miércoles, 3 de octubre de 2018

ESE PEQUEÑO GRAN HIJO DE PUTA LLAMADO EGO

Igual que en las cajetillas de tabaco antes ponían que fumar puede ser perjudicial para su salud (ahora son menos políticamente correctas y más fieles a la realidad y por eso ponen "fumar mata"), allá por donde fuéramos deberíamos ver avisos que nos recordaran que el Ego puede ser tremendamente perjudicial para nuestro bienestar emocional.

Pero, ¿por qué? O antes de nada, ¿qué es el Ego?

Definiciones del Ego hay muchas, muchísimas, y te animo a investigar sobre el tema, porque es muy interesante, y para hacerte tu propia idea sobre qué el Ego. Yo me permitiré, humildemente, compartir la mía contigo:

El Ego es el producto de la consciencia.

Al ser seres pensantes, inevitablemente, tenemos consciencia, es decir, conocimiento de nuestra propia existencia, y ese conocimiento deriva en la proyección mental de nosotros mismos. Y ese "Yo mismo", es el Ego.

Es decir, el Ego es lo que piensas que piensas, que sientes, que dices y que haces. Lo que piensas que eres. Pero tú ERES, más allá de esa consciencia. Aunque no tuvieras mente y por tanto ni pensamientos ni consciencia.

Los perros son, por ejemplo. Pero los perros no tienen Ego. Y sin embargo un perro (al igual que un gato, al igual que un toro...) puede sufrir, ¡claro que puede sufrir! Porque lo que los animales sí tienen son emociones. Entonces pueden sentir tristeza, miedo, ansiedad, estrés, rabia... Si les maltratas, se estresan, sufren, y ese sufrimiento puede incluso derivar en una depresión.

Pero lo que no hará nunca un perro es decirse: "qué vida más perra tengo" o "vaya mierda de perro que soy".

Entonces, cuando sufrimos (porque nosotros también somos seres sintientes, por supuesto, lo seríamos incluso sin Ego), y el pequeño yo que hay en nosotros en forma de consciencia nos dice que lo que te ha hecho sufrir tú te lo has buscado, que lo que te ha hecho sufrir forma parte de ti mismo, que te define, y que has caído en vergüenza o desprestigio frente a los demás (porque el Ego al fin y al cabo es mi "Yo mismo" en el mundo, junto a los demás), añades sufrimiento al sufrimiento.

Cuando sufres y te identificas con el sufrimiento a través de la identidad que tu consciencia proyecta de ti mismo, tu identidad se ve resquebrajada, y al dolor propio del sufimiento, se le suma ese dolor: el del Ego herido.

La solución no pasa por matar a ese maldito bastardo. Pero tampoco pasa por sobreprotegerlo. Si nos centramos en cuidar nuestra propia imagen, nuestro "Yo mismo" en el mundo, sin duda encontraremos multitud de señales que amenazan su integridad.

Si en lugar de eso me oriento a no darle tanta importancia a lo que soy o lo que pueda ser para los demás, y me enfoco más en sentirme bien, puede que para muchos otros Egos mi "Yo mismo" no encaje en el perfil de un Ego feliz...

... y que a mí me dé igual, exactamente igual...

... porque me sienta bien,  muy, muy bien.

Este sábado 6 de Octubre haré en Málaga el Taller de Psicología Positiva, Bienestar y Crecimiento Personal: "¡Soy infeliz y me alegro!", en el que hablaremos, debatiremos e incluso jugaremos sobre el Ego, la mente, las emociones y la autoestima. Para aprender en grupo a ser cada uno de nosotros un poquito más felices... o no, ¡y no montar un drama por ello!

Si estás en Málaga allí te espero y si no, como siempre, recibe este enorme abrazo. 

martes, 25 de septiembre de 2018

ME DAN MIEDO LOS HOMBRES

De 2015 a 2017 tuve el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestábamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Fue una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevé y que quiero compartir con vosotros, publicando algunas de las consultas más destacadas que tuve la oportunidad de contestar.

Esta semana: ME DAN MIEDO LOS HOMBRES. Un caso real sobre una situación de abuso sexual, las repercusiones psicológicas que deja en la persona, y los factores de resiliencia a tener en cuenta para superarlas.

