jueves, 20 de abril de 2017

EL LADO ATRACTIVO DE LA DEPRESIÓN

Hay veces que la vida nos estresa tanto.


Nos estresa el trabajo, nos estresan las responsabilidades, nos estresa nuestra pareja, nuestros padres, nuestros hijos...

Y como la ansiedad nos asusta tanto, como aparece ese miedo al miedo tan característico y agobiante, decidimos escondernos, refugiarnos. Y muy frecuentemente lo hacemos bajo la sombra de la depresión.

Los trastornos de ansiedad y los de depresión presentan una alta comorbilidad, es decir: cuando se da uno, sucede también el otro.

Y es que la depresión tiene una parte muy atractiva: si te deprimes no tienes que hacer nada, sólo quedarte en casa, estás deprimido. Si te deprimes no tienes ni que ocuparte de ti mismo, los demás lo harán por ti, ¿o acaso no ven que estás deprimido?

Son muchos los que, antes de afrontar los estímulos que generan su ansiedad, deciden acoplarse en la zona de confort que te aporta la depresión, en la que no tienes que hacer nada. Por no hacer, no tienes ni que ser feliz.

Por eso es tan difícil sacar a ciertas personas de esa zona de seguridad, porque lo primero que piensan es: "¿merece la pena?" ¿Realmente merece la pena? No soy feliz, ¿y qué? Aquí estoy cómodo, aquí estoy tranquilo, aquí estoy sereno, la felicidad cuesta mucho esfuerzo, la felicidad me agobia, déjame con tu maldita felicidad y vete al cuerno...

Sólo que no es verdad. No estás cómodo, ni tranquilo, ni sereno. El estrés sigue habitando en ti, lo hizo desde el principio. El estrés no es el trabajo, no son las responsabilidades, no es tu madre o tu pareja... El estrés es tu mente. Tu mente diciéndote: "Algo malo va a pasar en el trabajo, o con tus responsabilidades, o con tu madre o con tu pareja... y eso malo que va a pasar va a ser horrible". Así que a través de la depresión eliminas fuentes de estrés, o te ocultas de ellas, las evitas, huyes. Pero de tu mente nunca vas a poder huir. Y por muy pocas fuentes de estrés que existan en tu entorno, tu mente te va a seguir presentando la posibilidad de que algo malo va a pasar y que va a ser horrible.

Escogiste, porque lo hiciste, la depresión como una solución a tu problema con el miedo. Es como el chiste "¿Qué eliges, susto o muerte?". Sólo que escoges muerte. Y no es una buena solución.

Seguramente entender que, por mucho que tu mente insista en ello, nada malo tiene por qué pasar y, que si pasa, tampoco será tan horrible y podrás sobrellevarlo, no sea tampoco la solución definitiva, pero puede ser un buen punto de inflexión...

... para salir de la cueva de la depresión...

... y enfrentar tus miedos.

Y claro joder, claro que merece la pena.

Un abrazo.

lunes, 10 de abril de 2017

CREE EN TI

Cuantas veces me habré dicho a mí mismo "no puedes", y no lo hice. Y a lo mejor, podía.

Cuantas veces me habré dicho "no eres lo suficientemente bueno". Y a lo mejor lo era.

Cuantas veces habré desistido o renunciado. Cuantas veces me habré negado, me habré censurado. Limitado. Obviado. Anulado.

¿Y tú?

Si te sientes identificado, tranquilo, no eres raro, no eres anormal, es bastante frecuente, somos objeto de tantos condicionamientos, y éstos condicionan nuestra manera de pensar y actuar a lo largo de la vida. ¿Y quién no ha fracasado? ¿Y quién no se ha sentido decepcionado alguna vez? Decepcionado consigo mismo.

Quizá tantas veces que, se acaba perdiendo la confianza. La fe.

Porque también nos hemos dicho que podíamos y... No pudimos. También nos dijimos que eramos bueno, merecedores... Y no lo merecimos.

Y... ¿y qué?

Cierto, no eres omnipotente. ¿Necesitas serlo para creer en ti? No eres perfecto. ¿Necesitas serlo para creer en ti?

No eres un Dios,
y no necesitas serlo para ser tu Dios,
tu mayor fe, tu gran religión.

Los cristianos no saben a Dios, creen en Dios, y su fe les impulsa a llevar grandes tronos sobre sus hombros por largas horas. Los musulmanes no saben a Alá, creen en Alá, y su fe les impulsa a orar hacia La Meca 5 veces al día.

