Madre mía, se me van a echar al cuello los frikis de los viajes con este post... 😬
Pero es que no, es que viajar no da la felicidad, para nada. Hace poquito, hice mi último viaje, me fui solo al norte de España, estuve en Santander, San Sebastián y alrededores. Es bonito y se come bien. También es caro viajar, hay muchos turistas según qué zonas, es cansado, a veces aburrido... Tiene sus pros y sus contras. Me gustó mi viaje, pero no fue la panacea.
Más que nada porque, y este es el punto al que quiero llegar, nada es la panacea. El significado de panacea es "Remedio o solución general para cualquier mal", así que si hablamos de la panacea de la felicidad podríamos hablar del remedio a la infelicidad. Y eso no existe. La felicidad no es algo que se consigue. Es algo que se siente, por momentos. Por tanto, el dinero no da la felicidad, tener una pareja no da la felicidad, viajar no da la felicidad. Pueden procurarnos muchos momentos felices, pero eso también dependerá de otros factores, personales (si eres un niño pijo que ha viajado ya por medio mundo, seguramente viajar nuevamente no te genere tanta satisfacción como quien viaja menos a menudo), y ambientales (si resulta que el destino no era finalmente cómo te habías imaginado, por muchas fotos idílicas que cuelgues en Instagram, la realidad es la que es).
Entonces, si resulta que la felicidad es un sentimiento que vivimos por momentos, y que depende de factores internos y externos, aunque viajar esté bien, que no digo yo que no (también me parece súper legítimo que haya gente a la que no le guste viajar), ¿no será mejor centrar tus pensamientos, esfuerzos y energías en construir una rutina de vida atractiva?
Viajar, como tantos otros productos de consumo, es un anzuelo para que te gastes el dinero, para que trabajes mucho, como un puto pringado, seguramente ayudando a otros a hacerse ricos gracias a tu productividad y la de tus compañeros, mientras tú te pasas la mayor parte del año soñando con esos dos viajes que haces (con suerte) para escapar de los berridos de tu jefe y de la monotonía esclava de tu lugar de trabajo. Además, como ves mundo, esa experiencia te genera la falsa ilusión de que no eres un peón como tantos otros, sino que perteneces a una clase media que puede hacer cosas de ricos y quizá, algún día, aspirar a la vida ostentosa que tiene tus ídolos de la tele. Spoiler: no.
Basamos demasiado nuestro bienestar en la novedad, en ese par de viajes al año, en el plan del fin de semana, en el fiestorro que haremos por nuestro 50 cumpleaños (si llegamos) o por nuestras bodas de plata (estadísticamente, bastante improbable). Y, mientras tanto, la vida se nos pasa. La vida buena no hay que erigirla sobre las bases de la novedad, sino de la rutina, de una rutina que sea atractiva, buena para ti.
Haz, todos los días, cosas que te gusten, que te hagan sentir bien, con las que te sientas orgulloso. No tienen que ser novedosas ni el no va más. Es más importante que tengan un significado positivo para ti, que tú te sientas bien simplemente por el hecho de hacerlas porque crees que le dan un buen sentido a tu vida, una buena dirección. Cuidarte, cuidar a otros, hacer ejercicio, practicar aficiones, aprovechar el tiempo, descansar, leer...
¡Por cierto, leer es otra manera de viajar! (y menos costosa) ¡Y, por cierto, este jueves 23 de abril es el Día del libro! ¡Y, por cierto una vez más, ¿a qué esperas para hacerte con mi libro, La Dictadura de la Felicidad?! ¿Qué mejor que hacerte con él, de una vez, para celebrar el Día del libro? No se ha notado apenas la cuña, ¿verdad? 😁
Bueno, concluyendo, que viajar está bien (o no), pero que al final la vida es mucho más que eso y, para vivir más o menos bien, cuando se pueda, que no siempre se puede, haz cosas que ames, y ama lo que haces.
Yo lo intento y creo que me va más o menos bien. Sí. Amo mi rutina. Y si a veces me escapo de ella es para después volver, ¡y cogerla con más ganas!
Cuestiona lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.
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Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para el resto del mundo. Aquí mis libros.
¡Y, como siempre, recibe este abrazo!

