momentos puntuales más necesarios, y lo que consigues, básicamente, es conocerte más a ti mismo y usar ese  conocimiento para el cambio a mejor.


- Autoayuda. Libros, talleres, conferencias... De todo se aprende un poco para avanzar en nuestro camino de crecimiento personal.


- Reconocer más tu vulnerabilidad. Nos enseñan de pequeños a construirnos nuestra coraza. Pero, ¿qué pasaría si empezaras a reconocer más tus miedos, inseguridades, lo que se te da mal...? Lo que escondemos nos provoca una tensión enorme.


- Hacer el amor. En una sociedad en la que se folla mucho pero se hace el amor poco, se tenía que decir y se dijo. Aunque yo siempre he pensado que se puede tener sexo sin compromiso y con mucho amor; el amor no es solo para las parejas estables.


- Hacer tareas relacionadas con el ecologismo (si eres ecologista), la protección a los animales (si eres animalista) o la ayuda a algún colectivo social desfavorecido (si te importa). Es decir, si te implicas en acciones sobre causas que tienen un significado especial para ti, te sientes bien.


- Expresar tus talentos creativos. Esto también puede ser enormemente displacentero, porque, a veces, pintar un cuadro, escribir un cuento o componer una canción pueden suponer mucho esfuerzo y trabajo y, sin embargo, gracias a los sentimientos que experimentas, ¡bendito esfuerzo y trabajo!


Como podéis observar, esta "lista de cosas que nos hacen felices" es un tanto
atípica,
no ya porque sean baratas (o gratis) sino porque no necesariamente implican placer (y a veces todo lo contrario). Pero, si os sentís felices haciéndolas, 
entonces ese sentimiento es la prueba de que, al menos durante ese instante (y solo podría ser de esta forma, ya que solo existe el ahora), sois felices.


Ya que la felicidad ni se compra ni se vende, ni se tiene ni se pierde. La felicidad, simplemente, se siente.


¿Y vosotros, pondríais algo más en esta lista que cueste poco dinero (o nada) y no necesariamente sea placentero? ¡Compartidlo en los comentarios!


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jueves, 11 de marzo de 2021

ESA EXTRAÑA Y COMÚN Y NECESARIA HABILIDAD DE REÍRSE DE LA DESGRACIA

Escribió Neruda: "Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve
de la vida".


Y yo siempre que leo esa frase, me digo: "Y el humor que nos salve de nosotros mismos". 


Y de nuestra capacidad para el drama. Y de fustigarnos a través de la culpa y el autodesprecio. Y de vislumbrar amenazas desproporcionadas que solo existen cuando anticipamos el futuro.


Ciertamente, el sentido del humor nos puede salva de nuestro "sentido común" cuando este está intoxicado de neuras, inseguridades, negatividad y miedos. Reírnos de la vida, del mundo, de los demás y de nosotros mismos los primeros nos ayuda, a veces (muchas, creo), a adquirir un nuevo enfoque de las cosas, más adaptativo.


Por eso, conservar el humor, en las malas, puede ser algo que, aunque en ocasiones se antoje muy complicado, resulta muy beneficioso. Reírse en las buenas es fácil. Solo los genios consiguen transformar la desgracia en motivo para la risa. Genios como El Kanka:



La buena noticia es que no hace falta ser un virtuoso de la música como El Kanka para sacar a ese genio que llevamos dentro. Porque, sí, todos tenemos esa capacidad para encontrarle el lado cómico a nuestras zonas más oscuras y vivencias más amargas. Como psicólogo no paro de conocer gente que me ha sorprendido por su manera de afrontar (y reír) sus pequeñas tragedias.

Sin embargo, que no nos vendan la moto: conservar el buen humor no es
mantenerse impasible ante la adversidad, la pérdida o el fracaso.
Tenemos el derecho de llorar, cagarnos en la puta vida y mandar al mundo a la mierda. Se puede (y se debe) tener momentos para eso.

Mantener el buen humor no es reírse siempre de todo, independientemente de tus circunstancias y tu sentir en ese momento. Es no perder tu capacidad para "reírte de".

Porque a veces nos empeñamos (el maldito ego nos empeña) en preocuparnos y agobiarnos y amargarnos de más. Como si nos dijéramos "Sí, claro, encima que todo me va mal (¿todo, seguro?) me voy a poner a reír ahora". Y desconectamos esa capacidad que tenemos todos. Y... a ver quién nos salva entonces de nosotros mismos.

El humor nos salva porque algunos beneficios de este son:

- Desdramatizamos.

- Le quitamos hierro a las cosas (y a nosotros mismos).

- Con el chiste o la "vuelta de tuerca", adquirimos una perspectiva diferente de la realidad, más adaptativa, y nos sobreponemos más fácilmente a la adversidad.

