martes, 16 de marzo de 2021

10 COSAS QUE DEBES HACER PARA NO SUPERAR UN DESAMOR

Pasar página, cerrar ese capítulo de tu vida, empezar de 0, enamorarte de ti...
¡Bah! Todo eso son tópicos que dice la gente amargada que ya no cree en el amor. Al menos no en el amor verdadero, que es aquel que es eterno y lo suficientemente fuerte para poder con todas las adversidades.


Así que, si tu relación de pareja se ha roto de forma "aparentemente" definitiva, o si esa persona de la que te habías enamorado ya te ha dicho "claramente" que no siente lo mismo por ti, tú no desfallezcas, no te rindas, ¡jamás!, no hagas caso a esos psicólogos que pretenden robarte la ilusión de que esa puerta se abra de nuevo y puedas, gracias a ello, volver a ser feliz de nuevo. Porque sabes que es eso lo que necesitas para serlo.


Este es un decálogo de 10 cosas que debes hacer para fortalecer tu enganche emocional hacia esa persona de tu pasado y, por tanto, no superar el desamor, porque eso es lo que hacen los corazones fuertes y valientes, sufrir por desamor hasta que, por fin, un día, el amor que se fue vuelve a ellos:


1. No pierdas el contacto con esa persona. Mensajéala, llámala, busca tener encuentros con ella, ruégale repetidamente que volváis a estar juntos... ¡No ceses en tu empeño, algún día lo conseguirás!


2. Idealiza a la persona. Cuando la recuerdes, no pienses en los momentos malos ni en los motivos de la ruptura, acuérdate solo de lo bueno y endiósala.


3. Habla de la persona todo el tiempo. Cuando quedes con amigos, si estás haciendo terapia, en la cola de la pescadería... Si lo tienes siempre en mente, crearás una conexión mágica entre tú y ella y volverá.


4. Guarda recuerdos compartidos y tenlos siempre a la vista. Si haces esto, seguirás pensando constantemente en esa persona y fortaleciendo ese hilo mágico que la atraerá hacia a ti, y, además, tendrás un motivo para creer que algún día él o ella volverá para reclamarte esos objetos, ¡y podrás aprovechar ese momento para rogarle otra vez que vuelva!


5. Si, por alguna razón, porque la carne suele ser débil, cometieras el error de conocer a alguien (un simple entretiempo se perdona), compáralo constantemente con la otra persona y minusvalóralo sacando de él o ella aquellos puntos menos fuertes en comparación con tu amor verdadero.


6. Si llegaras a tener sexo con esa persona que has conocido, siéntete vacío por no haberlo hecho con tu amor verdadero. Así te sentirás fatal y gracias a ese sentimiento fortalecerás la esperanza de que algún día vuelva a tu lado para sanarte (él/ella sanarte a ti, porque para nada tú tienes la capacidad de sanarte a ti mismo/a, claro).


7. Cúlpate muchísimo. Por aquella discusión, por aquel día que llegaste tarde, por haberte olvidado del aniversario... ¡Por todo! Mientas más te culpes peor te sentirás y más aprenderás, para que, cuando él/ella vuelva, puedas dar de ti tu mejor versión (la que es perfecta y nunca falla, por supuesto).


8. No hagas caso a nada de lo que te digan los demás y te aleje de la persona. "Piensa en ti, aprende a estar solo/a, ahora tú..." Mensajes como esos son típicos de gente que no sabe qué decirte y te lanzan lo primero que les viene a la cabeza solo para salir del paso. Y, además, son unos envidiosos que en realidad recelan de tu amor único y verdadero.


9. No valores el amor como algo que va más allá del amor romántico. Esa es una idea tonta de los que nunca ligan. El amor a la familia, a los amigos, a la naturaleza, a la vida... Sabes de sobra que el amor que de verdad importa y necesitas es el de amor verdadero. Por tanto, desecha e ignora las muestras de amor de la gente de tu entorno ya que solo se están tratando de aprovechar de tu fragilidad para sentirse ellos importantes.


10. Y, por último, ni se te ocurra, de ninguna de las maneras, ocuparte de ti: de desarrollar nuevos intereses (o intereses ya olvidados), recuperar amistades, emprender nuevos proyectos, viajar, proponerte metas... ¿¿¿Estamos locos o qué??? ¿Acaso quieres aceptar que lo tuyo con aquella persona ya se acabó y olvidarla? ¿Para qué, para comprobar que puedes ser feliz sin ella? ¡De eso ni hablar! Has de ser feliz con (y solo con) ella.