No necesitas estar seguro de que podrás, para hacerlo. No necesitas saber que eres lo suficientemente bueno, para intentarlo.

Y lo mejor de todo de esta nueva religión a la que te invito a convertirte es que: no pasa nada si fracasas, no dejas de ser merecedor, no pasa nada si no eres lo suficientemente bueno, porque nunca se deja de aprender y de crecer.

Lo mejor de esta nueva religión es que tu Nuevo Dios no necesita hacer milagros, para que creas en él. Tú Dios eres tú. Y tú eres humano. Un humano que tropieza, que fracasa, al que hacen daño y que hace daño a otros.

Pero que siempre puede volver a ganar.

Que siempre puede hacer un bien.

Que siempre puede perdonar y ser perdonado.

Cree en quien quieras y en lo que quieras, pero nunca dejes de creer en ti. No porque eso te vaya a dar la victoria. No. Simplemente creer en ti, no te dará la victoria. Ojalá pudiera decirte que sí, ojalá pudiera decirte que es así de fácil, pero no...

No.

Creer en ti, te dará fuerzas.
Y necesitas fuerza para alcanzar la victoria.

Las religiones se inventaron para proteger al hombre de su miedo a la incertidumbre.

En la Nueva Religión en la que el hombre cree en sí mismo, no necesitas protegerte del miedo. Porque puedes tener miedo, puedes tener incertidumbre...

... y decepción, y rechazo, y traumas, y complejos...

PERO NO SON TÚ

No hay mayor revelación que liberarse de los condicionamientos. Entonces es cuando se despierta la fe: y crees en ti, y te amas, incondicionalmente.

Abrazos.

miércoles, 5 de abril de 2017

LO QUE MATA EL AMOR

Conoces a una persona. Te gusta. La deseas. De repente, te das cuenta de que también gustas a esa persona, que también te desea. Y surge el amor. Os conocéis más, os interesáis más, os atraéis más, y aparecen las risas, la complicidad, la intimidad... Todo fluye.

Y un día, de repente, deja de hacerlo. Aparecen la desgana, el aburrimiento, las decepciones y desilusiones, el rencor, la venganza... ¿Por qué, qué pasa? ¿Qué es lo que mata el amor?

La relación es lo que mata el amor.

Las exigencias, las demandas, las rutinas innecesarias... Llega un momento de la relación en el que las personas dejan de disfrutar lo que es y empiezan a preocuparse por lo que "debería" ser.

"Si estamos en una relación, se supone que debemos hablar todos los días" "Si estamos en una relación, debemos vivir juntos" "Si estamos en una relación, debemos casarnos, tener hijos, comprar un perro..."

Sin ser conscientes de ello, movidos por condicionamientos sociales, "si, si, si...", estamos poniendo cada vez más y más grilletes a algo que empezó siendo totalmente libre. Yo me enamoré libremente de ti, tú te enamoraste libremente de mí.

La cadena de la relación, limita nuestra capacidad de amor, 
y acaba matando el amor.

No digo que el amor tenga que ser libertad sin responsabilidad. Toda libertad encierra una responsabilidad. La libertad "de amarte" conlleva un "para": para respetarte, para confiar en ti, para apoyarnos mutuamente, para sernos fieles si hemos decidido, libremente, que nuestro amor sea exclusivo.

No digo que no deba haber relación cuando hay amor, la hay, pero surge como algo natural. Si es: "tenemos una relación, para que haya amor", el amor morirá, quizá lentamente, pero morirá. Si es: "nos amamos, y por eso nos relacionamos", el amor puede sobrevivir.

Si la obligación, el compromiso o el sentido de pertenencia se priorizan al amor, el amor morirá. Si en lugar de preocuparnos por lo que debería ser, nos ocupamos de lo que es, disfrutaremos el amor.

La persona de la que te enamoras, no está ahí para cumplir tus expectativas. De hecho, no está ahí para ti, el destino no la ha puesto ahí para ti, Cupido no ha clavado sus flechas en ella... Habéis elegido, libremente, enamoraros. Mantener el amor conlleva mantener esa libertad.

Cuando soy yo está bien. Cuando eres tú está bien. Y cuando somos tú y yo también está bien.

Digo esto, me lo repito, y cuán libre me siento, para amarte:

Que el amor no se tenga,
que el amor simplemente, sea.

