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jueves, 4 de julio de 2019

¿QUIÉN ES Y QUIÉN NO ES UN PSICÓLOGO?


Empezaré siendo sincero: la verdad es que no sé si estoy escribiendo este post para ti... o para mí. O quizá para el gremio. Lo que sí espero es que acabe siendo útil para todos.

Y es que, como psicólogo, una de las herramientas terapéuticas más poderosas para el cambio y que suelo usar con mis pacientes, es la del "permítete". Permítete estar mal, permítete errar, permítete fracasar, permítete que te rechacen... Y sin embargo, es como si a nosotros, precisamente por ser psicólogos, no se nos permitiera (o no nos permitiéramos nosotros mismos) todo ese tipo de eventos que, aunque duros y dolorosos, son completamente normales.

Por ello, creía (y sentía) más que necesario escribir este

QUIÉN ES Y QUIÉN NO ES UN PSICÓLOGO

Quién no es:

- Un psicólogo no es alguien capaz de leerte la mente. Eso para empezar. Por si todavía había dudas. Vale.

- Un psicólogo no es alguien que no se deprime nunca ni tiene crisis de ansiedad ni estados de mal humor. No es alguien permanentemente en paz y contento.

- Un psicólogo no lo sabe todo sobre psicología.

- Un psicólogo no es siempre correcto en el trato hacia los demás y puede tener problemas interpersonales. No es alguien que no se enfada nunca y que siempre es capaz de ser asertivo.

- Un psicólogo no es alguien a quien no le afecta las cosas que le pasan.

- Un psicólogo no es un gurú que tiene o puede encontrar las claves para resolver todos los problemas de tu vida.

- Un psicólogo no es alguien que te va a hacer feliz.

- Un psicólogo no es una persona carente de vicios, defectos, limitaciones, carencias y malos hábitos.

- Un psicólogo no es alguien sin miedos.

- En definitiva, un psicólogo no es un Dios.

Qué sí es:

- Una persona normal. Con todas las rarezas que pueda llegar a tener una persona normal, por supuesto.

- Una persona que se ha formado en psicología, que es la ciencia que se ocupa del estudio de la conducta y los procesos mentales.

- Si hace terapia psicológica, es un profesional que se encarga de evaluar, diagnosticar y tratar problemas relacionados con la salud psicoemocional.

- Es alguien que te ayuda a detectar patrones de pensamiento y conducta que son tóxicos y a encontrar alternativas más saludables y funcionales.

- No es un amigo pero se puede convertir en un persona con la que tengas una relación muy amistosa, igual que eso puede pasar también con tu jefe o tu profesor de piano.

- No te hace feliz porque sólo tú te puedes hacer feliz. El psicólogo te echa una mano.

- Es una persona que, al igual que tú, tiene su propia mochila vital, cargada de, además de cosas buenas, condicionamientos,  traumas, complejos y malos aprendizajes. Todas esas piedras pueden hacerle la vida más complicada en determinados aspectos, como te puede pasar a ti también, pero no tienen por qué ser determinantes en la calidad de su trabajo, donde seguramente pueda ser más racional, objetivo y útil que consigo mismo.

- Es alguien que tiene que aprender mucho, mucho de la vida y de los demás, y cuyos pacientes le suelen enseñar a ser mejor persona. Y que, por qué no, puede necesitar en algún momento (o en varios) de la ayuda de otro psicólogo.

- Es alguien que puede tener otras muchas facetas además de la de psicólogo: padre, madre, pareja, amante, amigo, hijo, hija, escritor, poeta, artista, profesor, capullo, torpe, vago, noble, generoso... SER HUMANO.

- Y es una persona que, como todos, no es 100% bueno ni 100% malo, sino potencialmente capaz de lo mejor y de lo peor, pero que, si es un buen psicólogo, tratará de sacar su mejor versión en terapia para ayudarte.

Termino este post y ahora sé para quién lo estaba escribiendo. Para mí, para ti, para los psicólogos, para los pacientes. ¡Va por vosotros compañeros! ¡Un abrazo!


martes, 29 de enero de 2019

10 BUENAS RAZONES PARA HACER TERAPIA PSICOLÓGICA

Después de más de 5 años en ejercicio profesional, si algo he aprendido de hacer terapia (aunque en realidad he aprendido mucho), es que la terapia ayuda.

