martes, 2 de abril de 2024

UNA SOCIEDAD DE CUIDADOS

La mayoría de la gente me decía tras el confinamiento de la COVID: "tú ahora tendrás mucho trabajo, ¿verdad?, la gente está fatal". Y yo pensaba: "ah, pero, ¿antes no lo estaban?"


Efectivamente, con la pandemia creció bastante la demanda de atención psicológica. Pero yo, personalmente, recibí muy pocos casos relacionados directamente con aquella. Todo era depresión y ansiedad, y venía de antes, de mucho antes.


Recientemente he leído un libro, una maravilla de libro, mejor dicho, que me ha abierto aún más los ojos (y no los tenía precisamente cerrados) frente a una de las principales causas del aumento constante de los trastornos psicoemocionales (o de la infelicidad, cuando el malestar no llega a ser del todo patológico). Esta obra se llama "Conexiones perdidas", del periodista británico Johann Hari, que fue diagnosticado de depresión y ansiedad siendo muy joven e, inmediatamente, tratado con psicofármacos y solo con eso. Johann sabía que había algo más que un desequilibrio químico en la génesis de su enfermedad, y lo exploró con este libro, investigando hasta dar con nueve causas reales y sociales de la depresión y la ansiedad.


Efectivamente, el modelo de salud mental es biopsicosocial. Y los tres componentes, lo bio (nuestra herencia y armatoste genético), lo psico (personalidad) y lo social (ambiente) influyen de manera proporcionada sobre nuestra salud mental y emocional.


Lo bio depende de lo que te haya tocado y se puede corregir o atenuar un poquito con la ayudita química.


Lo psico depende de lo que hayas vivido y se puede trabajar con terapia y autocuidados.


Lo social depende de todos, mierda ya.


Depende de todos, joder.


Y no me parece a mí, no sé, quizá me equivoco, pero no me parece a mí que vivamos en una sociedad en la que nos cuidemos los unos a los otros. ¿A ti te lo parece?


A mí me parece más que en lugar de vivir en una sociedad que promueva la bondad, que es hacer el bien para los demás (habría que añadir: y para uno mismo), se fomenta la maldad, que es hacer el mal para los demás porque eso acabará siendo bueno para uno.


Se ve en Málaga, por ejemplo, ciudad de donde soy y donde vivo (por ahora). Se demuestra con el tema de los abusos económicos de la vivienda. A mí, sin ir más lejos, mi casera me quiere subir el alquiler a 200 euros de una tajada y sin anestesia. Gente que tiene para vivir bien abusa económicamente de su vecino para así tener más. El ayuntamiento de Málaga se ha opuesto a declarar Málaga como zona tensionada del alquiler de vivienda, favoreciendo estos abusos. Se prevalece el derecho a ganar dinero por encima del derecho a una vivienda. Es de locos. ¿Es eso cuidarnos los unos a los otros? 


Con estas dinámicas en las relaciones económicas y laborales entre las personas de una comunidad, no es de extrañar que las personas acaben estresadas, deprimidas o directamente locas, volviéndose agresivas. Se genera enfermedad individual y tensión social (enfermedad colectiva, vaya), porque la casera me sube a mí el precio, yo se lo subo a mi paciente, mi paciente, que es frutero, sube el precio de la fruta... y al final, todos jodidos (menos los más ricos, eso sí; ellos simplemente se parten de la risa con nuestra forma de tratarnos). ¿Es eso vivir en una sociedad que cuida la salud mental y emocional?


Si queremos empezar a hacerlo, tendremos que:


- Ponerles precios razonables a la vivienda y al resto de cosas. Ganar menos dinero, para que el otro gane más paz, y si el otro está bien, yo, al final, también estaré bien. ¿Qué preferimos: tensión social o paz social? Luego, la gente se queja del fenómeno de los okupas. Anda que... Pues si los que abusan económicamente de otros se piensan que esos otros no se van a defender, están jodidísimos.


- Reducir en mucho nuestro nivel de competencia y fomentar la colaboración. Juntos es mejor que solos. Apoyándonos es mejor que estar en contra. Nos ponemos la zancadilla, nos tiramos piedras sobre nuestros propios tejados sin darnos cuenta. Hay que competir menos y colaborar más, agruparnos, asociarnos, sindicarnos. Qué guay sería que en Málaga, por ejemplo, existiera un sindicato de inquilinos fuerte y activo. No lo hay. O el que hay es una mierda. Si la unión hace la fuerza, y así es, nosotros tenemos una grandísima debilidad.