Un abrazo.  

miércoles, 29 de marzo de 2017

EL PERDÓN: MEDICINA PARA UNO MISMO

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: El perdón: medicina para uno mismo. Un caso que nos muestra como el rencor o el odio suponen vínculos que forjan una relación tóxica, y como el perdón nos libera de esas cadenas.

CONSULTA
Después de una relación de 7 años, ambas partes decidimos romper porque ninguno de los dos sentía lo mismo de antes. Al mes de separarnos él conoció otra persona (yo me enteré por las redes sociales), a la que ha presentado a su familia y a nuestros amigos. En estos momentos el grupo de amigos se ha roto y yo siento ira y odio hacia mi ex pareja, a la que consideraba una parte importantísima en mi vida. Siento que me ha sustituido enseguida, y aunque yo no quiero volver a estar con él, siento desilusión y traición de su parte. Estoy centrada en mi trabajo y estoy conociendo gente nueva, pero no consigo superar aún este rencor hacia él. Cuanto más pienso en nuestra relación más rencor siento y querría transformar este sentimiento.

RESPUESTA

Según el psicólogo Walter Riso, el perdón cobra una importancia vital en problemas en los que la ira, el rencor y el odio son determinantes, como en casos de abuso sexual, o maltrato físico y/o psicológico. Importancia derivada de las implicaciones terapéuticas que conlleva la acción de perdonar. Como dice Riso: "perdonar es negarse a que el resentimiento siga echando raíces". Y es que el rencor hace más daño a la persona que lo alberga que a aquélla contra quien va dirigido.

Desde luego, por su funcionalidad, tu rencor no está justificado. Pero puedes cuestionarte también su origen. ¿Que tu ex haya iniciado una relación con otra persona al poco de separaros, implica que no te haya querido, que él no haya sufrido también por la ruptura sentimental? ¿Qué hubiera pasado si al poco de terminar tu relación con él hubieras conocido a otro hombre por el que te hubieras sentido muy atraída? Y si tu respuesta hubiera sido distinta a la que tuvo él: ¿entiendes que no todos somos iguales y afrontamos nuestro dolor de diversas maneras? Cuidado con los sesgos cognitivos, que son interpretaciones erróneas que hacemos de la realidad, como por ejemplo llegar a la conclusión de que si una persona ha rehecho su vida pronto tras una separación o un duelo, significa que nunca quiso a la otra.

Si no pudieras perdonar a tu ex pareja porque piensas o sientes que no se lo merece, pregúntate: ¿y tú, te mereces perdonarle? ¿Te mereces abandonar por fin ese sentimiento que te impide disfrutar de tu trabajo, de tus nuevas amistades... disfrutar de tu vida? ¿Qué ganas sintiendo rencor? Frente al odio y el rencor: aceptación y perdón. No es medicina para el otro, sino para nosotros mismos.

lunes, 20 de marzo de 2017

HÁBITOS DE MENTE SANA

Hoy es el Día Internacional de la Felicidad, y creo que muchos coincidirán conmigo al identificar aquélla con el bienestar. ¿Qué es la felicidad? Estar bien, sentirse bien. En sus diferentes formas (paz, alegría, plenitud...) y niveles: físico, mental, emocional.

A nivel más fisiológico, son ya más que conocidos algunos hábitos que promocionan la salud (y por tanto previenen la enfermedad), que hacen que nuestro cuerpo se sienta bien, y con él nuestra mente y nuestro sistema nervioso: ejercicio físico, dieta variada y equilibrada, vida no sedentaria, sexo, descanso, etc.

A nivel cognitivo, también podemos fortalecer la salud de nuestra mente, repercutiendo con ello positivamente en nuestra salud física y emocional. Estos son algunos sencillos hábitos que puedes incorporar ya a tu rutina diaria para moldearte a ti mismo como un ser más equilibrado, sano y feliz.

¡Vamos a verlos!

1. Medita. Y si entrenas Mindfulness a través de la meditación, mucho mejor (existe, según qué disciplina, diversas alternativas para meditar). El Mindfulness es nuestra capacidad de prestar atención plena al momento presente, libres de juicios y otro tipo de pensamientos. ¿Te imaginas la carga que le quitamos a nuestra mente cuando hacemos eso? Porque siempre la estamos llenando con pensamientos del pasado y del futuro. Cuando simplemente observamos el aquí y ahora, nuestra mente descansa, y lo agradece.

