miércoles, 18 de abril de 2018

SE INSEGURO

En mi trayectoria profesional como psicólogo he aprendido (en realidad debería decir: mis pacientes me han enseñado) que a la hora de hablar, ya sea a través de un lenguaje más coloquial o más técnico, usamos las palabras "inseguridad" y "falta de confianza" como si fueran lo mismo.

Y no lo son. De hecho, no es que no sean lo mismo. Es que son lo opuesto.

Para que haya confianza, debe haber inseguridad. Si hay seguridad, de nada sirve la confianza.

A mis pacientes con falta de autoconfianza siempre les pongo el mismo ejemplo: sabemos que la confianza es muy importante para que una relación funcione, es uno de los pilares de la pareja. Bien, confiar en la otra persona no implica estar seguro, ya que no suelo estar seguro de algo hasta que lo veo con mis propios ojos. Si miro su móvil, si le pregunto constantemente dónde está y con quién, si no la dejo salir para que esté siempre a mi lado y así pueda saber qué está haciendo, obtengo seguridad, puede, pero desde luego lo que no hay es confianza, y la relación más tarde o más temprano, morirá.

Confiar, dentro de una relación de pareja, implica que: no sé dónde estás, ni con quién ni lo que estás haciendo, pero no me imagino nada malo, porque confío en ti. Esa confianza, esa apuesta por la otra persona, ese acto de fe, genera un espacio de libertad en la que ambos miembros de la pareja se sienten libres, cómodos por tanto y, paradójicamente, seguros. 

Este modelo de confianza vs seguridad se puede (y pienso que se debe) aplicar al ámbito interno, a la relación más importante que tenemos en el mundo: la relación con uno mismo. Porque he observado que hay muchas personas que no confían en sí mismas precisamente porque quieren estar seguras de sí mismas.

Y esa pretensión de seguridad es absurda ya que es muy difícil en la mayoría de los casos, por no decir imposible, estar seguro de algo.

Entonces, nos decimos: "No, no lo hagas todavía, cuando estés seguro de que serás capaz de hacerlo, entonces". ¿Y cuándo lo estarás? ¿Es eso confiar en ti y en tus capacidades? ¿Es eso creer en ti?

Abandona esa absurda pretensión de seguridad, ¡y cree en ti! No sabes si eres lo suficientemente bueno ni nunca lo sabrás, no sabes si lo consigues hasta que lo intentas, no sabes si estás preparado hasta que te pones a ello. No esperes a estar seguro para actuar y desarrollar tus potencialidades, simplemente confía, apuesta por ti. Y para que esa apuesta sea, no segura (¿cuándo una apuesta es segura?, sólo cuando está amañada), pero sí al menos no demasiado arriesgada, lo único que tienes que hacer es:

1. Conocerte. Saber cuáles son tus fortalezas personales y también tus límites.
2. Aceptar que las cosas pueden salir mal y que eso no es el fin del mundo ni te marca de por vida, simplemente es una experiencia de aprendizaje más.
3. Confiar en ti y en que saldrán bien, porque pudiendo ir bien y pudiendo ir mal... ¿¿¿de qué te sirve pensar que va a ir mal???

Pensar que va a ir mal sólo es una excusa que te lanzas a ti mismo para no atreverte porque no estás seguro. Y no tienes que estar seguro para atreverte. Sólo lánzate al ruedo y mánchate las botas de barro, porque lo único que esperamos de ti, es una pequeña osadía.

