"Los que me seguís, los que me conocéis, sabréis a estas alturas que mi opinión sobre la condición humana es que las personas no somos, nos transformamos.
Somos cambio constante. Cambio que es el resultado de la interacción de nuestra base genética con los acontecimientos vitales que experimentamos.
Y, en ese sentido, siempre digo que las historias, sean reales o sean ficticias, y vengan en forma de cuento, de novela, de poesía, de canción, de monólogo, de obra de teatro o de película, o de una charla o de una conversación, son eventos.
Eventos que percibimos, que vivenciamos y, que por supuesto, nos transforman.
Esta premisa me sirve a mí, y supongo que a otros muchos terapeutas, para aprovechar el aprendizaje de muchas de esas historias como herramienta de cambio y de crecimiento personal. Y os aseguro que funciona. Por supuesto, un cuento o un poema no te solucionan un problema ni te hacen superar un trauma o incapacidad. Eso lo haces tú. Pero tú, aprendiendo cosas nuevas, tendrás más posibilidades de solucionar y superar ese problema, trauma o incapacidad."
Fue en un post titulado "El poder transformador de las historias". Pues bien, el próximo 9 de abril en Librería Rayuela de Málaga, y el 10 de abril en "El sitio, Territorio de paz" de Coín, estaré haciendo un evento muy especial, una experiencia en la que cogeremos cositas del espectáculo "Mis idas de olla" y las mezclaremos con otras nuevas. Os contaremos muchas historias. Historias con corazón, para el corazón. Habrá psicocuentos, psicopoemas, monólogos, teatro, ¡y sorpresas! Y el domingo, además, me acompañará la actriz, cómica y cantante Gisela Escoda. ¡Es fantástica, no te la pierdas!
Y, mientras te decides, aquí te dejo con dos aperitivos. Una breve degustación de eso que yo llamo psicocuentos y psicopoemas. ¡Espero que te gusten!
MI BANDA
Complicidad es reírte con alguien sin tener ni idea de por qué
pero sabiendo que no sería lo mismo sin él.
Reírte hasta que te duela, reírte hasta llorar,
reírte tanto que llores cuando lo recuerdes porque lo echas de menos.
Reírte del loco mundo, reírte de la puta vida,
reírte de los demás con o sin ellos, reírte de ti mismo el primero.
Si sabes de lo que hablo, te invito a mi banda.
Robamos sonrisas y desencajamos mandíbulas.
Porque creo que para todos sería bueno si hacemos menos enemigos
y más cómplices de risas.
CARBÓN
Los Reyes le trajeron carbón. Y con el carbón que le trajeron los Reyes hizo una barbacoa a la que invitó a familiares y amigos. Y, así, descubrió que los mejores regalos son tres: las personas, los momentos que vives con esas personas, y las enseñanzas que te dejan, como la de que se puede coger todo el carbón que te traiga la vida y transformarlo en un hermoso regalo.
Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.
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Todos lo que nos dedicamos, con relativa vehemencia, al trabajo interior, hemos escuchado o leído con insistencia esa palabra y conocemos su tremenda importancia. Sin embargo... qué palabra tan fácil de pronunciar pero más difícil de aplicar. Este post va dirigido a que no sea tan difícil.
Después de todo, ¿por qué? ¿Por qué algo que parece sencillo, que a priori sería lo natural, aceptar que las cosas son como son y punto, nos resulta tan difícil? Voy a dar dos explicaciones de las que yo considero son las causas principales de esa resistencia psicológica, de ese negarnos a aceptar.
La primera es que, hoy día, todo el mundo quiere aceptar, pero nadie quiere joderse. Nadie quiere estar jodido. Y la aceptación no funciona así. Aceptar implica que las cosas han salido como han salido y que me jode, que me duele. Aceptar no solo implica aceptar que lo que es, es, sino también cómo me hace sentir: estoy jodido, estoy dolido, me da rabia, a veces me dan ganas de hundirme... Totalmente comprensible que te sientas así y no pasa nada: eso no te hace peor persona, ni víctima, ni débil... Te hace humano. Y es cuando me permito sentir, que la emoción se extingue o transforma, y puedo dedicarme a reconstruirme. "He aceptado que estoy rota, bien, pues ahora no me queda otra que reconstruirme. Con este dolor, ¿puedo seguir adelante, puedo superarlo, tengo cosas bonitas por las que luchar y gente a la que quiero que me va a apoyar?" La negación y la evitación del dolor post-aceptación es lo que nos engancha a una situación pasada: "No puede ser, ¿cómo me ha pasado esto a mí?, no debería sentir lo que estoy sintiendo porque es injusto...". Lo que es, es, lo que ha pasado ya no se puede cambiar y la vida no entiende de justicia y de injusticia. Mientras antes aceptemos, mejor. Pero, aceptar implica aceptar lo que me pasó y el dolor que me produce. Incluso aceptar que estoy totalmente roto.