2. Levántate con un pensamiento positivo cada mañana y acuéstate con otro cada noche. ¿No es más habitual hacer lo contrario? Al despertar: "Uf, qué sueño, qué pereza levantarme..."; y al ir a dormir, nos llevamos nuestras preocupaciones a la cama: "Mañana tengo que hacer esto, y esto otro... ¿Hice bien al hacer eso o decir aquéllo? ¿He olvidado hacer algo importante?" Saturamos nuestra mente y la llenamos de negatividad. Un truco para hacer lo contrario: yo trato de despertarme y pensar en algo agradable que sé que voy a hacer ese día (comer un plato que me gusta, ver a alguien que me agrada, hacer alguna actividad que me entretiene) y al ir a la cama recuerdo las mejores experiencias de ese día.

3. Lee. Los libros son el gimnasio de la mente. La llenan de conocimiento, estimulan su pensamiento crítico y su creatividad, nos hacen llorar y reír... En España las estadísticas son devastadoras: uno de cada tres no lee, uno de cada cuatro sufrirá un trastorno mental en su vida. ¿Estará relacionado? No lo sé, pero vuelvo a repetirlo: los libros son el gimnasio de la mente, y una mente más fuerte, es una mente más sana.

4. Háblate. ¿Eres de esos que no lo hace, como mi madre, pero que luego le habla a su perra como si fuera una persona? Hablarse a uno mismo no es señal de locura (hablar a los animales tampoco, quede claro... ¡a no ser que creas que ten entienden!), todo lo contrario, es un hábito positivo para nuestra salud mental. Aunque también depende de lo que nos digamos, claro: ten un discurso compasivo (amable), que trate de buscar soluciones a esos problemas que suelen dar vueltas y vueltas alrededor de tu cabeza (rumiaciones) y que use un enfoque racional y útil, eliminando así los sesgos cognitivos y dramatizaciones que produce nuestra mente.

5. Deja de tratar de abarcar con tu mente aquello que no puedes controlar. La mente es libre, puede viajar a donde desee, hasta a la Casa Blanca si quiere para charlar un ratito con Trump... Le damos un trabajo extra innecesario a nuestra mente cuando tratamos que solucione los problemas del mundo, los del futuro, los del pasado, los de otras personas... Hazte la siguiente pregunta: ¿puedes hacer algo?, o: ¿puedes hacer algo ahora mismo? (porque si estás en la cama y son las 3 de la madrugada dudo de que sea el momento) Si puedes, hazlo; si no, olvídate y deja descansar a tu mente, que tiene que estar de ti hasta los mismísimos.

6. Ten cuidado con la gente tóxica. Ya sabes, aquellos que te chupan la energía y que saturan a la pobre de tu mente con: negatividad, problemas, quejas, lamentaciones, preocupaciones, miserias varias... Podemos ayudar, pero es la otra persona quien ha de resolver su vida, no tú. Y cuidado también con el concepto de ayuda: dale a una persona una muleta cuando se ha hecho un esguince, y se curará; dale una muleta para toda la vida, y se volverá coja. Ayudar sí, regalar nuestra energía no, que luego la mente, se resiente.

7. No pierdas demasiado tiempo para tomar una decisión. Lo explico: tienes que elegir entre A y B, conoces los contras o riesgos que suponen ambos, y también los pros y posibles beneficios de los dos, y aún sigues dándole vueltas porque quieres verificar que no se te escapa nada, para estar seguro de que eliges la opción correcta. ¡Nunca vas a estar totalmente seguro! Hay que arriesgarse, meditarlo no te garantiza que tu decisión sea la acertada, ¿y qué? Hazlo, y si sale bien, bien, y si sale mal, también bien, porque aprenderás de ello. Y estoy hablando de tomar decisiones importantes, con las menos importantes hay que dejarse llevar mucho más por la intuición, por las emociones. Imagina a una persona debatiéndose durante una hora si ir a tal o cual restaurante, y pedir ésta u otra comida, y decidir entre aquél o aquel otro postre... ¿Te suena? ¡Sobrecargamos el cerebro con tantos datos, con tanta información! Decide rápido, y la mente te lo agradecerá.

