jueves, 19 de octubre de 2017

RECUPERARSE DE LA DESILUSIÓN

Ilusionarse es inevitable.

Ilusionarse ante una nueva relación, un nuevo proyecto, cambios que se avecinan...

No sólo es inevitable sino que es bueno, ya que la ilusión puede actuar como impulso de la fuerza motora, es decir, puede facilitarnos la toma de decisiones y la ejecución de acciones conducentes a hacer que nuestras ilusiones se cumplan.

Sin embargo la ilusión puede convertirse en decepción cuando nuestras expectativas no se convierten en realidad. La sensación es aún mucho más desagradable cuando se trata de una noticia negativa que nos pilla de sorpresa: un viaje frustrado en el último momento, un despido inesperado, una ruptura que no nos imaginábamos...

Se produce entonces un derrumbe, un ¡plof!, nuestro estado anímico cae y se sumerge en un pozo de depresión y vacío.

Éstas son algunas recomendaciones para salir de ese pozo:

1. Acepta la realidad. Y la realidad, por mucho que nos sorprenda a veces para mal, no tiene que coincidir con tus expectativas. La realidad es lo que es. Y no vas a cambiar lo que es por mucho que te lamentes.

2. No te culpes, aprende. Si hiciste algo mal, si cometiste fallos, perdónate, eres humano, a todo el mundo le pasa. Analiza cuáles fueron tus errores y eso te servirá para no volverlos a cometer. A través del autofustigamiento perpetuo no se aprende nada en absoluto.

3. Comparte lo que te ha pasado. Muchas veces es sobre todo la sensación de vergüenza lo que nos mantiene en ese pozo y nos impide salir de él. Pensar que lo malo sólo me pasa a mí. Si compartes tu desilusión con personas significativas para ti, seguro que encontrarás: empatía, apoyo emocional, y una mano amiga invitándote a salir del pozo.

4. Construye tu realidad. Quedarse parado tras una decepción es aferrarse a las expectativas. Tras el derrumbe inicial, tras concederte un tiempo a ti mismo para asimilar la decepción, explora cuáles son tus alternativas y llévalas a cabo: quizá no pudiste hacer ese viaje que tanto ansiabas, pero qué planes puedes hacer en tu ciudad para pasártelo bien, quizá ya no puedas seguir trabajando en ese trabajo en el que tan cómodo te sentías pero ahora se abren nuevas posibilidades profesionales para ti, quizá se acabó esa relación que tanto te ha aportado y de la que tan buenos recuerdos te llevas, pero quién sabe qué tipo de personas se cruzarán a partir de ahora en tu vida para enriquecerla. Frente a las expectativas perdidas: búsqueda de alternativas.

5. No te engañes a ti mismo. Puede que te sintieras muy bien ilusionándote, pero no te engañes a ti mismo, el objeto de tu ilusión, o dicho de otra manera, la consecución de tu expectativa, no iba a ser nunca, de ninguna manera, el culmen de tu felicidad. Porque el culmen de tu felicidad no existe. No necesitamos ilusiones para ser felices, necesitamos ilusiones para movernos, y a través del movimiento, a través del crecimiento personal, se genera felicidad, pero tu felicidad no depende una única cosa. Así que si no conseguiste o mantuviste aquello que te hacía ser tan feliz, de verdad...

NO IMPORTA TANTO.

Porque la vida no deja de ofrecerte nuevas alternativas. Así que, ten ilusiones, pero no te cases con ellas...

¡Cásate con la vida!

Un abrazo.

lunes, 9 de octubre de 2017

PRACTICAR LA FELICIDAD

Mucho se habla del viaje a la felicidad o la búsqueda de la felicidad.

Pero la felicidad, más que una llegada a ningún sitio o un encuentro con algo, reside en el viaje, en la misma búsqueda.

La felicidad es un siendo que se manifiesta a través de un haciendo (o un no haciendo nada, que a veces cuesta más trabajo que el hacer).

Y, entonces, sólo entonces, si entendemos, sólo si entendemos, por fin, de una vez, que la felicidad es un hábito y como tal se desarrolla y fortalece a través de la práctica, cobrará más sentido y significado para nosotros que:

Hagamos más
aquello que más nos hace sentir mejor.

Como por ejemplo:

Recordar los buenos momentos.

Jugar, reír, cantar, bailar, descansar...

Mostrar afecto y expresar gratitud.

Pararse y observar las maravillas que nos rodean con nuestros cinco sentidos.

Tomarte tu tiempo para saborear: una comida, un beso, un momento.

Tener orgasmos, sexuales y no sexuales. Estallar de placer y dicha por cualquier cosa.

Viajar: en tren, en barco, en avión, en libro, en imaginación...

Hablar de lo que te interesa. Gozar del silencio.

Trabajar en lo que te apasiona, ponerle pasión a tu trabajo.

Mirar al futuro con ilusión.

No son unos malos "10 mandamientos". Pero es posible que mucha gente esté pensando ahora mismo que esto es más que obvio y que no hace falta ser psicólogo en ejercicio para saberlo.

Sin embargo, como psicólogo en ejercicio, te invito a hacerte estas preguntas:

¿Cuántas horas de la semana practicas la queja? ¿La preocupación? ¿La crítica y autocrítica? ¿La insatisfacción? ¿El enfado? ¿Los "debos" autoimpuestos? ¿La autoexigencia excesiva? ¿La culpa? ¿Las prisas? ¿Las relaciones tóxicas? ¿El no estar presente? ¿La represión emocional? ¿La... infelicidad?

A veces la función de un psicólogo no consiste tanto en enseñar como... en recordar.

Que la psicología muchas veces va de sustituir hábitos que no funcionan por los que funcionan.

Que lo obvio, precisamente por ser obvio, merece ser recordado, porque es lo que más tendemos a olvidar.

Y que lo verdaderamente importante, es aquello que te hace sentir bien.

Que practiques mucho. Un abrazo.

lunes, 2 de octubre de 2017

¿QUÉ ES SER FUERTE?

De pequeño, una de las primeras cosas que mal aprendí, es que los hombres no lloran.