- Nos generamos emociones más placenteras y agradables.

- Nos conecta con las personas.

Y algunas maneras de potenciar esta habilidad son:

- Consumir humor: canciones, libros, tebeos, memes, vídeos, series, películas, monólogos, teatro...

- Crear humor: escribir, componer, actuar... No hace falta ser profesional. Simplemente usa tu talento creativo, sea el que sea, para reírte tú (y ya si haces reír a alguien, niquelao).

- Contar chistes y jugar. Esto es algo que hacíamos mucho de niños y, de repente, un día, la mayoría de la gente dejó de hacerlo. ¿Por qué? Es más divertido que comer y beber todo el rato en una fiesta o que hablar constantemente del Covid o de qué ha hecho fulanito de tal con menganita de cual.

- Rodéate de personas que saquen tu faceta más divertida y te ayuden a ver el lado cómico de la vida. No se trata de convertir lo negro en blanco pero quizá sí de hacerle al negro un agujero para que no nos quite la visión de todas las cosas.

- Llora. Porque si obstaculizas las emociones dolorosas, como la tristeza, estarás bloqueando también tu capacidad para experimentar dicha, gratitud y, claro, humor.

Insisto, no se trata de reír por no llorar. Hay que hacer cada cosa cuando toque. Y
no perder la capacidad ni para lo uno ni para lo otro.
Así que, cuando te pase algo que te enganche al drama (rumiaciones, angustia, falta de motivación, enfado constante), pregúntate sobre eso que te ha pasado: ¿es tan grave realmente o se podría contar una historia divertida? Habrá veces que no, estoy seguro. Pero también estoy convencido de que habrá veces que sí. Q
uizá más de lo que imaginas.

Para terminar, contaré una anécdota reciente: un paciente, en terapia de pareja, me contaba que se había sentido muy deprimido cuando, hace poco, se le murió el hámster.... ¡porque le sopló! Su novia no pudo evitar, en ese momento, tener un ataque de risa nerviosa. Y, por supuesto, me la contagió a mí. Tuvimos suerte ambos de que este chico comprendiera que no nos estábamos riendo con crueldad de su desgracia ni deslegitimando sus sentimientos (de hecho, no le quedó otra que asumir nuestra risa con humor también). Simplemente... nos salió.

Pues, por muy mal que te vayan las cosas, si te sale la risa, no la bloquees. Deja que salga. Y ríete hasta de tu sombra.

Quiero dedicar este post al hámster de mi paciente. Descansa en paz pobre hámster.

Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.

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Si te gustó El Kanka, puedes seguirlo en Spotify, Youtube, Facebook, su página web... Es más psicólogo que yo, os lo aseguro.

Y, con mucho humor, ¡recibe este abrazo!

miércoles, 17 de febrero de 2021

LA EXCESIVA (Y FALSA) NECESIDAD DE CONTROL

Las personas necesitamos cierta sensación de control. 


Por eso tenemos rutinas, hábitos y costumbres. Por eso planificamos, organizamos y agendamos. 


Pero, como todo, el defecto y el exceso son perjudiciales. Entonces, pretender tener demasiado control para así poder quedarnos tranquilos, provoca un efecto paradójico: nos agobia. 


Ese exceso de control se manifiesta a través del análisis constante de todo, el perfeccionismo y la pretensión de certidumbre. Lo que nos lleva a rumiaciones, autoexigencias elevadas y pensamiento anticipatorio. Lo que nos lleva a inseguridad, ansiedad, malestar general, depresión...


El simple hecho de tomar consciencia de esto te servirá para identificar esos patrones tóxicos y, aunque a veces caigas en ellos (lo cual es normal, nos pasa a todos), salirte pronto para sustituirlos por patrones más saludables y funcionales: estar presente, dejarse llevar, hacerlo lo mejor que puedas/sepas.


Por tanto:


- Sustituye el darle vueltas y vueltas a las cosas por la aceptación, el entendimiento y el foco en lo que puedes hacer (y cuando no se pueda hacer nada, de nuevo, ACEPTA).


- Sustituye el querer llevarlo todo para delante siempre y de manera perfecta por ponerte tareas, plazos y metas que sean realistas y AMABLES contigo.


- Y sustituye los pensamientos anticipatorios como estrategia para saber lo que va a pasar por aceptar tu incertidumbre, tomar decisiones que pueden llevar a buen resultado o no (y no pasa nada), y estar presente para FLUIR en el aquí y ahora.


Una nota importante: no te frustres cuando no puedas hacerlo. Se cambia más y mejor desde la aceptación, la paciencia y la amabilidad que desde las prisas y la negación que conducen a frustración y autocrítica destructiva.


Al fin y al cabo, todos somos aprendices de la vida.


