miércoles, 17 de julio de 2019

YO NO QUIERO FOLLARTE

El lenguaje, el sistema de signos que usamos para comunicarnos, influye de manera determinante en cómo pensamos y, por ende, en cómo nos relacionamos con nuestro entorno, con los demás.

Y una de las áreas de interrelación en las que el lenguaje tiene un papel muy importante, es el de las relaciones sexuales.

Así, como psicólogo, me llama la atención, por sus implicaciones psicológicas y las consecuencias derivadas, la expresión "follarte", "echarte un polvo", "cogerte" o similares de otros países de habla hispana.

"Quiero follarte", "voy a follarte", "fóllame", "me la follé"...

Como si yo, cuando follo, te follara a ti; como si tú, cuando follas, fueras follada por mí.

El uso de estas expresiones, tan comunes y aceptadas, implica posesión. Pone al hombre (o en las relaciones homosexuales, a quien ejerce un papel más activo) en una posición dominante, y a la mujer le da un rol pasivo.

Pero eso no es lo peor de todo...

Si tú, como mujer, vas a ser follada por mí, será porque me das permiso para que te folle, y para ganarme tal licencia, no bastará con que te atraiga, me desees o quieras compartir tu vida conmigo, no... Como soy candidato a tan preciado trofeo, tendré que "currármelo" para poder conseguir el mismo (que feo me parece por cierto asociar la palabra "trabajar" al amor), deberé, según el caso, incluso convertirme en una especie de caballero andante capaz de escalar hasta el cielo para bajarte la luna si hace falta. Si tú me vas a dar algo a mí, yo en contrasprestación deberé darte algo a ti.

Pero eso no es lo peor de todo...

Porque algunos "caballeros andantes", después de haberse esforzado tanto por conseguir tu "flor", por alcanzar tu "virtud", se creerán con derecho no sólo a poseer la "flor", sino todo el jardín que la contiene, y por tanto se verán a sí mismos como héroes merecedores de tu sexo y de adueñarse de tu vida, de tu alma, de tu libertad... Pues quizá piensen que cuando les das, te das, te entregas, y ya te tienen, y que te tienen con derecho a tenerte para siempre.

Yo no quiero tenerte. No quiero que me des, no quiero que me regales nada, no quiero quedar en deuda contigo y tener que darte en contraprestación, no quiero hacer méritos para poseerte como bien, ni durante el acto sexual ni en ningún otro acto. Yo no quiero follarte.

Yo quiero que follemos, joder.

No voy a hacerte nada a ti ni quiero tu permiso para que pueda hacértelo algún día. Quiero que hagamos algo juntos, los dos, de mutuo acuerdo, porque simplemente nos gustamos, nos deseamos y ambos queremos hacerlo. Quiero que construyamos. Quiero que nos amemos.

Si yo te gusto a ti y tú me gustas a mí, no me pidas requisitos estúpidos porque si no lo haces serás una tonta que me estás regalando mucho por nada, no, FOLLEMOS. Los dos, cuando y donde ambos estemos de acuerdo, pero follemos. No calcules, no hagas cuentas, simplemente siéntelo, déjate sentirlo y expresa ese sentimiento.

Si una mujer, o la parte menos activa de la relación sexual, folla contigo, no te ha dado nada, no te ha entregado ningún derecho, no obtienes ningún permiso para decidir sobre su vida. No es tuya, porque no has poseído, sólo has hecho algo con ella y ella decidirá libremente si quiere seguir haciendo cosas contigo o no.

El sexo no es algo que tú me das y yo consigo. El sexo es algo que pasa... entre personas que quieren que pase. 

El amor no va de tener. El amor va de darse, de entregarse, pero sin poseer y sin abandonarse.

Y quizá eliminar una simple expresión no vaya a cambiar la manera en la que nos relacionamos sexualmente, ni vaya a transformar el mundo, ni a darle todo el amor que necesita... que necesitamos.