Luego, las pelis de Schwarzenegger y Stallone me enseñaron que si quieres ser fuerte debes ser un tipo duro.

Y los primeros desencantos amorosos me descubrieron que si no quería sufrir, nunca debía mostrar mis sentimientos.

Y así crecí, como tantos y tantos chavales de mi edad.

Menos mal que un poco de psicología más tarde, y sobre todo, mucho de experiencia después, me enseñaron que la auténtica fortaleza se esconde en:

Las personas que son capaces de llorar... y sonreír tras el alivio de las lágrimas.

Las personas que con sus palabras pueden ir más lejos que lo que la violencia lo hará jamás.

Las personas que tienen la osadía de abrir su corazón sin miedo a que se lo rompan.

Porque no es fuerte aquél que evita el dolor o esconde su vulnerabilidad... sino aquél que comprende su sufrimiento y acepta sus limitaciones.

Y a partir de entonces, es capaz de aprender, superarse y crecer.

Las personas más fuertes que he conocido no llevaban uniformes militares ni portaban semiautomáticas. Las personas más fuertes son las más auténticas, las que se conocen y valoran y por ello se muestran a los demás tal como son.

Las personas más fuertes son aquéllas que más capacidad de amor tienen para dar y para darse a sí mismas.

Las personas más fuertes:

1. Piensan de manera racional y positiva.

2. Comprenden, expresan y regulan sus emociones y las de los demás.

3. Se conocen y valoran.

4. Aprender de las adversidades y fracasos.

5. Ven los retos del futuro como oportunidades.

6. Aman, aman, aman...

Es decir, no tienen biceps de acero ni pecho de hojalata. Tienen Psicología. Psicología Práctica Aplicada a la Vida que, como vemos recientemente por los hechos sucedidos en Barcelona y Las Vegas, se ha convertido en algo imprescindible para sobrevivir.

Ojalá nuestros gobernantes cultivaran esta psicología más a menudo. Pero si no, no pasa nada, mejor no quejarse por lo que no hace el otro que pueda hacer yo:

Este sábado 7 de Octubre Taller de Mindfulness en Emociones. Un taller en Málaga para, a través de la meditación, aprender a convivir con nuestras emociones dolorosas. Para aprender a vivir con dolor y con amor.

Porque no es más fuerte el que huye del miedo o de la tristeza.

¡Es fuerte el que es capaz de abrazarlos!

lunes, 25 de septiembre de 2017

EL SENTIMIENTO DE CULPA TRAS UNA RUPTURA

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOLel servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: el sentimiento de culpa tras una ruptura. Un caso real que nos muestra que después de una infidelidad y una ruptura sentimental, solemos machacarnos echándonos la culpa, y que es la asunción de responsabilidades y el compromiso con uno mismo y su presente lo que nos saca del inmovilismo de la culpa.

CONSULTA


Mi relación se ha roto tras 12 años. Hace 3 perdí mi trabajo y caí en una depresión, y supongo que después de un tiempo se cansó de tirar de la relación y pasamos una crisis. Hablando y esforzándonos casi lo habíamos superado, yo al menos lo creía así. Fue entonces cuando retomó comunicación con su ex mediante las redes sociales. Yo me enfadaba, por no ver normal ese extraño interés después de tantos años, y discutíamos por el tema. Y lamentablemente se cumplieron mis temores, mantuvo relaciones sexuales con él. Rompimos. Yo ahora estoy pasándolo muy mal, y culpándome por haber provocado la infidelidad y la ruptura. Si no hubiera presionado en esa cuestión, quizá ella no hubiera rememorado viejos recuerdos no resueltos. ¿Puede ser posible? ¿Provoqué este desastre?

RESPUESTA


Es cierto que los psicólogos hablamos mucho de la profecía autocumplida: cuando nuestro temor a que ocurra algo propicia conductas en nosotros mismos que acaban provocando ese suceso. Por ejemplo, es muy común que cuando uno de los dos miembros de la pareja tiene miedo a que el otro le abandone, lleve a cabo conductas de control que acaban provocando el rechazo de la otra persona.
Los psicólogos, en el ámbito de la pareja sobre todo, también hablamos de responsabilidades, no de culpas. La culpa es una emoción que nos sirve para eliminar conductas indeseables y reparar el daño hecho a otras personas. Pero más allá de eso, la culpa es disfuncional, agresiva para la autoestima, y altamente incapacitante. En la pareja lo mejor es no echar culpas, sino asumir responsabilidades para, a partir de las mismas, adoptar mejores estilos de afrontamiento en la manera de gestionar los conflictos.
Pensar que con tu actitud provocaste la infidelidad de tu pareja, ¿no sería liberarla de toda responsabilidad sobre su conducta? ¿No había otras alternativas a lo que sucedió? Sin embargo ella eligió, ella tomó la decisión, no tú. Aceptar que la relación se terminó, liberarte de esa culpa dañina que te invade, y enfocarte hacia a ti mismo y un nuevo futuro, en lugar de hacia el pasado, te ayudará a salir del proceso de duelo romántico que estás viviendo, que por otra parte es un proceso normal y necesario. Ánimo, un abrazo.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

LA IMPORTANCIA DE LA RENUNCIA PARA SER FELIZ

En muchas ocasiones, trabajando con mis paciente (lo cual me sirve también para "trabajarme" a mí mismo) me doy cuenta de que las personas hoy en día tenemos la falsa creencia de que para ser felices debemos conseguir ciertas cosas.

Y sin embargo, muchas veces nos sentimos mejor, más que persiguiendo algo (sobre todo cuando ese algo es un imposible), renunciando a algo.

Con la renuncia, me libero de cargas, y hago de mi búsqueda de la felicidad un viaje menos pesado, más liviano.

Porque muchas veces, menos es más.

Y porque renunciar no es conformismo, es lucidez: es darse cuenta de que no necesito esto para ser feliz. Es más, es ser consciente de que precisamente mi apego a determinado objeto, idea o persona es lo que provoca mi infelicidad, a través de la frustración por no tenerlo o la ansiedad innecesaria por conseguirlo o el miedo a perderlo.