Pero, recuerda, al igual que no habrá ser más infeliz que aquel que quiera ser feliz
siempre, no perderemos más el control sobre nuestra paz interior que cuando pretendamos tenerlo todo fuera controlado.


Así que propóntelo como máxima de vida: renuncia a esa excesiva (y falsa) necesidad de control.


Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.


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Y, como siempre, ¡recibe este abrazo! 

martes, 26 de enero de 2021

LA OPRESIÓN DEL TODOBIENISMO

Rescato uno de mis posts antiguos más leídos. Así, revisamos ideas muy útiles a
las que siempre viene bien hacer un repaso. Porque en psicología tan importante es lo que conviene aprender, como desaprender, como recordar.

Esta semana, LA OPRESIÓN DEL TODOBIENISMO, un post que publiqué en mayo de 2016 y que, quizá, nos ayude a recordar qué es lo verdaderamente importante en esta vida y merece por ello ser priorizado, para así liberarnos de las cadenas de las hiperresponsabilidades y las expectativas de los demás. No sé... Quizá... ¡Buena y provechosa lectura!


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"Átate bien los zapatos, saca buenas notas, pórtate correctamente, habla bien, come bien, lávate bien..." Bien, BIEN, ¡BIEN!


Hemos sido bombardeados con mensajes como estos desde pequeños. Día tras días, a través de nuestros padres, profesores, curas, amigos y compañeros, los anuncios, Barrio Sésamo... Y se han pasado un poquito de rosca.


Esta bien hacer las cosas bien. Bien en cuanto al rendimiento, bien desde una perspectiva ética y moral. Es deseable, es agradable, y es bueno para los individuos y colectivos.


El problema aparece cuando me creo que DEBO hacer SIEMPRE bien TODO lo que me proponga. Porque si no es así, seré un GRAN FRACASADO y lo único que me mereceré será sentirme muy muy desgraciado por ello.


Vale... ¿Y si te propusiera hacer justo lo contrario? ¿Y si durante una semana te permitieras... no, permitirte no, te empeñaras en hacerlo todo mal?


Comer con las manos.

No llamar a tus padres.

Dejar la cama sin hacer.

Ducharte lo justo.

Vestirte con ropa que no combine, o sucia, o arrugada.

No cumplir con tus rutinas ni tareas domésticas.

Pasar de tus compromisos sociales.

Escupir en la calle, sacarte mocos delante de todo el mundo, e infringir otras reglas de decoro.

Hacer chistes o bromas de mal gusto.

Mandar a tomar por culo al de Jazztel.

Llegar tarde.

No terminar tu trabajo ni quedarte haciendo horas.

Atreverte a hacer cosas que no sabes o no sabes si sabes hacerlas.

SALTARTE TODAS LAS NORMAS QUE TE APETEZCA SALTARTE.


La única norma que no puedes saltarte es esta: no te sientas culpable por hacer esa lista.


No te alarmes. Es un experimento de solo una semana. Por supuesto, hacer este tipo de cosas durante toda la vida no es lo más deseable, ni para ti ni para los demás. Tus padres podrían deshederarte, tus amigos acabarían pasando de ti y el de Jazztel terminaría por coger una fuerte depresión (y el pobre no se lo merece, que también es persona).


Pero... ¿y darte el gusto durante una semana? ¿Qué pasaría?


¿Qué pasaría?


Pues, así, pensando, veo un posible riesgo y un posible beneficio.


El posible riesgo es que le acabes cogiendo demasiado gusto y te conviertas en un guarro, un maleducado y un tirano egoísta. Aunque, ¿de verdad piensas que una semana te va a transformar tanto?


El posible beneficio es que quizá, sólo quizá, aprendas que...


Hacer las cosas bien es importante y nos gusta.

Sentirnos bien es más importante y nos gusta más.


Si en tu vida sacrificas mucha felicidad por obtener un rendimiento excelente en tu trabajo, estudios o proyectos, por caer bien a los demás o por mantener un comportamiento ético y estético intachable, quizá no sea mala idea empezar esa semana.


Porque, quizá, descubras que el sentimiento de libertad que aparece cuando nos libramos de la opresión del todobienismo es mucho más grande y positivo que la satisfacción de hacer algo bien.


Y que no necesitamos hacer todo bien para sentirnos bien, porque sentirse bien ya está bien.


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Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad. Y a lo mejor no es necesario que te saques mocos delante de nadie.


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Si te gusté yo, me alegro. Hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para todo el mundo.


¡Y recibe este buen abrazo!       

miércoles, 28 de octubre de 2020

COSAS QUE HACEN QUE LA VIDA SEA UNA PUTA MIERDA


Rescato
 uno de mis posts antiguos más leídos. Así, revisamos ideas muy útiles a las que siempre viene bien hacer un repaso. Porque en psicología tan importante es lo que conviene aprender, como desaprender, como recordar.