- Fomentar lo inmaterial. El capitalismo (y, sobre todo, siendo más preciso, el neoliberalismo), nos ha dejado tarados perdidos. Creemos que la felicidad está en el dinero, en lo material, en el estatus. Vaya gilipollez. Los estudios sociológicos y psicológicos demuestran que es la falta de dinero para acceder a lo básico lo que genera sufrimiento (obvio), pero no es conseguir mucho dinero lo que te da una vida más feliz, sino las relaciones sociales y sentir que estás haciendo cosas en tu vida que le dan valor a la misma. ¿De verdad sientes que tu vida es valiosa por tener un Ferrari, un reloj de oro o ropa cara? Si es así, estás muy vacío o vacía, tienes la cabeza muy hueca. Necesitamos enriquecer nuestras relaciones y nuestras acciones personales, buscar la virtud, ¿y cómo lo vamos a hacer si nos metemos en un bucle en el que hago todo lo que pueda para ganar más dinero, para tener más cosas que aumenten mi estatus, incluso si es a costa de joder al de al lado? Qué imbéciles, de verdad...


- Reducir drásticamente la desigualdad económica. Está relacionado con todo lo anterior, claro. Si abusamos unos de los otros, si competimos como tiburones en el mar por un trozo de pescado, si hacemos todo lo posible, legal y no legal, por enriquecernos, finalmente se genera desigualdad, y la desigualdad afecta mental y emocionalmente al que la padece, y al que no. Porque, insisto, la paz social se paga. No sale gratis, se ha de pagar. Pagando más (subida de impuestos a los que más tienen) o ganando menos (poniéndole freno a los abusos). Si la gente está mal porque no puede salir de casa de sus padres, porque la mensualidad del alquiler o de la hipoteca les ahoga, porque esforzándose lo mismo ven que hay gente que puede acceder a una vida de lujo y ellos, por falta de oportunidades, no se mueven del sitio, la peña se cabrea. Claro que se cabrea. La hostilidad se palpa en la calle. Se ve en el funcionario que te atiende de mala manera, se oye en el conductor que te pita y se caga en tu puta madre, se siente en la familia que okupa tu casa. Si estamos presionados tanto laboral como económicamente, ¿cómo no se va a notar, cómo no, aunque solo me queme a mí por dentro, que soy el que lo padece, no te va a explotar a ti en la cara también? La salud mental y emocional, a ver si nos enteramos de una puñetera vez, no es un problema individual, es colectivo.


- Y por último (por último en este post, porque no quiero extenderme más, ya que si lo hiciera podría estar escribiendo durante semanas sin parar), hemos de cuidar muy mucho la naturaleza y la cultura, que son lo más valioso que tenemos, junto a las relaciones humanas, que ya las he comentado, y muy por encima del maldito dinero y lo material. El ser humano es feliz cuando ve verde o azul. Es feliz cuando respira puro. Es feliz cuando convive con animales. Está más que demostrado; la naturaleza nos hace bien. Y la cultura, joder, la cultura nos enriquece. La cultura nos da sabiduría, nos ayuda a entendernos mejor, a convivir mejor unos con otros. Nos enseña a ser más felices. Hay que fomentar más la cultura, que haya más cines y menos coches, más lectura y menos móvil, más teatro y menos drama.


Y, por cierto, hablando de cultura, este domingo 7 de abril estaré en Málaga, en la Sala Joaquín Eléjar, haciendo junto con la fabulosísima Gisela Escoda la obra El poder transformador de las historias; teatro, monólogos, cuenta cuentos y todo en torno a la psicología y el bienestar. Y hablando de cuidarnos, a ver si apoyamos más a los nuevos creadores, como nosotros, que si se estrena una porquería de obra en el Soho, el teatro del Banderas, va todo Dios, y nosotros que nos lo curramos muy bien y somos muy dignos tenemos que hacer el triple (o más) de esfuerzo para llenar las salas. Ven a apoyarnos, que no te vas a arrepentir, te lo aseguro. Y si no, si quedaras insatisfecho, me buscas después de la obra para hacerme rendir cuentas, pero ya te digo yo que eso no va a pasar. Entradas baratitas aquí 👉 https://www.mientrada.net/evento/el-poder-transformador-de-las-historias/


Y ya está. Cuidémonos, porfa. Porque si tú estás bien, yo al final también estaré bien, y si yo estoy bien tu también estarás bien. La salud mental y emocional es cosa de todos. Así que dejemos de maltratarnos y cuidémonos, ¿vale? Venga, va, si no cuesta tanto, y el beneficio puede ser muy muy grande.


Cuestiona lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


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Si te gusté yo, hago terapia en consulta en Málaga y online para el resto del mundo. También tengo un par de libros.


Y, con mucho cuidado, ¡te mando este enorme abrazo!

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