No siempre, no a todo el mundo, no todos los psicólogos somos buenos para todo tipo de pacientes... Pero en general, la terapia ayuda.

Sin embargo, hoy, como psicólogo, como David, quiero sincerarme contigo: la psicología no es la panacea de la salud mental. No es el remedio, o no al menos el único remedio. Hoy, se puede hacer terapia con muchas cosas: viajeterapia, cervezaterapia, heladoterapia... Mmm, helado.

A veces, no siempre, pero a veces, cuando las circunstancias de la persona mejoran, el estado psico-emocional de la misma también lo hace. Así, tener una "buena vida" (entrecomillo porque: una buena vida puede ser muy diferente para ti que para mí, muy distinta para alguien que viva en Estocolmo y para quien viva en Dakar), con circunstancias favorables y una red social fuerte y significativa,  influye de manera incontestable en la calidad de la salud mental y emocional.

Unas circunstancias favorables son, desde luego, un buen aliado del psicólogo.

Pero, ¿y cuándo todo va mal? Entonces,  ¿qué? ¿Sirve de algo la terapia psicológica? Pues sí, indudablemente. Porque cuando todo va mal la terapia psicológica suele enseñarte que... no todo va mal.

Y ése es sólo uno de los motivos por los que es útil la terapia psicológica y que seguramente te ayudaran (eso es lo que hacemos los psicólogos, ayudar, pero el principal artífice del cambio eres tú), vaya "todo" bien o vaya "todo" mal, a estar mejor, y que he resumido en este particular

10 buenas razones para hacer terapia psicológica

1. Te ayuda a desplazar la atención de tooodo lo malo hacia lo bueno: lo que tienes, lo que funciona, las oportunidades, lo que puedes hacer...

2. Te ayuda a conocerte mejor a ti mismo y por lo tanto: comprenderte, aceptarte, valorarte.

3. Te ayuda a pensar bien, que no es pensar siempre de manera positiva, ni siempre ver el lado bueno, ni siempre ser optimisma. Es pensar de manera más racional y utilitaria. Y qué importante es aprender a pensar bien, para sentirse bien.

4. Te ayuda a relativizar, a darte cuenta de que casi nada es demasiado importante, ni grave ni definitivo. Nada es el fin del mundo, todo pasa.

5. Te ayuda a relacionarte de manera más sana con tus propias emociones. A no magnificarlas, a no dotarlas de tanta intensidad, para que así no te dominen, sino que seas tú quien las domines a ellas, lo cual no significa reprimir, sino dirigir tu conducta de manera consciente con (o a pesar de) lo que estés sintiendo.

6. Te ayuda a relacionarte mejor con los demás. A comunicarte mejor, defender tus derechos sin agresividad, resolver de manera más eficaz los conflictos, y no tomarte a pecho las ofensas ya que dicen más de la persona que las lanza que de a quien van dirigidas.

7. Te ayuda a hablar. Y a veces eso basta, eso ya es suficiente. Tener un espacio para ti, para hablar con una persona que no es un familiar ni amigo, sino un profesional, que no te va a juzgar (o al menos no debería), que no te va a obligar a hacer nada que no quieras. A veces, tener ese espacio para hablar, es simplemente, abrir un canal de comunicación hacia ti, ¡hablarte a ti! ¡Y cuán bueno es que nos hablemos y escuchemos de vez en cuando!

8. Te ayuda a darte cuenta. ¿A darte cuenta de qué? De las conexiones. De qué estoy haciendo o no haciendo, del porqué y de las consecuencias. Y esa toma de consciencia, es el principio del cambio.

9. Te ayuda a cerrar viejas heridas del pasado. Heridas que a veces quedan abiertas y que hay que cicatrizar y que, como no son heridas físicas, la única manera de suturarlas es a través de la expresión de pensamientos y emociones y de su discusión.

10. Te ayuda a decir adiós a personas que se han ido, y un fuerte ¡HOLA! a las personas que están por llegar. A abrir los brazos, a aprender a abrazar.

Ojalá te haya ayudado, un poquito, con este post, a abrirte a la terapia psicológica, y ya sea tu respuesta un sí o un no... ¡abre tus brazos y recibe este ABRAZO!

jueves, 4 de mayo de 2017

FILOFOBIA: MIEDO AL COMPROMISO

El miedo es una emoción y por tanto es normal, natural, cumple una función básica para la supervivencia del individuo, protegernos de las amenazas.

