martes, 29 de septiembre de 2015

EL MEJOR TIPO DE RELACIÓN SENTIMENTAL

Las personas somos lo que aprendemos...

Y cuando más aprendemos, porque nuestro cerebro es como una esponja que lo absorbe todo, es en la infancia. Por eso hoy sabemos que los primeros años de aprendizaje son determinantes en la formación de la personalidad de los individuos.

Durante esos años, o por precisar más, cuando somos bebés, aparece lo que se conoce como el apego: los vínculos de afecto, cariño y seguridad que el niño establece con los adultos que le rodean. Según se hayan forjado esos vínculos, es muy probable que el individuo desarrolle un estilo de apego en su vida adulta que afectará, sobre todo, a aquellos vínculos más íntimos, como por ejemplo, el de la pareja.
Así, se han encontrado que existen tres tipos de apego en las relaciones de pareja:
  • El apego ansioso. O como yo lo llamo: "el koala". Esas personas que siempre sienten la necesidad de estar con la pareja y no saben convivir con su soledad. Caen fácilmente en rutinas obsesivas y comportamientos de celotipia.
  • El apego distante. El otro extremo: "el lobo solitario". Necesitan constantemente espacio para sí mismos y se sienten invadidos en cuanto alguien entra en él. La exigencia excesiva y la frialdad en sus emociones son mecanismos de defensa que usan para defender ese espacio.
  • El apego seguro. También llamado apego adulto o maduro. Es el punto intermedio entre los otros dos. Se respeta el espacio exclusivo de cada miembro de la pareja al mismo tiempo que se construye y fortalece un espacio compartido.
... pero nunca dejamos de aprender, por eso las personas no somos, nos transformamos.

El apego seguro se ha demostrado como el más sano y el que mejor bienestar reporta. Los cimientos de este tipo de relaciones son la buena comunicación, la confianza mutua y la ausencia de egos, valores que los psicólogos que trabajamos con parejas defendemos a ultranza. No por capricho o ideología, sino porque simplemente sabemos que es lo que funciona.

Está bien que uno se dé cuenta de que ha adquirido determinados patrones de pensamiento y/o conducta por malas experiencias de aprendizaje, pero eso no puede servirnos de excusa para el repetidísimo (sobre todo en terapia de parejas) "yo es que soy así".

Es importante detectar hoy aquello que no funciona, que nos genera problemas o malestar, y sustituirlo o transformarlo por lo que funciona.

El motor del amor no puede ser el miedo. Miedo a que me deje, a que me lo roben, a que me conozca demasiado o miedo a que me haga daño. El motor del amor es y deber ser, sólo amor.

jueves, 24 de septiembre de 2015

UN TRUCO PARA DESCONECTAR

Hoy día vivimos en la vorágine de la celeridad.

Y es que no sin razón, un antiguo paciente me decía: "No falta tiempo, sobran las prisas".

Cada día nos proponemos hacer montones de tareas: trabajo, curso online, clase de inglés, deberes de los niños, súper, lavadora, gimnasio, el perro... Y conseguir que nos dé tiempo a todo convierte cada día en un desafío de proporciones gigantescas. Sin embargo, se puede, y sin perder la cabeza en el intento.

Pero no en pocas ocasiones el problema radica en la cantidad de tareas que hacemos a lo largo del día, sino en que después de finalizada una tarea e iniciada ya la siguiente, somos incapaces de desconectar de la anterior. Y no nos concentramos en las explicaciones del profesor de inglés u olvidamos por despite recoger la caquita de nuestra mascota. 

Nuestra mente se encuentra literalmente secuestrada, bien porque nuestro cerebro ha pasado demasiado tiempo fijando sus capacidades en una tarea específica y ahora le cuesta adaptarse a otra distinta, bien porque no cesamos de tener rumiaciones del tipo "vaya tonterías me ha tocado soportar hoy de mi jefe" o "¡glups!, se me olvidó poner la lavadora,tú verás cuando se lo diga a mi mujer..." 

Sin embargo el problema mayor no son los despistes que pueden ocasionarnos esas rumiaciones o la falta de atención, sino el perdernos momentos verdaderamente valiosos y que son los que dan un significado especial a nuestras vida: una conversación con los amigos, un encuentro romántico con nuestra pareja o la última ocurrencia de nuestro hijo. Parece como si pasáramos por esos eventos con el piloto automático, y eso nos impide disfrutar como se merecen esas pequeñas píldoras de felicidad.