La segunda es que, hoy día, todo el mundo quiere aceptar pero nadie quiere aguantarse. Porque somos seres especiales, llenos de luz, que hemos venido al mundo a conquistar nuestros sueños, y si me esfuerzo lo suficiente, ¡no lo suficiente!, si me esfuerzo hasta mis límites, ¡o más allá de mis límites!, o bien si lo deseo con todas todas todas mis fuerzas hasta que el Universo atienda mis plegarias, lo conseguiré. Eso es. Genial. Buena visión. Y si no lo consigo es que no me he esforzado como debiera o que al Universo le importo una puta mierda porque soy un desgraciado y he sentirme muy mal conmigo mismo, ¡culpa! Vamos a ver: no eres especial, no eres nada especial, métetelo en la puta cabeza, no es que no le importes al jodido Universo, es que el Universo ni siquiera conoce de tu existencia, de ti, un insignificante microorganismo de entre casi ocho mil millones de los de solo tu especie. Tus sueños son egocéntricos, por tanto, no naturales. Ego = mente; natural = realidad. Lo que está en tu mente, tus sueños, tus expectativas egocéntricas y microorgánicas, no tienen por qué ser naturales ni convertirse en realidad. Y, cuando no consigas que las cosas sean como tú quieres que sean, por supuesto que tienes derecho a sentirte mal, que para eso eres un ser sintiente, y entre esos sentimientos se encuentran la decepción, la frustración, la desilusión... pero desde luego que no tienes por qué sentirte ni fracasado, ni peor, ni inferior... Tu status (otra invención del ego), no te preocupes, sigue siendo igual de superior e inferior que antes de tu fracaso: sigues siendo tan solo un insignificante microorganismo en un vasto universo que no sabe de tu existencia.
Dicho todo lo cual, las dos conclusiones que podemos sacar y que te pueden ayudar a aceptar con mayor facilidad son:
AJO Y AGUA
Aceptar implica: aceptar que las cosas son como son, aceptar que me jode (ajo), aceptar que a veces no voy a conseguir lo que quiero (agua), y, oye, no perder la perspectiva: siendo las cosas son como son, y jodiéndome y teniendo que aguantarme, ¿hay soluciones, hay alternativas, no las hay pero puedo sentirme afortunado porque hay otras cosas que van muy bien en mi vida y me provocan bienestar?
Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.
Si te gustó el post, no te lo quedes solo para ti, porfa, compártelo.
Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para el resto del mundo. Y puedes hacerte con mi libro, La dictadura de la felicidad, (o leerte el primer capítulo gratis)por aquí.
Y, de un microorganismo a otro microorganismo, ¡recibe este abrazo con un amor universal!
En esta ocasión contamos con una firma invitada: Ana Hidalgo, psicóloga y escritora que nos habla en este post de un tema de relevancia, pero pocas veces comentado: el del duelo por una pérdida ambigua.
En estos tiempos en los que por fin nos atrevemos a hablar de duelo,
suicidios y dolor, he notado una carencia a nivel mediático, el
explicar qué es una pérdida ambigua.
Sabemos
que toda pérdida conlleva un duelo, pero ¿son todos iguales?, ¿qué
es eso de la pérdida ambigua?, ¿es común?
Por
lo general, asociamos el duelo a la pérdida por fallecimiento de un
ser querido. Sin embargo, no tiene por qué ser así, hay muchos
tipos de duelos que no implican muerte. Por ejemplo, podemos
experimentar un duelo al mudarnos y dejar atrás a nuestros amigos y
nuestro hogar.
Otros
ejemplos pueden ser cuando un ser querido sufre algún tipo de
demencia, como el Alzheimer, que nos impide conectar con la persona
que nosotros recordamos; también cuando nos dejan sin ningún tipo
de explicación; o perdemos la custodia de un hijo.
