martes, 26 de septiembre de 2023

EL SISTEMA ES MALO PARA LA SALUD MENTAL

Esto se tenía que decir y se dijo. ¿Qué hay detrás de tanto incremento de los trastornos de ansiedad y depresión, de la toma de psicofármacos y de los suicidios? ¿Las secuelas del Covid? ¿La generación de cristal? ¿Las RRSS? No. Todos ellos son factores influyentes pero no determinantes. Si cada vez estamos peor mental y emocionalmente es por nuestro estilo de vida. Y nuestro estilo de vida está marcado por el modelo socio-económico y político en el que se enmarca nuestra vida. Y este modelo tiene nombre: se llama neoliberalismo.


El neoliberalismo es una doctrina económica que surgió en los 80´s de la mano de los gobiernos de Reagan y Thatcher y se difundió por el mundo occidental (y no occidental), siendo hoy el modelo económico más instaurado globalmente. Consiste en liberalizar los mercados, otorgando a las entidades organizacionales (bancos y empresas) una libertad casi absoluta para autorregularse, con la idea de flexibilizar las relaciones económicas y laborales al máximo y así potenciar el crecimiento económico. Y de alguna manera, se ha conseguido. Hoy tenemos más trabajo y mejor estatus socio-económico que antes. Sin embargo… 


Sin embargo, no se ha hecho de manera igualitaria, ya que la desigualdad ha crecido, hay más gente que no llega, que queda apartada, y la clase media trabajadora está menguando (cada vez son más los que tienen ingresos insuficientes conforme al nivel de vida). Esto se ve sobre todo cuando consultamos los datos macroeconómicos y observamos que la productividad ha crecido en las últimas décadas muy por encima de los salarios y que la riqueza se está concentrando cada vez más en manos de unos pocos; es decir, el rendimiento de nuestro esfuerzo, más que para servir para la mejora de nuestra calidad de vida, está sirviendo para engordar las cuentas corrientes de cuatro listos. 


Por otro lado, que la economía haya mejorado no implica que nuestra calidad de vida lo haya hecho. Hoy es más difícil vivir medianamente bien que hace tres o cuatro décadas. Antes no podíamos acceder a tantos objetos de consumo como ahora (a tantas falsas necesidades), pero una sola persona con un sueldo podía sustentar a toda su familia y terminar de pagar la vivienda relativamente pronto (y acceder con ello a comprarse una segunda vivienda); hoy, salimos mucho más tarde de casa de nuestros padres, nos casamos más tarde (quien se casa), tenemos hijos más tarde (quien los tiene), y una pareja, trabajando los dos, se las ve negras para llegar a fin de mes. 


Por otra parte, la supuestamente positiva flexibilización del mercado laboral ha complicado mucho las cosas para los trabajadores: antes te sacabas una carrera o aprendías un oficio y tenías un trabajo estable para toda la vida con un sueldo más o menos normalito dependiendo del caso; hoy, hay que estudiar una carrera u oficio, especializarse, aprender idiomas y ofimática, reciclarse continuamente, adaptarse a cambios organizacionales que suponen una difícil compatibilización con la vida familiar y personal… De hecho, dado que los datos indican que los trastornos de salud mental han aumentado, podríamos preguntarnos si hemos rebasado la capacidad del ser humano. Es decir, como poder, parece que podemos afrontar todos los cambios y demandas del entorno laboral, porque lo estamos haciendo, y contribuyendo con ello a la buena marcha de la economía (sobre todo, como he explicado antes, a la economía de unos pocos), pero, parece ser que estamos siendo capaces a costa de nuestra salud, por lo tanto, ¿somos capaces en realidad de vivir como estamos viviendo bajo el modelo neoliberal? 


Y eso por no hablar de la incertidumbre económica, consecuencia de esa flexibilización del mercado laboral. A lo que habría que añadir un nuevo tipo de estrés: el estrés económico, consecuencia directa del crecimiento económico, que provoca un aumento de los precios que hace que cada vez sea más difícil acceder a recursos que antes sí eran bastante más asequibles, siendo muchos de ellos recursos básicos (vivienda, luz, gasolina, salud, educación). Tal es así que incluso podríamos hablar también de un nuevo tipo de explotación: la explotación económica. 