Así, podemos a renunciar a:

  • Vivir con garantías. La garantía de que me van a ir bien las cosas, de que si emprendo un proyecto conseguiré mis objetivos, de que no erraré en mi elección, de que no voy a sufrir... Fijaros qué tontería más grande: por querer hoy tener la garantía de que mañana voy a estar bien, me pierdo estar bien hoy. Porque me preocupo. Así que no funciona, no es útil, no es válido. Mucho mejor, vivir sin garantías, pero con todas las posibilidades. Las que tú construyas desde tu aquí y ahora.
  • Vivir con comodidad. El exceso de pretensión de comodidad es lo que origina el síndrome puf del que hablaba recientemente en otro post. Y ante cualquier problema, ante cualquier cambio de planes no deseado, ante cualquier gran o pequeña adversidad... ¡PUF! Es decir, magnificamos y nos generamos disgustos y neuras totalmente innecesarios. Renunciar a la comodidad es dejar entrar a la incomodidad en tu vida, y a partir de ahí empezar a ver los problemas como desafíos, los cambios como oportunidades, y la adversidad como aprendizaje.
  • Vivir con la aprobación de los demás. Porque esta carga puede ser especialmente limitante: te limita tu propia esencia, tu ser. Si al final buscas la aprobación de los demás para ser feliz, te expresarás y actuarás no conforme a lo que sientes y lo que eres, sino conforme a lo que piensas que los demás quieren que seas, y la paradoja es que nos solemos sentir bien siendo como verdaderamente somos y eso es además lo que mejor sabemos hacer. Renuncia a la aprobación y acepta el amor incondicional que te brinden, quien te lo brinde, que seguramente no será todo el mundo, pero quizá sí las personas más importantes de tu mundo.
  • Vivir felices. Sí, es muy posible que, fijaros qué paradoja aquí también, para ser felices, debamos renunciar a la misma idea de ser felices. Desde luego, como mínimo a la idea de ser felices siempre, ya que eso no existe, y por tanto, si tengo esa pretensión, cada vez que me sienta mal, me frustraré mucho y me sentiré peor. Pero también renunciar a la idea de que debo obtener algo para alcanzar felicidad: cosas materiales, virtudes, metas, crecimiento profesional y personal... Nadie está diciendo que eso sea malo y que no lo puedas obtener...
... pero si renuncias a la idea de que tu felicidad está subordinada a todos esos aspectos...

... quizá entonces, seas feliz, y punto.

Un abrazo.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

APRENDER A DECIR QUE NO

Decir que no realmente es muy fácil.


NO.

Ya está dicho, ¿veis qué fácil?

Decir que no (rechazar una petición o propuesta, expresar desacuerdo, pedir a otra persona que deje de hacer algo que nos molesta) entra dentro del repertorio de conductas que podemos clasificar como Habilidades Sociales.

Sin embargo no hay que ser demasiado habilidoso para saber decir que no, y desde luego es una habilidad que, como todas, podemos desarrollar.

Pero lo que más nos cuesta a la hora de decir que no, es superar las resistencias psicológicas que nos impiden decir que no. Las más importantes son:

  • El "síndrome del me sabe mal". Cuando anteponemos los sentimientos de la otra persona a los nuestros. "Me sabe mal decirle que no porque se va a sentir mal, se va a molestar, se va a sentir rechazado..." ¿Y tú, cómo te vas a sentir si dices que sí cuando no es lo que quieres? Pensar en uno mismo primero no es egoísta, es lo natural. Lo egoísta es no tener en cuenta nunca los sentimientos e intereses de la otra persona, pensar sólo en uno mismo. Pero antes de decir que sí, pregúntate: ¿y tú que quieres? Además, que la otra persona se sienta mal forma parte de la vida, el rechazo forma parte de las relaciones sociales. No hemos venido a este mundo simplemente a satisfacer las necesidades de los demás.
  • El miedo al abandono. Cuando pensamos que si decimos que no, el otro va a dejar de contar conmigo. Así, hay personas que suelen decir que sí siempre por miedo a que dejen de quererlas. Yo no quiero a las personas porque satisfagan continuamente mis deseos, ¿y tú? Si una relación se basa en la subordinación de las preferencias de uno a las del otro, no es una buena relación, no es sana, es tóxica. Y merece la pena que desaparezca. Pregúntate: si te quedarás completamente solo en el mundo, ¿desaparecían las oportunidades de conocer gente nueva con la que conectar de un modo más profundo y significativo, con las que no depender de un simple "sí" y que te acepten por ser cómo eres?
  • La creencia de que debo tener algo que hacer para decir que no. Las personas que padecen esta "neura" dan miles de vueltas, excusas y explicaciones para decir que no, y si no las tienen se las inventan o lo que es peor: ¡las producen! Son capaces de buscarse una ocupación que ni necesitan ni les interesa sólo para poder decir que no. ¿Qué pasa, no puedes decir simplemente: "no, no quiero" o "no, no me apetece"? De hecho, cuando damos excusas también ofrecemos oportunidades a la otra persona para dar argumentos que invaliden nuestras excusas. Que no te apetezca es un motivo muy difícil de invalidar, y es seguramente el mejor motivo para no hacer algo.
  • Por último: no tener ni puñetera idea de si quiero o no quiero. Hay veces que me cuesta decir que no porque no sé realmente si no quiero, y viceversa. Mi opinión: no es que no sepas realmente lo que quieres, es que quieres tener la absoluta certeza de qué es mejor, si el sí o o si el no. ¡Olvídate de eso! Esa absoluta certeza es imposible, y "lo mejor" no es tan importante. ¿Es que siempre tenemos que hacer lo mejor? Uf, qué agobio. Simplifica tu vida: decide sin garantías, HAZ, y trata de disfrutar de tu elección, ya que es más una cuestión de actitud que de acierto. Por otro lado: conócete bien. Qué te gusta, qué no, con quiénes prefieres compartir tu tiempo, cuál es tu escala de valores... El autoconocimiento te hará tener las ideas más claras respecto a  qué quieres y qué no quieres.
Este sábado 16 de septiembre por la mañana haré un Taller de Habilidades Sociales en Málaga en el que analizaremos otras resistencias psicológicas que dificultan nuestra relación con los demás, como la ira y la vergüenza, además de trabajar nuestra capacidades empáticas y asertivas.