Pero a veces un cambio empieza cuando usamos por primera vez, las palabras adecuadas.

Un abrazo. 

jueves, 11 de julio de 2019

PEDIR, DECIR QUE NO, ACEPTAR LOS "NOES"

Somos animales sociales.


Nos gusta relacionarnos, compartir nuestra vida con los demás, formar parte de un grupo, sentir que estamos conectados.

Sin embargo, esas relaciones, cuando no se llevan de manera sana, pueden significar el origen de conflictos y por tanto de malestar psicoemocional.

Por ello, trabajar la comunicación, la resolución de problemas, la empatía, la asertividad... En definitiva, las Habilidades Sociales, nos ayuda a mejorar en nuestra relación con nosotros mismos y, por ende, en nuestra relación con los otros.

Como psicólogo llevo años entrenando las Habilidades Sociales, en mí mismo (¡y lo que me queda por aprender!) y en los demás, ya sea de manera individual en psicoterapia o en grupo a través de mis talleres. Y me he dado cuenta de que hay tres actividades que son básicas y altamente funcionales en el contexto de las relaciones interpersonales, y que sin embargo no solemos usar demasiado.

En definitiva, hay tres cosas que, considero, son muy importantes que sepamos hacer y hagamos más a menudo, y son las siguientes:

- Pedir. Basta ya, por favor, de pensar que la otra persona (ya sea pareja, familiar, amigo, compañero de trabajo o un completo desconocido) ha de saber cómo me siento y qué espero yo que haga al respecto. El vecino no tiene por qué saber que te está molestando con su música, tu pareja no tiene por qué adivinar qué te apetece, tu compañero de trabajo no tiene por qué darse cuenta de que te está saturando. Pide, atrévete a pedir, atrévete a decir "quiero", "me gustaría", "¿puedes... por favor?" No es arrastrarse, no es ser egoísta. Cuando pedimos estamos defendiendo nuestros intereses, y pocos gestos mayores de autoestima existen que defender lo que quiero. Quizá sólo lo supere el siguiente.

- Decir que no. Si tienes derecho a pedir, también el otro lo tiene, pero igualmente tienes (tenéis) derecho a decir que no. Decir que no es defender tu interés, es decirte que sí a ti mismo. No siempre tienes que decir que no, pero desde luego, no estás obligado a decir que sí ni a satisfacer continuamente las demandas y expectativas de los demás. El equilibrio posiblemente se encuentre en ser inteligentemente egoísta, que significa pensar en mí, no siempre y única y exclusivamente en mí, pero sí siempre tenerme en cuenta: "¿puedo hacerlo, QUIERO hacerlo?" Habrá veces que sí, habrá veces que no, y todo tu derecho a expresar tu negativa.

- Aceptar los "noes". Por tanto, si tienes derecho a pedir y a decir que no, y el otro igual, tienes el deber de aceptar los "noes". Y no montar un drama cuando la otra persona no quiere quedar contigo, y no tomarte una negativa como algo personal. Entiendo que muchos "noes" consecutivos, pueden decepcionar, frustrar, cansar... Pero piensa en qué te está molestando verdaderamente de esa persona, ¿sus "noes" o tu incapacidad para aceptarlos? La aceptación dirige nuestra atención y conducta hacia lo que yo puedo hacer, no hacia lo que me gustaría que hiciera el otro y que no hace. Si tengo un amigo que repetidamente se niega a participar en los planes que yo le propongo, puedo aceptarlo y no hacer nada porque en definitiva me encanta mi amigo y sus planes tampoco están nada mal y los míos puedo hacerlos solo o con otras personas... o puedo cambiar de amigo. Pero no aceptar el "no" del otro significa pretender despojarle de un derecho que, al igual que tú, tiene.