Esta semana, COSAS QUE HACEN QUE LA VIDA SEA UNA PUTA MIERDA. Un post que publiqué en marzo de 2016 y que nos deja muy clarito cuáles son esas cosas que solemos hacer para amargarnos la existencia y que, por tanto, es mejor evitar. O no. Tú ya verás; de ti depende.


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Hablemos claro, para qué maquillar, para qué tanta pulcritud.


Hay muchas cosas que podemos hacer para que la vida merezca la pena, o la alegría. Actividades que promueven estados emocionales de felicidad y paz. El deporte, las relaciones sociales, la ayuda, la gratitud, la meditación, la risa...

En fin, para qué continuar. Supongo que ya habrás leído un montón de posts con listas de tips para ser feliz (yo mismo he escrito alguno ). Pero, ¿y qué pasa con aquello que nos hace ser infelices?

Recordemos que la felicidad no es una meta, sino un sentimiento que nace de dentro de ti y que depende más que de las cosas que te pasan, de con qué actitud te tomas las cosas que te pasan. Como reza el slogan de mi consulta:

La felicidad no es lo que te pasa. Es lo que haces.
Y debería añadir: y lo que no haces.

Veamos algunas de las cosas que puedes evitar hacer para allanar tu camino hacia la felicidad, o hacer para llenarlo de baches y piedras:
  • En primer lugar, difícilmente de una actitud negativa puede salir un estado de ánimo positivo. Así que, si quisieras joderte profundamente la vida, quéjate, laméntate mucho y nunca pares de preocuparte por todo. Conviértete en un gruñón pesimista y llorica y serás ¡el super campeón de los amargados!
  • Rodéate de gente muy, muy tóxica. Es decir: gente que no pare de quejarse, lamentarse y preocuparse. O que te trate mal. O que no tenga ningún interés en común contigo. Que a ti te gusta la música rock, sal con gente a la que le mole el electro-latino. Que no te gusta el fútbol, qué más da, trágate un Celta-Numancia de dieciseisavos de la Copa del Rey, ¡si lo importante es no estar solo, que todos sabemos que la soledad es muuu mala
  • Precisamente, como la soledad es tan mala, otra cosa que tienes que hacer para que tu vida sea una auténtica boñiga, es: echarte una pareja solo por no estar solo y conseguir aprobación social. Qué más da cómo sea o cómo te trate. Lo importante es que podáis casaros y celebrar una boda carísima con muchas estupendísimas fotos que colgar en Facebook, para que la gente ya no pueda hacerte esa incomodísima pregunta de "Ah, ¿pero todavía sigues soltera/o?" ¡Que la ansiedad de seguir desposado a cierta edad todos sabemos que es insoportable!
  • Por supuesto, cómo no: si quieres tener una vida que sea una puta mierda, imprescindible tener un trabajo que sea una puta puta mierda. Si total, la satisfacción personal que te reporte, bah, eso es lo de menos, lo importante es el sueldo, la estabilidad, que no te llueva encima... Olvídate de trabajar en algo que te guste, que eso es para gente poco centrada. Y para actores, que vienen a ser lo mismo.
  • Ten sexo, ten mucho sexo a destajo. Pero un no parar de sexo. ¿Con quién? Aaaanda ya, ¡con quien sea! ¿Ahora me vas a venir con reparos? Lo importante es meterla o que te la metan, para que luego no pueda decir nadie de ti ¡que eres un puto friki! Si ten sientes segura/o con esa persona, si es satisfactorio, si lo estás haciendo porque quieres en lugar de porque crees que debes, o si sientes una sensación de vacío tras haber consumado el acto, ¡todo eso son trampas mentales! Que lo que importa no es lo que sientas, es poder contarlo.
  • Ni se te ocurra, pero vaya, ni se te ocurra ni por un momento, ni se te pase por la cabeza, hacer lo que te gusta, ¡tú haz lo que haga el resto de la gente y punto! Que a ti no te hace mucha gracia el tema de los selfies, ¡estás loco! ¿Acaso quieres que la gente deje de enterarse de lo que has hecho, dónde y con quién? ¡Sería como si no lo hubieras hecho nunca! La gente pensaría que eres un lobo solitario, o que no estás en la onda (¿se sigue usando esa expresión?, la verdad: me la suda), ¡y eso es absolutamente insoportable para el ser humano!
  • Y ya para rematar, si quieres que tu vida sea una puta mierda como una catedral de grande: ocúpate única y exclusivamente de producir-consumir, producir-consumir, producir-consumir... Todos los momentos que te dediques a ti mismo, al descanso, al ocio... ¡son una pérdida total de tiempo! Trabaja mucho, sin descanso, para poder tener una casa, un coche, mucho dinero con el que poder comprar montones de cosas, porque de todos es sabidos que eres lo que tienes. Eso que dicen por ahí de que al final tú no posees las cosas sino que ellas te poseen a ti... ¡esa es una frase de pobres!
En fin, hazme caso, sigue todas estas sencillas reglas y conseguirás tu Máster de Amargado Profesional. Tu vida será una mierda, pero tu jefe, tus amigos y tu pareja estarán contentísimos con el pelele en el que te habrás convertido.