Y ya está, no están todos los que son, pero son todos los que están. Sencillos hábitos para que tu mente esté más relajada y plácida, y para que el Día de la Felicidad no sea sólo hoy, sino muchos días del año. Un abrazo y feliz día.

miércoles, 15 de marzo de 2017

DECÁLOGO DEL EMIGRANTE

Aunque algunos de nuestros políticos en España, haciendo gala de una evidente carencia de empatía (con lo imprescindible que debería ser la empatía para gobernar) se empeñen en seguir llamándolo una "aventura", la realidad es que emigrar, independientemente de las motivaciones que hayan llevado a tomar la decisión, es un acto difícil y doloroso, ya que, aunque en pos de una ganancias (mejorar la vida), siempre se producen unas pérdidas, y hay por tanto que pasar por un duelo, sumado a un proceso de adaptación al lugar de destino.

Sin embargo, ese duelo es superable, esas pérdidas recuperables, esa adaptación posible, y esas ganancias oportunidades que podemos transformar en resultados para enriquecer nuestra vida personal. Para todas aquellas personas que están pasando por una etapa de estrés por adaptación a un lugar alejado de su tierra de origen, etapa en la que los sentimientos de soledad, tristeza y ansiedad son recurrentes e intensos, aquí van una serie de recomendaciones:

1. Date tiempo. Asume que, sobre todo al principio, vas a echar de menos, y que te vas sentir raro y perdido. Es lo normal. Es por lo que han pasado todos. Pero conozco personas que me dicen que aunque emigrar ha sido la experiencia más dura para ellos, también ha sido la más bonita. No pocas veces, tras el dolor, encontramos la belleza de la vida.

2. Pon el foco de atención en lo positivo. Ya sé que así dicho parece un tópico, un "lugar común" muy frecuentado: hay que ver el lado bueno. Pero si emigras y en lo único que piensas es en lo que dejas atrás, en lo que has perdido, en los problemas que pueden estar por venir... mal asunto. Nuestros pensamientos influyen más en nuestro estado de ánimo que los propios acontecimientos. ¿Qué hay de lo que tienes, de las oportunidades que se te presentan, de las soluciones a los problemas...?

3. Sociabiliza. Puede que hayas dejado gente atrás, ¿pero y la gente que está por descubrir? No son pocos los que han conocido a sus mejores amigos, o a sus parejas, en el extranjero. Ábrete a conocer gente. Y cuidado, no tienen por qué ser personas de tu país de origen. Conocer a personas de diversas culturas, si tienes la posibilidad, te ayudará a abrir la mente.

4. Usa las Redes Sociales. Para seguir en contacto con tus seres queridos. Nuestros padre y abuelos no pudieron hacerlo, nosotros tenemos ese gran privilegio, usémoslo. Pero de nuevo, ¡cuidado! Que no sea para revivir continuamente el sentimiento de "echar de menos". Vamos a tener encuentros significativos con la otra persona que impliquen más presencia que ausencia, más alegría que desesperanza. Vamos a reírnos, vamos a decir "te quiero", vamos a llorar más de felicidad que de pena.

5. Conoce la cultura. Cualquier sitio al que vayas tiene secretos que ofrecerte. No te empeñes simplemente en ser el mismo "yo" que salió de casa, sólo que no está en casa. Nuestro yo es un ente en constante transformación. Déjate transformar por la riqueza del lugar de destino: aprendiendo el idioma, visitando sus lugares más característicos, haciendo las actividades que son más comunes (siempre que te gusten), siguiendo sus costumbres (siempre que no atenten contra tu escala de valores). Mézclate, se uno más, pero sin dejar de ser tú, manteniendo tu identidad.

6. Sigue haciendo las cosas que siempre te han gustado, y hazlas muy a menudo. Es totalmente complementario con lo anterior. Si en tu lugar de destino no se come tu plato favorito, cocínalo tú mismo, o pide que te lo manden. Si no hay mar y te gustaba nadar, ve a la piscina. Si la música que ponen allí no te va, convierte tu habitación en tu propia discoteca. Lo único que se interpone frente a seguir manteniendo tus intereses y hobbies seguramente es tu falta de imaginación.

7. Vuelve de vez en cuando. Unas vacaciones a tu tierra, y la mirarás con otros ojos. Aquellos paisajes, olores y sensaciones que antes te pasaban inadvertidos, ahora te despertarán emociones nuevas e intensas. No hay nada como tomar distancia para valorar de verdad lo que más se quiere. No querrás irte, pero tendrás que hacerlo. No lo vivencies con el sentimiento de amargura por tener que irte de nuevo, sino con la ilusión de la promesa de volver.