Y es que al fin y al cabo, decir que no, más que una habilidad, que lo es, sobre todo es una capacidad: la capacidad de tener el coraje de decirse que sí a uno mismo.

Un abrazo.   

lunes, 4 de septiembre de 2017

EL SÍNDROME DEL PUF

Según los estudios y estadísticas, nunca antes habíamos vivido una época en la que los trastornos de depresión y ansiedad tuvieran tanta prevalencia. Y los pronósticos para el futuro no son nada halagüeños.

Sin embargo, la depresión y la ansiedad no son el verdadero problema. Son sólo el resultado del problema, su producto. El problema está en nuestra actitud.

Así, examinando esta variable, encuentro un "trastorno" tan común hoy como los trastornos del estado de ánimo: el síndrome del puf.

Es decir: estar instalado en una queja continua. Cualquier problema o adversidad, por pequeña que sea, se vive con una amargura mayúscula.

Si hace frío puf.

Si hace calor puf.

Si hay mucha gente, qué agobio, ¡puf!

Si estoy solo, ¡qué solo me siento, ¡puf!

Si las cosas van bien... me acuerdo de que mañana entro a trabajar, puf.

Si las cosas van mal, puf, puf, puf y más puf.

Esta queja persistente y nada útil, nos genera una falsa percepción (por exagerada que es) de que nuestra vida es un sinvivir constante, y lo que es peor, nos impide disfrutar de las cosas buenas de la vida (que además de ser pequeñas, no suelen ser cosas). Al estar instalados en la queja, en la lamentación o en la crítica, nos perdemos lo bello, lo hermoso, lo que nos provoca paz, amor, alegría.

Pero tranquilo, si crees que tienes este síndrome, hay remedio para curarlo. Te propongo algunos:

1. No son las circunstancias las que te molestan, sino tu interpretación y valoración de las mismas (pecamos en ver sólo lo negativo y además darle mucha importancia). La próxima vez que algo o alguien te moleste, piensa que en realidad tú te estás molestando; pregúntate: ¿Qué estoy haciéndome o diciéndome para estar enfadado o molesto, y qué puedo hacer para sentirme mejor? Estas dos preguntas son ORO cognitivo-emocional.

2. Diario de Gratitud. Se lo mando a muchos de mis pacientes y yo mismo estoy haciendo el mío, ¡y es maravilloso! Consiste en ir apuntando cosas agradables que te pasen y por las que creas merece la pena estar agradecido. Una pregunta que te puedes hacer para valorar con autenticidad el evento en cuestión, es: ¿si no tuviera esto en mi vida o no me hubiera pasado, mi vida sería mejor, peor o igual? Yo creo que todos los días nos pasan muchas cosas por las que podemos estar agradecidos. Y si no aquí está la psicóloga de Jaime para explicároslo:



3. Tener clara cuál es nuestra escala de valores. Es decir, a qué le das valor en la vida: ¿al trabajo, a que el jefe esté contento, a que las tareas estén siempre terminadas, a la ausencia de problemas, a la comodidad... o a la familia, la amistad, el amor, las actividades placenteras y significativas, la felicidad? Construye tu propia escala de valores: ¿qué es lo verdaderamente importante para ti?

4. Compara: paralelamente al Diario de Gratitud, puedes hacer también un Diario de la Queja, registrando tus "puf" más habituales. Luego compara uno y otro... ¿Dónde está lo verdaderamente importante?

5. Reoriéntate. Para salir del Sistema de la Queja, de la Dictadura del Puf. Ahora que ya sabes que eres tú mismo quien se está provocando ese malestar, y ahora que sabes qué es lo verdaderamente importante, sólo tienes que ir de un sitio a otro. Pero no se trata de obligarse a no quejarse nunca, ya que eso es imposible, se trata de darse cuenta de que lo estás haciendo y que no conduce a nada, y orientarte hacia el aquí y ahora con gratitud.

Una vez que sabemos el camino, eso no implica que no vayamos a tropezar nunca e incluso perdernos. Pero cuando pase, en lugar de criticarte a ti mismo y machacarte (lo cual es un gran ¡PUF! directo hacia ti), simplemente: "Ah, no, no, por aquí no es".

Y dite: "Es por aquí". Y vuelve a la senda. Un abrazo.  

miércoles, 30 de agosto de 2017

LAS DIFERENCIAS CON LA PAREJA

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOLel servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: las diferencias con la pareja. Un caso que nos sirve para ver que en una relación sus miembros no tienen que ser totalmente complementarios ni coincidir en todos sus intereses, para ser felices.

CONSULTA

Llevo con mi pareja un año y medio. Nos fue muy bien en los primeros 8 meses. A partir de ahí, mi pareja empezó a sentirse incompleta pues apenas compartimos intereses. Yo no me siento incompleto con él porque me aporta muchas cosas buenas pero siento que yo no le aporto casi nada. La mayoría de sus intereses y gustos no los comparto. Él comprende que todo eso me afecte y no me guste pero ha llegado un momento en el que sentimos que no funcionamos como pareja. Por una parte nos queremos, tenemos confianza, nos tratamos bien, pero por otra parte esta situación nos está quemando mucho, pues crea muchos roces. La mayoría de las veces que comparte algo conmigo, o no me gusta o no me sienta bien. De esta manera, tenemos muy pocas cosas de las que hablar y compartir juntos. Me gustaría conocer una opinión un poco más objetiva pues ya lo dejamos dos veces por esta misma situación.