El Mindfulness o Atención Plena es la capacidad de la mente que nos sirve para, precisamente, prestar atención al único tiempo y lugar en los que el ser humano puede ser feliz: el aquí y ahora. Como capacidad que es, se puede desarrollar y entrenar (en esta mismo blog puede consultar los talleres que hago, y espero hacer uno de Mindfulness antes de que acabe el 2015). 

Pero hoy quería hablarte de una estrategia que requiere menos tiempo y que puede ser también muy útil para desconectar y concentrarnos en una nueva tarea, por ejemplo cuando terminamos la jornada de trabajo (cuántos se sentirán identificados con este ejemplo, ¿verdad?).

El truco es muy sencillo. No lo hagas todo seguido. Para, haz una pausa entre tarea y tarea. Pero una pausa de verdad, no una pausa para mirar el móvil, o conducir y meterte en un atasco, o cambiarte de ropa para ir al gimnasio. No, tu cerebro te está pidiendo a gritos que durante un momento lo pongas en stand by. Hazlo o... ¡se sobrecalentará!

¿Y qué hago en esa pausa? Nada. Absolutamente nada, o lo más mínimo. Asomarte por la ventana y ver la gente pasar, tirarte a la cama y fijar la vista en el techo, tomarte un té con todo apagado y en silencio. ¿Cuánto tiempo? El necesario: 10 minutos, 5 ó sólo 1. De hecho, este famoso vídeo que te presento a continuación, te explica cómo meditar en tan sólo en 1 minuto. Una actividad también muy recomendable en la que invertir esa pausa.


Y es que recuerda: no hay falta de tiempo, sólo gente con prisa. Parar el motor es lo que mejor funciona para después volver a ponernos al volante de nuestro propio vehículo interior. Abrazos.

martes, 15 de septiembre de 2015

GRATITUD


¡Gracias, gracias, gracias...!

No se me ocurre otra palabra que escribir, y la escribiría mil veces más, para mostrar mi alegría por alcanzar el post nº100, y por que me hayáis acompañado en este largo recorrido en el que semanalmente he compartido con vosotros pequeñas dosis de bienestar y crecimiento personal. Yo he crecido mucho. Espero que vosotros también. ¡¡¡Graaaciaaasss!!!

Además, numerosos estudios científicos evidencian que la gratitud produce efectos beneficiosos sobre nuestra salud mental, reduciendo la ansiedad y la depresión, nos hace dormir mejor y ser más resilientes, y fortalece las relaciones (y si no pincha aquí). Así que cuando expresas gratitud haces feliz a alguien, pero también te das felicidad a ti mismo. 

Existe un vídeo que ha sido viral y que muestra el efecto que puede provocar la gratitud en las personas. No dejéis de verlo, os emocionará:


No puedo olvidarme en este momento de un grupo de personas muy especial: mis pacientes y los participantes de mis talleres. Cualquiera diría: "Vaya, son ellos los que deberían darte las gracias a ti", pero la verdad es que siento una enorme gratitud hacia ellos, porque con ellos aprendo cada día a ser mejor profesional... mejor persona. Por eso, les dedico este post.

Y es que cuando nos acordamos de lo afortunados que somos
por estar rodeados de ciertas personas, y damos las gracias,
las penas se nos hacen más pequeñas.

A por 100 más. Continúa el viaje, ese viaje que nunca acaba, al centro mismo de la felicidad.

¿Me acompañas? 

lunes, 7 de septiembre de 2015

¿UNA CANCIÓN TRISTE PARA UN DESAMOR?

En un post anterior explicaba los beneficios de la música y la Musicoterapia (disciplina que usa la música para promover, prevenir y rehabilitar la salud), sobre el bienestar mental y emocional.

Hoy me hago (te hago) la siguiente pregunta: ¿puede ser la música perjudicial para nuestro estado de ánimo?

Imaginaos por ejemplo a 1) alguien que acaba de sufrir un desamor y se encierra en su cuarto a escuchar canciones de Pablo Alborán. 2) O alguien que se siente fatal por estar melancólico y se pone un disco de jazz o blues. 3) O alguien que se siente intranquilo y se pone heavy metal, 4) o alguien que se quiere concentrar en el estudio y le da por oír reggaeton.

5) O imaginaos a un psicólogo que le dice a su paciente, una persona que acaba de salir de una relación: "Lo que debe hacer usted es dejar de escuchar canciones de Pablo Alborán que no hacen más que recordarle a su pareja, y oír este CD que le he grabado con canciones súper positivas".

