jueves, 30 de junio de 2016

¡TENGO DERECHO A ENFADARME!

Recientemente sucedieron dos acontecimientos en España que han hecho cabrearse (enfadarse, irritarse) a muchas personas:
  • La celebración de Elecciones Generales.
  • La eliminación de la Selección Española en la Eurocopa.
Cuando las cosas no salen como uno quiere, se enfada. Es normal, es natural, y es incluso bueno expresar ese enfado. Si no lo sacamos, se queda dentro. Los medios y formas que usemos para expresar ese enfado ya dependen de la responsabilidad personal de cada uno. No es lo mismo un grito de rabia que coger una silla y estampársela en la cabeza a alguien. Pero no me voy a detener a explicar la diferencia porque no es mi misión hablar sobre ética en este post.

Lo que trato de defender aquí es que, como seres sintientes que somos, tenemos derecho a enfadarnos, a patalear, a sacar espuma por la boca... Bueno, supongo que hasta cierto límite.

Existen, no obstante, ciertos facilitadores de nuestros enfados, y conocerlos es bueno para aprender a manejar la ira:
  • Wayne Dyer en su libro Tus zonas erróneas postulaba que podemos no enfadarnos, que cuando lo hacemos es porque nos empeñamos en no aceptar que lo que es, es.
  • Existe un fenómeno, un sesgo cognitivo (trampa de la mente) llamado la ilusión de control que consiste en pensar que podemos controlar eventos, situaciones o comportamientos ajenos que escapan de nuestro control.
  • Pensar que el mundo debe ser justo con nosotros, no entender ni tolerar las diferencias individuales, y la rigidez mental son otros factores que facilitan el que salga a flote nuestra ira.
Bien, supongamos que una vez que sabemos esto, me propongo concienzudamente aceptar que las cosas son como son, que no he de forzarme a controlar eventos (¡y menos personas!) que están fuera de mi margen de maniobra, y reconocer que el mundo tiene una parte injusta, que no todos pensamos y actuamos de la misma manera y que es bueno adaptarse a cada tiempo y situación, entonces... ¡Hala, ya no me enfadaré nunca más!

... Meeeeg! Error. Wayne Dyer, desde mi modesta opinión, estaba equivocado: es imposible que puedas no enfadarte nunca. Y estaba equivocado porque Dyer no era perfecto. Y seguramente, ésa es la primera cosa que podemos aprender a aceptar:

No eres perfecto.
Ni vas a serlo nunca.

Además, no es lo mismo enfadarse que estar cabreado con el mundo y con la vida, ni lo mismo expresar tu enfado que ser un gruñón. Actuar sobre todos los facilitadores que he comentado antes te servirá, sin lugar a dudas, para que los malos humos no sean los protagonistas de tu vida. Pero, como siempre, se trata de controlar = decidir qué protagonismo le das a ciertas emociones; no se trata de reprimir.

Tras las elecciones del domingo se vieron en las Redes Sociales multitud de posts, twitters  y memes que suponían una vasta demostración de cómo aquéllos que sintieron que sus ilusiones se habían desvanecido, canalizaron toda la frustración y la ira de ese momento. Exactamente igual tras la derrota de la Selección. El sentido del humor es un ejemplo bastante claro de cómo me libero de mi ira, precisamente, a través de la expresión de mi ira.


Y no es, sin embargo, una manera de expresión-liberación totalmente indolora para la otra parte, ni mucho menos. Habrá mucha gente que se habrá molestado con ciertos chistes, bromas y comentarios, y no porque los futbolistas de la selección sean millonarios se convierten en seres insensibles a las críticas. Pero es inevitable molestar o dañar, como totalmente evitable es guardarse las emociones para que crezcan dentro de nosotros, como totalmente evitable es que una emoción dirija nuestros comportamientos.