Así que, ya sabéis, a ponerlo todos más en práctica: atrevernos a pedir y decir que no, y a tener la suficiente humildad como para aceptar los "noes". Este sábado 13 de Julio por la mañana hago en Málaga el Taller de Habilidades Sociales, donde abordaremos estos aspectos de las relaciones interpersonales y muchos más. Trabajarse a uno mismo por dentro, para mejorar nuestra forma de interactuar con nuestro entorno.

Si estás en Málaga y te apetece, ¡te espero! Si no, como siempre, ¡recibe este fuerte abrazo! 

jueves, 4 de julio de 2019

¿QUIÉN ES Y QUIÉN NO ES UN PSICÓLOGO?


Empezaré siendo sincero: la verdad es que no sé si estoy escribiendo este post para ti... o para mí. O quizá para el gremio. Lo que sí espero es que acabe siendo útil para todos.

Y es que, como psicólogo, una de las herramientas terapéuticas más poderosas para el cambio y que suelo usar con mis pacientes, es la del "permítete". Permítete estar mal, permítete errar, permítete fracasar, permítete que te rechacen... Y sin embargo, es como si a nosotros, precisamente por ser psicólogos, no se nos permitiera (o no nos permitiéramos nosotros mismos) todo ese tipo de eventos que, aunque duros y dolorosos, son completamente normales.

Por ello, creía (y sentía) más que necesario escribir este

QUIÉN ES Y QUIÉN NO ES UN PSICÓLOGO

Quién no es:

- Un psicólogo no es alguien capaz de leerte la mente. Eso para empezar. Por si todavía había dudas. Vale.

- Un psicólogo no es alguien que no se deprime nunca ni tiene crisis de ansiedad ni estados de mal humor. No es alguien permanentemente en paz y contento.

- Un psicólogo no lo sabe todo sobre psicología.

- Un psicólogo no es siempre correcto en el trato hacia los demás y puede tener problemas interpersonales. No es alguien que no se enfada nunca y que siempre es capaz de ser asertivo.

- Un psicólogo no es alguien a quien no le afecta las cosas que le pasan.

- Un psicólogo no es un gurú que tiene o puede encontrar las claves para resolver todos los problemas de tu vida.

- Un psicólogo no es alguien que te va a hacer feliz.

- Un psicólogo no es una persona carente de vicios, defectos, limitaciones, carencias y malos hábitos.

- Un psicólogo no es alguien sin miedos.

- En definitiva, un psicólogo no es un Dios.

Qué sí es:

- Una persona normal. Con todas las rarezas que pueda llegar a tener una persona normal, por supuesto.

- Una persona que se ha formado en psicología, que es la ciencia que se ocupa del estudio de la conducta y los procesos mentales.

- Si hace terapia psicológica, es un profesional que se encarga de evaluar, diagnosticar y tratar problemas relacionados con la salud psicoemocional.

- Es alguien que te ayuda a detectar patrones de pensamiento y conducta que son tóxicos y a encontrar alternativas más saludables y funcionales.

- No es un amigo pero se puede convertir en un persona con la que tengas una relación muy amistosa, igual que eso puede pasar también con tu jefe o tu profesor de piano.

- No te hace feliz porque sólo tú te puedes hacer feliz. El psicólogo te echa una mano.

- Es una persona que, al igual que tú, tiene su propia mochila vital, cargada de, además de cosas buenas, condicionamientos,  traumas, complejos y malos aprendizajes. Todas esas piedras pueden hacerle la vida más complicada en determinados aspectos, como te puede pasar a ti también, pero no tienen por qué ser determinantes en la calidad de su trabajo, donde seguramente pueda ser más racional, objetivo y útil que consigo mismo.

- Es alguien que tiene que aprender mucho, mucho de la vida y de los demás, y cuyos pacientes le suelen enseñar a ser mejor persona. Y que, por qué no, puede necesitar en algún momento (o en varios) de la ayuda de otro psicólogo.