Cada
duelo es único, pero todos implican dolor y pérdida a distintos
niveles: emocional, mental, psicológico, social, físico, e incluso
espiritual.
Hoy
quiero destapar un tipo de duelos, más común de lo que pensamos,
pese a no recibir gran atención mediática. Me estoy refiriendo al
duelo o pérdida ambigua.
Qué es una pérdida ambigua
Hace
tiempo leí una noticia que me impactó: en Estados Unidos
desaparecen cada año 600.000 personas. Aunque el artículo decía
que algunas eran encontradas días más tarde, ¿qué ocurre con las
que no aparecen nunca?, ¿cómo viven ese duelo sus familias?
Como
te puedes imaginar, lo viven de una forma dura, sin saber si sus
seres queridos aparecerán o no; sin saber qué les ha pasado y sin
saber cómo enfrentar esta noticia.
Si
bien este es el más claro ejemplo de pérdida ambigua, hay otros
bastante más comunes que puede que tú mismo/a hayas experimentado.
Al
fin y al cabo, la pérdida ambigua es la que se produce sin
cierre, sin comprender lo sucedido.
El
ejemplo más sencillo que se me ocurre son los casos de Ghosting. Si
no estás familiarizado con este anglicismo, es lo que antes decíamos
“ir a por tabaco y no volver”.
¿Cuántas
personas abandonan sus familias o parejas y se marchan sin dar ningún
tipo de explicación?
Por
un momento ponte en sus zapatos. ¿Cómo crees que reaccionarías?,
¿cuánto tiempo tardarías en asumir que se ha ido?, ¿le darías
vueltas al qué paso, al por qué?
Si
te ha sucedido esto con alguien con quien sintieras mucho apego, es
probable que hayas transitado un duelo ambiguo.
Cuando
te dejan sin explicaciones te quedas “rayado”, sin saber qué ha
sucedido o qué hacer, y aunque pueda parecer un duelo normal, no lo
es. Es una pérdida ambigua y tiene sus propias características.
Características del duelo o
pérdida ambigua:
Como
habrás podido deducir, cuando alguien desaparece de repente, bien
por un secuestro, causas naturales o su propia decisión, las
personas que se quedan y sufren su pérdida atravesarán un tipo de
duelo especial, el duelo ambiguo.
Entre
sus características más comunes están:
Es un duelo confuso e
incomprensible.
Pese
a que la pérdida es tangible y comprobable (al fin y al cabo, la
persona que se ha marchado o desaparecido ya no está) el duelo es
confuso. Surgen dudas sobre si esa persona volverá o no. Por eso, es
posible que sigamos aferrándonos a su recuerdo y a la ilusión de su
deseada vuelta.
Supone un alto grado de
incertidumbre
Al
no tener claro lo que ha sucedido o está sucediendo, se genera mucha
incertidumbre que puede llegar a obsesionarnos. Es frecuente
preguntarse constantemente qué ha podido pasar, generar cientos de
hipótesis y preguntas, desvelarse dando vueltas a la información
que se tiene tratando de escrudiñar lo sucedido…
Mantiene el dolor más
tiempo
Cuando
no se sabe si se ha perdido o no a alguien, la ausencia nos trae su
recuerdo a cada paso, haciendo más presente el dolor de la pérdida.
Así, frena el poder evolucionar en la transición del duelo,
deteniéndolo en las fases iniciales como negación o negociación.
Como
suele decirse: “el que espera desespera, y esperando se consuela”.
La pérdida ambigua
paraliza
La
incertidumbre que produce también nos deja incapaces de seguir con
nuestra vida, sin rumbo. Surgen grandes dudas ante cualquier
decisión. Por ejemplo, ¿sigo con mi vida o busco a esa persona
desaparecida?, y de buscarla, ¿por cuánto tiempo?, ¿cuándo parar?
Puede generar trastornos
emocionales
Al
quedar atrapado en la búsqueda de explicaciones, puede imposibilitar
crear planes de futuro y generar gran ansiedad y depresión.
Dificulta el cierre del
duelo con la despedida
Especialmente
en las personas desaparecidas, y de las que no se encuentra el
cadáver, es difícil elaborar una despedida. ¿Cuánto tiempo hay
que esperar para enterrar a alguien que ha desaparecido?