Por eso, cuando manifiestes tu indignación, rabia o enfado, y alguien te desapruebe por hacerlo, recuérdale:
  1. Eh, que nadie es perfecto.
  2. Lo siento, pero el mundo no es justo.
  3. ¡Al menos no te he estampado una silla en la cabeza!
Abrazos.

lunes, 20 de junio de 2016

NO VOY A HACERTE FELIZ

Hoy 20 de Junio es el Yellow Day (la antítesis de Blue Monday), el día que, según una fórmula realizada entre algunos meteorólogos y psicólogos, es el más feliz del año, a consecuencia de las temperaturas intermedias, las horas de luz, la cercanía de las vacaciones y la paga extraordinaria de verano.

Vaya... una tontuna más hecha por gente con mucho tiempo libre, pero que a mí al menos me da pie a escribir el post de esta semana. 

Y es que, cositas como éstas del Yellow Day (o incluso cositas como publicar cada semana un post sobre felicidad, bienestar, crecimiento personal, etc.) se contradicen, en apariencia al menos, con la idea que transmití en mi post anterior, "Permítete", o en otros como "La dictadura de la Felicidad", y que básicamente consiste en:

Tienes derecho a sentirte infeliz,
no tienes la obligación de ser feliz, siempre.

Sin embargo, cuando "siempre" estamos recibiendo mensajes "positivos" que nos dicen qué debemos hacer para ser súper felices, parece que hay una contradicción, parece que se nos obliga a la fuerza a estar bien, todo el tiempo, porque detrás de esos mensajes, incluso detrás de este post en que claramente te digo que no, NO, no tienes que ser feliz a la fuerza todo el tiempo, parece que en el fondo te estoy diciendo: "Haz caso a lo que te digo, que para eso soy psicólogo, y si me haces caso... ¡serás feliz todo el tiempo! :D "

Si es eso lo que quieres interpretar. Si es eso, lo que quieres interpretar... Es como el dicho, "la gente oye lo que quiere oír". Algunas personas parece que están buscando en blogs, grupos de Facebook, o video-tutoriales una solución mágica a sus problemas, cuando la única solución no-mágica a sus problemas es:

Responsabílizate tú, de tus problemas.
Toma decisiones, ejecuta acciones acordes a esas decisiones.
Si no puedes hacer nada: acepta que no puedes hacer nada.

Y aún así esto no te servirá para ser absolutamente feliz para siempre, porque eso no existe. Pero desde luego, lo que no te hará nada feliz, es encomendarte por completo a un tipo como yo. ¿¿¿Yo??? ¡Ja! Yo soy sólo un viajero, como tú, en este viaje hacia la felicidad que no tiene fin ni destino. Y creéme, me he perdido tantas veces como tú, o más.

Incluso cuando trabajo como psicólogo, mi tarea no consiste en hacerte feliz. Se hace feliz la persona (y por supuesto, no todo el tiempo). Hace poco leí de Jorge Bucay que la labor del psicólogo consiste básicamente en estar atento a las señales. Yo estoy atento, y cuando veo una señal te la indico, pero amigo, amiga, el camino lo haces tú, no yo.