Por último, el neoliberalismo, con su mantra de si te esfuerzas lo suficiente obtendrás lo que quieres (es decir, que si te va mal es que no te has esforzado lo suficiente y es tu problema y nadie se tiene por qué responsabilizar), obvia dos realidades: la primera, que no todos partimos con las mismas oportunidades ni nos enfrentamos a las mismas dificultades; y la segunda, la condición vulnerable del ser humano, que por muy bueno que sea y muy bien que haga las cosas, en cualquier momento de su vida puede fallar, fracasar y necesitar ayuda. La consecuencia de esta ideología es una desprotección creciente en las personas, que conlleva una sensación de desamparo perfectamente compatible con estados de depresión y ansiedad.


Como para no volverse chalao, vaya. Total, que si queremos empezar a priorizar de verdad nuestra salud integral, incluida en ella, por supuesto, la salud mental, parece ser que no va a ser suficiente con hacer más ejercicio, alimentarnos mejor e ir al psicólogo, sino que vamos a tener que empezar a hablar de un cambio de modelo socio-económico y político que deje de favorecer tanto a tan pocos y ponga el énfasis en la felicidad de todos.


El neoliberalismo es malo para la salud. El neoliberalismo mata. Matémosle nosotros a él antes.


Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.


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Y, compañero, compañera, ¡recibe este abrazo revolucionario! ✊


lunes, 4 de septiembre de 2023

SOBRE EL DESEO Y EL AMOR

¡Holaaa! Ya estoy de vuelta de las vacaciones. Me lo he pasado muy bien y vengo con las pilas cargadas. Uno de los sitios en los que estuve fue Ronda, en un retiro de cuatro días en un cortijo. Se llamaba "Amarte para amar", y fue impartido por Bioemocionarte. Estuvo muy chulo y tuvimos la ocasión los participantes de compartir experiencias e ideas sobre la sexualidad y el amor, lo que me llevó a reflexiones propias, una de las cuales quiero exponerte a ti en este post.


Y es que el amor es un sentimiento muy bonito. Y puede llegar a ser muy auténtico. Pero también muy falso, muy impostadoA veces, nos obligamos a sentir amor, incluso a fingir amor, quizá por miedo a la soledad, o porque pensamos que es lo que se espera de nosotros, por poner dos ejemplos.


Sin embargo, el deseo es genuino. O sientes deseo o no lo sientes. Este sentimiento suele estar más asociado al placer. Placer y felicidad no son lo mismo: yo puedo sentir placer (al consumir una droga) y no felicidad; y yo puedo sentir felicidad en ausencia de placer (ayudando a alguien). Para los budistas, el deseo es la principal fuente de infelicidad. Yo estoy de acuerdo, pero, como ya sabrás por mi libro La dictadura de la felicidad, no siempre se puede ser feliz, y es normal sentirse infeliz e insatisfecho y desear algo que pensamos que nos dará felicidad, aunque esta sea impermanente.


Amor y deseo tampoco son lo mismo. El deseo es una atracción; el amor es una conexión. Cuando amo no deseo tener u obtener o conseguir; cuando amo me siento conectado a alguien o algo y me basta con cómo son las cosas ahora en relación a aquello, nada tiene que ser diferente. 


Pero, no se trata de decidir entre deseo y amor, sino que una cosa nos puede llevar a la otra. No existe el amor a primera vista, el flechazo. Existe el deseo. Deseas cuerpos, porque el cuerpo se ve, pero no amas los cuerpos, acabas amando las almas, y estas no se ven, estas se conocen. El deseo, el genuino deseo, puede ser un buen rompehielos para, a través del placer del cuerpo, conectar con las almas.


Sin embargo, hemos de tener cuidado con el deseo, ya que fácilmente nos puede llevar a conocer a almas no adecuadas para nosotros. Por ello, podemos dejarnos llevar por el sentir del deseo, pero nunca permitir que este nos nuble la razón, esa que nos ayuda a discernir lo bueno de lo malo para nosotros, ya que solo a través de esta conoceremos un alma que sea una buena compañera de vida.


¿Y quién puede ser una buena compañera de vida para ti? Las preguntas llevan al conocimiento; preguntarte te guiará por tu proceso de autoconocimiento: ¿qué te aporta placer?, ¿qué te da felicidad?, ¿qué te causa infelicidad?, ¿qué buscas en una compañera o compañero sexual?, ¿y en una compañera o compañero de vida?, ¿qué tienes tú para dar?