CONSULTA


Últimamente por las noches siento una gran tristeza y muchas ganas de llorar que no me dejan concentrarme en otras cosas. Nunca he tenido una pareja, no siento interés, puesto que siempre que tengo un hombre cerca me da miedo, inseguridad y me incomoda mucho. Además no me siento bonita y atractiva. Veo pornografía y me masturbo frecuentemente, casi a diario, ya que me excita, pero a veces creo que es excesivo, y sin embargo no logro detenerme. Cuando tenía 5 años un primo abusó sexualmente de mí. Fue sólo una vez, y yo no comprendí lo sucedido hasta que tuve 12 años, sólo podía recordar el miedo y el llanto. Nadie de mi familia sabe lo que me ocurrió, a pesar de que ellos son buenos conmigo. ¿Todo esto que me pasa es normal, puedo hacer algo, alguien me puede ayudar?

RESPUESTA

Cuando una persona pasa por una situación de abuso, el impacto emocional que provoca esa experiencia es tan fuerte que emoción y recuerdo quedan conectados. Es como si cada vez que recordáramos, quedáramos atrapados por la fuerte reacción emocional que desencadenó el trauma, y lo reviviéramos. Sin embargo, cuando somos capaces de compartir nuestra experiencia, nos alejamos de la emoción y le damos un sentido y un significado a lo ocurrido, lo que facilita factores de resiliencia que ayudan a superar ese trauma.


Contárselo o no a tu familia es una decisión muy personal que sólo puedes tomar tú. Pero compartirlo con personas cercanas en las que encuentres empatía, comprensión y apoyo, será bueno para ti. Al compartir tu caso con nosotros, ya lo has hecho, así que te doy la enhorabuena por ello.

Y es que hay dos formas de salir de un trauma: debilitado, o fortalecido. Cuando comentas que no te sientes bonita y atractiva, es por eso que sientes ese miedo e inseguridad hacia los hombres. Trabajar por tanto tu autoconcepto y tu autoestima, a través de terapia o talleres de crecimiento personal. Será clave para ti, para aceptarte y cambiar así tu relación contigo misma, que será lo que cambie tu relación con los hombres.

La masturbación es algo natural y sano, y la frecuencia de este acto varía mucho en función de cada persona, sólo surgen problemas cuando es tan frecuente que te impide hacer otras actividades. Si no sucede así, si la masturbación no supone una interferencia en tu vida normal, ésta es sana, los sentimientos de culpa asociados a la masturbación no lo son, ni están justificados, ni te son útiles.

Por último, todo lo que te pasa no es ni normal ni anormal, ni raro ni corriente. Es lo que te pasa. Lo que te ha pasado. Pero NO TODO lo que te ha pasado. Aceptar lo malo, y poner el foco de atención en lo bueno y en lo que puedo hacer por mejorar y sentirme mejor conmigo mismo, es la actitud que marca la diferencia entre las personas que sucumben ante las adversidades de la vida, y aquellas que se levantan y logran seguir avanzando y ser felices. Ánimo, puedes hacerlo. Un abrazo.

jueves, 20 de septiembre de 2018

¿QUÉ HAGO CUANDO NO ME QUIERE?

Hay veces en la vida que conocemos a alguien y, ¡BUM!, explosión hormonal dentro de nuestro cuerpo y una pequeño ser acampa en nuestro cerebro: nos hemos enamorado. Nos gusta esa persona, queremos estar con esa persona, ¡queremos tener hijos con esa persona! O al menos una mascota, para quienes no les gusten los niños. Pero, ooooh, él o ella, no siente lo mismo.

¡Pero hay otras veces en la vida que sí siente lo mismo! Y es maravilloso, me siento correspondido, hacemos cosas juntos, construimos complicidad y confianza, pasamos momentos idílicos, nos apoyamos el uno al otro, compartimos nuestros cuerpos, mentes y emociones, nos amamos... Hasta que otro día, más adelante, por las razones que sean (¿rutina, conflictos, otra persona...?), esa persona, ooooh, deja de sentir lo mismo, ya no me quiere.