- Es alguien que puede tener otras muchas facetas además de la de psicólogo: padre, madre, pareja, amante, amigo, hijo, hija, escritor, poeta, artista, profesor, capullo, torpe, vago, noble, generoso... SER HUMANO.

- Y es una persona que, como todos, no es 100% bueno ni 100% malo, sino potencialmente capaz de lo mejor y de lo peor, pero que, si es un buen psicólogo, tratará de sacar su mejor versión en terapia para ayudarte.

Termino este post y ahora sé para quién lo estaba escribiendo. Para mí, para ti, para los psicólogos, para los pacientes. ¡Va por vosotros compañeros! ¡Un abrazo!


lunes, 24 de junio de 2019

SUPERAR LA ADVERSIDAD

Desde ahora y, más o menos, una vez cada mes, publicaré algunos de mis posts antiguos más leídos. Así descanso un poco y recordamos ideas muy útiles a las que siempre viene bien hacer un repaso, porque en psicología tan importante es lo que conviene aprender, como desaprender, como recordar.

Esta semana, SUPERAR LA ADVERSIDAD, un post que publiqué originariamente en  Enero de 2015 y que nos habla de una cualidad clave para el bienestar y crecimiento personal: nuestra capacidad de resiliencia.


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El optimismo nos prepara mejor, desde un punto de vista actitudinal, para afrontar los retos de la vida, es decir, nos dota de fuerza de voluntad. Si pienso que puedo lograrlo, pondré más empeño; si pienso que tendré suerte, me autoimpulsaré para la acción.

Pero hay veces que por mucho empeño que ponga, las cosas no salen como yo quería y no alcanzo las metas propuestas, ya que intervienen factores que están fuera de mi margen de maniobra, que no controlo, lo mismo que no controlo un accidente causado por fuerzas naturales, que me despidan porque a pesar de haber hecho mi trabajo de manera excelente la empresa se ve obligada a hacer recortes de plantilla, o que fallezca un ser querido.

Todo eso forma parte de lo que conocemos como adversidad, y la adversidad forma parte de la vida. No podemos pretender tener una vida sin adversidades y, lo repetiré mil veces, positividad no es pensar que todo te va a ir bien, es tener la convicción de que cuando las cosas no vayan bien seré capaz de seguir adelante. Tener una vida sin adversidad es algo que escapa totalmente de nuestro margen de maniobra, es algo que no controlamos. Pero sí que controlamos nuestra reacción ante la adversidad.

Y ahí es donde entra en juego la resiliencia: nuestra capacidad para sobreponernos a la adversidad. Resiliencia es... Qué narices, resiliencia es Rocky Balboa:


Ni tú, ni yo ni nadie golpea más fuerte que la vida, pero no importa lo fuerte que golpeas sino lo fuerte que pueden golpearte, y lo aguantas mientras avanzas, hay que soportar sin dejar de avanzar.

¿Por qué hay quien se hunde cuando pasa por un fracaso y hay quien se focaliza en las nuevas oportunidades que se le abren? ¿Por qué algunas personas se rinden ante el más mínimo contratiempo y otras se crecen frente a los desafíos? ¿Por qué algunos muestran una entereza sorprendente ante eventos trágicos y otros tardan años en superarlos?

Porque somos diferentes. Hay que aceptar esto. No todos partimos de la misma herencia genética, ni de las mismas experiencias vitales y por tanto del mismo aprendizaje. Pero si aceptamos esto, también debemos aceptar que podemos ser diferentes a nosotros mismos, sin cambiar lo que somos, sin cambiar nuestra esencia, pero podemos crecer: aprender, mejorar, superarnos...