Un abrazo, valiente.  

jueves, 12 de abril de 2018

MIS MONSTRUOS FAVORITOS

Quizá conocen la historia de aquel hombre que va al psicólogo y le dice: "Doctor, tengo un problema, a veces cuando estoy solo en mi casa de repente veo a un monstruo enorme de dos cabezas y garras gigantescas, ¿qué me pasa doctor, tiene solución mi problema?" El psicólogo, muy relajado (normalmente somos así), le contesta: "Cálmese, por supuesto que tiene solución, sólo que debe saber que el tratamiento durará alrededor de dos años y le va a costar más de 6000 euros". El hombre, muy convencido, le dice entonces: "No se preocupe doctor, que ya voy yo a mi casa y me hago amigo del monstruo".*

Todos tenemos nuestros monstruos. Y es posible que a lo largo de la vida, vayan evolucionando o cambiando de forma, transformándose, mutando. En mi caso fui un niño muy precoz: con menos de 10 años ya me había hecho amigo de Jack Torrance (Jack Nicholson en El Resplandor), la niña de El Exorcista o la madre de Jason Voorhees en Viernes 13. Lo de amigo es con ironía claro, porque al terminar de ver esas películas me iba a la cama con el miedo en el cuerpo y tenía tremendas pesadillas (y eso si conseguía dormir, claro).

El caso es que hoy, superado el trauma inicial, me encantan las películas de terror y disfruto mucho de ellas. Y no es que no me den miedo, ¡claro que me dan, eso es lo divertido! Conozco mucha gente (y hablo de gente adulta) que no ve pelis de miedo porque les dan miedo... Ejem, ¿hola?

¡Ten miedo, no pasa nada, puede ser divertido! Creo que los adultos que hoy no ven pelis de miedo porque creen que les dan miedo, en realidad han visto muy pocas pelis de miedo. Si hubieran visto más pelis de miedo, si ahora siendo adultos vieran unas pocas pelis de miedo, se darían cuenta de que aquello que les daba tanto miedo, no era para tanto.

Y así con todo en la vida, así con todo.

Los miedos se superan enfrentándolos.

Este próximo Viernes 13, aprovechando el simbolismo de la fecha, organizo un evento de Cineterapia: cine para el crecimiento. Sesión Nocturna: El Resplandor. Para enfrentar nuestros miedos, tanto al cine de terror como a otros miedos más mundanos y cotidianos de los que habla la película. Ya que como dije antes, nuestros monstruos evolucionan, y en mi caso han pasado a ser el señor del banco, la paciente que no mejora, el Ministro Montoro...

Espero hacerme algún día "amigo" de ellos. Hasta entonces, ¡te espero en el evento si estás en Málaga, sólo cuesta 3€ y habrá cinefórum posterior a la película! Y si no puedo verte, recibe al menos como siempre este abrazo...

... y felices pesadillas. Jajajajajajaja!

*Cuento (o chiste) de "El canto de la rana" de Anthony De Mello.  

lunes, 2 de abril de 2018

LA ESCALA DE LA FELICIDAD

¿Te preocupas demasiado? ¿Rumias con frecuencia? ¿Te ahogas en un vaso de agua?

Tranquilo, no eres el único. Creo que la mitad de la población se ahoga en un vaso de agua y la otra mitad no, ¡sólo porque ve el vaso medio vacío!

Es un chiste entre psicólogos...

Hoy día, el pensamiento neurótico (sensación de amenaza persistente o estado de alerta) es bastante frecuente. Es la consecuencia natural de una sociedad cada vez más individualizada. Y donde lo individual crece, el Ego se hace fuerte.

El Ego (o mente egotista, según Echart Tolle, autor de El Poder del Ahora) es la consciencia de uno mismo. Y el uno mismo, nuestra identidad, en una sociedad individualizada, es muyyy importante. Así que cualquier cosa (o no cosa: imaginación) que la amenace, es también muyyy importante. Y por tanto: grave, horrible, digno de ser temido, digno de mi preocupación.

Hay muchas maneras de salirse el Ego, por ejemplo a través del Mindfulness (atención plena en el aquí y ahora) o a través de la gratitud: para desplazar el foco de atención desde la amenaza o problema hacia lo que es, y aceptarlo con valoración.

Pero, como psicólogo cognitivo-conductual que soy, considero que la mejor manera de salirse del Ego y su característico pensamiento neurótico es: no echarle mucha cuenta. Y eso se logra cuestionado la credibilidad y la utilidad de los pensamientos que inundan nuestra mente egotista.