Eso, o... simplemente intenta ser estar feliz. Que la vida son cuatro días, dos te pilla lloviendo, uno te mean encima, y el cuarto...  el cuarto pueden pasar (puedes hacer) cosas realmente maravillosas.

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Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.

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jueves, 11 de junio de 2020

EL SÍNDROME DE LOS OFENDIDITOS

El enfado, la indignación o el sentimiento de ofensa, no son sentimientos nuevos que hayan aparecido ahora, sino que son inherentes a la propia condición humana. No por nada, ya Aristóteles, hace algún tiempo, dijo esto de:

"Cualquiera puede enfadarse, eso es muy fácil. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y de la forma correcta, eso ciertamente, no resulta tan fácil."

Ni resultaba fácil antes ni... mucho menos ahora. Vivimos en unos tiempos donde parece que hace falta muy poco para que una persona (el ofendidito) se enfade mucho.

Y tengo la teoría (los psicólogos teorizamos todo el tiempo, gajes del oficio) de que esto es así en parte, y solo en parte, por el desarrollo de la tecnología: internet, móviles, redes sociales.

Si el ego es el yo y el yo es la proyección mental de uno mismo (lo que pienso que soy, no lo que soy), mmm... ¿no estarán las redes sociales, al facilitar la exposición continua de mi yo, ayudando a "engordarlo"?

Todos tenemos ego. Es nuestra identidad, quien percibimos que somos, cómo nos vemos y pensamos y también cómo pensamos que nos ven y piensan los demás, pues no puedo separara mi visión del yo de mi visión del mundo. Esto no es bueno ni malo, simplemente es. Pero, ¿a qué me refiero con engordar al yo? A darle al yo una trascendencia que no tiene, a convertirlo en el Gran Centro de ese mundo que visiono y convertirlo a él, y no a mis experiencias y relaciones, en el eje de la vida y la felicidad. Y eso, sí que puede ser malo.

Porque, cuando le doy tanta trascendencia a mi yo, cuando me doy tanta importancia, todo lo que me pase, o todo lo que me digan o todo lo que me hagan, también cobrará mucha importancia, y cuando sea malo, mucha gravedad, y cuando sea un poco más malo que malo, muchísima gravedad, y... Y para entonces, el ofendidito que todos llevamos dentro ya habrá saltado.

Si encima, debido al escaparate de las Redes Sociales, continuamente expongo mi yo a las, por otra parte, continuas opiniones, críticas, comentarios y etc. de gente que me puede importar más, menos o nada, el cóctel explosivo ya está creado.

La receta para volverse inmune a ese cóctel no es abandonar las Redes Sociales (las cuales yo también uso con frecuencia y pienso que, como casi todas las cosas, tienen sus ventajas e inconvenientes... también creo que las utilizamos en exceso pero no me voy a meter, en este post, en ese berenjenal). Estas son algunas ideas para no sufrir el síndrome de los "ofendiditos":

- Aceptar que, en este mundo en el que todos estamos más expuestos que nunca, las malas opiniones, las críticas destructivas, las diferencias ideológicas e, incluso, los ataques verbales gratuitos, forman parte de la experiencia. Aunque parezca fuerte lo que voy a decir: "tienes derecho a que te hagan daño". Por supuesto, no quieres, y deseas que te traten bien porque también tienes derecho a que te traten bien; pero, cuando el otro te haga daño, porque sus palabras o acciones se dirigen directamente hacia ti o porque su forma de pensar o actuar hiere tu sensibilidad, no pienses que no debería estar pasando o tú no deberías estar permitiéndolo, ya que eso solo aumentará tu sensación de ofensa; asúmelo, la realidad es así, no siempre el otro te va a tratar bien. Tras asumirlo, pondera si te conviene actuar o no y cómo, y toma tu decisión.

- No es el otro el que te ofende; eres tú quien se ofende. Eso no quiere decir que si tú quieres eres capaz de no enfadarte. ¡Y un mojón! Todo el mundo se enfada. Pero, también, eres tú el que se desenfada. Y recuerda que sentir emociones no es malo; pero cargar con ellas...