Exactamente igual que en terapia, cuando me lees (o lees a un análogo a mí). Hay señales que hay que tener en cuenta para no perderse mucho. Te las señalo:
  • Cuidado con las expectativas. La mayoría de nosotros (incluso Paulo Coelho, creo) no te estamos diciendo que debas ser lo más feliz posible todo el tiempo. No te lo decimos incluso cuando no te lo decimos pero aparentemente te lo decimos. ¿Por qué nos llevamos esa impresión a veces entonces? Porque cuando nos dan orientaciones parece que en seguida debo (de nuevo el pesado y molesto debo) ponerme bien. No. Date tiempo. Te indicamos señales, no te empujamos (o al menos no es lo que muchos pretendemos hacer).
  • Cuidado con el compararse. Estoy mal, oigo o leo un mensaje positivo, oigo o leo mensajes de gente dando las gracias porque el mensaje positivo les ha servido para "ver la luz", y entonces tiendo a pensar que yo soy el único que está mal, y tan mal que soy incapaz de ponerme bien incluso cuando todos los demás pueden. De nuevo un error basado en un pensamiento sesgado, lleno de juicios incorrectos y conclusiones inexactas. 
  • Trata de analizar cuán útil es el mensaje que te están haciendo llegar. Como con cualquier opinión o consejo, habrá algunos que te sirvan y otros que no, pero no porque sean consejos completamente inútiles (que también los hay), sino porque a ti no te sirve, aunque le sirva a otra persona, o porque te podía servir en otro momento de tu vida, pero no en éste. Por eso los posts, las conferencias o las "frases bonitas" nunca podrán sustituir la labor que se hace en terapia, con la persona, durante su momento.
Es fantástico que la psicología haya llegado a todas las casas a través de blogs, canales de vídeo y demás, pero cuando quieras ayuda, pídela. Yo, o quien sea que escojas para darte su ayuda, seremos absolutamente incapaces de hacerte feliz, pero te aseguro que muchos pondremos toda nuestra ciencia y paciencia a tu servicio para que cuando esa ayuda termine, no te importe nada de nada de nada, nuestra absoluta incapacidad para hacerte feliz. 

Un abrazo.

jueves, 16 de junio de 2016

PERMÍTETE

Permítete...

Permítete estar mal. Permítete no hacer nada por cambiarlo. No siempre tienes que hacer algo obligatoriamente para conseguir estar mejor. A veces, sólo hay que dejar que pase el tiempo, ya que nada sana las heridas como él.

Permítete parar. En un mundo que va demasiado rápido y en el que constantemente hay que estar ocupado, permítete relajarte, o pasear, o leer, o tomarte un baño caliente o... No hacer nada, nada de nada, en absoluto, durante el tiempo que quieras.

Permítete fallar, fracasar, ser mediocre, abandonar... No eres una máquina de conseguir objetivos y resultados. Puede que sea lo que te han enseñado, pero no lo eres. Alcanzar metas, obtener cosas... Puede que sea algo que desees, pero no es ni lo necesario ni lo suficiente para sentirte bien. No busques fuera, lo que está dentro de ti.

Permítete decir que no. Permítete las decepciones, las malas caras, las críticas, los reproches, los rechazos... No puedes caerle bien a todo el mundo, en todo momento. Hagas lo que hagas, siempre encontrarás desaprobación. Es inevitable, no lo puedes controlar. Pero sí controlas la medida en que eso te afecta.

Permítete decir te quiero sin tener ninguna garantía de que te dirán te quiero.

Permítete sexo

Permítete hacerme daño. Sé que no lo quieres hacer y que si realmente te importo, cuando lo hagas, luego, me pedirás perdón, y que si tú me importas a mí, yo te perdonaré. Permítete que te dañen. No que te odien, ni que te maltraten, pero sí que te dañen, porque la mayoría cuando lo hace, es porque se equivoca, y puedes permitir que se equivoquen igual que puedes permitirte equivocarte.

Permítete ser tú. Muéstrate, desnúdate, di lo que piensas, expresa lo que sientes, ríete si quieres reírte aunque pueda parecerte que no es el lugar y momento adecuado. Haz de lo inesperado tu oportunidad para dejarte ser.

Permítete ser feliz. Porque al fin y al cabo, eso es permitirse: dejarte ser feliz. Cuando te permites estar mal, fracasar o que te rechazen, te estás diciendo a ti misma: "No dejo de ser feliz por esto". Hazte una pregunta: ¿cuántas sonrisas has encontrado tras una lágrima? En mi caso, han sido muchas. 

Permítete pedir ayuda. A veces, un psicólogo es el amigo que te da la llave para huir de la Zona de Autocensura y pasar a la Sala del Permiso. La transición la haces tú, yo sólo te indico dónde están las señales. Pero es que a veces (¡tantas veces!), nos perdemos las señales, que por eso es bueno pedir ayuda.