En este blog ya he dado cuenta de algunas técnicas que nos sirven para cuestionar al Ego, ya sea a través de un diálogo interior o de la escrituraterapia, como por ejemplo: pregúntate por qué no es importante ese pensamiento que te ronda (preocupación: rumiación, anticipación) y qué sí es importante en este momento; o pregúntate qué te estás diciendo para sentirte mal, qué está pasando realmente y qué puedes hacer para sentirte mejor.

La siguiente técnica es complementaria con las anteriores y muy sencilla de aplicar en la vida cotidiana. Consiste en construir tu escala de la felicidad.

¿Qué es lo más importante para ti? ¿Qué es lo que le da valor a tu vida? ¿Qué es lo que más te gusta, te llena y te da paz y satisfacción?

Hace poco hablaba con un paciente y le preguntaba: ¿qué es lo más importante que has hecho en el día? Y él me respondió: preparar unas clases (es profesor), dedicar un tiempo al proyecto en el que estoy trabajando... Yo le dije: "No. Eso no es cierto. Sé qué es lo más importante que has hecho en el día y no es eso. Te conozco mejor que tú". Él, con la mosca ya detrás de la oreja, me replicó: "A ver, ¿qué? Y yo le contesté: "Darle un par de besos a tus hijos".

Estuvo totalmente de acuerdo conmigo.

¿A qué le das más valor: al dinero o a la familia, al trabajo o a los amigos, a tu identidad (como hace el Ego) o a sentirte bien contigo mismo?

Una escala de valores prototípica (¡y cuidado, eso no quiere decir que ésta tenga que ser la tuya!) podría ser:

1. Familia.
2. Amigos.
3. Ocio.
4. Descanso.
5. Comida y bebida.
6. Trabajo.
7. Música.
8. Sexo.
9. Viajar.
10. Crecimiento personal.

Insisto, es sólo un ejemplo: no están todos los que son ni tienen por qué ser todos los que están. Pero ahora cabría preguntarse: ¿mi preocupación, mi rumiación o anticipación, mi neura: amenaza realmente estos valores?

Y si la respuesta fuera que sí (que es muy improbable) cuestiónate si la amenaza es realmente definitiva: ¿si te quedaras sin amigos no podrías hacer unos nuevos, si te quedaras sin trabajo no podrías encontrar otro, si te quedaras sin música...? Eso último es bastante complicado, aunque cuidado, ¡que ahí está la amenaza del electro-latino, eh!

Incluso si la respuesta siguiera siendo que sí (que ya sería la repanocha), ¿no mantendrías otros valores que, valga la redundancia, la darían un valor muy especial a tu vida?

La pregunta final que tienes que hacerte es: ¿quieres que en tu vida abunden las neuras o lo que te hace sentir bien?

Pues empieza por darle valor sólo a aquello que para ti se lo merece.

Un abrazo.

lunes, 26 de marzo de 2018

CUANDO SE PIERDE LA ESPERANZA

De 2015 a 2017 tuve el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestábamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Fue una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevé y que quiero compartir con vosotros, publicando algunas de las consultas más destacadas que tuve la oportunidad de contestar.

Esta semana: CUANDO SE PIERDE LA ESPERANZA. Un caso real que nos muestra qué se siente cuando aparece la sensación de desesperanza y qué podemos hacer para superarla y recuperar la ilusión por vivir.

CONSULTA

Estoy en mi último año de universidad (de una carrera que elegí pero no me gusta y que decidí terminar igual) y lo cierto es que no he podido cambiar mi estado de ánimo y el cómo me desenvuelvo: me enfurezco con facilidad y noto que no soy muy bueno en lo que estudio. He estado todo el tiempo con terapia psicológica, pero sigo sintiéndome solo, con miedo y con sensación de inferioridad siempre. Soy pasivo y necesito demasiado del afecto de otros. No comento mis cosas a mi madre porque ella se entristece demasiado.  Siempre estoy pensando cosas negativas. He perdido mucho la esperanza. Me cuesta ser distinto. Quisiera dejar la vida pero no quiero causar ese dolor a mi familia.