- Humildad. Este es el antídoto del ego, o mejor dicho, del orgullo y la soberbia que nacen del ego. No te creas tan importante. No necesitas ser importante para valorarte y ser feliz. Si crees que haz de ser importante, cualquier comentario negativo que te desmerezca, te hará mucho daño. Si solo te valoras, reconociendo tu ausencia de trascendencia, los comentarios negativos te resbalarán mucho más, precisamente porque te valoras, ya que la mejor manera de darse valor no es otorgándose importancia sino regalándose momentos de felicidad... ¿y quién es feliz ofendiéndose con otros?

Pero, oye, cuestiona todo lo que digo, ya que la duda nos acerca más a la verdad y, además, quién soy yo para creerme poseedor de esta, ¿no?, si solo soy un pringado. Como tú. No te ofendas.

Si te gustó el post y crees que a alguien le puede venir bien para "cambiar el chip", no te lo quedes solo para ti, porfa, compártelo.

Si necesitas mi ayuda para controlar tu ira o conflictividad, u otras problemáticas como la ansiedad, la depresión y las crisis de pareja, te la brindo en consulta en Málaga y online para el resto del mundo.

Y recibe, como siempre, ¡este abrazo!

miércoles, 3 de junio de 2020

10 "APRENDIZAJES" DE UNA PANDEMIA

Aunque todavía no han terminado las medidas para la prevención del coronavirus y siguen habiendo contagios (por lo que hemos de actuar, aún, y durante mucho tiempo más, con gran responsabilidad y precaución) muchas ciudades del mundo han iniciado ya fases de desescalada que nos permiten recuperar algunas actividades, así que es un buen momento para hacer balance de estas semanas de confinamiento.

Lo que sigue es una valoración muy personal. Cuando comenzó la cuarentena, fuimos muchos los que empezamos a hacer cábalas sobre qué nos podía deparar y enseñar esta crisis. A cada uno, desde su experiencia, le habrá servido para sacar distintos beneficios, pero estos no tienen por qué ser siempre un nuevo aprendizaje.

Suelo decir que en psicología (en la vida, realmente) tan importante es lo que se puede aprender como lo que deberíamos desaprender como lo que podemos recordar. Ya que a través de la memoria y la valoración positiva de aquello que recordamos, reforzamos ideas, actitudes y conductas.

Y estas son 10 cosas muy importantes que el confinamiento me ha recordado:

1. Que las pequeñas cosas de la vida son las más importantes y que las cosas más importantes no son cosas.

2. Que la soledad puede ser muy buena compañera.

3. Que es muy importante vivir más lento (y esto, desafortunadamente, no sé tú, pero yo me lo tendría que recordar cada día).

4. Que podemos adaptarnos a los cambios mejor de lo que creemos.

5. Que la paciencia es fundamental para ello. Que es difícil cultivarla, pero que es vital hacerlo.

6. Que el silencio no existe, solo es el sonido de la naturaleza, y que este es precioso.

7. Que la naturaleza está viva y que... es muy muy importante que siga estándolo (por favor).

8. Que somos una sociedad subeducada, sobremedicada, sobrecargada, sobrealimentada e hiperestimulada. Por tanto, hay que leer mas, alimentarse mejor, hacer ejercicio, descansar y desconectar de todo lo tecnológico.

9.  Que juntos podemos hacer más para que todos en el mundo podamos vivir mejor.

10. Que no solo necesito agua, comida y techo. También te necesito a ti. Necesitamos AMOR.

¿Y tú? ¿Qué has aprendido, desaprendido o reforzado durante este confinamiento? Puedes ponerlo más abajo en comentarios.

Si necesitas un guía para seguir avanzando en tu crecimiento personal, yo puedo hacer de compañero de viaje durante una parte del trayecto, en consulta en Málaga o de manera online

Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.

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¡Y recibe este abrazo!

jueves, 21 de mayo de 2020

TOC, TOC, ¿QUIÉN ES?

Con la crisis de la COVID-19 y la progresiva desescalada que están implantando los diferentes gobiernos en cada país, está habiendo un repunte de casos de TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), es decir, personas que se obsesionan con la enfermedad y la amenaza de contagiarse y realizan actos impulsivos, repetitivos e irracionales para aliviar esa sensación de amenaza.

Hay muchos tipos de TOC (si has visto la película española TOC TOC ya conocerás algunos de ellos): el TOC del lavado de manos para eliminar gérmenes, el TOC de las comprobaciones al salir de casa, el TOC del orden y la simetría... Pero todos ellos siguen, más o menos, un patrón recurrente:

- Me viene una idea obsesiva a la cabeza: "puedo estar infectado", "¿me habré dejado la llave del gas abierta?", "todo tiene que estar en su sitio".

- Esa idea me provoca ansiedad.

- Siento la necesidad de aliviar esa ansiedad a través de un acto coherente con la idea: lavarme mucho las manos, comprobar continuamente, tener mi casa como una foto de revista.