Vivimos en un mundo construido a base de "debo" y "tengo que" y "hay que"... Yo quiero vivir en mundo con más "quiero". Yo hoy me permito pedirte ayuda para que el AMOR le gane la partida al MIEDO.

Y un abrazo.

martes, 7 de junio de 2016

SUPERAR EL DESAMOR

El principio...

Al principio conoces a una persona. Sueñas a esa persona. Sientes a esa persona. Dejas que te sienta. Y todo eso es percibido de manera tan intensa por ti, que parece que no haya nada más que esa persona. Pero lo hay.

Luego, algo pasa. Y ese algo, o ese cúmulo de "algos", transforma el conocimiento en incertidumbre, los sueños en temores, los sentimientos se confunden y se vuelven contra ti. Parece que no hay más. Pero lo hay.

Esa persona se va. Ya no está. Bien porque se alejó de ti, bien porque la alejaste, bien por ambas cosas. Y ahora sientes que sólo queda el recuerdo perpetuo de su ausencia. Y no más. Pero lo hay.

Siempre estuviste tú ahí. Siempre estás. Pero en algún momento del camino, te perdiste. Quizá al principio, por dar todo tu amor y olvidarte de guardar para ti. Quizá al final, por pensar que si la otra persona ya no quería tu amor, no te merecías tampoco el tuyo propio.

Y sin amor, sin el único amor que incondicionalmente siempre puedes recibir, el tuyo, te encuentras perdido o perdida, sin rumbo fijo, divagando entre recuerdos de un pasado que no fue nunca un punto de partida, y ensoñaciones de un futuro que no lleva a ningún lugar.

Perdido o perdida, porque no ves el fin. ¿Hacia dónde voy yo ahora? No hay camino, si no hay sitio a donde ir. Pero, una vez más, lo hay.

Ve hacia ti.
  • Recupera amistades o conoce gente nueva.
  • Márcate proyectos o metas que te estimulen.
  • Pasa más tiempo con la gente que quieres.
  • Haz cosas que te gusten.
  • Aprovecha tu soledad para conocerte mejor, para sentirte mejor.
  • La pérdida del otro, puede significar el reencuentro contigo.
  • Re-enamórate de ti.
Conozco a alguien que superó su desamor cuando se dio cuenta de que cada minuto que pasaba pensando en la otra persona, era un minuto que desperdiciaba no disfrutándolo con los que más quería y que más le amaban: familiares, amigos, compañeros...

Y si crees que está solo o sola, recuerda:

Cuando te sientas perdido o perdida, no olvides nunca que un final, puede ser el principio de algo mejor:


Este viernes 10 de Junio haré un Taller para Superar el Desamor en el que daré las claves para comprender las fases del duelo tras una ruptura sentimental y qué podemos hacer para superar ese proceso, desarrollando una personalidad más fuerte, positiva y feliz. Si estás en Málaga para la fecha, espero verte por allí. Y si no, mucho amor, y que no falte nunca el auto-amor. Abrazos.

martes, 31 de mayo de 2016

LA AVENTURA DE DEJAR DE FUMAR

Hoy es el Día Mundial Sin Tabaco. El consumo de esta droga legalizada es una de las primeras causas de mortalidad. Sin embargo, el tratamiento psicológico para superar la adicción a la nicotina se lleva aplicando desde hace décadas, con éxito. Por eso, he aquí una serie de orientaciones que te pueden ayudar a convertirte en un Nuevo No Fumador.