Conócete, acéptate, valórate, desea, folla, AMA, aprende, crece, agradece, sigue.


No es mal plan de vida. Pero también habrá que comer y dormir un poco.


Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.


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miércoles, 2 de agosto de 2023

CULTURATERAPIA 2023

Empieza agosto y ¡yo me voy de vacaciones! 😁 Bueno, a ver, todo agosto no, dejaré la consulta solo una semana y pico, la de la Feria de Málaga, y luego vuelvo (es lo que tiene ser autónomo en este país 😡). Pero con el blog sí me voy a dar un poco más de descanso y volveré pa septiembre... ¡o cuando me apetezca! 😈


Y, antes de irme, se me ha ocurrido una idea que es posible que repita cada año por estas fechas, y es la de dejaros un post con una lista de biblioterapia, cineterapia y musicoterapia. Los que me conocéis ya sabéis la importancia que le doy a la cultura para nuestro crecimiento personal, y, ahora que es verano y muchos estáis de vacaciones (y de vacaciones bastante más largas que las mías 😑), seguro es un buen momento para ver pelis, leer libros y escuchar canciones que os inspiren, motiven y transformen.


Y cada verano por agosto actualizaré las listas con las novedades de ese año. ¿Os parece chula la idea? Podéis decírmelo en los comentarios y añadir aquellas obras culturales que os hayan removido por adentro y ayudado a avanzar en este camino, a veces bonito, a veces bonito y duro, llamado vida. ¡Así nos alimentamos unos de otros para seguir creciendo!


Espero seguir pronto por aquí. Que disfrutéis de este agosto, feliz vida, Tribu. ¡Un abrazo!


Biblioterapia


- El arte de no amargarse la vida. Rafael Santandreu.

- Ser feliz en Alaska. Rafael Santandreu.

- La auténtica felicidad. Martin Seligman.

- Inteligencia Emocional. Daniel Goleman.

- Tus zonas erróneas. Wayne Dyer.

- El poder del Ahora. Eckhart Tolle.

- Practicando El poder del Ahora. Echart Tolle.

- ¿Quién se ha llevado mi queso? Spencer Johnson.

- Cartas para Claudia. Jorge Bucay.

- El camino de la autodependencia. Jorge Bucay.

- De la autoestima al egoísmo. Jorge Bucay.

- El camino del encuentro. Jorge Bucay.

- Enamórate de ti. Walter Riso.

- Desapegarse sin anestesia. Walter Riso.

- Pensar bien, sentirse bien. Walter Riso.

- El viaje a la felicidad. Eduardo Punset.

- El viaje al poder de la mente. Eduardo Punset.

- Una mochila para el Universo. Elsa Punset.

- El laberinto de la felicidad. Álex Rovira y Francesc Miralles.

- La buena vida. Álex Rovira.

- El mundo azul, ama tu caos. Albert Espinosa.

- El abuelo que saltó por la ventana y se largó. Allan Karlsson.

- El camino del amor. Osho.

- El libro del Ego: liberarse de la ilusión. Osho.

-   Encantado de conocerme. Comprende tu personalidad a través del Eneagrama. Borja Vilaseca.

- El arte de la felicidad. Dalai Lama y Howard C. Cutler.

- Donde tus sueños te lleven. Javier Iriondo.

- Los dones de la imperfección. Brené Brown.

- El arte de amar. Erich Fromm.

- El miedo a la libertad. Erich Fromm.

- ¿Tener o ser? Erich Fromm.

- 50 palos… y sigo soñando. Pau Donés.

- Deja de ser tú. Joe Dispenza.

- El peligro de estar cuerda. Rosa Montero.

- Prevención y afrontamiento del estrés laboral. David Salinas.

- La Dictadura de la Felicidad. David Salinas.


Cineterapia


Un novio para mi mujer. Para parejas e insatisfacción vital.

El lado bueno de las cosas. Duelo romántico. 

El indomable Will Hunting. La culpa. Los traumas. 

Tucker y Dale vs El Mal. Descomunicación, malentendidos, prejuicios.

Bestias del Sur Salvaje. Madurez. Fortaleza. Inteligencia Emocional.

La La Land. Amor. Relaciones de pareja. Desamor.

Tres anuncios a las afueras. Odio. Rencor. Ira.

De óxido y hueso. Resiliencia. Expresión emocional.

El aceite de la vida. Resiliencia. Optimismo Inteligente.