Por eso la resiliencia es una capacidad susceptible de desarrollarse. Y he aquí una serie de factores facilitadores de la resiliencia:
  1. Foco de atención no en el problema, sino en las soluciones, alternativas o compensaciones.
  2. Sé consciente de tus fortalezas, recursos y virtudes.
  3. No seas victimista. No te recrees en el dolor. No te castigues. Autocompasión positiva = se amable contigo.
  4. Comprométete con el aquí y ahora. Planifica el futuro.
  5. No ocultes tu vulnerabilidad. La salida del dolor es a través del dolor.
  6. Acepta que la vida tiene una parte injusta.
  7. Aprende de los fracasos. Mira el lado bueno de los eventos negativos.
  8. No evites. Enfréntate a los problemas.
  9. Ten sentido del humor. Desdramatiza.
  10. Inspírate en modelos.Como Nick Vujicic, que nació en la adversidad:

Así que la próxima vez que la vida te golpee, dime: ¿te vas a quedar tumbado en la lona, o vas a levantarte?

¡Un abrazo!

miércoles, 19 de junio de 2019

LA FÁBULA DEL ESCORPIÓN

En mi espalda llevo tatuado un escorpión.


Cuando me lo ven, la gente suele preguntarme si soy del signo Escorpio, pero la verdad es que no. El verdadero motivo por el que me lo puse es la fábula del escorpión, una historia popular que escuché por primera vez en la película Juego de Lágrimas (1992) de Neil Jordan.

En la fábula, un escorpión se pierde por el campo y llega hasta un lago, y en medio del lago hay una rana. El escorpión llama a la rana y cuando ésta llega a su encuentro le pregunta:

- ¿Qué quieres escorpión?

- Verás rana, necesito pasar al otro lado del lago, pero yo no sé nadar, así que si lo intentara yo solo me ahogaría, por eso me preguntaba si podría subirme encima tuya y que me llevaras allí.

A lo que la rana contestó:

- Me encantaría ayudarte escorpión pero sé que tu aguijón es venenoso y si me pinchas con él, moriré.

- ¡No seas tonta rana! ¿No ves que si te pincho con mi aguijón y te enveneno, enseguida moriría después yo ahogado?

La rana reflexionó un momento, para por fin decir:

- Está bien escorpión, me has convencido, ¡súbete que te llevo!

El escorpión se subió encima de ella y cuando ambos estaban a mitad de camino, aquél clavó su aguijón en la rana. Ésta, notando cómo rápidamente el veneno empezaba a hacerle efecto, mientras se hundía, le dijo al escorpión:

- Pero, ¿por qué has hecho eso escorpión?, ahora moriremos los dos, yo por el veneno, y tú ahogado.

- Lo sé -contestó el escorpión-, pero no he podido evitarlo, es mi naturaleza. Es mi naturaleza.

La moraleja que saco de esta pequeña fábula es:

SE SIEMPRE FIEL A TI MISMO

Estamos muy condicionados por las expectativas que los demás (llámense los demás padres, empresa, sociedad, sistema o lo que sea) ponen sobre nosotros, y nuestras actitudes y conductas suelen estar motivadas en muchas ocasiones por lo que se espera de mí, más que por lo yo realmente soy o quiero, y esto deviene en no pocos problemas de insatisfacción o ansiedades, por lo que seguramente conviene no olvidar esa enseñanza.

Sin embargo, muchas personas, al oír la fábula del escorpión, me dicen que les parece una historia bastante triste, incluso violenta por su final. ¿He de seguir siempre mi naturaleza, aunque ésta pueda llegar a ser destructiva? Desde luego es una pregunta que me hizo reflexionar (y casi hacerme borrar el tatuaje).

Entonces, un día, por casualidad, llegó a mí otra fábula. Y ésta casi podría considerarse como la 2ª parte de la fábula del escorpión:

Un monje paseaba junto al borde de un lago cuando vio un escorpión (bien podría ser el mismo de antes) que con vanos esfuerzos trataba de llegar a la orilla para salvarse de morir ahogado. El monje le tendió la mano para ayudarle, pero enseguida el escorpión le picó con su aguijón. El monje retiró la mano dolorido, era una picadura superficial, no le iba a matar, así que volvió a tenderle la mano para ayudarle, pero el escorpión volvió a reaccionar de la misma manera. El monje lo intentó una vez más, y de nuevo volvió a ser ligeramente picado por el escorpión. Hasta que un pastor que pasaba por allí observó la escena y le dijo al monje:

- ¿Pero qué haces buen hombre? ¿Acaso no ves que cada vez que tratas de salvar al escorpión, éste no hace más que picarte? ¡Deja que se ahogue!