En ambos casos, es normal, absolutamente normal, sentir decepción, tristeza, vacío, soledad, frustración... Dolor emocional, al fin y al cabo. Este dolor emocional no es malo, ¡al contrario!, es necesario para superar la pérdida: la pérdida de algo que se esperaba o algo que se había construido. Por tanto, es bueno y necesario pasar por esas emociones para superar el desengaño o duelo, para recuperarse, tras la pérdida, a uno mismo. Pero no son de esas emociones dolorosas de las que vengo a hablar en este post, sino de una emoción a priori "positiva" (no existen las emociones buenas y malas, todas pueden ayudar... o complicarnos la vida, según cómo las manejemos). Yo quiero hoy hablar de la esperanza.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Y a veces, añado yo, debería ser lo primero. Porque tanto en un caso como en otro, la esperanza, esa pequeña rendija que queda abierta, es la que hace que nos peguemos de cabeza una y otra vez contra una puerta que en realidad está completamente cerrada y no tiene ninguna fisura.

Y eso, duele más. Duele mucho más pegarse una y otra vez contra esa puerta.

Si le has dicho a la otra persona lo que sientes, si esa persona también te lo ha dicho y ha sido clara y franca contigo, si siendo pareja habéis tratado de superar las dificultades y no ha podido ser o bien la otra persona no quiere seguir intentándolo (y en su derecho está), ¡claro que siempre puede haber una posibilidad de que cambie de opinión, de que finalmente la conquistes, de que vuelva contigo!, la posibilidad es lo posible, lo que puede ser y, lo que puede ser, no existe. Así que mi pregunta es: ¿qué haces aferrándote a algo que no existe o dejó de existir, en lugar de agarrar tu vida, tu presente, lo que existe?

Sólo podemos ser felices con lo que es,
NUNCA con lo que NO es.

¿Has dejado claro que quieres estar con esa persona, has manifestado tu convicción de que la sigues queriendo? Muy bien, ya está, queda en calma, queda en paz. Lo has hecho, has hecho tu trabajo. Si Mahoma ha ido a la montaña, y el acceso a la montaña estaba cerrado, que sea la montaña la que te avise cuando su acceso quede abierto y, mientras tanto, por si eso no llega a pasar, no te olvides de visitar otras montañas, y playas, ríos, ciudades, pueblos...

Si estás enganchado a alguien, es normal que te duela no estar con esa persona y tendrás que pasar tu duelo. Pero si estás enganchado a la idea de estar o volver con esa persona, se sufre muchísimo y durante más tiempo. Y éstas son algunas de las cosas que puedes hacer para dejar de hacerlo:

1. Acepta lo que esa persona te está transmitiendo: no es no. No nunca es "a lo mejor sí", "sigue intentándolo y ya veremos", "continúa insistiendo y cambiaré mis sentimientos". Los sentimientos de la otra persona no cambian por nuestra insistencia, cambian porque la otra persona cambia, y eso corresponde a su esfera personal, no es nuestro problema, deber o trabajo. La pelota, como suele decirse, está en su tejado. Si subes a cogerla puede que te caigas y te rompas una pierna. Es su casa, deja que sea esa persona quien ordene su casa.

2. Toma distancia. Una de las acciones que más ayudan a superar una ruptura sentimental es la comunicación 0: quítate de sus RRSS, bloquea su whatsapp, no cojas sus llamadas, etc. Si te gusta un amigo o amiga y quieres seguir manteniendo su amistad, da al menos un paso atrás. La "zona amigos íntimos" no es una zona segura, al menos no mientras sigas enganchado/a emocionalmente a esa persona.

3. Deja de idealizar a la otra persona. El amor de tu vida no existe. Existe el amor, y existe tu vida. Tendemos más a enamorarnos de lo que pensamos de la otra persona que de lo que la otra persona realmente es. Piensa en sus defectos, ¡sí, efectivamente no es perfecta!, y si habéis tenido una relación, recuerda que no todo fueron buenos momentos.

4. Acércate a las personas que SÍ te quieren. ¿Qué haces perdiendo el tiempo con alguien que no lo hace? ¿Por una vana esperanza de que en algún momento de su vida sí lo hará? ¿Y qué hay de tu vida, de tu vida hoy, y de la gente que te quiere, que te valora y que quiere hoy compartir esa vida contigo? Valora a esas personas, no les des la espalda, no las subestimes, no las desprecies... Y quizá lo estás haciendo cada vez que vas buscando de nuevo, una y otra vez, a la otra persona.