RESPUESTA

El estilo de apego desarrollado en la infancia influye en las dinámicas y satisfacción de las parejas en la edad adulta, de tal manera que podemos hablar de tres tipos de apegos en la relación de pareja: el apego ansioso, el apego distante, y el apego maduro. Este último se relaciona con una mayor satisfacción en las relaciones, y se caracteriza, entre otras cosas, por tolerar las diferencias, respetar el espacio exclusivo de la otra persona, y construir un espacio compartido significativo.
Llevando esto a tu caso: cada uno de vosotros es como es y no se os puede culpar de que os gusten cosas diferentes; es sano y positivo para vosotros que cada uno tenga aficiones e intereses distintos, pues le da riqueza a vuestro espacio exclusivo y una oportunidad de incrementar y aumentar el significado de vuestras conversaciones cuando compartáis lo que hayáis estado haciendo en ese espacio. Quizá el problema radique en que os centráis en qué es lo que os separa en lugar de aprovechar lo que os une, para construir un espacio compartido. ¿No os une nada? 
Seguramente necesitáis explorar, para descubrir qué es lo que os une… Esta crisis puede ser una oportunidad para conoceros mejor y ampliar y fortalecer vuestro espacio compartido, pero para ello tendréis que empezar a hacer cosas nuevas, probar, experimentar. No tenéis que coincidir ni mucho menos en todo, y es bueno que no sea así, pero seguro que hay muchas cosas en las que coincidís y aún no habéis descubierto ¡Suerte en esa búsqueda, un abrazo!

miércoles, 23 de agosto de 2017

HISTORIAS CON VALOR TERAPEUTICO

Soy un convencido profundo del poder transformador de las historias.

Las historias nos inspiran.

Las historias nos enseñan.

Las historias nos cambian.

Y nosotros mismos... somos historias. Millones de ellas.

Por ello, considero el valor terapéutico de las historias, inestimable.

Por ello, quiero recomendarte algunas historias para lo que queda de verano... para que saques un aprendizaje para toda la vida.

Una película: BEASTS OF THE SOUTHERN WILD (Bestias del Sur Salvaje).

Una película pequeña, muy pequeña... de corazón muy grande. Deslumbró en Sundance, y fue nominada a 4 Oscars cuando no aparecía en ninguna quiniela. Nos cuenta la historia de Hushpuppy, una niña de seis años que vive en una comunidad independiente aislada de las urbes. Un entorno arraigado en la tierra, en la naturaleza, en lo simple, en lo básico... y en el que la sorprendente Hushpuppy deberá hacerse fuerte, para sobrevivir.



Una serie: FLEABAG.

Una miniserie británica de 6 capítulos en tono de comedia y que ha tenido muy buena acogida entre crítica y público. Fleabag nos cuenta la vida de una joven que intenta, gracias a su sentido del humor, mantenerse con la moral alta, a pesar de que su vida podría calificarse de desastre: su negocio se va a pique, sus ligues van de mal a peor, la relación con su hermana, su padre y, sobre todo, la novia de este último, no es para nada la mejor que podría imaginarse, y... su mejor amiga falleció recientemente. Una historia que nos enseña por qué los lápices llevan goma de borrar en la parte de atrás.

Un cuento: EL LABERINTO DE LA FELICIDAD.

Una pequeña fábula sobre la felicidad, la infelicidad... y lo que hay en medio: nuestro propio laberinto humano. Escrita por el psicólogo Álex Rovira y el escritor Francesc Miralles, nos cuenta la historia de Ariadna, una mujer de 33 años que ha perdido su trabajo y con él, el sentido a su propia vida, y que un día se pierde sin querer dentro de un laberinto, para volver a encontrarlo, para volver a encontrarse. Una historia muy cortita, que se lee en un rato, y que nos recuerda muchas obviedades sobre el bienestar. Obviedades que son necesarias que sean recordadas porque precisamente lo obvio tendemos a obviarlo más, cuando posiblemente sea lo más importante.

Espero que como mínimo os distraigan, que os llenen, y que os aporten mucha luz en vuestros particulares laberintos de felicidad. Si se cruzan nuestros caminos dentro de ellos... un abrazo. 

miércoles, 16 de agosto de 2017

DECÁLOGO PARA DESCONECTAR EN VACACIONES

A veces ni las vacaciones nos libran del estrés del trabajo.

Porque nuestro cuerpo es posible que se haya ido de viaje, pero nuestra mente sigue encerrada entre las cuatro paredes de la oficina.

Tranqui, nos pasa a todos (sí, a los psicólogos también), pero se le puede poner remedio. He aquí unos cuantos consejos (o tips, que suena más cool) para desconectar "totalmente" del trabajo en vacaciones:

1. Si sabes que tendrás que hacer alguna tarea en periodo vacacional, intenta hacerla antes. Yo por ejemplo escribí este post la semana pasada porque hoy estoy de vacaciones :)

2. Si temes encontrarte con un follón a la vuelta, en lugar de quitarte trabajo en vacaciones, lo que provocará inevitablemente quitarte tiempo de vacaciones, planifica la semana de tu incorporación antes de irte para que te dé tiempo a hacerlo todo sin prisas ni ataques de pánico.

3. Si puedes delegar, no lo dudes, DELEGA.

4. Apaga el móvil del trabajo si tienes uno. Si tu móvil personal es el mismo que el del trabajo, no te voy a decir que no cojas las llamadas, pero no tienes por qué hacerlo en el instante en el que estás disfrutando de algo importante.

5. Terminantemente prohibido hablar del trabajo.

6. Si surge algún imprevisto laboral que no te queda más remedio que atender, vale, hazlo, pero no pienses que eso estropea tus vacaciones. Dedícate a ello el tiempo que haga falta, ¡y luego vuelve a disfrutar!

7. Si te gustaría irte muy, muy lejos de tu jefe para olvidar su cara, y no te lo puedes costear, hay otras maneras de viajar: leer, meditar, naturaleza o playa, una cervecita en una terracita... En definitiva, el aquí y ahora es la mejor manera de viajar.

8. Duerme más, ¡por dios, duerme más, te lo has ganado el resto del año! Y si el calor te lo impide, el simple hecho de quedarse en la cama media hora más después de que suene el despertador, mmm... El simple hecho de no poner despertador... :O

9. Las vacaciones pueden ser una época excelente para desconectar de otras muchas cosas aparte del trabajo: dieta, gimnasio, suegros...