Black Mirror: Nosedive. La falsa necesidad de aprobación social. Autoestima.

Requisitos para ser una persona normal. La falsa necesidad de aprobación social. Autoestima.

Dos días, una noche. Conflictos laborales. Desempleo. Depresión.

Crash. Tolerancia. El bien y el mal dentro de uno mismo.

Camino. Religión. Amor.

Pequeña Miss Sunshine. Autoestima. Relaciones familiares.

Mary and Max. Depresión. Rarezas, diferencias, autoestima.

Gravity. Duelo. Depresión.

Birdman. El Ego.

Inside Out (Del Revés). Inteligencia Emocional.

Kiki, el amor se hace. Sexo, libertad sexual.

Binta y la gran idea (corto). Felicidad. Libertad para la mujer.

El Rey Pescador. Depresión. Duelo.

Searching for Sugar Man. Los talentos. Autoestima. Felicidad.

¡Olvídate de mí! Duelo Romántico. Desamor. Traumas.

No sos vos soy yo. Duelo Romántico. Desamor.

El mismo amor, la misma lluvia. Relaciones de pareja.

Sound of Metal. La resistencia, la lucha.

Relatos Salvajes. Catársis de la ira.

Gente corriente. Duelo. Expresión emocional.

Ted Lasso (serie). Bondad, gratitud, efecto Pigmalión… ser mejores personas.

La habitación del hijo. Duelo.

No mires arriba. Estupidez. Narcotización de las emociones.

Shadowlands (Tierras de penumbras). Vulnerabilidad, amor, pérdida.


Musicoterapia (listas de música en mi canal de Youtube) 


#cancionesparasermasfeliz 

Kankaterapia


miércoles, 19 de julio de 2023

ALTO Y CLARO

Muchos, a estas alturas de campaña electoral, estaréis cansadísimos de oír hablar de política. Lo entiendo, pero es que la política también es una cuestión de salud mental, de bienestar, de felicidad. La política no es solo políticos peleándose entre ellos para ganar más votos. La política va (o debería ir) de la vida de la gente, de cómo nos organizamos en comunidad y tomamos decisiones que nos afectan a todos, y de manera importante además.


Por eso tu voto es decisivo, para ti, para los tuyos, para tu comunidad. Y no solo lo es votar, sino, sobre todo, votar bien. Para ello hay que conocer las propuestas de los distintos partidos que se presentan (no al dedillo, pero sí al menos las más importantes), y, antes de nada, conocerse bien a uno mismo: cuáles son mis valores y mis objetivos y cómo es mi escala de preferencias (lo explico un poquito mejor en este vídeo post). 


Y, hasta aquí, un psicólogo debería de mantenerse equidistante (o quizá es lo que creo yo que esperáis de mí). Pero no. Los que me conocen bien saben que muy equidistante no soy, que suelo tomar partido, que me suelo mojar. Y en este tema, dada su importancia, no podría ser distinto. Alguien tenía que dar un paso al frente y decirlo alto y claro:


Las políticas de izquierda son más favorables para la salud mental que las políticas de derecha.


¿Y en qué me baso para hacer tal afirmación? ¿En mi ideología, en mi subjetividad, en que tuve una novia de derecha y me rompió el corazón? No. Me baso para hacer esa afirmación únicamente en criterios clínicos.


Las políticas de derecha actuales (PP y Vox) se basan en el neoliberalismo, que es una teoría política y económica que tiende a reducir al mínimo la intervención del Estado​, apoya el libre mercado, y sus pilares básicos incluyen la privatización y la desregulación. Esta forma de entender la organización económica da lugar a lo que se suele llamar un capitalismo salvaje: las organizaciones económicas (empresas, bancos y otras entidades financieras) tienen la libertad y capacidad de abusar de sus trabajadores y clientes. Hoy hay cada vez más gente que, aunque no se encuentre en una situación de vulnerabilidad extrema, se siente más indefensa en la sociedad, ante la hostilidad de los mercados. Cada vez hay más trabajadores, autónomos y pymes que tienen que competir ferozmente por sobrevivir, lo que deriva en un estrés brutal. Y cada vez hay más crecimiento económico, sí, pero este crecimiento no se redistribuye de forma unitaria, por lo que las desigualdades económicas están creciendo, junto a la precariedad, lo cual provoca incertidumbre y vidas frustradas. Occimorons no lo podría decir mejor.