5. Proyéctate hacia tu futuro con ilusión. Si la otra persona te dijo que no, "dijo" está en pasado. Si te dijo que te ha dejado de querer, "ha dejado" está en pasado. Allí, en el pasado, no haces nada, no existe la posibilidad de ser feliz, sólo puedes serlo aquí y ahora, construyendo un aquí y ahora que te proyecte hacia un futuro ilusionante para ti: llena tu vida de proyectos, metas, objetivos. Empieza una nueva vida, la que tú quieras vivir, convierte ese "no" en un gran y fuerte SÍ a otras muchas más cosas que enriquecerán tu vida, quizá de una forma que nunca pudieras haber hecho con la otra persona.

En definitiva, éste es un post para que nunca, nunca jamás pierdas la esperanza. La esperanza en ti mismo, y en que tu felicidad no la encontrarás en otras personas, sino siempre, dentro de ti.

¡Un abrazo! 

miércoles, 12 de septiembre de 2018

COSAS QUE HACEMOS MAL CUANDO ALGUIEN SE SIENTE MAL

La Inteligencia Emocional no es sólo la capacidad de comprender, expresar y regular nuestras emociones. Es también la capacidad de comprender, expresar y regular las emociones de los demás.

Muchas de las situaciones que se dan en nuestras vidas, se dan con otros. Y así como es importante mantener la calma en momentos difíciles, estimularnos para alcanzar objetivos, o no caer en la desesperación, puede serlo también: aprender a relajar a una persona que está perdiendo los nervios, motivar a un grupo con el cual compartimos una meta, o apoyar a alguien que está pasando por una etapa complicada.

Nuestras interacciones con los demás implica compartir emociones. Los otros, aunque no las expresen, las transmiten, con sus gestos, con sus actitudes. Y puede suceder entonces que ante esa transmisión, haya un error de codificación o interpretación. Que si alguien se siente mal, sobre todo si es un ser querido, ¡se me enciendan entonces todas las alarmas y mi cerebro, absolutamente alertado por tal grave situación, me de la orden: "¡actúa inmediatamente, resuelve este problema AHORA!".

Y por culpa de ese alarmismo y precipitación, solemos hacer cosas como:

- Decirle a la otra persona lo que tiene que hacer. "Tú lo que tienes que hacer es olvidarte de él o ella. Tú lo que tienes que hacer es ver el lado bueno de las cosas. Tú lo que tienes que hacer es..."

- Invalidar sus sentimientos. "¿Por qué te sientes así? ¡Si lo tienes todo, TODO, no deberías sentirte así, tienes que..."

- Presionarla a hacer actividades. "¡Venga, anímate, sal con nosotros y ya verás como te sientes mejor, ¿cómo que no?, claro que sí, te recojo ahora mismo!"

- Mostrarle sus defectos o puntos débiles. "Es que eres muy negativo, es que eres demasiado sensible, es que te lo tomas todo a la tremenda".

- Reprocharla y culparla por cómo se siente. "Si no hubieras hecho tal, si me hubieras hecho caso... ahora no estarías así".

- Compararla en sentido negativo con otras personas. "Mira como es fulanito, ¿por qué tú no puede ser igual que él?"

- Ignorarla. "Bah, bueno, se te pasará, me voy a jugar al pádel".

- Tratar de cambiar su ánimo enseguida. "Deja de llorar, ¡vamos, sonríe!

La verdad es que... nada de eso ayuda mucho a la otra persona. Porque lo que necesita seguramente es un espacio en el que poder sentirse mal, permitírselo, y compartirlo con alguien que la escuche, que la comprenda y que empatice con ella. Seguramente todo lo que necesita esa persona es:

"Lo siento, entiendo cómo te sientes"

Y como mucho añadiría:

"¿Qué crees que podemos hacer?"

Y si no lo sabe, da igual, no pasa nada, no tiene por qué saberlo, no tienes tú tampoco por qué saberlo. Hay veces que lo único que se puede hacer es SENTIR la emoción, porque las emociones se extinguen sintiéndolas, de ahí la importancia de permitirse estar mal...

