iluminati para decir que el tercer lunes de enero es el más triste del año. Y yo llevo aprovechándome de esta fecha, de un tiempo hacia acá, para defender a la denostada tristeza y ensalzar sus valores. ¡Necesitamos a la tristeza! In love con la tristeza.
Este año, lo que quiero hacer para generarle buena fama a mi querida tristeza es diferenciarla bien de la depresión. Tristeza y depresión no son lo mismo.
Para vosotros quizá sea obvio, pero como psicólogo me encuentro con personas que sí creen que tienen depresión, cuando lo único que les pasa es que se sienten tristes, y con razón además. Se estigmatizan sin motivo (ojo: tampoco hay que hacerlo cuando se tiene depresión). Y pueden llegar a recurrir a psicofármacos sin tener por qué.
La tristeza es una emoción que puede durar minutos u horas. A veces pasamos de la emoción al estado de ánimo, y este puede durar días. No se diagnostica depresión hasta que la persona manifiesta sentirse de una determinada manera durante al menos dos semanas, la mayor parte del día.
Pero, además del factor tiempo, también tenemos que tener en cuenta las características. La depresión es un conjunto de síntomas. La tristeza es solo uno de ellos, y no necesariamente está presente siempre. La depresión no es estar triste, aunque pueda conllevar estarlo. Es sobre todo una pérdida de ganas. Por eso, otros síntomas que aparecen en un cuadro depresivo son la apatía, la anhedonia, la baja motivación, la falta de autoestima...
Se ha llegado a definir la depresión como la fatiga de ser uno mismo. La depresión conlleva una fatiga física, mental y emocional. El organismo se deprime, por eso se llama depresión. Es decir, se viene abajo. Nos exponemos a presiones que nos producen un estrés excesivo y continuado (cumplir con las exigencias, con los estándares), y cuando no podemos más, ¡plof! Nos cansamos de ser nosotros mismos, el yo que nos hemos exigido ser y que, en realidad, no podemos (ni es saludable).
En ocasiones se dice que la tristeza es la antesala a la depresión, pero no es verdad. La depresión puede venir también por un suceso aislado, no por una exposición constante al estrés: una ruptura sentimental, la pérdida de un ser querido, un trauma que produce demasiado dolor..., pero es, precisamente, nuestra resistencia a la tristeza y al dolor, nuestra lucha con nosotros mismos, lo que provoca esa fatiga que acaba en depresión.
parte jodida de la vida y las emociones que provoca, como la tristeza. No hay que luchar, no hay que reprimir, no hay que esconder... hay que sentir, transitar y soltar.
Y como todos, Todos, TODOS en algún/unos momentos de nuestra vida podemos caer en depresión, permitámonos pedir ayuda, por supuesto.
Cuenta conmigo para eso.
Cuestiona todo lo que digo, que la duda nos acerca más a la verdad.
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Si te gusté yo, hago terapia en consulta en Málaga y online para todo el mundo. También tengo un par de libros.
¡Y recibe el primer abrazo de 2026! ¡Feliz año! Y cuando no sea feliz, que al menos sea tolerable. 😉