3 Fases para superar la adicción al Tabaco:
  1. Fase de preparación. Lo primero que tiene que hacer una persona que quiere dejar el tabaco es... ¡querer dejar el tabaco! Tiene que estar convencido de que quiere hacerlo, y motivado para hacerlo. No puedes obligar a nadie a dejar el tabaco, por mucho que sepas que le conviene. No te cargues la responsabilidad que le corresponde a otro para dejar su vicio al tabaco. Conozco gente que se ha sentido culpable por no conseguir que un familiar, que finalmente murió por su consumo de tabaco, dejara de fumar. ¡No eres tú quien toma esa decisión! Lo que si puedes hacer es ayudar a alguien que quiere dejarlo pero no se atreve porque no sabe si será capaz o porque intuye que lo pasará mal. ¡Claro que lo pasará mal, los síntomas de la dependencia son muy molestos! Pero se superan. Muéstrale que los beneficios que conseguirá son mucho más importantes: estar más sano, vivir más y mejor, recuperar el olfato y el sabor, respirar más intensamente... Y trata de convencerle de que puede hacerlo enseñándole modelos positivos de tu entorno, personas que conozcas que han conseguido dejar de fumar. Sé un apoyo, un motivador, un compañero... Pero nunca te cargues ese peso sobre tus hombros si eres tú la persona no fumadora.
  2. Fase de abandono. Una vez que has tomado la decisión: actúa. Deja el tabaco. ¿Poco a poco o de golpe? Si bien hay estudios que avalan que es más eficaz dejarlo de forma abrupta, hay otros que defienden que dejarlo poco a poco puede servir para quienes hacerlo de golpe les genera mucha ansiedad. La clave: confía en ti. Tú quieres hacerlo, y puedes hacerlo, y eso es mucho más importante que el método que escojas que, en cualquier caso, no será perfecto. Consejos para esta fase: sustituye el hábito de fumar por un hábito sano (hacer deporte, pasear, escapadas a la naturaleza...); evita el estrés, en la medida de lo posible, y aquellos ambientes o personas más ligados a tu consumo de tabaco; y como en la primera fase, el apoyo social es un facilitador del éxito: que tu familia, amigos, compañeros, etc., sepan que estás dejando de fumar y te refuercen verbalmente por ello (por cierto, hazlo tú también, recuerda que eres la persona con quien más hablas a lo largo del día). Puede ser que el apoyo social no sea suficiente y te venga bien un apoyo profesional: un médico, un psicólogo, ambientes comunitarios... Si es así, ¡estupendo!, ¿cuál es el problema?, estás librando una de las batallas más importantes de tu vida, así que cualquier ayuda vendrá bien.
  3. Fase de mantenimiento. En esta fase, además de seguir haciendo todo lo demás, prestamos especial atención a las recaídas. Un primer cigarrillo después de mucho tiempo sin fumar (porque alguien te lo ha ofrecido y te ha pillado con la guarda baja, porque estás atravesando una etapa de estrés...), puede significar la excusa perfecta para bajar los brazos y decir: "¡Hala, ya está, tenían razón todos los que no creían en mí, soy un fumador y nunca dejaré de serlo, no puedo con esto!", pero por mucho que te digas estas palabras, no dejarán de ser una excusa para justificarte el tirar la toalla. O por el contrario, ese primer cigarrillo, no tiene por qué ser interpretado como algo más que una anécdota. Las recaídas son algo que se presupone en cualquier proceso de desintoxicación. En esta aventura, está permitido dar pasos hacia atrás, porque esos pasos no te devuelven al principio de la carrera. Si lo haces, si te sucede, míralo así, como un simple paso atrás que no te saca del camino sino que te sirve para ponerte en alerta y seguir atento sobre la dirección que te has macado. No dejes la carrera, continúa, y que tu recaída te haga más fuerte para llegar hacia la meta.
Cada día hay personas que mueren a causa del tabaco. Pero también cada día hay personas que consiguen dejarlo y disfrutar más así de su salud y de su tiempo con los suyos. Espero, de corazón, que este post te inspire para convertirte en una de esas personas. Tú, y nadie más que tú, puede hacerlo. Y estoy convencido, de que serás capaz de hacerlo. Un abrazo y besos... sin humo.

miércoles, 25 de mayo de 2016

CUIDA LO QUE TE DICES

En el último post, La Opresión del Todobienismo, explicaba que no tenemos por qué condicionar nuestro bienestar emocional al hecho de hacer una tarea de manera eficaz, a ser lo que se espera de nosotros, o a que las cosas vayan por el camino por el que pensamos deberían ir.