... para dejar de estar mal.

Este sábado 15 de Septiembre hago en Málaga el Taller de Inteligencia Emocional, para ayudarnos a comprender, expresar y regular mejor nuestras emociones, y las de los demás. Es la segunda vez que hago este taller, la primera experiencia fue muy enriquecedora y espero que ésta lo sea más aun. ¡Así que espero verte allí!

Y una última cosa: además de todo lo dicho, una mano sobre la suya, un abrazo, un beso, un gesto cómplice... también ayudan muchísimo. Así que recibe de mi parte, como siempre, ¡un enorme abrazo!

miércoles, 5 de septiembre de 2018

TRES COSAS HAY EN LA VIDA

Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor, dice la canción. Hoy sabemos que hay muchas más cosas aparte, sin embargo todavía nos referimos a estos tres elementos como los imprescindibles para tener una vida feliz. Si tenemos amor, dinero y salud pareciera que el trabajo ya está hecho, y no es así. Y si nos faltara alguna de estas tres cosas, pareciera que no pudiéramos sentirnos bien, y tampoco es así.

¿Por qué no es así? Porque lo demuestran estudios científicos que se han hecho al respecto y que revelan que las personas con mucho dinero no son significativamente más felices que las que tienen ingresos medios o incluso bajos, además de que hay muchos ricos que son infelices y muchos pobres que están encantados con su vida. Lo mismo pasa con el amor: no hay grandes diferencias entre los grupos de solteros y casados y sí mucha variabilidad intragrupal (es decir muchos solteros infelices y felices y lo mismo en el grupo de los casados) y exactamente igual con las personas que han tenido un accidente o enfermedad que ha deteriorado su salud de manera crónica: al principio sí se sienten peor, pero una vez que aceptan su enfermedad y se adaptan a ella (por ejemplo en el caso de las personas que pierden la movilidad de las piernas tras un accidente de coche), consiguen ser tan felices como cualquier otra persona.

Pero entonces, ¿no hay un factor común, no existe algo que tengan las personas que son más felices y que no lo tengan la más desdichadas? La mayoría de estudios encuentran que sí. Que, independientemente de que existan muchas, muchísimas variables que provoquen emociones agradables a personas muy distintas, sí que existe ese elemento diferenciador: la personalidad.

La personalidad es el conjunto de rasgos psicológicos que determinan patrones de respuesta más o menos estables ante los estímulos. O dicho de otra manera: la personalidad es lo que marca la actitud con la que enfrentamos la realidad. Y la actitud es lo que más define nuestro grado de bienestar subjetivo: felicidad.

Nuestra personalidad y su manera de proyectarse al mundo mediante nuestra actitud, puede definirse mediante tres pilares básicos:

1. Cómo pienso lo que me pasa.
2. Cómo pienso sobre mis emociones.
3. Y cómo me pienso a sí mismo.

Así, es evidente que una persona, independientemente de su nivel de ingresos, estado de salud o situación sentimental, si piensa que su vida es una mierda, que sus emociones son terribles, y que es la criatura más desastrosa que hay en el Universo, se sienta mucho menos feliz que una persona que, insisto, al margen de sus circunstancias, piense que su vida, con su más y su menos, no está nada mal, que no dramatice sobre sus emociones dolorosas, y que, sabiendo de sus fortalezas y debilidades, se valore a sí mismo.

Este planteamiento puede llevar a creer que la felicidad es una cuestión pasiva porque me pase lo que me pase lo importante es que me lo tome bien. No es así, claro que las circunstancias influyen en el bienestar percibido, pero es sobre todo cómo percibo, interpreto y actúo con mis circunstancias, lo que marca la diferencia. Si mi actitud es buena, eso provoca que ponga en marcha recursos más útiles para afrontar las circunstancias.

La pregunta del millón: ¿la personalidad cambia? Ésta se forma en los primeros años de aprendizaje del individuo, componiendo como he dicho antes, un conjunto de rasgos bastante fijos y de respuestas muy estables en el tiempo. Pero claro que cambia, porque hay numerosos estudios que lo demuestran, que revelan que el cerebro tiene flexibilidad y que cambia, se transforma. No es que nosotros dejemos de ser los mismos, simplemente se producen cambios en esos patrones recurrentes que definen lo que somos.