Frente a este modelo ferozmente competitivo y que genera estas tremendas desigualdades (no olvidemos que en la actualidad el 1% de la población posee el 38% de la riqueza global, el 10% el 76% de la riqueza y la mitad de la población posee solo el 2%, ¡datos indignantes!), nos encontramos con el modelo de la izquierda, que se basa en la socialdemocracia, que es una ideología política, social y económica que busca apoyar las intervenciones estatales, tanto económicas como sociales, para promover mayor equidad económica e igualdad social en el marco de una economía capitalista, e implica medidas para la redistribución del ingreso y regulación de la economía a favor del interés general y el mantenimiento de un Estado de bienestar. A simple vista, suena mucho más justo, proteccionista y amable que el modelo neoliberal, ¿no? 


Cierto es que no todos los políticos de izquierda, solo por ser de izquierda, lo hacen bien. Los hay que son chorizos, los hay que son incompetentes y los hay que dicen llamarse de izquierda y luego no hacen una mierda de políticas de izquierda. Pero, también es cierto que la política no la deberían hacer solo los políticos, sino TODOS, y hacerla todos no es solo votar cada cuatro años y que ese voto sea un cheque en blanco que le permita al político hacer lo que le dé la gana. El político ha de rendir cuentas de su gestión no solo cuando hay elecciones, sino siempre, y ahí es donde debemos estar las gentes, en los sindicatos, en las organizaciones, en las iniciativas populares, en las calles y en las redes sociales, exigiendo esa rendición de cuentas, exigiendo que se hagan las cosas bien y honestamente.


PERO... pero, el modelo, el paradigma, el sistema, es importante, es muy importante. Y yo quiero vivir en un mundo menos competitivo y más colaborativo, en un mundo menos hostil y más amable, en un mundo menos desigual y más redistributivo. Y el 23-J voy a ser coherente con lo que soy, con mis valores y con lo que quiero. Y voy a votar.


¿Y tú qué vas a hacer?


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martes, 4 de julio de 2023

IDENTIDAD VS FELICIDAD parte 2

En mi último post explicaba la diferencia entre identidad (el Yo, el ego) y felicidad. Pero quiero volver a referirme sobre ello porque creo que es un tema complejo e importante, ya que muchos de mis pacientes vienen a mi consulta con un problema de identidad, y no de felicidad, aunque ese problema de identidad es el que les está haciendo sufrir y, por tanto, son infelices por culpa de su identidad.


Hay que poner ejemplos para entender esto:


Fulanito lo tiene casi todo para sentirse feliz en muchos momentos de su vida. Él es positivo y agradecido, posee sentido del humor y tiene una familia y amigos que lo quieren, un trabajo que le gusta, una situación económica tranquila y aficiones que le encanta practicar. Sin embargo, ocupa un puesto de responsabilidad en su empresa y dedica mucho tiempo de su vida al trabajo. Por ello, Fulanito no puede dedicar tanto tiempo como el que le gustaría (casi nada, en realidad) a su familia, amigos y hobbies, además que suele estar todo el día con estrés y cansado. Nadie obliga a Fulanito a echar tantas horas en el trabajo, podría poner límites perfectamente, pero si no lo hace es una decisión suya, porque desde muy joven tiene un alto nivel de compromiso y responsabilidad. Fulanito no quieren que piensen de él que es un vago o un aprovechado. Pero... eso le está pasando factura. Fulanito tiene un claro problema de identidad.


Menganita lo tiene también casi todo para sentirse feliz. Es joven, guapa y muy saludable. Se lo pasa bomba con sus amigos, a los que quiere con locura. Sin embargo, sufre mucho y va a terapia por ello, porque no encuentra a una persona con la que tener una relación estable. Menganita ha tenido varias relaciones fallidas en su vida y ha conocido a otras personas con las que no acabó de cuajar la cosa. Siente que se le está pasando el arroz y que se va a quedar sola. El caso es que ella se lo pasa muy bien cuando sale o cuando se queda en casa practicando algunas de sus aficiones solitarias, como leer. Pero siente que no es lo que tendría que estar haciendo, que ya debería haber encontrado a su "media naranja", y se agobia y se frustra por no estar haciendo lo que se supone (lo que ella supone) que debería hacer con su vida, que es sentar cabeza de una vez con alguien. Menganita tiene un claro problema de identidad.