No sé qué piensas tras todos estos ejemplos que te he dado, porque desgraciadamente no puedo interactuar contigo (estaré encantado de que añadas comentarios a mi post), pero te invito a reflexionar sobre ello, antes de leer mi propia panorámica del asunto:

La música es maravillosa, tenemos que sentirnos dichosos nada más que por el simple hecho de que exista, y por otra parte gracias a la Ciencia hoy sabemos que la música puede ayudarnos a regular nuestras emociones y hacernos sentir mejor o incluso facilitar procesos cognitivos como la atención y concentración.

Pero la música, aunque terapéutica, no es la panacea de nada, y más allá de un buen uso o mal uso de la música, puede haber múltiples factores, como distorsiones cognitivas o hábitos disfuncionales, que sean los que mantienen o acrecientan el malestar emocional.

Dicho esto, centraré mi análisis en cada uno de los ejemplos anteriores, tomando como base lo que acabo de exponer:

1) Aquí el problema no reside en escuchar a Pablo Alborán (allá cada cual con sus gustos musicales) sino en "encerrarse en su cuarto". Oír canciones de desamor tras un desamor, puede ser muy malo para algunas personas o muy bueno para otras, porque puede ayudarlas a sacar su tristeza. Pero la inactivación conductual es un facilitador de estados depresivos.

2) De nuevo aquí lo que se está haciendo mal no es oír jazz o blues, que son estilos musicales que evocan nostalgia o melancolía, sino sentirse fatal por darse cuenta de que estás triste. No pasa nada si lo estás, no es trágico, ni siquiera dramático, y tampoco pasa nada por acompañar ese momento con una banda sonora triste... si eso te ayuda a superar el momento.

3) Aunque se ha estudiado que los diferentes estilos musicales tienden a provocar distintos estados emocionales, no hay que generalizar, y cada estilo o canción puede provocar efectos dispares según la persona. El heavy metal es posible que relaje a un heavilongo, como quizá ponga de los nervios a alguien que guste de estilos más tranquilos.

4) La música, como dije antes, puede ayudarnos a concentrarnos. Pero es importante tener en cuenta que las personas somos unitarea, no multitarea. Si las actividades que estamos realizando implican a un mismo área del cerebro, nuestra capacidad de atención se verá mermada. Por eso es mucho mejor para concentrarse en el estudio o lectura la música clásica, instrumental o la cantada en un idioma que no conozcamos.

5) La palabra "debe" ya nos remite a la dichosa Dictadura de la Felicidad: hay que ser feliz siempre, bajo cualquier circunstancia. Y por supuesto... ¡súper positivo! Tienes derecho a sentirte triste, y además la tristeza es una de las etapas necesarias para superar el proceso de un duelo romántico. Y sí, incluso tienes derecho a oír a Pablo Alborán. :p

La música puede ayudarnos a sentirnos mejor (o peor), pero no podemos obviar otros factores que influyen en nuestros estados de ánimo, siendo el más importante de todos ellos nuestra propia actitud: la actitud es lo que puede convertir una canción triste en la canción más alegre y necesaria para ese momento.

Hablaremos de música, musicoterapia, emociones y actitudes en el Taller de Musicoterapia y Psicología Positiva que imparto este Sábado 12 de Septiembre junto a Macarena Martínez. Si estás en Málaga, espero verte allí, y estés donde estés... ¡que la música te acompañe!

miércoles, 2 de septiembre de 2015

EL DUELO ROMÁNTICO



Artículo publicado en Psicocode en Julio de 2015. 

El duelo romántico o duelo por ruptura sentimental es un proceso de ajuste emocional después de la pérdida de la relación de pareja. Este proceso incluye diferentes etapas que no se dan de forma ordenada, sino que pueden solaparse y mezclarse, pero hay que pasar por ellas para superar el proceso. Estas etapas son:



·      Impacto. Nos quedamos en shock. No nos creemos lo que nos ha pasado. “¿Cómo es posible que se haya terminado lo nuestro si iba a ser para siempre?”

·      Negación. La incapacidad de aceptar que se ha terminado. “Esto es sólo pasajero, ya volverá, y si no, ya la recuperaré”. Altamente perjudicial sobre todo esa última expectativa.

·     Tristeza. Sensación de vacío. La pena fácilmente lleva en esta etapa a la depresión, que es cuando nos estancamos en ese estado emocional, y ahí es cuando se vuelve muy recomendable solicitar ayuda de un psicólogo.