Hacer las cosas bien, o que la fortuna nos sonría, no son condiciones ni necesarias ni suficientes para sentirnos bien. Sentirse bien es una elección que adoptamos. Si bien no podemos, ¡ni debemos!, reprimir emociones que no meteríamos a priori en el "saco de las emociones positivas", sí controlamos quedarnos con esas emociones, arrastrarlas, permitir que dirijan nuestra conducta y que nos limiten, paralicen o bloqueen.

No elegimos sentir, sentimos sin más.
Pero sí elegimos soltar o quedarnos con la emoción.

La llave que cierra o abre la puerta a la emoción es nuestro propio diálogo interno.

Nos hablamos a nosotros mismos. Muchas veces a lo largo del día. De hecho, es posible que seamos la persona que más nos habla. Y nuestro diálogo interno, al igual que el externo, está muy influenciado por variables ambientales y culturales. Es decir, por nuestros aprendizajes:
  • "Si no te portas correctamente se reirán de ti".
  • "No lo sabes hacer, ¿es que eres tonto?"
  • ¡Dame torpe, yo lo haré por ti!"
  • "Si lloras es porque eres una nenazas".
  • "¿No tienes novio?, eso es que eres muy fea.
  • "¡No tienes amigos porque eres un nerd!
Y pasan los años y el Eco de esos aprendizajes se sigue reproduciendo en nuestras mentes, sólo que ahora somos nosotros quienes nos bombardeamos con esos mensajes. Y nos llamamos tontos o inútiles por no saber hacer algo, nos clasificamos como débiles por emocionarnos, nos menospreciamos si no tenemos pareja, o nos automarginamos por ser diferentes. 

No lo hacemos por gusto, no somos masoquistas. Todos estos mensajes negativos tienen un fin: culparnos y castigarnos. Porque si me culpo y castigo mucho cuando no haga las cosas bien, eso me incentivará para hacerlas mejor, y entonces, sólo entonces, podré ser feliz. MENTIRA: 
  1. No hay sentimiento más inmovilizador que la culpa. La culpa coarta el cambio. La culpa es la excusa perfecta para decir "es que soy así".
  2. El castigo no produce conductas nuevas. Las puede erradicar, pero no sustituir por otras más eficaces.
  3. Y sobre todo: ¿por qué esperar a ser feliz sólo cuando las cosas te salgan bien? Y si cambiases el planteamiento. Y si por un momento...
Y si por un momento la vida no fuera como nos han dicho siempre, y fuera así:

No necesito que todo sea bien para sentirme bien.
Necesito sentirme bien para que todo sea bien.

Porque así, incluso aunque todo no sea bien, que seguramente no todo lo será... estarás bien.

Entonces: cuando hayas fallado, cuando no conseguiste lo que querías, cuando decepcionaste a alguien o cuando todo el Universo pareció ponerse de acuerdo para conspirar contra ti, por qué no pruebas a:
  • Quitarle hierro al asunto.
  • Reírte de ti mismo de una manera sana, sin maldad.
  • Recordarte que no eres perfecto... ni existe nadie que lo sea.
  • Poner el foco de atención sobre tus cualidades positivas.
  • Ser tan amable contigo como lo eres con la gente a la que respetas y quieres.
  • Quererte. Demostrártelo con palabras de aprecio, con autoamor.
¿Qué puede fallar si lo haces, qué puede ir mal? ¿Que no aprendas, que no te esfuerces entonces por ser lo suficientemente bueno? ¿Bueno para quién...?