- Esa compulsión mantiene y refuerza la idea obsesiva y la ansiedad derivada, por lo que se cronifica el ciclo.

Hay que decir que el TOC se convierte en una patología, es decir, en un problema que se ha de tratar en psicoterapia, cuando provoca un malestar significativo en la persona y/o interfiere en su vida de manera que no puede realizar actividades que desea hacer y forman parte de lo cotidiano. Por ejemplo, si eres muy ordenado y te gusta tenerlo todo siempre en su sitio pero eso no te provoca un serio malestar y puedes compatibilizar tu orden con las diferentes actividades de tu día a día, bueno, eres un maniático del orden, pero puedes vivir con ello (si tu pareja no puede, seguramente seas tú el que deba acudir a terapia, no ella).

El tratamiento del TOC consiste, muy resumidamente, en que la persona se dé cuenta de la irracionalidad de esas ideas o pensamientos que le vienen a la cabeza, para así dejar de darles tanto valor, y que corte de raíz sus compulsiones. Claro, al hacerlo, la persona va a sentir ansiedad, pero se tiene que aguantar (los psicólogos le ayudamos a acompañar su ansiedad con respiración, discurso interior tranquilizador, distracciones), y así ella misma comprueba que si no ejecuta la compulsión no pasa nada, puede vivir tranquila.

Claro, en este contexto pandémico, el tratamiento es algo diferente porque la amenaza es real y necesarias por tanto las diversas medidas de precaución (distancia, lavado de manos, mascarilla...). Pero, hay actos que están haciendo o dejando de hacer muchas personas con TOC, o que lo están desarrollando, y que podemos considerar como actos repetitivos, irracionales e impulsivos, es decir, compulsiones, y que son:

- Llevar mascarilla en el coche o en sitios abiertos donde no hay nadie a la vista. Yo la he visto puesta incluso en algún vecino que salía a su balcón (recordemos que la mascarilla hace que respires peor y además acrecienta la sensación de angustia).

- Lavarse continuamente las manos en casa.

- No salir de casa (¿vamos a coger el virus solo por respirar el aire de la calle?).

- Llegar a casa y echar toda la ropa a la lavadora cuando no se ha estado en interacción con nadie (o se ha estado pero llevaban mascarilla).

Es importante recordar que el virus se contagia por la interacción con una persona que lo tiene: hablando con ella, si te tose o estornuda, o estando muy cerca de ella, por la propia ley de la gravedad (por ejemplo, pegado en un ascensor o en el bus). Si no hay interacción no te contagias. Si la persona no está contagiada tampoco, pero como no lo sabemos con seguridad, por eso se aplican las medidas de distanciamiento y, en caso de que no sea posible el distanciamiento, la mascarilla (ahora en España se ha decretado el uso obligatorio, pero porque en mucho casos se está observando que el distanciamiento no es posible, así que conviene siempre llevarla puesta, porsiaca). 

¿Cuándo no hay que llevar mascarilla? Cuando estés en tu casa desde luego que no, a no ser que convivas con una persona contagiada o de riesgo y no puedas mantener la distancia. En el coche, si vas solo, tampoco. Y si sales al exterior y es un espacio abierto y no hay gente alrededor, tampoco.

¿Cuándo has de lavarte las manos y cuándo no? Sí has de lavártelas si has tocado a personas o cosas del exterior y antes de salir si las vas a tocar; en el resto de casos no. Si llevas guantes cuando salgas, tampoco.

Y por supuesto, puedes salir a la calle todo lo que te permitan las restricciones, que el virus no se contagia por el aire.

Sabiendo esto, teniéndolo claro, si tienes TOC relacionado con algunos de estos casos, es hora de que te enfrentes a estas situaciones y la ansiedad que te generan, porque solo así podrás superarlo. Y es que cuando el TOC, TOC llama a nuestra puerta y decimos "¿quién es?", el que responde es el miedo. Y no se trata de cerrarle la puerta, sino de abrirla y, muy educadamente, invitarle a pasar. Porque no se trata de vivir sin miedo. Se trata de convivir con él.

Y si no puedes solo, yo te ayudo, tanto en consulta en Málaga como online.

Cuestiona siempre todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.

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Y recibe, desde la distancia eso sí, ¡este abrazo!

miércoles, 13 de mayo de 2020

LO QUE SE HA HECHO MAL

En mi anterior post (me encanta decir esto, es como la voz en off de las series, "en capítulos anteriores"), Adaptarse a la nueva realidad, defendía que para volver a salir a la calle y empezar a hacer actividades que hasta ahora no se permitían y que con el avance de las fases de la desescalada en España se van a poder hacer (y es bueno que las vayamos haciendo), solo hay que tener en cuenta cinco prevenciones, solo cinco, además de, lógicamente, las que impongan como obligatorias las autoridades en cada zona. Esas cinco son:

1. Distanciamiento social 1-2 metros.

2. Lavarse las manos antes y después de salir y entrar.

3.  Usar mascarilla solo si no vas a poder aplicar el distanciamiento y con gente que tiene síntomas o no conoces.

4. Desinfectar espacios y objetos de uso público.

5. Si tienes síntomas, aunque sean leves, ¡quédate en casa!

Es sencillo, es concreto y todos lo podemos hacer.