Si fuéramos los psicólogos de Fulanito, le diríamos que por cumplir escrupulosamente con su horario de trabajo no está siendo vago ni aprovechado, sino que ya está aportando (y seguramente mucho) a su empresa, y que además no es tan importante lo que puedan pensar los demás de él como pasar tiempo con las personas que ama, ya que parece ser que eso es lo que realmente le hace feliz. Y si fuéramos los psicólogos de Menganita la animaríamos a darse cuenta de lo que tiene y ya la hace feliz, en lugar de fijarse tanto en lo que no tiene e idealizarlo hasta tal punto que piensa que no puede ser feliz si no lo consigue, ya que una relación estable es solo una opción más de vida y no una necesidad vital.


Los problemas de identidad residen en las expectativas personales. Lo que se espera de nosotros o lo que creemos que los demás (familia, amigos, empleadores, sociedad) esperan de nosotros. Así, si creo que lo que se espera de mí es ser un trabajador siempre cumplidor, una mujer emparejada o un psicólogo que no falla nunca, ciertamente podemos tomar decisiones y actuar de manera que nos aleje de nuestra felicidad.


Porque los problemas de felicidad residen en los sentimientos. Ya que la felicidad es un sentimiento, un estado interno subjetivo y transitorio. Cuando nos sentimos bien o tenemos muchas razones o pocas pero de peso para sentirnos bien, pero no nos damos cuenta porque estamos enfocados en pensamientos del pasado y del futuro que tienen mucho más que ver con nuestra identidad que con nuestra felicidad, ya que la felicidad es cosa del presente, entonces tenemos un problema. Y cuando no nos permitimos sentir infelices, porque nuestras condiciones de vida actuales son malas y/o porque hay dolor e insatisfacción en nosotros, y no lo aceptamos, ahí también tenemos un problema de felicidad, ya que la felicidad y la infelicidad son dos caras de una misma moneda. 


El ego reside en la mente, que es su cárcel, pues más allá de los barrotes de esta no existe. Mi identidad es lo que pienso que soy, lo que pienso que piensan los demás que soy, y lo que pienso que debería ser en función de sus expectativas, que he convertido en mis expectativas. La felicidad está en el ser, en lo que tú eres ahora, más allá de los límites de tu mente, lo que estás siendo en este momento lleno de vida. El ego quiere protegerse a sí mismo, a la identidad que te has formado dentro de tu mente, y en todo ve peligros que amenazan esa identidad. El ser quiere ser, quiere sentir, quiere vivir. Y cuando sea placer o satisfacción, lo podremos llamar felicidad, y cuando sea dolor o insatisfacción, lo podremos llamar infelicidad... pero no será peligroso.


El ego siempre está en alerta para proteger su identidad: "no me puedo comer ese dulce, engordaré y dejaré de ser atractivo; ¿y si voy a la fiesta y hago el ridículo?, tengo que tener éxito en esta vida o si no me considerarán un fracasado; ¿cómo voy a separarme de mi pareja, y lo que pensarán de mí?; necesito un coche más caro, una casa más grande y mucho más dinero para poder satisfacer las expectativas de mierda que otros tienen sobre mí..." Problemas de identidad, no de felicidad. A la felicidad (al ser) le dan igual las expectativas. No espera nada. Porque la felicidad y el ser solo están en el momento presente. No quieren conseguir, no quieren superar, solo quieren sentir.


Todos tenemos una identidad, no podemos suprimirla, ni sería bueno hacerlo. Pero, seguramente, nos conviene bastante minimizarla, quitarle protagonismo. Reducir el ego, dejarnos ser. Y quitarnos problemas de identidad...


... para poder ocuparnos de nuestra felicidad.


Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


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jueves, 22 de junio de 2023

IDENTIDAD VS FELICIDAD

Tengo que hacerte una confesión: soy un neurótico. Sí. De libro.


En realidad, esa definición de mí mismo como neurótico es bastante incompleta. El neuroticismo es un rasgo de personalidad que define solo una parte de la personalidad y que explica una tendencia a la inseguridad que deriva en conductas de preocupación obsesiva, perfeccionismo y culpa, y en estados de tensión constante. Chungo, eh. Pero, David es además psicólogo. E hijo y hermano. Y amigo. Y amante (cuando me dejan). Y creativo. Y payaso. Y a veces tonto...