Hace plantearse el papel
que uno juega respecto a la sociedad
Con
frecuencia es posible sentirse descolgado socialmente, sin saber en
qué lugar uno se encuentra. Por ejemplo, si mi pareja ha
desaparecido, ¿sigo estando casada, soy viuda?, ¿cuántos hijos
tengo si uno ha desaparecido, pero no tengo constancia de su muerte?,
¿debo hacer un funeral e invitar a los demás para acompañar un
ataúd vacío?
La pérdida ambigua nos
hace sentir incompetentes, solos e incomprendidos.
Nos
lleva a pensar en las injusticias y en lo insignificante que podemos
llegar a ser. Algunas ideas frecuentes son: ¿por qué a mí?, ¿por
qué pasan estas cosas?, ¿por qué me insisten en que pase página
si todavía no hay nada claro?, ¡el mundo es injusto!
Qué hacer con un duelo ambiguo
Lo cierto es que
no hay una respuesta sencilla, pues cada caso tiene sus propias
características particulares.
En
mi novela, Con las Maletas en la Puerta, planteo un ejemplo de
cómo nos puede afectar una pérdida ambigua y cómo superarla. En
ella encontrarás herramientas y estrategias usadas en terapia que
pueden serte útiles en este tipo de situaciones.
En cualquier
caso, si tuviese que destacar algunos aspectos importantes para
superar la pérdida ambigua, destacaría los siguientes:
Se necesita apoyo y comprensión de familiares/amigos y, en
muchos casos apoyo psicológico con un profesional.
Es importante arriesgarse a avanzar y seguir adelante, incluso
aunque la incertidumbre del qué pasó o hacia dónde vamos aceche.
Realizar algún tipo de ritual de despedida que ponga un punto y a
parte en esta etapa de nuestra vida.
Asumir que superar la pérdida no significa borrar a esa persona de
nuestra memoria. De lo que se trata es de aceptar la nueva realidad
que se nos plantea por delante.
Si
estás atravesando un duelo y se te está haciendo muy cuesta arriba,
mi mejor recomendación es pedir ayuda profesional. Si deseas recibir
la mía, ya sabes que me tienes a tu disposición, me encuentras en
terapiaconAna.com
¡Mil gracias, Ana! Si os habéis quedado con ganas de más, aquí podéis ver una entrevista que le hice a Ana sobre su libro. ¡No os la perdáis! ¡Abrazos!
Bueno, a ver, qué radical ha sonado eso, ¿no? Solo me refiero al amor romántico.
Es decir, al amor de pareja. O, más concretamente, a la presión social de que por narices debemos tener amor de pareja.
El amor romántico es un mito. Un constructo social. Por tanto, una ficción. No necesitamos amor romántico para sobrevivir ni para tener éxito social ni para ser felices.
Los mitos y constructos sociales son ficciones, ideas desligadas de la naturaleza, de la biología, y únicamente nacidas de la cultura. En algún momento de la historia, debido a la influencia social (religiones, modas, ideologías), se impuso la idea de que debíamos tener una pareja estable con la que cumplir una serie de compromisos y criar una familia de manera conjunta. Pero, antes de eso, nuestros antepasados sapiens vivían su sexualidad y necesidades afectivas de manera polígama y los críos eran educados y protegidos por la comunidad.
Los estamentos sociales (religión, estado) y la cultura (costumbres, modas, novelas, poesías, teatro, canciones, culebrones...) han perpetuado esta invención del ser humano, de tal manera que hoy asumimos que es una necesidad vital (cuando no lo es, en absoluto). Pero, ¿y si quienes defendían este mito lo hicieron porque estaban convencidos de que era la mejor manera de vivir y ser felices? Aunque uno no esté "obligado" a tener pareja, quizá es la mejor opción, ¿no? Y si no consigo la mejor opción... ¡tengo motivos para sentirme un desgraciado!
Algunas ideas que quiero compartir contigo para rebatir esa creencia y desmitificar el mito, son:
1. No hay una manera universal, única, de sentirnos exitosos y felices. El mayor éxito es ser feliz (cuando se pueda, que muchas veces no se podrá), y cada uno ha de encontrar y fomentar los estilos de vida que mejor se adapten a su particular manera de entender el éxito y sentir estados de felicidad.