Bien, hoy quiero hablar de otras cinco cosas que se han hecho mal, muy mal, por parte del Gobierno, y que si se hubieran hecho bien, muy probablemente esta crisis sanitaria no habría sido tan grave y no hubiese habido tantos muertos. Y hay muchas teorías y opiniones sobre esto: que si se debería haber actuado antes, que si se tendría que haber sido más estricto, que si errores en la adquisición de material sanitario... No, las cinco cosas que ha hecho mal (siempre desde mi punto de vista, claro) el Gobierno para prevenir esta crisis del coronavirus, son:

1. No darle la importancia que se merece a la nutrición.

2. No darle la importancia que se merece al ejercicio físico.

3. No darle la importancia que se merece al tabaco y al alcohol.

4. No darle la importancia que se merece al sueño.

5. No darle la importancia que se merece a la salud mental y, por tanto, a la psicología.

Por supuesto, estos no han sido errores que haya cometido solo el gobierno de Pedro Sánchez sino todos los gobiernos precedentes y, sobre todo, nosotros como sociedad, al no exigirle con mayor contundencia y consistencia a nuestros representantes medidas más amplias y sólidas para darle la importancia a todos esos temas que se merecen.

Por supuesto, este post no es un reproche sino una llamada de atención y, sobre todo, una llamada a la acción, para empezar desde ya a darle la importancia que se merece a la salud. Porque no hay mayor prevención de la enfermedad que la promoción de la salud. Porque individuos más sanos, simplemente, son individuos más fuertes y con menos probabilidades de morir por culpa de un virus de mierda.

Por supuesto, hay un sexto punto vital (y es posible que alguno más que se me haya escapado) que es el del medio ambiente. Muchas de las personas que somos individuos insanos hoy lo somos, en parte, por la contaminación. Pero como la contaminación no tiene solo un impacto negativo grave sobre nuestra salud sino también sobre el planeta, las poblaciones más vulnerables, la economía, el trabajo... Es comida aparte. Y ya le dediqué a este tema un post que puedes ver aquí.

Por supuesto, no hay que hablar solo de lo que se ha hecho mal y se debería hacer bien, sino del cómo. Es decir, cómo empezamos a darle la importancia que se merece a esos temas. Puede haber muchas ideas al respecto, pero yo seré tajante: desde la infancia. No puede ser, no puede seguir siendo, que en los colegios y en los institutos se ocupen tantas horas de clase para enseñar a los niños hacer ecuaciones, encontrar objetos directos, descubrir el maravilloso proceso de la fotosíntesis y memorizar ríos, cabos, golfos y fechas de momentos históricos, y no se les enseñe cómo conocer su cuerpo y cuidarlo y entrenarlo, cómo alimentarse bien, cómo adquirir buenos hábitos de sueño y descanso, o concienciarles más sobre las consecuencias negativas del tabaco y el alcohol y promover otras conductas más saludables.

Y, por supuesto, ya que soy psicólogo, mención aparte me merece la salud mental y la psicología. En los colegios y en los institutos, bajo mi humilde opinión, aunque también diré que no soy ni de lejos el único que lo piensa, se debería enseñar psicología. Y digo psicología y no inteligencia emocional porque la inteligencia emocional (o las emociones) son solo una parte de la psicología y por tanto solo una parte de la educación para la salud mental. Además de aprender a manejar nuestras emociones es básico aprender a manejar nuestros pensamientos (los pensamientos y emociones son hermanos siameses; donde va uno va el otro), y manejar la relación con los demás y, sobre todo, con uno mismo. Y es básico porque nuestra salud mental y emocional tiene un impacto directo y muy importante sobre nuestra salud física.

Es simple. Prevenir la enfermedad pasa por promover la salud y promover la salud pasa por educar más y mejor en salud. Y quedarnos en casa, ponernos mascarillas, salir a los balcones a aplaudir o a hacer caceroladas y criticar lo mal que lo hacen unos u otros, puede estar muy bien, pero...

Pero me da a mí que no va a ser suficiente.

Ya podéis pedirme cita para sesiones en consulta, pues cumplo con todo el protocolo de seguridad, y las sigo haciendo también online.

Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.

Si te gustó este post y crees que puede ayudar, no te lo quedes solo para ti, porfa, compártelo.

¡Y recibe este fuerte abrazo!