A lo que el monje contestó:

- En la naturaleza del escorpión está picarme. Y en mi naturaleza, está ayudarle.

Y la moraleja que extraigo de esta fábula es:

EN LA NATURALEZA DE TODO HOMBRE Y MUJER, ESTÁ AYUDAR.

Sólo que a veces se nos olvida.

Por eso llevo un escorpión en mi espalda. Para recordarme que sólo debo serme fiel a mí mismo y que eso incluye, como hacía el buen monje, o como hizo la pobre de la ranita llevando al escorpión sobre su lomo: ayudar a los demás.

Un abrazo.

miércoles, 12 de junio de 2019

¿PRACTICAS MÚSICA?

La pregunta puede ser rara, lo reconozco.

¿Practicas música? ¿A qué te refieres exactamente? ¿Que si toco algún instrumento, voy a clases de danza o hago conciertos de voz en la ducha?

La RAE nos muestra diferentes acepciones para el verbo "practicar", entre ellas: ejercitar o poner en práctica algo que se ha aprendido y especulado; usar o ejercer algo continuadamente; ensayar, entrenar, repetir algo varias veces para perfeccionarlo.

Si practicas música, no quiere decir que te vayas a convertir en el próximo Angus Young o en la reencarnación de Aretha Franklyn, porque para eso hace falta también talento y conocimiento. A través de la prácticas desarrollamos nuestro saber y nuestras habilidades.

Pero a través de la práctica también multiplicamos los efectos positivos que esa práctica tiene en nuestro estado de ánimo. Y sabemos hoy, gracias a la ciencia, que la música:

- Libera endorfinas, las hormonas relacionadas con el placer.
- Alivia los niveles de estrés que padecemos.
- Nos ayuda a motivarnos.
- Facilita las relaciones sociales.
- Potencia la creatividad.

Así que, si practicas muchas actividades en tu vida que llevan al displacer, a la generación del estrés o a la desmotivación, le estarás haciendo un flaco favor a tu estado anímico, estado del que por cierto depende mucho tu rendimiento en distintas áreas de la vida, por no hablar del impacto que por supuesto tiene sobre tu salud.

Hablo de practicar el sobretrabajo, la preocupación, la queja o los enfados.

Si en cambio practicas actividades que, como la música, te llevan a los efectos antes citados, el resultado será bien distinto. ¿Pero cómo se práctica la música? Porque a casi todo el mundo (por no decir todo) le gusta la música, y sin embargo:

- ¿Cuánto hace que no vas a un concierto?
- ¿O que no bailas?
- ¿O que cuando suena esa canción que tanto te gusta en la radio no te paras un momento para saborearla?
- ¿O que no cantas con todas tus fuerzas aunque desafines en cada nota y el vecino te coja manía?
- ¿O que no tocas ese instrumento que en un tiempo fue tu amigo y ahora tienes abandonado?

Porque con la música suele pasar los mismo que con tantas cosas en la vida que nos encantan pero que obviamos, por dejarnos arrastrar por vorágines de estrés y preocupaciones, y encerrarnos en nuestros malditos "debos" y "tengo que".

Tienes que bailar más y cantar más, porque haciéndolo seguramente no soluciones tus problemas sin resolver ni completes tus tareas pendientes, pero... resolverás tu estado de ánimo. Y eso, no es poca cosa.