2. No siempre conseguimos lo que queremos y si nos empeñamos en obtenerlo, porque es la única vía para nuestra felicidad, nos sentiremos muy frustrados. La felicidad, más que en conseguir lo que quieres, reside en valorar lo que tienes. Cuando estás en una relación de pareja ganas una serie de cosas y pierdes otras. Y lo mismo pasa cuando estás soltero. La clave está en poner el foco y el valor en lo que tienes, no en lo que no tienes. Si no, vivirás permanentemente frustrado.
3. Hoy día, el amor romántico es una de las causas de mayor sufrimiento en el mundo. Los divorcios en España suponen el 60% de los matrimonios, y en algunos lugares del mundo el 70%. Son muchísimas las parejas mal avenidas que aguantan por la presión social de que hay que mantener la relación, la familia o las apariencias. Los gabinetes psicológicos están llenos de parejas que hacen terapia para, seguramente, darse cuenta de que están mejor separados que juntos.
4. Muchos solteros, da igual de qué edad, tienen una vida muy buena y sin embargo no disfrutan con plenitud de ella por culpa de esta falsa presión psicosocial de que están tirando su vida por la borda si no obtienen una pareja. Al mismo tiempo, muchos casados, envidian la vida tranquila y sin ataduras de esos solteros. Volvemos a lo mismo: somos infelices por pensar en aquello que no tenemos... y que creemos que deberíamos tener.
Cuando no hay por qué. Por supuesto que se puede ser muy feliz en una relación de pareja (aunque también deberíamos revisar nuestras creencias y hábitos sobre el amor romántico, ya que la mayoría de las parejas, según las estadísticas, no son felices juntas, o no, al menos, de manera prolongada), pero ya va siendo hora de liberarnos de mitos y presiones psicosociales que nos provocan ansiedad y frustraciones totalmente innecesarias y que a nuestra verdadera naturaleza, a nuestra biología, si conseguimos trascender la cultura, le importan un pimiento frito.
Lo que realmente nos pide el cuerpo, joder, a ver si nos enteramos de una vez, no es tener un amor, sino AMAR.
En este vídeo hablo más del amor romántico y sobre eso tan chulo que es el enamoramiento: "Enamorarse es malo para la salud". Casi na.
Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.
Si te gustó el post, no te lo quedes solo para ti, porfa, compártelo. Si te gusté yo, hago terapia en consulta en Málaga y online para el resto del mundo. En el siguiente enlace te puedes hacer con mi libro: La dictadura de la felicidad.
El sábado 12 de febrero hago en Málaga el Taller Desarmando a Cupido. Le daremos una paliza a ese enano con rizos. ¡No te lo pierdas!
Y, sin romanticismo, pero con mucho amor, del bueno, del que no es posesivo ni egocéntrico, ¡recibe este abrazo!
Es la película de la que todo el mundo habla. Don´t look up (No mires arriba) no ha dejado a casi nadie indiferente. El filme protagonizado por Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence y Meryl Streep, entre otros grandes actores, es amado y odiado casi a partes iguales. Pero no voy a hacer una crítica cinéfila, ni mucho menos "científica" (como ya hice aquí) de esta comedia (o drama... ¡o tragedia!) de sátira social, sino más bien una "crítica psicológica". Es decir, voy a tratar de exprimir el jugo para nuestro crecimiento personal que la película contiene. Y aviso que, para ello, voy a hacer spoiler.
También, si lo prefieres, puedes verla y oírla en este vídeo. Viene a ser lo mismo pero con mi careto:
No mires arriba narra la historia de unos científicos que descubren que un cometa se va a estrellar contra La Tierra y, si no se impide que pase, se la va a cargar. A partir de aquí, empieza toda una odisea por parte de los científicos para que la comunidad (políticos, medios de comunicación, la sociedad) les tomen en serio y hagan algo, de manera urgente y contundente, para evitar el desastre... lo cual no ocurre y, finalmente, el mundo se va a la mierda. Es una clara alegoría a lo que ya está pasando (no a lo que va a pasar, a lo que ya está pasando) con el cambio climático. Pero Don´t look up es lo suficientemente inteligente como para ofrecer muchas más lecturas. Y una de ellas es la emocional: un tema que toca el filme es el de la extendida y creciente narcotización de las emociones que impera en nuestra sociedad de hoy día.