8. Revisa de vez en cuando las metas por las que te marchaste. ¿Se están cumpliendo? Si no es así, no necesariamente implica que tengas que volverte con lo puesto, simplemente date cuenta de por qué está sucediendo y aplica aquellas soluciones que creas conveniente. Si hay que irse se va, pero irse pa ná...

9. Pide ayuda, si lo necesitas. Para este tipo de problemática o para cualquier otra. No es malo. A veces es necesario, y no pasa nada, no somos más débiles por recurrir a alguien, sino que mostramos fortaleza al pedir ayuda porque es una manera de afrontar nuestros problemas, y totalmente legítima. Si sientes inseguridad por el idioma, hay muchos psicólogos españoles que como yo, ofrecen terapia on line. No hay excusas.

10. Por último y no menos importante, grábate esto a fuego en tu cabeza, tanto antes de irte, como durante tu proceso de adaptación, como cuando ya te consideres totalmente adaptado a tu lugar de destino: tu decisión no es totalmente irreversible. Puedes probar y durante un tiempo darte cuenta de que aquello no es lo tuyo y, ¿qué vas hacer, permanecer allí por cabezonería, por orgullo? O puede irte mal: un fracaso, y tienes todo el derecho del mundo a fracasar y buscar el éxito en otro sitio y por otros medios, con más bagaje y experiencia acumulada. O puede irte bien, de puta madre, y querer volver. Salir, no implica salir para siempre.

Hoy, son muchos los que salen y no por ansias de aventura, precisamente. Pero de ti depende, de tu actitud, que esa experiencia quizá se convierta en la aventura más alucinante de tu vida. Fuerza, alegría y paciencia. Un abrazo.

miércoles, 8 de marzo de 2017

LA FORTALEZA DE SER MUJER

Hoy, 8 de Marzo, es el Día Internacional de la Mujer. Y quería dedicarles este post por dos motivos:
Uno porque a mis talleres y terapias acuden más mujeres que hombres. Así que es una muestra de gratitud que no quería desaprovechar.
El otro: porque me parece una ocasión para, haciendo un paralelismo entre la mujer y la o el paciente, defender la fortaleza de ambos.
No sé si todavía se tiende a indentificar a las personas que acuden a terapias psicológicas o talleres de Crecimiento Personal como débiles. Supongo que, como hay de todo, es posible que también aún existan personas con esa opinión. Lo mismo que todavía existen ignorantes que llaman a la mujer: el sexo débil.
Ese sexo débil que se levanta por la mañana temprano para ir a trabajar y se acuesta tarde cuidando de sus hijos.
Ese sexo débil que es capaz de escapar de la violencia de género y empezar su vida de cero.
Ese sexo débil que día tras día se enfrenta a desigualdades laborales.
Ese sexo débil que lucha para que no la juzgen por su físico o su forma de vestir.
Ese sexo débil que soporta los dolores del parto cuando dan a luz a sus hijos, que aguanta las penas de la vejez de sus padres cuando sus vidas se consume.
Ese sexo débil que si acude a terapia psicológica o a talleres de crecimiento personal, lo hace precisamente porque saca su fortaleza y su coraje para empoderarse frente a sus problemas y resolverlos, si tiene la capacidad de hacerlo, y aprender de aquello que no se puede cambiar.
La mujer, como el hombre, es vulnerable, no débil. La diferencia entre un concepto y otro es que ser vulnerable implica que nos pueden hacer daño, que podemos sufrir. Ser débil es rendirse ante ese dolor y sufrimiento. Y la mujer, que tanto dolor y sufrimiento ha tenido que padecer a lo largo de la Historia, y de vuestras propias historias personales, se ha hecho fuerte. Os habéis hecho fuertes.
Exactamente como lo hace el paciente a través de su proceso terapéutico.
Por eso, hoy, Día Internacional de la Mujer, quiero daros las gracias, por inspirarme, como hombre, como psicólogo, por servirme de modelo de fortaleza.
Porque ni ser mujer, ni ser paciente, ni interesarte por tu salud mental y emocional, debería ser considerado nunca una vergüenza, sino un orgullo.
Este sábado día 11 de Marzo haré un Taller de Habilidades Sociales que no será sólo para aprender a relacionate mejor con los demás, sino sobre todo, contigo mismo. Espero ver allí a muchas mujeres, a muchos hombres, todos personas queriendo aprender, mejorar, y crecer.
Y la verdad es que, no me imagino el crecimiento personal, social y humano, sin la mujer.
Por eso, ¡feliz Día de la Mujer, a todos!