El problema es que nuestro cerebro ha evolucionado muy poco desde el hombre de las cavernas, y su sistema de alarma es muy delicado: se despierta ante cualquier amenaza, aunque ésta no sea real.

Así, el miedo nos impulsaba a salir corriendo cuando veíamos animales salvajes al acecho, y eso era bueno. Hoy... salir corriendo ante la aparición sobrevenida de un anillo de compromiso o el mismo día de tu boda, puede no ser bueno. O sí, en algunos casos puede ser buenísimo. Pero para seguir el artículo te voy a pedir que pensemos sólo en los casos en los que no es bueno, es decir, aquellos casos en los que la amenaza no es real, sino inventada.

El miedo al compromiso tiene un nombre, filofobia (miedo al amor o miedo a enamorarse). Y para entender este miedo es necesario conocer sus distintas etiologías, ya que detectar las causas nos ayudará a orientar la búsqueda de soluciones:
  • Filofobia por miedo al cambio. Es una de las más comunes, sino la que más. La persona es consciente de las ganancias que obtiene al compartir su vida con alguien a quien atrae y por quien siente atracción, pero el miedo a las pérdidas le puede más. Focaliza su atención en todo lo que puede perder si inicia una relación seria: tiempo con los amigos, rutinas, espacio personal... Suele sucederle a personas con mentalidad muy rígida, poca adaptabilidad a los cambios y mucha resistencia a salir de su zona de confort. Se combate aceptando que todo proceso de cambio conlleva un periodo de adaptación que sí puede implicar unas pérdidas en pos de unos beneficios, pero que no tiene por qué perderse todo, ya que está demostrado que las parejas que mejor funcionan son aquellas que cuidan tanto su espacio compartido como su espacio personal. Por otro lado, tratar de poner el foco de atención en lo que se gana, más que en lo que se puede perder, servirá sin lugar a dudas como acicate.
  • Filofobia por miedo a mostrarme. Es también bastante común. Si me mantengo toda la vida en relaciones superficiales, mostraré sólo mi cara más trivial. A medida que una relación avanza, la otra persona va mostrando intentos por profundizar más en el conocimiento que tiene de nosotros, y comienza el "peligro" de que queden expuestos nuestros sentimientos, nuestros defectos y limitaciones, nuestros miedos... Aquéllo que nos hemos esforzado tanto siempre por ocultar. Suele sucederle por tanto a personas inseguras, que no se aceptan, y que tienen un pobre o deficiente autoconcepto. Habría que trabajar ahí: en la autoconfianza y autoestima de la persona, ayudarle a conocer sus fortalezas personales y reconocer sus sombras sin sobredimensionarlas. Aceptar su vulnerabilidad: todos somos imperfectos, todos tenemos defectos y una colección de fracasos a nuestras espaldas, y no por ello dejamos de ser dignos de amor y pertenencia. Hay que acabar con la obsesión por el perfeccionismo.
  • Filofobia por miedo al pasado. Si he tenido relaciones tormentosas o me han hecho mucho daño, puede que tienda a evitar que eso se repita. Además, mi autoconcepto también es posible que se vea sesgado, ya que puedo llegar a la conclusión errónea de que "yo no valgo para esto, esto no se me da bien, no es lo mío..." Quizá tenga una buena valoración de mí mismo en otras áreas, y sin embargo en la del amor, estoy limitándome por experiencias pasadas. Solución: del pasado se aprende, gracias a él nos volvemos más listos y más fuertes, que no más insensibles, sino con más capacidad de afrontar retos y superar adversidades. Además, las relaciones normalmente no van mal o se rompen por culpa sólo de una persona, las responsabilidades son compartidas, y cada nueva relación puede ser completamente distinta que la anterior. El pasado no crea nada más que aprendizajes buenos o aprendizajes malos. Las relaciones las construyen las personas desde el aquí y ahora.
  • Filofobia por miedo a que no se cumplan nuestras expectativas. Este miedo proviene directamente de la idealización del amor y está relacionado con el miedo a la pérdida que observamos antes: la persona piensa "comprometerse es algo muy serio, porque si lo hago con esta persona que estoy conociendo... ¡pierdo la oportunidad de conocer a otra persona mejor!" En realidad, la expectativa en este caso, o lo que le da miedo, no es perder la posibilidad de conocer a alguien mejor, sino perder a su media naranja, a la persona perfecta que le complemente en todo y que sea su pareja ideal... Y eso no existe. Estas personas tienden a ver los defectos o carencias, le prestan más atención a lo que no es el otro o a lo que no tiene, pero cuando encuentren a alguien que sí lo sea o lo tenga, entonces aparecerán otros defectos o carencias. El trabajo pasa pues por deshacerse de esa creencia irracional de que alguien en esta vida es perfecto para nosotros, aceptar a la otra persona con lo bueno y lo malo y focalizar sobre lo positivo, y tratar de construir entre ambos una relación que, lejos de ser perfecta, al menos sea bonita.
  • Filofobia por miedo al sexo. La amaxofobia es lo que se conoce como miedo al sexo y también tiene una multicausa. Está claramente asociada a la filofobia porque si tengo miedo a emprender relaciones íntimas, evitaré profundizar en una relación. Puede estar provocada por problemas de autoestima que nos impiden alcanzar ese grado de intimidad con la otra persona (por ejemplo: miedo a que me vea desnudo/a), por autoexigencias excesivas respecto al rendimiento sexual, por alcanzar cada vez una mayor involucración emocional en relaciones que siempre habían sido superficiales, o por el miedo a la aparición de la rutina. Posibles soluciones, por tanto: de nuevo valorarse a uno mismo de una manera más justa y realista, desvalidar creencias irracionales respecto al sexo, superar el miedo a mostrar tus emociones a la otra persona (esto se logra afrontando ese miedo: siendo capaz de hablar de tus emociones y expresarlas), y gestionar esa posible aparición del tedio en el sexo con juegos, cambios e imaginación.