Sé bueno para ti, lo primero, y luego, más fácilmente, podrás serlo para el resto.

Recuerda: el mundo está lleno de gentes con culpas, castigándose a sí mismo o los unos a los otros. Por eso las guerras, por eso los resentimientos y los odios. Pero allá donde siembres amor, recogerás amor.

¿A qué esperas para poner tu semilla...?

jueves, 19 de mayo de 2016

LA OPRESIÓN DEL TODOBIENISMO

"Átate bien los zapatos, saca buenas notas, pórtate correctamente, habla bien, come bien, lávate bien..." Bien, BIEN, BIEN.

Hemos sido bombardeados con mensajes como éstos desde pequeño. Día tras días, a través de nuestros padres, profesores, curas, amigos y compañeros, los anuncios, Barrio Sésamo... Y se han pasado un poquito de rosca.

Esta bien hacer las cosas bien. Bien en cuanto a su ejecución y resultado, bien desde una perspectiva ética y moral. Es deseable, es agradable, y es bueno para los individuos y colectivos.

El problema aparece cuando me creo que DEBO hacer SIEMPRE bien TODO lo que me proponga. Porque si no es así, seré un GRAN FRACASADO y lo único que me mereceré será sentirme muy, muy desgraciado por ello.

Vale... ¿Y si te propusiera hacer justo lo contrario? ¿Y si durante una semana te permitieras... no, te empeñaras en hacerlo todo mal?
  • Comer con las manos.
  • No llamar a tus padres.
  • Dejar la cama sin hacer.
  • Ducharte lo justo.
  • Vestirte con ropa que no combine, o sucia, o arrugada.
  • No cumplir con tus rutinas ni tareas domésticas.
  • Pasar de tus compromisos sociales.
  • Escupir en la calle, sacarte mocos delante de todo el mundo, e infringir otras reglas de decoro.
  • Hacer chistes o bromas de mal gusto.
  • Mandar a tomar por culo al de Jazztel.
  • Llegar tarde.
  • No terminar tu trabajo ni quedarte haciendo horas.
  • Atreverte a hacer cosas que no sabes o no sabes si sabes hacerlas.
  • SALTARTE TODAS LAS NORMAS QUE TE APETEZCA SALTARTE.
La única norma que no puedes saltarte es ésta: no te sientas culpable por hacer o no hacer nada de aquéllo.

No te alarmes. Es un experimento de sólo una semana. Por supuesto, hacer o no hacer este tipo de cosas durante toda la vida no es lo más deseable, ni para ti ni para los demás. Tus padres podrían deshederarte, tus amigos acabarían pasando de ti, y el de Jazztel terminaría por coger una fuerte depresión (y el pobre no se lo merece, que también es persona).

Pero... ¿y darte el gusto durante una semana? ¿Qué pasaría?

¿Qué pasaría?

Pues así pensando, veo un posible riesgo y un posible beneficio.

El posible riesgo es que le acabes cogiendo demasiado gusto y te conviertas en un guarro, un maleducado y un tirano egoista. Aunque, ¿de verdad piensas que una semana te va a transformar tanto?

El posible beneficio es que quizá, sólo quizá, aprendas que...

Hacer las cosas bien es importante y nos gusta.
Sentirnos bien es más importante y nos gusta más.

Si en tu vida sacrificas mucha felicidad por obtener un rendimiento excelente en tu trabajo, estudios o proyectos, por caer bien a los demás o por mantener un comportamiento ético y estético intachable, quizá no sea mala idea empezar esa semana.

Porque quizá descubras que el sentimiento de libertad que aparece cuando nos libramos de la opresión del "todobienismo" es mucho más grande y positivo que la satisfacción de hacer algo bien.

Y que no necesitamos hacer todo bien, para sentirnos bien, porque sentirse bien, ya está bien.

Un abrazo.