Durante el desarrollo de la historia, Kate Dibiasky, la científica que descubre el cometa (excelentemente interpretada por Jennifer Lawrence), llega a ser tildada como "loca" o persona desequilibrada, e incluso se burlan de sus supuestos trastornos mentales a través de las Redes Sociales, cuando ella en televisión muestra su miedo, su pánico, porque el mundo va a ser destruido. Es, con diferencia, la más cuerda de todos. Pero en un mundo de locos, el más cuerdo es quien parece el más loco. A lo largo de la película, vemos a Kate llorar, entrar en pánico, tener ataques de ira e incluso cometer un acto tan impulsivo como el de comprometerse con su nuevo novio, a pesar de que el mundo se va a ir al puto carajo. Es lo normal... si corres el peligro de morirte tú y todo lo que conoces, ¿¿¿o no???
Vivimos en un mundo en el que no queremos problemas. Porque los problemas nos provocan desequilibrios emocionales, malestar, dolor, a veces sufrimiento intenso y prolongado, y eso no es nada cool en el mundo tan cool en el que vivimos. Es mejor mirar hacia otro lado (en lugar de mirar arriba, en el caso de la película, es decir, enfrentar directamente el problema de cara) o mantener siempre la calma, como hace el personaje de Mark Rylance, un empresario a lo Bill Gates, lleno de paz y amor (y una mierda para él... para los dos).
Tenemos un apego desmedido a seguir viviendo muy cómodos en nuestra burbuja de entretenimiento y prosperidad económica, pase lo que pase (incluso cuando el mundo se va a ir a tomar por culo). Pero por mucho Instagram, por mucho Netflix, por mucho dinero o pertenencias que se posean, la vida son problemas. Problemas para afrontar y no para esconder la cabeza. Y ese afrontamiento implica dolor. Y no está mal sentirlo, y no está mal expresarlo, y no está mal llorarlo o gritarlo o golpearlo con un puño sobre la mesa. Sin embargo, lo que sí puede tener consecuencias dramáticas, incluso trágicas, para cada persona, es ocultarlo, evitarlo e ignorarlo.
No os digo ya para la sociedad.
Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.
Si te gustó el post, no te lo quedes solo para ti, por favor, compártelo. También me gustaría leer tus comentarios.
Si quieres, puedes hacerte con mi libro La Dictadura de la Felicidad, que, como ya imaginarás por su título, trata, de una manera más extensa y profunda, el tema de la narcotización de las emociones.
Y espero que hayas empezado muy bien el 2022 y que vaya a mejor. ¡Un abrazo!
Este 2021 ha sido, para mí, un año con sus luces y sus sombras, con sus dificultades y sus retos, con sus pérdidas, y, por supuesto, con sus ganancias. Gratificantes ganancias. En lo profesional, publiqué mi segundo libro,La Dictadura de la Felicidad, y estrené el espectáculoMis idas de olla. Un psicólogo al borde de una crisis existencial, el único que fusiona la psicología con las artes escénicas. Ambos proyectos me han llenado de orgullo y me han ofrecido experiencias que me han hecho crecer en lo personal. Y para agradecértelo, a ti que has estado ahí, en mis terapias o talleres, leyendo las páginas de mi libro o yendo al teatro, o siguiéndome a través de este blog, a ti, te quiero dar MIL GRACIAS por tu compañía, y ofrecerte este último regalo del año: un repaso a lo mejor visto en Redes Sociales sobre psicología, bienestar y desarrollo personal. Espero que lo disfrutes y aproveches. ¡Un abrazo!
El mismo principio al que se refiere al artículo se puede aplicar a los adolescentes y adultos. Es malo para el ser humano tenerlo todo.
Cortometraje ganador del Oscar en 2020 que nos enseña una valiosa lección. The neighboor´s window.
Igual que hay personas que repiten patrones de elección de parejas tóxicas, hay otras con patrones de elección de "amores no correspondidos". Este post te lo explica muy bien y te ayuda a desactivar esos patrones insanos.
"El olvidado asombro de estar vivos", y otras grandes reflexiones:
¿Somos más libres por tener más donde elegir… o más bien nos ahogamos en el océano de posibilidades que tenemos a nuestro alcance? Imprescindible entrevista de Eduard Punset al psicólogo Barry Schwartz. Consumir y tener menos no solo provocaría un alivio al planeta... también nos haría más felices.
Filosofía para cuestionar el mundo que nos rodea. La importancia del pensamiento crítico para nuestro bienestar. Imprescindible entrevista. ¡Animaros a verla, merece la pena!