RESPUESTA

Las ideaciones suicidas suelen aparecer en estados depresivos y cuando la persona se siente invadida por ese sentimiento de desesperanza que tú nos narras: la sensación de que haga lo que haga nada va a cambiar. Las alternativas sin embargo, están ahí. La muerte, es el fin de toda alternativa.

Puede que simplemente te está costando dar con ellas, o bien tomar una decisión para escoger alguna de las alternativas a tu alcance. Pareces, por ejemplo, bastante insatisfecho con el camino que has elegido: tu carrera. No digo que tengas que dejarla (ésa es una decisión que sólo te corresponde tomar a ti), pero sí que puedes, de manera complementaria, encontrar actividades que desarrollen tu flujo: aquel estado en el que nos sumergimos en una actividad que nos gusta porque se produce un encaje entre los requisitos de la actividad y las habilidades personales necesarias para llevarla a cabo.

Cuando nos gusta lo que hacemos y se nos da bien, el tiempo se pasa volando y nuestra autoestima se refuerza. Cuando hacemos algo que no nos gusta y en lo que no somos muy buenos o no nos importa serlo, aparece la frustración, y con ella la ira hacia los demás y, sobre todo, hacia uno mismo, como en tu caso. 

La terapia psicológica debería ayudarte a conocerte mejor a ti mismo, descubrir tus fortalezas y tus áreas motivacionales, y ayudarte a controlar esa ira y a cambiar patrones de pensamiento sesgados y negativos. Si no te está ayudando y llevas demasiado tiempo, plantéate un cambio. A veces, el profesional que es bueno para una persona, no lo es para otra. La terapia es como un viaje: es importante dar con el compañero adecuado. Suerte, un abrazo.

miércoles, 21 de marzo de 2018

EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD

¿Quién no se ha sentido alguna vez inferior?


Sin embargo, cuando hablamos de un sentimiento más o menos generalizado y persistente sobre uno mismo: podemos hablar de complejo.

Siento que soy inferior, a los demás, en general.

El germen del complejo de inferioridad está en nuestras creencias, y la génesis de nuestras creencias reside en las experiencias tempranas.

Comentarios despreciativos de nuestros padres, burlas en el colegio o los primeros rechazos del sexo de atracción pueden ser suficientes para plantar esa semilla de la inferioridad. 

Luego, a través de nuestros sesgos cognitivos, iremos fortaleciendo aquella creencia, y cada vez que nos enfrentemos a una experiencia negativa, una parte de nosotros es probable que nos diga: "¿Ves? Esto te ha pasado porque tú eres así, la culpa es tuya, porque tienes algo, algo que te hace inferior". Ya sea torpeza, fealdad, gordura, cobardía o cualquier otro rasgo.

Nuestra creencia se fortalecerá, o mejor dicho, las fortaleceremos, y así, el complejo de inferioridad se irá haciendo cada vez más grande, poniendo límites a mi desarrollo a través del miedo: no me atreveré a intentarlo, no me atreveré a decirle lo que siento, no me atreveré a... A ser yo.

Éste es el poder de las creencias limitantes, como la de creerse inferior: al final tú mismo evitas la conducta que demostraría que esa creencia, no es más que una creencia. Te conviertes en lo que crees. Creamos lo que creemos.

Un círculo vicioso muy jodido.

Chungo, ¿no?

¿Y si cambiáramos la pregunta del principio?

¿Quién no se ha sentido alguna vez diferente?

¿Tú? Ah, tú también. ¡Y tú! Vaya, cuántos hay...

Claro, porque todos somos diferentes, ya que todos somos únicos. No hay nadie como tú, con tu mismo historial genético ni de aprendizaje experiencial. Incluso si fueras gemelo monozigótico, el simple hecho de que durmieras a un lado de la cuna y tu hermano al otro lado, ¡supondría una diferencia insalvable para ambos que os haría únicos!