Pues bien, algunas teorías freudianas dicen que el neuroticismo es el miedo a la muerte. Yo (y no soy el único) defiendo que en realidad es el miedo a la vida. El neurótico, al sentirse inseguro (¿por qué?, porque ha tenido unos padres que le hicieron sentir así, porque sufrió bullying, por cuestiones biológicas y hereditarias, por vete tú a saber por qué), percibe el mundo como hostil, como una amenaza, lo que le provoca ansiedad, y su manera de protegerse es a través del control, o de la falsa sensación de control que cree encontrar en las conductas rumiativas, de perfeccionismo y de culpa.

Sin embargo, recientemente, reflexionando sobre ello, me he dado cuenta de que a lo que la mayoría de los neuróticos le tenemos miedo no es a que nos sorprenda la adversidad, sino a no haber hecho nada (o no lo suficiente) para evitarlo. Los neuróticos somos adictos al control y, como buen método de control que es, recurrimos bastante a la culpa. Y, en conflicto con nosotros mismos quizá, para evitar nuestra propia culpa, aunque de paso, provocándonosla, nos obligamos a estar siempre en alerta, a tenerlo todo bajo control y a hacer siempre lo que se supone que se debe hacer. No nos perdonamos fallar, debemos tener siempre el control.


Así pues, valga como ejemplo, se tiene bastante consensuado que una de las principales causas de los celos obsesivos es la inseguridad. Yo no creo que el celoso neurótico sea únicamente alguien que teme que su pareja le engañe porque no se crea lo suficientemente bueno para ella; también pienso que hay un tipo de celoso neurótico obsesivo que lo que teme es que su pareja le engañe por culpa de no haber estado lo suficientemente atento (conductas de vigilancia y control) o por no haberlo hecho lo suficientemente bien (conductas de perfeccionismo).


El neurótico (quizá no todos los neuróticos) tiene una fijación por su identidad. ¿En qué posición queda mi identidad (mi yo, mi ego) si mi pareja me pone los cuernos por mi culpa? ¿Qué van a pensar de mí si fracaso? ¿Cómo me vuelvo yo a enfrentar al mundo si la adversidad me golpea y me noquea porque no la vi venir?


Esto es bueno saberlo. Porque así sabemos también que, saliendo del yo (o minimizándolo), mejoramos en nuestro neuroticismo. Y dándonos cuenta también de que, en realidad, no tenemos tanto que hacer como nos creemos que tenemos que hacer, ya que la vida, en el fondo, no nos está demandando tanto como lo que nos exige el ego. Cuando salimos de nuestra identidad, lo que nos encontramos es vida, es aquí y ahora, es presente, es, quizá, en algunos momentos, felicidad.


Identidad y felicidad son dos cosas diferentes, van por vías paralelas, son dos canales con frecuencias distintas. Hay muchas cosas que hacemos en nuestro día a día, porque creemos que nos harán felices, y en realidad solo sirven para proteger o alimentar nuestro ego. Protegerme del qué dirán, tener siempre el control para que no me pase nada malo y nadie pueda decirme que no fui lo suficientemente bueno como para evitarlo, tenerle miedo al fracaso, comprarme un coche más caro, hacer lo que se supone que debo hacer (pero no lo que quiero hacer) para tener éxito social... 


Y la felicidad, que está en la vida, y que está en ti, porque tú eres vida, no quiere
que la protejas ni que la alimentes, solo quiere que la sientas. Porque la felicidad es solo eso. Un sentimiento. Un estado subjetivo. Y la solemos sentir bastante cuando salimos de nuestra identidad, soltamos control, y decimos "vida, haz conmigo lo que quieras". Siendo neurótico o no, la verdad es que solo serás capaz de hacer eso por momentos.


Pero... qué necesarios, importantes y valiosos son esos momentos.


Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


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Si te gusté yo, hago terapia en consulta en Málaga y online para el resto del mundo. Tengo un libro súper chulo (o eso me gusta pensar a mí... aunque ya hay mucha gente que me ha dicho los mismo) titulado La dictadura de la felicidad.


Y con una pizca de neuroticismo pero también con mucho amor, ¡recibe este abrazo!

martes, 6 de junio de 2023

EL SEXO ES EL 11

A continuación te paso un ranking de 10 cosas de la vida que me hacen más
feliz que el sexo:

10. Una conversación interesante (hay mucha gente que antes de que le follen el cuerpo prefiere que le follen el cerebro).