Hace unos días publiqué un vídeopost en Youtube titulado "Eres un yonqui y no lo sabes". En él hablo de cómo hoy todos, en mayor o menor medida, nos hemos vuelto bastante adictos al control. Lo puedes ver aquí.
Ser un yonqui del control es como vivir en modo preventivo, en estado de alerta constate: debo estar atento a todo, tenerlo todo bajo control, para prevenir cualquier amenaza que pueda devenir, y así evitarla o, al menos, que el golpe no me pille por sorpresa. Nos generamos, de esta manera, una cierta sensación de control frente a la adversidad y el fracaso, pensamos que nos preparamos mejor para el dolor, pero... Lo único que estamos haciendo es procurarnos dolor en el ahora: preocupaciones, tensión física, mental y emocional, estrés.
En cambio, vivir en modo proactivo, en lugar de preventivo, no es adelantarse a los problemas que puedan darse (eso, de nuevo, sería prevención) sino vivir abiertos a la felicidad y al amor. Muchas personas tienen miedo de abrirse a lo bueno que pueda darles la vida porque temen estar relajándose demasiado y que luego les pille lo malo por sorpresa y se vengan abajo.
Pero, y he aquí lo interesante, la gran paradoja resulta ser que las personas que viven abiertas al amor y a la alegría, reaccionan mejor ante las dificultades, el fracaso o la adversidad. Claro, pensadlo bien: todos tenemos nuestras reservas de energía (la que nos da el sol, los alimentos, el aire que respiramos... ). La actividad física no es la única que gasta nuestra energía, también la mental y nuestras respuestas psicofisiológicas (respuestas de estrés). Si estamos todo el rato en tensión y con malestar por culpa de las dichosas neuras ("¿y si esto, y si lo otro...?") nuestro organismo no estará mejor preparado para encajar un golpe que si este se encuentra relajado y/o animado (con una energía alta).
No se trata de vivir a lo loco. Cierto control es necesario (rutinas, organización, planificación). Tampoco estoy diciendo que las personas que viven en modo proactivo no sufran, claro que sí. Y también se rayan y se preocupan a veces. Pero, su filosofía de vida no es esa. Lo que abunda en su vida no es eso. No están orientadas hacia la prevención del mal sino hacia la promoción del bien. Y según hacia donde orientes tu energía, en forma de pensamientos, emociones y conductas, obtendrás lo que abundará en tu vida.
Una persona que vive en modo preventivo es como si, de manera subconsciente, se dijera de continuo "¿Qué malo puede pasarme hoy?". Muchas veces, eso malo no pasa y, cuando pasa no es tan grave y, cuando pasa y es grave, era inevitable. Y por culpa de su estado de alerta constante, se pierden lo bueno, no lo disfrutan ni lo valoran tanto.
Una persona en modo proactivo se pregunta "¿Qué puedo hacer hoy para tener un buen día?" y se orienta hacia el placer y la paz interior o a cultivar el disfrute y el amor en sus relaciones. En realidad, las personas en modo preventivo también quieren hacer todo esto, y lo hacen, pero, debido a esa falsa y excesiva sensación de necesidad de control, no pueden hacerlo tanto como quisieran o cuando lo hacen no lo disfrutan plenamente, porque están cerradas (en parte) al amor y a la dicha, ya que eso implica relajarse y "relajarse es peligroso".
Hasta que, un día, toman consciencia de que no necesitan para nada tanto control, ya que este solo las ha llevado a cerrarse a la felicidad y al amor, y lo sueltan, y empiezan a enseñar a su cuerpo y a su mente que pueden relajarse, dejarse llevar, fluir... CONFIAR.
Yo siempre digo que la confianza es lo opuesto al miedo y que esa confianza está conformada por tres partes: 1. Pensar que irá bien. 2. Pensar que si no va bien lo podré arreglar. 3. Pensar que si finalmente va mal y no lo puedo arreglar me tendré que joder y punto... y que, por supuesto, tendré la fortaleza mental y emocional necesarias para ese último paso.
Pues somos más fuertes mientras menos agotados estamos debido al control y con más energía nos sentimos gracias al amor y a la felicidad.
Así que... ¡entrena y hazte fuerte!
Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.
Si te gustó el post, no te lo quedes solo para ti, porfa, compártelo.