·      Culpa. Se tiende a pensar qué es lo que se hizo mal, lo que no se hizo, lo que se podría haber hecho distinto para retener a la otra persona… Y se menosprecian las responsabilidades del otro.

·      Ira. Hacia la otra persona, aunque también hacia personas ajenas a la relación, como familiares o amigos. Nos percibimos como víctimas que han sufrido una injusticia y sacamos una rabia y rencor exagerados.

·     Aceptación. Aceptar que la relación ha terminado es el principio del fin del proceso; nos liberamos de esa relación que ahora ya forma parte del pasado y recuperamos nuestra energía para invertirla en el aquí y ahora.

·    Reconstrucción. Cuando dejo de prestar atención y energía en el pasado, empiezo a ocuparme de mí mismo y de mis necesidades y deseos. Como por ejemplo, conocer a alguien y empezar una nueva relación.



A continuación voy a daros una serie de orientaciones consensuadas en el marco de la psicoterapia sobre lo que se debe hacer y no se debe hacer para facilitarnos la superación de un proceso de duelo romántico. Pero la primera y más importante es: hay que pasar por el proceso de duelo romántico. Es decir, hay que experimentar sus etapas, y eso supone pasar por el dolor que nos provoca la ira, la culpa o la tristeza. El proceso no tiene una duración estándar, y según los estudios puede durar de tres meses a tres años, cómo veis, un margen diferencial bastante amplio. No hay fórmulas mágicas, pero sí hay cosas que se pueden hacer y no hacer para que ese proceso no se eternice y no se viva de manera tan intensa.



  1. Lo primero: conocer el duelo romántico y sus etapas. Así que si no estuviste atento al principio del artículo o directamente te lo saltaste, vuelve a empezar. Saber que las emociones por las que pasas después de una ruptura, aunque dolorosas, son normales, ayuda a desdramatizar y a no desesperarte, en definitiva: a no sentirte peor por sentirte mal.
  2. Corta cualquier forma de contacto con la otra persona. Elimínala del Facebook, bloquéala en el whatssap, borra sus fotos del ordenador… Durante este proceso de duelo se produce lo que se conoce como el efecto de la mariposa en llamas. ¿Sabéis de esos insectos que no pueden evitar acercarse a la luz a pesar de que el calor que irradia puede llegar a matarlos? Pues eso. Aléjate de las llamas, por mucho que te atraiga su luz.
  3. No idealices. Otro efecto muy común que se produce durante un proceso de duelo romántico es la atracción por la frustración. Imaginaos: nuestra relación con la otra persona iba fatal, nos tirábamos los trastos a la cabeza y, sin embargo, ha sido terminar y de repente pensamos que era perfecta, nuestra media naranja… Estamos idealizando, como cuando nos enamoramos de esa persona. Y es que nos atrae lo que no tenemos. Evita esa idealización recordando lo que para nada merecía la pena, lo que no te gustaba o incluso llegabas a odiar.
  4. Ocúpate de tu vida. Que durante el duelo emociones como la tristeza y la rabia estén muy presentes, no es incompatible con que sigas trabajando, saliendo con tus amigos, asistiendo a reuniones familiares… Aunque no tengas ganas, fuérzate un poco, ya que en la medida en que seas capaz de recuperar tu vida normal, antes saldrás del proceso.
  5. Y sobre todo, ni se te ocurra llegar a la conclusión de que porque se te esté haciendo largo o porque todavía te acuerdes de él/ella, eso significa que nunca te recuperarás del golpe. Date tiempo, no te culpes por tener recuerdos. La duración de un duelo, como ya dije, es muy variada, y nadie, ni el mejor psicólogo del mundo, te puede asegurar que tu proceso de duelo durará X.

Pero yo lo que sí te puedo asegurar es que se sale de ese proceso. Piensa que el mundo está lleno de corazones rotos. Sólo hay que ponerles una tirita… y esperar que sanen.

Os dejo para terminar un fragmento literario que creo que describe de forma magistral el proceso de duelo romántico... y su superación:


martes, 25 de agosto de 2015

LA ESCRITURA-TERAPIA


Artículo publicado en Psicocode en Mayo de 2015.

“Soy de ese tipo de personas que no acaba de comprender las cosas hasta que las pone por escrito.” Haruki Murakami, Tokio Blues.


Creo que la siguiente imagen describe visualmente bastante bien lo que quería decir el amigo Murakami.