10. Cuando te entre la llorera porque están a punto de terminar tus vacaciones, recuerda la inmensa suerte con la que cuentas por tener trabajo, ¡y mándale una sonrisa a tu jefe!

Que disfrutéis mucho de vuestras vacaciones. Y los que no tengáis, de vuestros fines de semana, ¡qué también son vacaciones, aunque sean mini-vacaciones! :D Un abrazo.  

martes, 8 de agosto de 2017

EL GPS DE LA FELICIDAD

Si vas hacia el Norte, no puedes dirigirte al Sur, si te encaminas hacia el Oeste dejas a tu espalda el Este.

Los otros caminos no desaparecen, siguen estando ahí, pero tomamos una decisión consciente: elijo orientarme.

No podemos eliminar de nuestra vida las penas, amarguras ni el miedo, pero sí podemos escoger hacia dónde pongo el foco.

A la consciencia, en nuestro día a día, de esa elección, es lo que yo llamo el GPS de la felicidad.

Cuando me oriento hacia la gratitud en lugar de hacia la queja.

Cuando me oriento hacia el aquí y ahora en lugar de hacia el pasado o hacia el futuro.

Cuando me oriento hacia la compasión en lugar de hacia la crítica.

Cuando me oriento hacia la aceptación en lugar de hacia las expectativas.

Cuando me oriento al dar en lugar de al reclamar.

Cuando me oriento hacia la risa en lugar de hacia la lamentación.

Cuando me oriento hacia el amor en lugar de hacia el odio.

Cuando me oriento al Ser en lugar de al tener.

Estas elecciones conscientes las podemos poner en uso cada día, cada día de nuestra vida. Y por supuesto, seguiremos quejándonos, lamentándonos y, lamentablemente, odiando u odiándonos.

Pero ser conscientes de que esa elección existe, puede suponer una gran diferencia. Un abrazo.

miércoles, 2 de agosto de 2017

MINDFULNESS PARA APRENDER A CONVIVIR CON NUESTRAS EMOCIONES

Convivimos con nuestras emociones.

Y como en toda convivencia, hay algunas normas básicas que es necesario respetar.

Estas normas básicas, sobre todo en lo referente a nuestras emociones dolorosas (tristeza, ira, vergüenza, miedo, culpa...), son:

- No las reprimas. Acepta. Deja que estén, deja que pasen.

- No te recrees en ellas. Está bien que se presenten, no que te acompañen todo el día. Haz algo para sentirte de manera distinta.

- No dejes que te gobiernen. La emoción no decide. TÚ decides.

- No te sientas mal contigo mismo por sentir esas emociones. No añadas crítica ni culpa. Sé autocompasivo.

Si respetamos estas normas básicas de convivencias con nuestras emociones, las emociones estarán ahí y nos dolerán. Pero ya no nos limitarán ni incapacitarán ni serán las protagonistas de nuestra vida ni crearán conductas disfuncionales. Simplemente vendrán a hacer su función, y luego se irán.

El Entrenamiento en Mindfulness o Atención Plena en Emociones nos ayuda, al convertirnos en observadores del aquí y ahora interno, a ser más conscientes de cómo es nuestra convivencia con las emociones y a no vulnerar esas normas de convivencia.

Observando, simplemente observando. Sin represión, sin recreación, sin juicios de valor ni interpretaciones, sin crítica ni machaque. 

Por ello este viernes 4 de Agosto haré el Taller de Mindfulness en Emociones II, con nuevos ejercicios. Si puedes venir, te invito a asistir. Si no, te deseo desde aquí una convivencia respetuosa y muy, muy saludable con tu Universo Emocional. Un abrazo.

lunes, 24 de julio de 2017

EL MIEDO AL MIEDO

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: el miedo al miedo. Un caso que nos muestra cómo es la anticipación y sobrevaloración de la ansiedad lo que acaba provocando el pánico.

CONSULTA

Llevo 3 años de desempleo, sin cobrar ninguna prestación ni ayuda. Me mantengo con lo que mensualmente mi madre (viuda) puede darme a pesar de mis 31 años. Tengo pareja estable pero no podemos independizarnos por la falta de trabajo. Ya ni busco empleo, porque en la última entrevista padecí un ataque de pánico y evito cualquier situación parecida por miedo a que vuelva a pasar. He pedido varias citas con psicólogos, pero cuando llega el momento me entra el miedo y me encierro en casa. ¿Por dónde podría empezar para volver a salir de casa sin miedo a que me den ataques de pánico? Una vez sea capaz de salir, ya podré ir a terapia.

RESPUESTA

Los ataques de pánico son episodios de miedo intenso en los que la persona tiene la sensación de que algo muy malo va a pasar, pero que finalmente no pasa. Se experimenta taquicardia, asfixia, mareos, etc., y se puede pensar que “me voy a morir, me voy a volver loco, me voy a desmayar”, pero nada de eso finalmente llega a suceder. Sin embargo, la persona evita las situaciones que pueden provocar ese ataque de angustia, y es entonces cuando se genera un problema de miedo al miedo que se traduce en un Trastorno de Ansiedad: un TAG, un Trastorno de Angustia con Agorafobia…

¿Qué hay que hacer? No evitar, afrontar. "Pero, ¿qué hago si me vuelve a suceder?" Nada. No tienes que hacer nada. Pasar el mal rato, dándote cuenta de que es sólo eso: un mal rato. Es tu terribilización del ataque de pánico, tu anticipación, tu miedo al miedo, lo que precisamente llama al miedo. Si tomas conciencia de que puede volver a pasar, pero que si pasa no es tan terrible, al dejar de darle tanto valor a un suceso que, aunque muy desagradable no es dramático, dejarás de preocuparte y dejarás de anticipar y de llamar al miedo.


El afrontamiento o exposición se suele hacer de manera progresiva y controlado por un terapeuta, incluyendo terapia cognitiva para cambiar los pensamientos terribilizadores, y técnicas de relajación. Existen hoy día muchos psicólogos que hacemos terapia online y a domicilio, lo que facilita el trabajo con la agorafobia.