A pesar de lo (no me lo podréis negar) completito de este artículo, es muy importante que entendáis que si el miedo al compromiso ha llegado a un nivel que interfiere en la capacidad de la persona de ser capaz de mantener relaciones estables a lo largo de su vida, deseándolo esta persona y por tanto provocándole una honda frustración el no poder hacerlo, se hace necesaria la intervención de un psicólogo que le ayude a manejar su propio autoconcepto, sus pensamientos y emociones.

Y es que todo lo anterior demuestra que la Filofobia es claramente superable, pero la ayuda es imprescindible

Después de todo, ¿quién no la necesita de vez en cuando? Un abrazo.      

martes, 4 de octubre de 2016

NO SÉ CÓMO HACERLO

De manera muy, muy resumida, la terapia psicológica se basa en: detectar patrones de pensamientos y comportamientos disfuncionales y dañinos para la persona, que se dé cuenta, y que los cambie.

Seré sincero: la primera y la segunda parte son bastante sencillas. La tercera parte, la de los cambios, es la más difícil, y sin embargo es donde más debe poner la persona de su parte y donde menos puede hacer el psicólogo.

Sí, cobramos por hacer lo fácil y el paciente paga por encargarse del trabajo duro. Es jodido, lo sé. Pero aún así os prometo que he recibido muchas muestras de gratitud por mi trabajo y en cambio... amenazas de muerte sólo dos o tres. Es broma.

Uno de los grandes problemas que nos encontramos en terapia, es que la persona no sabe cómo cambiar. No le falta voluntad, le faltan ideas, alternativas, imaginación... Para sustituir sus pensamientos y comportamientos tóxicos, por otros más sanos y útiles.

Y os aseguro que los psicólogos ponemos mucha (a veces mucha, mucha) voluntad, ideas, alternativas e imaginación para ser facilitadores del cambio. Porque eso es lo que finalmente somos en esta tercera parte del proceso terapéutico: facilitadores.

Los psicólogos no cambiamos a la persona.
Es la persona la que cambia.

Los pensamientos y comportamientos que una persona produce a lo largo de un día y que forman parte de un cuadro patológico pueden llegar a ser muy numerosos. El psicólogo no puede tener una idea o alternativa para cada uno de ellos, porque no vivimos la vida que vive la persona. Por eso,a  pesar de nuestro trabajo, hay veces que la persona sale de consulta con la sensación: "Él o ella tiene razón, pero no es suficiente".

Y es una verdad como un templo de grande. No, no es suficiente.

No es suficiente... si lo que quieres es salir de mi consulta "curado".