El problema es que un día malaprendimos que lo diferente es raro y lo raro... inferior.

Y si tu vida sigue estando dominada por ese malaprendizaje, ha llegado la hora de desaprender.

Hoy es el Día Internacional del Síndrome de Down. Hay muchos movimientos y asociaciones que luchan por la integridad de las personas con este síndrome y por que se les trate como a personas normales. Una persona con Síndrome de Down es diferente. Diferente a ti y a mí... ¡pero igual que tú eres diferente  que yo y que una persona con Síndrome de Down es diferente a otra persona con Síndrome de Down! 

Pero ¿sabes qué?, en la mayoría de los casos (es imposible, desafortunadamente, decir que en todos, pero sí estoy seguro que en la mayoría) las personas con Síndrome de Down son muy felices, y estoy seguro de que esa felicidad tiene mucho que ver con que, ¡para nada se sienten inferiores! Han mamado tanto, gracias al cariño y la sabiduría que les han transmitido padres, hermanos, maestros, asociaciones... que ser diferente no es ser inferior, ¡que esa maldita creencia no les ha jodido la vida!

Qué maravillosa película Requisitos para ser una persona normal, si no la has visto ya estás tardando. Gracias Leticia Dolera.

¡Yo no quiero ser normal! Yo quiero ser yo: con mis rarezas, con mis torpezas, con mis fealdades...

¿Me vas a decir que tú no las tienes? Pues ámalas, ámalas con toda tu fuerza, porque son tuyas, y junto con tus fortalezas, tus habilidades y tus preciosidades, te hacen ser único, te hacen ser tú.

Y no sé si TÚ eres normal. Pero no me importa. No creo que debiera importarte a ti tampoco. No más que ser feliz.

Se feliz... ¡y si eres raro de la hostia, se más feliz aún! Un abrazo.   

jueves, 15 de marzo de 2018

APRENDER, DISFRUTAR Y AMAR

Este post va sobre la ansiedad de rendimiento... y alguna cosa más.

¿Qué es la ansiedad de rendimiento? Básicamente es que me preocupa tanto hacerlo bien que, me pongo nervioso, me bloqueo, ¡peto!, en algunos casos, y precisamente por eso acabo haciéndolo mal: autoboicot.

Por preocuparme en exceso por mi rendimiento sexual, acabo teniendo un gatillazo.

Por preocuparme demasiado por el examen, acabo poniéndome nervioso durante la ejecución del mismo, y a pesar de que iba bien preparado, ¡lo hago fatal!

Por preocuparme mucho por causar una buena impresión (en una cita, en una reunión social, en una charla en público), actúo forzado, los demás se dan cuenta, ¡y acabo causando una impresión pésima!

En definitiva, por preocuparme excesivamente por querer hacer bien una tarea, la que sea, termino por hacerla mal. Esto sucede porque me estoy hipervigilando, y nadie está cómodo sintiéndose vigilado. Estoy demasiado pendiente de mí, de si lo estoy haciendo bien, de si estoy lo suficientemente preparado, de qué pensarán de mí los demás...

Sin embargo, la ansiedad de rendimiento y esa autohipervigilancia que la acompaña, no son el problema realmente, sino el resultado del problema: autoexigencia excesiva. La ansiedad de rendimiento es la consecuencia de que seguramente te estás exigiendo demasiado, te estás exigiendo:

- No fallar.

- Hacerlo perfecto.

- Nacer ya sabido.

- Caer bien a todo el mundo.

- Que nadie descubra tus debilidades y vulnerabilidad.

Pero hay más: a su vez, la autoexigencia excesiva tampoco es el problema en sí, sino el producto del verdaderísimo problema, la génesis: le das demasiada importancia a las cosas y a ti mismo. No fallar, hacerlo bien y caer bien se han convertido en tus prioridades en la vida, cuando quizá, para vivir una vida más feliz, tus prioridades debieran ser: aprender, disfrutar y amar.