¡Ah!, otra manera de practicar música para tu estado anímico es, por supuesto, acudiendo al taller que Maca Martínez, musicoterapeuta, y un servidor impartimos el próximo sábado 15 de Junio en Málaga: Taller de Musicoterapia y Psicología Positiva. Aprenderemos mucho y, sobre todo, lo pasaremos en grande, ¡así que no te lo pierdas!

Mira lo bien que lo pasamos en otras ediciones:





Así que si te veo por allí estupendo, y si no, recibe como siempre, ¡este abrazo!  

jueves, 6 de junio de 2019

ESTIMULACIÓN COGNITIVA PARA LA TERCERA EDAD

Esta semana en Gabinete de Psicología Positiva, tenemos una firma invitada: Tech Education, Universidad Tecnológica, nos conciencia sobre la importancia del tratamiento cognitivo en un sector cada vez más amplio: el de la tercera edad. Muy interesante. ¡Que lo disfrutéis!

La tercera edad es la etapa culmen en la vida del ser humano. En ella se presenta un deterioro, tanto en las funciones físicas como cognitivas, destacándose el papel de las terapias psicológicas para afrontar la senectud.

Hoy, te invito a conocer la importancia de este tipo de intervenciones en un grupo poblacional de gran importancia dentro de nuestra sociedad.

¿Por qué es de vital importancia?

Tan sólo en España, casi el 20% de nuestra población está formada por personas que han sobrepasado los 60 años. Si extrapolamos estos datos al marco internacional, comprobaremos que nos encontramos entre los 5 países europeos con un mayor número de ancianos:
  1. Alemania 17,5 millones.
  2. Italia: 13,5 millones.
  3. Francia: 12,9 millones.
  4. Reino Unido: 11,9 millones.
  5. España: 8,8 millones.

Por otra parte, se trata de un periodo de la vida en la que, indiscutiblemente, se produce un deterioro cognitivo, afectando a todas las actividades y habilidades mentales que el individuo emplea al relacionarse con su entorno.

Este hecho, sumado al aumento del número de mayores y la prolongación de esta etapa de la vida ponen de manifiesto la importancia de la especialización en este ámbito dentro de la psicología.

Cada vez es más necesaria la formación y especialización de psicólogos. El máster en psicogeriatría, especialidad de la salud mental que aborda la tercera edad, es una herramienta clave para el tratamiento psicológico de este grupo poblacional.

En la actualidad, diversos expertos investigan sobre el deterioro de las funciones cognitivas que se produce en edades avanzadas.

Este es un fenómeno heterogéneo, pues no afecta a todos por igual, independientemente de que se produzca en todos los sujetos, siendo la estimulación cognitiva la terapia idónea para afrontar esta barrera.

¿En qué consiste la estimulación cognitiva?

Se trata de un proceso de rehabilitación que busca alcanzar el estado máximo posible de bienestar a nivel emocional, entrenando a las personas mayores a recuperar y entrenar habilidades (mentales y sociales) ya olvidadas. Como resultado, estas se conservan durante más tiempo, retrasando su pérdida total.

La estimulación cognitiva es una intervención total, pues aborda aspectos sociales, biológicos y familiares, prestando especial atención a la afectividad y la conducta para mejorar su calidad de vida.

Entre los aspectos que se refuerzan durante esta estimulación se encuentran la memoria, el lenguaje, el cálculo, la orientación y la capacidad de ejecución de movimientos bucofaciales y de las extremidades.

Todos estos aspectos, una vez entrenados, aumentan la calidad de vida de las personas mayores y su capacidad para relacionarse con el entorno, facilitando enormemente la estadía de su última etapa.

El deterioro cognitivo es una realidad, como también lo es nuestro paso y el de nuestros familiares y amigos por esta última etapa. Por eso es importante concienciarnos de las necesidades y limitaciones de nuestros mayores, priorizando tanto su bienestar actual como el nuestro en un futuro. La investigación, formación y especialización en este campo es fundamental para ti, para mí y para ellos.