Pero es más que de sobra para que empieces. Para que tú empieces.

Para que si te tratas mal a ti misma, empieces a tratarte bien.

Para que si lo ves siempre todo negro, empieces a ser más realista.

Para que si eres incapaz de tolerar tus emociones dolorosas, empieces a manejarlas de otro modo.

Ya sea en la consulta de un psicólogo, o leyendo un libro, o hablando con un amigo, y te das cuenta de que hay un trabajo por hacer contigo mismo, será más fácil si sustituyes el "debo quitarme esto malo que tengo, ¡ya!" por el: "Ahora que me he dado cuenta, empiezo algo nuevo, bueno, y hermoso".

Algo nuevo que no tiene fin, porque la relación con uno mismo dura toda la vida. Y en esa relación nunca se deja de aprender y de crecer.

Pero todo proceso de aprendizaje y crecimiento empieza con un "No sé" o un "No sé si sé".

Repito, porque esto es importante: Todo proceso de aprendizaje empieza con un "No sé" o un "No sé si sé".

Por lo tanto: no hay ningún problema, ningún   problema, en que cuando estás aprendiendo y creciendo aparezca un "No sé" o un "No sé si sé".

Simplemente no permitas que esa sensación de "No es suficiente" te limite, ponte en marcha, equivócate, cómete errores, confía en tu capacidad para tener ideas y generar alternativas, aprende, crece...

Y cuando vuelva a aparecer ese maldito y tan molesto "No sé cómo hacerlo", entonces, sonríe... Porque no hay que tenerle miedo. Porque puede ser el principio de algo verdaderamente nuevo, bueno y hermoso.

Así que, simplemente empieza.

Un abrazo.

lunes, 26 de septiembre de 2016

LA PÉRDIDA DE INTERÉS POR TODO

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, mucho trabajo, más de 120 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando en mi blog algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: LA PÉRDIDA DE INTERÉS POR TODO, un caso que nos ayuda a entender qué es y cómo combatir la anhedonia, uno de los síntomas más comunes en los cuadros depresivos.

CONSULTA

Siempre he sido extrovertida, incluso líder. Pero no sé qué me pasó. Hace 2 años tuve una depresión en la que me intenté suicidar, pero fuí al psiquiatra y me recuperé física y mentalmente. Me diagnosticaron trastorno bipolar. Y ahora dos años después siento que no me interesan las personas, los lugares, nada. Cuando salgo me cuesta mucho trabajo iniciar o mantener conversaciones, no me interesa lo que me digan, me aburro, cuando voy a lugares hermosos o en los que debería sentir emoción por el peligro, no siento nada y en ocasiones hasta me da sueño. Tampoco me dan ganas de salir ni de hacer nada y también me he vuelto muy voluble. Ya no quiero seguir así porque he perdido amigos y estoy teniendo problemas con mi pareja.

RESPUESTA

El trastorno bipolar es un trastorno del estado del ánimo que se caracteriza por cambios extremos en el estado anímico, definidos estos cambios por alegría y tristeza intensas. Su abordaje ha sido clásicamente farmacológico (litio), aunque en los últimos años se ha demostrado que su combinación con distintos tratamientos psicológicos permite una mayor mejoría.

Uno de los síntomas habituales en los episodios depresivos del trastorno bipolar es la anhedonia: disminución de la capacidad para disfrutar o mostrar interés y/o placer en las actividades habituales. Podemos convertir el hecho de combatir la anhedonia en una oportunidad para conocerte mejor a ti misma: pregúntate qué es lo que más te gusta, lo que más te motiva, aquello que al practicarlo hace que alcances el flujo, ese estado por el cual pierdes conciencia de ti misma y las horas se pasan volando; explora, experimenta, practica... Añade aquéllo que hayas descubierto como placentero o gratificante a tu rutina de vida.

El tratamiento farmacológico puede estar influyendo sobre tu capacidad de interés y disfrute. Coméntaselo a tu psiquiatra para ver si es posible una reducción de la dosis o modificación del tratamiento. Por otra parte, no olvides  que puedes complementar ese tratamiento con la terapia psicológica. Ésta te ayudará a que aprendas a manejar los síntomas maniáticos y depresivos de la enfermedad, e interfieran así en la menor medida posible sobre tu bienestar y salud. Ánimo, un abrazo.