Por tanto:

- Deja de darle tanta importancia a tu rendimiento. Quieres hacerlo bien, pero no necesitas hacerlo bien para ser feliz. Quizá tu jefe sí lo necesite, pero él no es importante, o al menos no más que las personas que te aman. Y quien te ama, tolerará tus fallos y fracasos.

- No pretendas hacerlo perfecto, ni hacerlo bien siempre, ni caer bien a todo el mundo. Esas pretensiones te llevarán a pensar que no estás a la altura, ¡pues claro!, porque no se puede estar a la altura de la perfección. El rechazo, no saber y equivocarse, ¡son fenómenos totalmente normales! Acéptalo.

- Y no te vigiles, ¡fluye con la tarea! Si notas que te pones nervioso, ¡no te alarmes!, es también totalmente natural, todo el mundo se pone algo nervioso ante una tarea, eso no es malo, pero si te pones demasiado nervioso, quizá sea porque le estás dando demasiada importancia a la tarea y a ti mismo...

... y entonces tiene que convertir tu escala de prioridades:

Aprende, disfruta y ama.

No es mal plan para un fin de semana.

No es mal plan para toda la vida.

¡Un abrazo!

miércoles, 7 de marzo de 2018

LA ATRACCIÓN POR LA FRUSTRACIÓN

Cuando una relación se rompe, cuando alguien nos deja, o incluso cuando somos nosotros mismos quienes dejamos, se pasa mal. Se siente dolor.

Entender ese dolor es básico para pasar por el proceso de duelo romántico de manera natural y no extender ni agravar el sufrimiento. Por eso este sábado 10 de Marzo hago en Málaga el Taller Superar el Desamor. Un taller para comprender el duelo, aceptar la pérdida y reorientarnos desde el pasado hacia el presente, desde el otro hacia nosotros mismos.

La 1ª regla que hay que saber para superar un desamor es que necesariamente hay que pasar por ese proceso de duelo. La salida del dolor es a través del propio dolor. Pero dentro de ese proceso, hay cosas que podemos hacer bien,y nos facilitan pasar por el proceso, y hay cosas que podemos hacer mal, y obstaculizan el proceso. Nos paralizan en el duelo.

Una de esas cosas que podemos hacer mal es lo que se llama la atracción por la frustración. Este fenómeno básicamente consiste en que nos atrae aquello que no poseemos... pero que podríamos poseer. Es decir,  para que este fenómeno se dé en el amor: debe haber una expectativa de reciprocidad.

Aunque sea débil. En mi caso, me siento bastante atraído por Marion Cotillard y, aunque la esperanza es lo último que se pierde, mi expectativa de reciprocidad sobre la actriz francesa más que débil, es nula. En cambio, si tuviera una compañera de trabajo que me resultase atractiva, bastaría quizá con que me sonriera todas las mañanas en la oficina (actividad bastante común por otra parte) para que mi mente generara esa expectativa de reciprocidad.

Y a continuación, una vez engendrada aquella expectativa, sucedería lo peor que podría pasarte en la vida: enamorarte.

Se ha escrito y se seguirá escribiendo mucho sobre el enamoramiento. Por lo tanto, lo que diré a continuación sobre el mismo sólo es mi opinión personal, fundamentada en parte de la literatura científica que hay al respecto. Te invito a, si estás interesado en el tema, seguir investigando por tu propia cuenta sobre ello. Porque para mí...

ENAMORARSE ES CACA

Ya que cuando uno se enamora surgen las siguientes reacciones: temor intenso al rechazo (miedo); frecuentes pensamientos sobre la otra persona que interfieren en la vida del individuo y le hacen perder la concentración (obsesión); fuerte actividad fisiológica ante la presencia del individuo (ansiedad, parálisis, idiotez repentina); atención focalizada en la otra persona (pérdida del interés por uno mismo); y lo peor de todo: idealización del otro.