Por otro lado, es posible que tu situación de desempleo, y la presión psicológica que genera la misma, haya sido el desencadenante de tu problema de ansiedad. No te machaques, céntrate en las soluciones, en el qué puedes hacer, y sobre todo, date tiempo. Ánimo, un abrazo.

martes, 18 de julio de 2017

APRENDER A VIVIR CON MIEDO

A pesar de los miles de años transcurridos y todos los avances realizados, la verdad es que nuestro cerebro, desde un punto de vista evolutivo, no es muy diferente al de un hombre de las cavernas. Y sólo hace falta echar un vistazo a alguno de nuestros análogos para darse cuenta, ¿verdad? Algunos por cierto ocupan sillones en despachos importantes. 

Así, el hombre de las cavernas necesitaba un cerebro muy en alerta porque cada vez que salía de la cueva se enfrentaba a peligros constantes: animales salvajes, tribus rivales, accidentes geográficos... El hombre de las cavernas necesitaba vivir con miedo, y sabía vivir con miedo, porque al fin y al cabo ese miedo le salvaba la vida.

Hoy sin embargo, esos peligros han desaparecido, pero en muchas ocasiones mantenemos ese nivel de alerta, aun cuando la amenaza no es real. El miedo por tanto, que es inevitable y sigue siendo necesario, se convierte no obstante en multitud de casos en un miedo exagerado.

Y de ahí vienen la fobias, las inseguridades, la ansiedad, el estrés...

Sobrevaloramos los peligros del mundo real y las consecuencias negativas de su impacto. Y el miedo que nace de esa sobrevaloración, es un miedo totalmente disfuncional, inadaptativo.

Por lo tanto, una 1ª clave para superar nuestros miedos o, mejor dicho, aprender a vivir con nuestros miedos, tal como hacía el hombre de las cavernas, es hacer una valoración más justa del peligro, pero también de los recursos personales que tenemos para afrontar ese peligro. Entiéndase como peligro, en el mundo actual: un despido, una enfermedad, un rechazo, una ruptura, una tarea, un reto, una hipoteca, unloquesea, porque al fin y al cabo, hoy día, ante cualquier estímulo podemos reaccionar como si estuviéramos frente a una grave amenaza.

Luego, una 2ª clave, al hilo de lo expuesto, sería valorar también en su justa medida el impacto de las consecuencias negativas del peligro o amenaza. Es decir, el "ponte en lo peor". Y cuidado porque, seguramente, al ponerte en lo peor, te darás cuenta de que lo temido efectivamente no es nada bueno, no es deseado, es una faena. Al fin y al cabo nadie quiere ser despedido (a no ser que no te guste tu trabajo), nadie quiere contraer una enfermedad (a no ser que no te guste tu trabajo y quieras cogerte una baja), nadie quiere que le rechacen o que rompan su relación (a no ser que...). Pero poniéndote en lo peor te darás cuenta de que lo peor, no es el fin. Es un mal superable. Después de lo peor, sigue habiendo soluciones y alternativas, incluso en el caso de una enfermedad terminal, hay alternativas: tu alternativa es el aquí y ahora. Incluso en el caso de la muerte, después del mal más temido, queda la paz.

Por último, una 3ª clave para aprender a vivir con tu miedo es comprometerte con la vida que quieres vivir. Es verdad que hay afuera hay peligros y amenazas, y aunque la mayoría son inventados o exagerados, nuestro cerebro en alerta (nuestro Ego Sobreprotector) no puede evitar alarmase. Es evolución, una respuesta muchas veces innatas, no elegimos sobresaltarnos ante la mayor tontería del mundo. Pero sí que podemos decidir preocuparnos ante esa falsa alarma, o redirigir nuestra atención y acción hacia lo que verdaderamente me importa y da significado a mi vida: mi familia, mis amigos, mis proyectos, mis metas, mis aficiones, mis principios y valores, mi ilusión...

Hace poco leí una genial frase de Daniel Dafoe que dice: "El miedo no para la muerte, pero detiene la vida". Y otra no menos genial de Pablo Neruda: "Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida". Sintetizan bastante bien la idea fundamental de este post:

Si tu compromiso es con el amor a la vida,
y no con el miedo a la muerte
(o con cualquier otro tipo de miedo),
ese compromiso te dará la lucidez suficiente para ignorar tus miedos,
sin son inventados o exagerados,
o afrontarlos, si suponen un obstáculo para tu compromiso
con el amor a la vida.

Vive con miedo que no pasa nada... mientras el miedo no te impida salir de la cueva... y vivir la vida que quieres vivir. Un abrazo.

jueves, 13 de julio de 2017

COSAS QUE TE DIJERON QUE ERAN MALAS Y PROBABLEMENTE NO LO SEAN

Seguro que todos somos capaces de enumerar una serie de valores que, de manera general, se consideran positivos: la gratitud, la solidaridad, la valentía, la sabiduría, la esperanza, la autorrealización... La lista podría ser más larga y todos estaríamos de acuerdo en la importancia de estos valores para la vida, tanto en el plano individual como en el colectivo.

Sin embargo, hay otros valores que seguramente hemos subestimado y que incluso hemos asimilado como negativos, por el fruto de malos aprendizajes ya que, como veremos a continuación (o como yo voy a tratar de defender), no son para nada antivalores y, dependiendo de la cantidad, el contexto, el momento y el uso que se les de, ciertamente, pueden llegar a ser valores que enriquezcan enormemente nuestra vida.

De hecho, el exceso de solidaridad puede potenciar la dependencia en detrimento del desarrollo de la autonomía, el exceso de esperanza puede derivar en ingenuidad y frustración, y el exceso de valentía puede llevar directamente al suicidio inintencionado. Todo puede ser bueno en su justa medida, todo puede ser malo si es en exceso o en defecto.