Y otra pregunta del millón: ¿entonces si tengo una personalidad que me predispone a tener una buena actitud ante la vida, voy a ser feliz? No, claro que no. Pero porque "ser feliz" en realidad, no existe, ya que la felicidad no es un estado permanente, sino una emoción, y como tal, es transitoria. Sin embargo, una buena actitud te facilita más sentimientos de felicidad en las buenas, menos sufrimiento en las malas.

Por lo tanto, sí, tres cosas hay en la vida:

1. Pensar bien.

2. Cuidar los sentimientos, procurándose emociones agradables y permitiéndose emociones dolorosas.

3. Valorarse a uno mismo.

Y quien tenga estas tres cosas que no le dé gracias a Dios, sino a su propia personalidad y actitud. Y quien no las tenga o crea que deba mejorarlas, que acuda a un psicólogo, que para eso estamos.

Para seguir aprendiendo, junto a ti, a sentirnos un poquito más felices. ¡Un abrazo!   

miércoles, 29 de agosto de 2018

LOS 7 AUTOS DEL YO

Durante este mes de Agosto estaré de vacas en el blog y, aún así, el blog no parará: cada semana revisaremos algunos de mis posts más antiguos y populares. Esta semana:


LOS 7 AUTOS DEL YO

Se nos enseña de pequeños a relacionarnos con los demás. A decir "hola" y "buenos días", a no interrumpir las conversaciones ajenas, a dar las gracias, a pedir perdón.

También se nos enseña a relacionarnos con el medio ambiente: a que no se debe tirar basura al suelo, a que hay que respetar la vida animal y vegetal, a cuidar y organizar nuestras cosas y la de los demás.

Pero, ¿y qué pasa con la relación con uno mismo? ¿Se nos ha enseñado algo de éso o más bien... se ha dado por sabido? La persona con la que más nos relacionamos a lo largo del día es: uno mismo. Pero eso no significa que sepamos tratarnos. Ni mucho menos...

En la relación que entablamos con nuestro Yo, hay 7 autos, 7 "con uno mismo" que hay que tener en cuenta, y cuidar, para que esa relación sea sana y nos proporcione más bienestar personal. Éstos son los 7 Autos del Yo:

  1. Autoexploración. El acto de conocerse a uno mismo. Pregúntate qué te gusta de veras. Analiza cuál es tu escala de valores. ¿Y tus fortalezas, tus defectos, tus miedos, tus sueños?
  2. Autoconocimiento. Es el conocimiento de uno mismo, al que se llega a través de la autoexploración. Si sabes realmente quién eres, podrás relacionarte mejor contigo mismo. Cuando sabes qué quieres llegar a ser, ése es el principio del viaje.
  3. Autoconfianza. Conocer nuestros recursos personales, saber que nuestros defectos son mejorables, localizar una meta y tener la convicción de que podemos alcanzarla... Todo éso nos devuelve información sobre nosotros mismos que nos aporta confianza para superar nuevos retos.
  4. Autoeficacia. Y cuando nos ponemos a ello, cuando nos enfrentamos a los retos, adquirimos percepción de autoeficacia: confirmamos que con nuestros propios recursos, podemos lograrlo, y eso redunda en más autoconfianza. Autoeficacia y autoconfianza se retroalimentan entre sí.
  5. Autocompasión. Pero no siempre se puede. Y en esos casos es importante permitirnos y perdonarnos el fallo, el fracaso. Autocompasión es ser amable con uno mismo, es decirse cuando se falla: "Uy, la cagué, no pasa nada, la próxima vez mejor".
  6. Autoestima. Es la valoración de uno mismo. Quererse a uno mismo. Con sus defectos y virtudes, sus miedos y sus sueños, sus fracasos y sus éxitos. Todos los autos anteriores son imprescindible para alcanzar una buena autoestima. Y quererse a uno mismo es:
  7. Autorrealización: querer ser mejor persona. Desde una perspectiva moral,  intelectual y emocional. Querer ser más bueno, más sabio y más feliz. La actitud de autorrealización nos acerca a nuestro mejor Yo, que nunca será un Yo perfecto, sino un Yo más auténtico, más libre de condicionamientos y malos aprendizajes. Más cercano al Ser.
Y así se completa el círculo de los 7 Autos del Yo. Cuando me alejo de lo que pensaba que era... y me acerco a quien realmente soy.