9. Ayudar.

8. Jugar. A lo que sea. De hecho, mi definición de sexo es "un juego de niños adultos", pero he preferido meterlo aparte.

7. Escribir.

6. Momentos con las personas que quiero.

5. La música.

4. Dormir.

3. Comer (mmm, croquetas).

2. Reír (la risa es el orgasmo intelectual).

1. Las historias.

El sexo sería el 11, justo antes del alcohol y de la playa (ya que el ranking podría ser ferpectamente de 13, que me gusta más que el número 10). 

Pero, te imagino pensando, "Bueno, ¿y a mí qué coño me cuentas? ¿Por qué me hablas de esto?" Ya. Cada uno de nosotros tiene sus gustos y preferencias y es muy posible que si vosotros hicierais vuestro propio ranking cambiaríais las posiciones, el sexo entraría en el top ten (o no) y meteríais cosas que no están en mi lista. Vale. Es obvio. Pero he querido pasaros mi ranking de cosas que más felicidad me aportan en la vida porque, quizá, puede ser un ejemplo de cómo el placer, en general (comer, dormir...), y el placer sexual en particular, no son ni lo único ni lo más importante en nuestra vida. Y, sin embargo, muy a menudo, pienso, nos dejamos dominar por el deseo para colmar ese placer. El deseo se convierte en el guía de de nuestras decisiones y conductas, le dejamos ponerse al mando.

Y esto pasa mucho, creo, en las relaciones, con el deseo y el placer sexual. Y nos impide, a veces, conectar de una manera más genuina con otras personas. Porque si yo conecto contigo para culminar mi deseo y satisfacer mi placer, puede que vaya a actuar como creo que debo actuar para conseguir ese objetivo. Es un contacto con un fin... más allá del simple contacto, de la simple interacción, del simple estar y verte. Y mostrarme. Como soy. Sin deseo. Sin apego. Sin ego. Sin máscara. Sin intenciones ocultas. Sin "usar y tirar". Solo estar, verte, dejarme ver, sentir, jugar, a un juego el que nadie gana ni pierde, en el que solo cabe el disfrute... y quizá un poco de amor.

El placer es cojonudo. De lo mejor que hay (he puesto comer y dormir en el 3 y 4, y el sexo es el 11, que no está nada mal). Pero hay otras cosas que nos aportan mucha felicidad y, quizá, más felicidad que el mero placer. De hecho, hay actividades que no son placenteras, porque requieren esfuerzo, constancia, compromiso, como el trabajo o desarrollar una actividad creativa, pero que nos aportan mucha felicidad, porque, al fin y al cabo, la felicidad es un sentimiento que trasciende el placer. Nos sentimos felices cuando nos sentimos orgullosos, plenos, autorrealizados. Y cuando sentimos que conectamos con otras personas más allá de las sensaciones del cuerpo, de una manera emocional, y sentimos que formamos parte de algo, llámese ese algo grupo, tribu, familia, mundo o universo.

El sexo, ya te digo, ¡el sexo es la hostia! Pero, después de haber leído esto quizá te plantees si está siendo un motor demasiado importante sobre tu conducta y tus relaciones humanas. O no.

Cuestiona todo lo que digo, que la duda nos acerca más a la verdad.

Si te gustó el post, no te lo quedes solo para ti, porfa, comenta y comparte. ¡Deja tu propio top ten (o top thirteen, lo que prefieras) de cosas que te hacen feliz.

Si te gusté yo, hago terapia en consulta en Málaga y online para todo el mundo.
Tengo un libro para follarte la mente ;) titulado La dictadura de la felicidad. Y, ¡ah!, este sábado 10 de junio hago el Taller Cuentoterapia, en el que contaremos y analizaremos en grupo historias para nuestro desarrollo personal y nos atreveremos incluso a contar la nuestra con ejercicios de escrituraterapia. Como he mencionado antes, las historias son mi number one en mi top, soy un enamorado de las historias, ya que nos dan placer (intelectual) y al mismo tiempo aprendemos y crecemos con ellas. Así que, si estás en Málaga para la fecha, ¡no te lo pierdas!

Y recibe, con mucho amor (lo mejor del mundo y que no he puesto en la lista porque en realidad ya está en la mayoría de las cosas de mi top thirteen), ¡este abrazo!