Las personitas del SXXI vivimos con la atención focalizada casi en exclusiva hacia lo externo. Normal: TV, publicidad, Facebook, Whatsapp… Es la era en la que más estímulos externos recibimos, fruto del auge de las nuevas tecnologías. Por ello, no estamos acostumbrados, ni educados, a prestarle atención a lo interno, a nuestro mundo interior: sensaciones, pensamientos y emociones. Pero…

Eso no quiere decir que nuestro mundo interior no requiera nuestra atención.

Si bien desde la psicología sabemos que la introspección excesiva se asocia con la depresión (bucear demasiado dentro de uno mismo puede hacer que te “ahogues”), la realidad es que la tendencia actual no es ésa: huimos de nuestro mundo interior, por miedo a encontrarnos con habitantes desagradables, que no nos gustan: emociones incómodas, pensamientos negativos, dolor… Es la consecuencia lógica que se deriva de “bucear” en otros pantanos, los del hedonismo. Somos parte de una sociedad que venera el placer y rechaza el dolor. Sin embargo, el dolor forma parte de la vida.

Y por mucho que huyamos de él, hay veces en las que toca a la puerta. Y cuando nos tapamos los oídos para no oírle, grita. Y cuando dejamos pasar el tiempo, el conflicto que generó aquel dolor se une a nuevos conflictos que acaban atascándose en nuestro mundo interior y provocando un embrollo psicológico como el del hombre de la viñeta.

Existen diferentes maneras para desembrollar, a través del contacto con nuestro mundo interior. Una es el diálogo interno, otra la meditación o mindfulness centrada en las emociones, y otra es sobre la que quiero extenderme ahora: la Escritura-Terapia.

¿En qué consiste la Escritura-Terapia? Precisamente en escribir sobre tus sensaciones, emociones y pensamientos. No sólo eso: también contextualizar (describir la situación), cómo han influido esos eventos internos en tu actitud o conducta, qué respuesta has dado, cuáles han sido las consecuencias. También puedes escribir una alternativa, una especie de happy-end, por ejemplo: “Ahora entiendo que estar continuamente dándole vueltas al problema sólo me genera tristeza y agobio, así que voy a ponerme a hacer algo que me entretenga para salir de este estado”.  Y ya puestos, para los más duchos en el arte de escribir, podéis poneros con la Escritura-Terapia Creativa: escribir un cuento, una poesía o un post puede ser una magnífica herramienta para liberar emociones.

Facilidades para la Escritura-Terapia: no se limite por pensar que lo tiene que hacer muy bien, la finalidad de esta herramienta no es publicar un libro, así que no se bloquee porque no encuentre la expresión gramatical más correcta para expresar sus ideas, simplemente escríbalas. Acepte que a veces puede resultar una tarea incómoda, porque vamos a escribir sobre sensaciones, pensamientos y emociones que no nos gustan, pero al final resulta un ejercicio sanador; es como cuando sales a correr o vas al gimnasio: te cansas, te duele, pero cuando te metes bajo la ducha, ¡ah, qué relax! Y al principio, como todos los hábitos, costará más, encontrará mayor resistencia a hacer uso de la Escritura-Terapia, pero así pasa cuando nos proponemos iniciar cualquier actividad nueva: cuesta arrancar, pero luego todo va sobre ruedas.

Utilidades de la Escritura-Terapia: facilita la expresión y comprensión emocional; nos sirve para ordenar ideas y descubrir conflictos internos; nos proporciona un análisis de la relación entre lo que pensamos y sentimos y nuestra propia conducta y su funcionalidad; potencia nuestra autoconciencia y autoconocimiento; sirve para desahogamos; conseguimos observar nuestro estado interior desde una perspectiva externa y neutral, etc.

La gran ventaja de la Escritura- Terapia: con el Mindfulness tratamos de observar la experiencia interna como meros espectadores a través de la Meditación. Con la Escritura-Terapia este propósito se puede alcanzar de manera más sencilla, porque las sensaciones, pensamientos y emociones quedan capturadas en palabras, sobre el papel. La relevancia y el sentido de fatalidad que adquieren esos eventos internos cuando se mueven dentro de nuestro yo y no los afrontamos, se reduce ahora a un “mero texto que estoy observando, que tengo delante mía, y que no puede hacerme nada”. 

Y esas sensaciones, pensamientos y emociones dejan ya de dominarnos. Ahora que las tengo delante, puedo enfrentarme a ellas. Y entonces, entonces por fin soy libre.