¡Un abrazo!

jueves, 23 de agosto de 2018

ESA EMOCIÓN LLAMADA LIBERTAD

Durante este mes de Agosto estaré de vacas en el blog y, aún así, el blog no parará: cada semana revisaremos algunos de mis posts más antiguos y populares. Esta semana:

ESA EMOCIÓN LLAMADA LIBERTAD

Emociones: tristeza, rabia, alegría, miedo, sorpresa, asco, paz... ¿Y la libertad, no es una emoción? Solemos apelar a ella como un valor objetivo: ser libres, porque no somos presos; tener libertad, porque tenemos capacidad de elección. ¿Y qué pasa con el sentirse libre?

¿Acaso no puede sentirse libre un preso cuando nota como el sol acaricia su rostro al iluminarse el alba por la ventana de su celda? ¿Acaso no puedes sentirte prisionero de tus dudas, de tu propia incertidumbre o del conflicto que surge en ti cuando tienes que decidir entre "lo que debo" y "lo que quiero"?

¿Acaso no vivimos en un sistema llamado democracia, cuyo valor máximo es la libertad, y nos sentimos muchas veces esclavos de los dictados autoritarios de los mercados, la publicidad, la religión, el sistema educativo o la última tendencia?

¿Acaso sentirse libre no es librarse de esas cadenas y también de las de nuestro pasado, para afrontar el futuro con ilusión, esperanza y libertad? ¿Acaso sentirse libre no es decirse a uno mismo "PUEDO"? Puedo decidir cómo sentirme.

Por eso hoy yo quería sentirme libre, e invitarte a sentirte libre...

Libre para correr sin cronómetro.

Libre para lanzarle un guiño al espejo.

Libre para romper la báscula. Para comerme ese trozo de pastel hasta el final.

¡Libre para afeitarme cuando me salga del n... de las narices!

Libre para reír cuando lloro, para reír hasta las lágrimas.

Libre para salir de la pista de baile y bailar en la calle.

Libre para decir "No". Libre para decir "No lo sé".

Para decirte que te amo aunque tú no me ames.

Libre para tener miedo. Para no quedármelo. ¡Para soltarlo!

Libre para sacar de vez en cuando al gilipollas que llevo dentro, al niño que llevo dentro... A mi mejor versión.

Libre para apagar el móvil.

Libre para dejar la cama sin hacer.

Libre para errar.

Libre para rectificar, para cambiar de dirección, para dar vuelta atrás, para volver a empezar.

Libre para hacer 1.000 cosas en la vida aunque 999 no estén del todo hechas.

Libre para sentir tu odio, admiración o indiferencia. Tu amor.

Libre para crear. Para que mi arte sea libre fuera de mí.

Libre para abandonar ese cuarto donde me pegaron, esa clase donde se burlaron de mí, el patio donde me negaron mi primer beso.

Libre de horarios, libre del reloj.

Libre de las expectativas de otros.

Libre para proponerme lo imposible. Libre para fracasar. Libre para que el fracaso no me detenga.

Libre para desearte, para soñarte, para acariciarte con la mirada.

Libre para regalarme amor. A mi cuerpo. A mi alma.

Libre para poner cien veces la misma canción.

Libre para saltar aunque no haya nada que coger, para andar hacia ningún sitio en particular, para pensar en lo que no tiene sentido.

Para morder el polvo.

¡¡¡LIBRE PARA GRITAR!!!

Libre para quedarme. Para irme. Para volver.

Libre para decirte que repetiré.

Libre para hablar con entusiasmo de las cosas que me gustan sin esperar tu aprobación.

Libre para desafinar. Para perder el control de la voz. Para inventarme la letra de esta canción.

Libre para no ducharme hoy.

Libre para cerrar los ojos cuando abro el armario.

Libre para atreverme.

Libre para jugar. Para invitarte a este juego. ¿Juegas?

Libre para no pensarlo más.

Libre para olvidarme, para no tenerlo en cuenta, para mirar hacia delante.

Libre para escribir LIBERTAD.