De hecho, nos nos enamoramos del otro, nos enamoramos de las ideas que tenemos respecto al otro. Mi bellísima compañera me ha sonreído esta mañana y empiezo a pensar que: es la persona más simpatiquísima no sólo de la oficina (a pesar de que los demás me han sonreído igual) sino del mundo entero, que está loca por mí, que cuando los dos seamos capaces de decirnos lo que sentimos el uno por el otro iniciaremos la más grande historia de amor jamás contada, que el sexo será brutal... 

En fin... No me digas que no te ha pasado.

Este cadena de atracción por la frustración --> enamoramiento --> idealización --> más atracción por la frustración, puede durar, y de hecho dura, unos cuantos meses, o incluso años, después de iniciada la relación. ¿Por qué? ¡Porque al principio no las tengo todas conmigo! Mi idea de que la otra persona me ha elegido, de que está o va a estar conmigo, no es madura, aunque suene fatal, lo siento, mi sentido de pertenencia aún es débil. Y además: todavía no conozco demasiado bien a la otra persona o las ideas que me había hecho son aún más fuertes que las evidencias que me voy encontrando.

Pero con el tiempo, la idealización choca con la realidad, y tarde o temprano me doy cuenta y asimilo que: no es tan simpatiquísima como creía, que nuestra relación de amor no se explicará en los libros de Historia y que el sexo... bah, normalito. Y entonces, defraudado por ese choque con la realidad, podemos dejar a esa persona o boicotear la relación para que ella nos deje a nosotros. ¡O no, no tiene por qué, un poco de esperanza para los que creen en el amor, por favor! También se pueden ajustar las expectativas a la realidad y empezar a construir una relación muy bonita y significativa... en la que el enamoramiento se ha ido a tomar por c...

Me he entretenido tanto en el fenómeno del enamoramiento porque cuando uno es dejado, o incluso cuando deja, ¡puede volver a pasar! Nos reenamoramos. Surge de nuevo esa atracción por la frustración, debido a que estamos instalados en la fase de negación del duelo: "volveremos a estar juntos, todavía me quiere, ¿y si me equivoqué al terminar?" Y se reinicia todo el proceso anterior, incluida la temida actividad de la idealización: ¡sí, volvemos a generar una serie de ideas y expectativas que no tienen por qué tener nada que ver con la realidad!

Un ejemplo: una de mis primeras pacientes estaba pasándolo fatal tras una ruptura. Decía que su ex era su media naranja, que no iba a encontrar a nadie como él. Cuando analicé, sólo un poquito, cómo había sido su relación los últimos años resulta que: peleaban todos los días, nada de sexo, 0 compatibilidades.

¡Sesgamos! Cuando terminamos una relación producimos sesgos cognitivos, pensamientos sesgados y distorsionados: nos acordamos sólo de lo bueno, imaginamos que si volvemos todo volverá a ser maravilloso (cuando seguramente nunca lo fue). Tal es el poder de la atracción por la frustración, tal nuestro inmaduro empecinamiento en poseer aquello que no tenemos.

¿Se puede luchar contra ese poder? Absolutamente SÍ:

1. Date cuenta de que estás pensando de manera sesgada e irracional.
2. Piensa de manera más realista.
3. Acuérdate también de lo malo, demuéstrate que eso de que "todo era maravilloso y era la persona de mi vida" es una burda falacia de tu mente.
4. Focaliza en tu presente, ilusiónate por el futuro.
5. Y sobre todo, date cuenta de que nunca nadie es de nadie. No podemos poseer al otro. Esta vida es un camino en el que nos encontramos, y el encuentro dura lo que dura. Y cuando se acaba el encuentro... el camino sigue.

Y por último, ¡ven a talleres como el mío del próximo sábado para saber más sobre el amor, el duelo romántico y cómo amarnos más y mejor a nosotros mismos! Si estás en Málaga, espero verte allí. ¡Un abrazo!