 

jueves, 20 de agosto de 2015

LA PSICOLOGÍA POSITIVA CONTRA LA INDEFENSIÓN APRENDIDA



Artículo que publiqué en Psicocode en Marzo de 2015: 

¿Conocen el experimento de Seligman a partir del cual definió su constructo de Indefensión Aprendida? Trataré de explicárselo de manera breve: Martin Seligman metía a dos perros en diferentes jaulas y en ambas recibían pequeñas descargas eléctricas, pero uno podía librarse de la descarga accionando una pequeña palanca con el hocico mientras que el otro no. Al pasar a otra fase del experimento a este último perro se le pasaba a una jaula en la que sí podía liberarse de la descargar si accionaba la palanca, y sin embargo, al contrario que su compañero, no aprendía a hacerlo. Se quedaba quieto, esperando que le viniera una descarga, y otra, y otra…


Eso es Indefensión Aprendida: pensar que hagamos lo que hagamos no servirá de nada, que no cambiarán las cosas, y que lo malo no se irá. Esta sensación de fuerte desesperanza aparece de manera bastante común en la depresión clínica. Cuando nos deprimimos es porque pensamos que “ya está”, “esto es así”, o “no puedo hacer nada”. Por eso la apatía, por eso el aislamiento, por eso las ideaciones suicidas. Seligman había descubierto una de las raíces más profundas de los estados prolongados de tristeza.


Así que años más tarde decidió que no quería pasar a la posteridad por eso. No quería ser recordado por un concepto negativo. Y entonces se reunió durante varios meses con colaboradores y amigos para sentar las bases de la Psicología Positiva: un enfoque distinto de hacer psicología que se justifica por que la Psicología siempre ha puesto el foco de atención sobre el problema y sus causas, sobre la ausencia, sobre la enfermedad, y rara vez lo ponía sobre las fortalezas y las virtudes de las personas, sobre lo que sí se tiene y es bueno, sobre aquello que nos hace felices.


Así, Martin Seligman pasó de ser el descubridor de la Indefensión Aprendida a ser considerado el padre de la Psicología Positiva, y si aquélla se considera causa y síntoma de los estados depresivos, es la Psicología Positiva la que más se esfuerza por encontrar las herramientas, recursos y hábitos que nos pueden sacar de éstos.


Sin embargo, si algo ha cambiado para bien el auge de la Psicología Positiva en el mundo, es porque ya no se trabaja sólo para prevenir y curar la enfermedad mental. Ahora nos dedicamos mucho a promocionar la salud mental y emocional. El desarrollo de Internet y las Redes Sociales pone de manifiesto que existe un sinfín de personas en el mundo interesadas en la psicología, la Inteligencia Emocional, la potenciación de la autoestima y el crecimiento personal. No son personas a las que se les pueda ni deba diagnosticar con un trastorno de la personalidad o una patología clínica. Simplemente… Quieren ocuparse de su bienestar. No quieren aprender idiomas, o informática, o cualquier cosa que les capacite más en su respectiva profesión, quieren aprender a ser más competentes y eficaces en la gestión de su propio bienestar personal.


Dice Eduardo Punset en su libro El viaje a la felicidad que antes los hombres y las mujeres vivíamos sólo 30 años (es una media, provocada por las enfermedades, las guerras, y el hambre de entonces). Con tan poco tiempo por delante el ser humano sólo podía preocuparse casi en exclusiva de una cosa: sobrevivir. Y ahora, cuando nos encontramos con unas cuantas décadas más por delante nuestro cerebro tiene que resolver la siguiente incógnita: ¿qué narices hago yo con mi vida ahora?


Desde diversos estamentos, como la política, la religión, los medios de comunicación, la publicidad o la cultura, se nos ha querido dar respuesta a esa pregunta. Se nos ha dicho: “No te preocupes, no te devanes mucho los sesos… Yo te diré qué hacer” Y el resultado ha sido: consigue un trabajo, cómprate un coche y una casa, cásate, ten hijos, promociona, gana más dinero, gástatelo, gana más… Y algunos han hecho todo eso y de repente han pensado que ya no había más que hacer, y que sin embargo les faltaba algo, ¿y cómo se han sentido? Exacto…


Como dentro de una jaula. 

Abre la puerta de esa jaula, y empieza a buscar tu propia felicidad. Psicólogos como yo, como Seligman o como tantos otros, podemos ser un buen guía en esa búsqueda, como también lo puede ser un amigo, un hermano, o un compañero. Déjate asesorar, pero que nadie te marque el camino con exactitud, pues a la felicidad se llega por donde uno mismo elige caminar. Y sobre todo, nunca dejes de buscar, porque la felicidad nunca se encuentra. Y eso es sin duda, lo más bonito de este viaje.