Esta es mi lista de Cosas que te dijeron que eran malas y probablemente no lo sean:

  • La lentitud. ¿No te ha pasado alguna vez que alguien te ha criticado por hacer algo de manera parsimoniosa, o tú mismo te has criticado? Vivimos en la cultura de la inmediatez. Y esto es así porque en un Sistema como el nuestro, en el que el objetivo viene a ser la productividad (en lugar de la felicidad, qué cosa más triste), el factor eficiencia, que significa "hacerlo bien con la menor cantidad de recursos posibles" (entre esos recursos, el tiempo), cobra una importancia exagerada. Trabajar, interactuar, vivir, de manera más lenta, además de quitarnos estrés, nos ayuda a estar más conectados con lo que estamos haciendo, con el aquí y ahora, de manera más consciente y también, más gratificante.
  • La pereza. Claro, si "hay que" ser productivo, ¿¿¿cómo te vas a permitir ser vago??? El problema de esta creencia aparece cuando no nos concedemos momentos de pereza porque tememos volvernos perezosos (un claro ejemplo de la presión psicológica que puede llegar a ejercer el Sistema), o cuando por darte momentos de ocio y descanso te sientes culpable porque no estás aprovechando el tiempo, ya que no estás siendo productivo. Cuando mueras pondrán en tu lápida "Aquí yace X, fue una persona muy productiva". ¡Qué tontería! Necesitamos muchos momentos de relax, mucha diversión, dormir más, hacer mucho más NADA... ¿Y sabéis cuál es la paradoja? Que eso es productivo, porque si el cuerpo y la mente descansan y encima estoy de buen humor, voy a rendir mejor.
  • El silencio. Hay una memorable escena de Pulp Fiction protagonizada por
    John Travolta y Uma Thurman, en la que ella, tras un largo silencio, le dice a él: "¿No los odias?", y él pregunta: "¿El qué?", y entonces ella responde: "Estos incómodos silencios. ¿Por qué creemos que es necesario decir gilipolleces para estar cómodos?". Tal como responde el personaje de Travolta después, yo también creo que es una buena pregunta. ¿No habéis tenido a veces la sensación de "tengo que decir algo"? ¿Por qué? Y esto se pone mucho más de manifiesto cuando alguien nos cuenta un problema o nos revela que se siente mal: "¡Alarma, alarma, di algo, soluciona la vida de este pobre diablo, móntale en una nube y haz que se sienta feliz!". A veces el silencio dice más que las palabras, a veces escuchar sana más que decir. Como diría Tarantino: "Disfruta tu puto silencio, joder".
  • La simpleza. Y es que, ¿no tenéis la sensación de que, entre todos un poco, hemos complicado de una manera totalmente innecesaria nuestro estilo de vida? ¿Para qué, para tener más? Pero no sólo en un plano material, también en lo social y en lo personal. Hay que tener más amigos, más experiencias, más virtud... Más no siempre es sinónimo de mejor. Luego vemos a alguien con una vida muy "básica" pero feliz, ¡y casi que nos molesta! Nos entran ganas de decirle: "Oye, ¿pero qué estás haciendo con tu vida?, ¡la estás desperdiciando, haz más cosas!" Si se lo dijéramos seguro que nos miraría con cara rara, ¡y con toda la razón del mundo! Menos es más: menos complejidad es menos estrés y por tanto más paz, menos pertenencias es menos cargas y por tanto más ligereza, menos apego es menos necesidades y por tanto mayor independencia y libertad. Sé que moriré sin tener muchas cosas, sin haber vivido muchas experiencias y sin haber desarrollado muchas virtudes, y no quiero que eso me importe, no quiero que eso determine mi felicidad.
  • La irreverencia. ¿Qué es lo contrario a ser irreverente? Seguir las normas, acatar. No es malo, es necesario, pero el mal aprendizaje que hemos podido extraer es: hay que ser siempre correcto. ¿Y qué es lo correcto? ¿Hacer lo que otros dicen que haga? ¿No se pueden equivocar los otros, son las normas siempre correctas? Y aunque siempre lo fueran (que no es así, de ningún modo), si me obligo a ser siempre correcto, ¿no me estaría obligando a ser perfecto, no me castigaría en demasía cuando fallo, no estaría dejando de aceptar mis limitaciones? Ni siempre podemos seguir las normas, ni siempre debemos. La insumisión y la rebeldía han derivado no pocas veces en un cambio que ha transformado a la sociedad para bien y la ha hecho más justa. Si seguimos la corriente nunca sabremos qué nos estamos perdiendo al otro lado.
  • La diferencia. ¿Quién no se ha sentido mal por ser diferente, por no encajar, por no seguir "la misma onda"? ¿Y acaso ser diferente es malo? Entonces, ¿por qué sentirse mal? ¿Es justo que nos sintamos inferiores por nuestras diferencias? Nuestras diferencias no nos hacen peores, nos hacen NOSOTROS, nos hacen únicos. Y quizá queramos encajar en todos sitios pero no todos los sitios ni todos los grupos están hechos para nosotros, y no pasa nada. Si no tuviéramos diferencias, seríamos borregos de una misma manada que se dejan gobernar por el pastor y no pueden decir más que "¡Beee, beee!". No tendríamos voz propia, careceríamos de pensamiento crítico, no nos distinguiríamos. Ama tus diferencias, porque no te hacen peor ni mejor, te hacen ser tú.
  • La inmadurez. Pensemos por un momento en el valor opuesto: la madurez. Se considera, por norma general, una virtud. Y lo es si la madurez te acerca a tu mejor Yo, tu Yo más auténtico. La madurez tiene que ver con la autorrealización, con el crecimiento personal, con dejar de ahogarse en un vaso de agua y saber observar las cosas desde una posición más serena y reflexiva. La madurez no es volverse más serio, con más responsabilidades y más aburrido. La madurez es responsabilizarte de tu vida y de tu actitud ante la vida. Y es, en este sentido, de personas sumamente responsables: no dejar de jugar, de reír, de soñar, de hacer el payaso, de ensuciarte las rodillas. Es una gran responsabilidad, sin duda, no perder el contacto con el niño que llevamos dentro

No todo lo que parece malo es malo, no todo lo que parece bueno es bueno, pero ciertamente podemos hacer de nuestra vida una BUENA VIDA, con los valores que, no nuestros aprendizajes o el Sistema, sino nosotros, queramos añadir. Un abrazo.