El hecho de que este post esté escrito en clave de humor y con mucha ironía
(supongo que, a estas alturas, ya te habías dado cuenta) no significa que no me tome en serio el duelo romántico (aquel que se produce tras una ruptura sentimental o un desengaño amoroso). Y me lo tomo tan en serio que este viernes 19 de marzo, a las 19:00, hago una masterclass online titulada "Superar el desamor", para, esta vez sí, daros algunas claves que nos pueden facilitar superar el desamor. Más info e inscripciones aquí.


Porque sé que no es una broma. Sé que duele. Sé que es duro. Pero, también sé que se puede. Y, si te animas, te echo una mano con eso.


Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.


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Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para el resto del mundo.


Y, con nada de desamor y sí mucho amor, recibe este abrazo. 

jueves, 11 de marzo de 2021

ESA EXTRAÑA Y COMÚN Y NECESARIA HABILIDAD DE REÍRSE DE LA DESGRACIA

Escribió Neruda: "Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve
de la vida".


Y yo siempre que leo esa frase, me digo: "Y el humor que nos salve de nosotros mismos". 


Y de nuestra capacidad para el drama. Y de fustigarnos a través de la culpa y el autodesprecio. Y de vislumbrar amenazas desproporcionadas que solo existen cuando anticipamos el futuro.


Ciertamente, el sentido del humor nos puede salva de nuestro "sentido común" cuando este está intoxicado de neuras, inseguridades, negatividad y miedos. Reírnos de la vida, del mundo, de los demás y de nosotros mismos los primeros nos ayuda, a veces (muchas, creo), a adquirir un nuevo enfoque de las cosas, más adaptativo.


Por eso, conservar el humor, en las malas, puede ser algo que, aunque en ocasiones se antoje muy complicado, resulta muy beneficioso. Reírse en las buenas es fácil. Solo los genios consiguen transformar la desgracia en motivo para la risa. Genios como El Kanka:



La buena noticia es que no hace falta ser un virtuoso de la música como El Kanka para sacar a ese genio que llevamos dentro. Porque, sí, todos tenemos esa capacidad para encontrarle el lado cómico a nuestras zonas más oscuras y vivencias más amargas. Como psicólogo no paro de conocer gente que me ha sorprendido por su manera de afrontar (y reír) sus pequeñas tragedias.

Sin embargo, que no nos vendan la moto: conservar el buen humor no es
mantenerse impasible ante la adversidad, la pérdida o el fracaso.
Tenemos el derecho de llorar, cagarnos en la puta vida y mandar al mundo a la mierda. Se puede (y se debe) tener momentos para eso.

Mantener el buen humor no es reírse siempre de todo, independientemente de tus circunstancias y tu sentir en ese momento. Es no perder tu capacidad para "reírte de".

Porque a veces nos empeñamos (el maldito ego nos empeña) en preocuparnos y agobiarnos y amargarnos de más. Como si nos dijéramos "Sí, claro, encima que todo me va mal (¿todo, seguro?) me voy a poner a reír ahora". Y desconectamos esa capacidad que tenemos todos. Y... a ver quién nos salva entonces de nosotros mismos.

El humor nos salva porque algunos beneficios de este son:

- Desdramatizamos.

- Le quitamos hierro a las cosas (y a nosotros mismos).

- Con el chiste o la "vuelta de tuerca", adquirimos una perspectiva diferente de la realidad, más adaptativa, y nos sobreponemos más fácilmente a la adversidad.

- Nos generamos emociones más placenteras y agradables.

- Nos conecta con las personas.

Y algunas maneras de potenciar esta habilidad son:

- Consumir humor: canciones, libros, tebeos, memes, vídeos, series, películas, monólogos, teatro...

- Crear humor: escribir, componer, actuar... No hace falta ser profesional. Simplemente usa tu talento creativo, sea el que sea, para reírte tú (y ya si haces reír a alguien, niquelao).

- Contar chistes y jugar. Esto es algo que hacíamos mucho de niños y, de repente, un día, la mayoría de la gente dejó de hacerlo. ¿Por qué? Es más divertido que comer y beber todo el rato en una fiesta o que hablar constantemente del Covid o de qué ha hecho fulanito de tal con menganita de cual.

- Rodéate de personas que saquen tu faceta más divertida y te ayuden a ver el lado cómico de la vida. No se trata de convertir lo negro en blanco pero quizá sí de hacerle al negro un agujero para que no nos quite la visión de todas las cosas.

- Llora. Porque si obstaculizas las emociones dolorosas, como la tristeza, estarás bloqueando también tu capacidad para experimentar dicha, gratitud y, claro, humor.

Insisto, no se trata de reír por no llorar. Hay que hacer cada cosa cuando toque. Y
no perder la capacidad ni para lo uno ni para lo otro.
Así que, cuando te pase algo que te enganche al drama (rumiaciones, angustia, falta de motivación, enfado constante), pregúntate sobre eso que te ha pasado: ¿es tan grave realmente o se podría contar una historia divertida? Habrá veces que no, estoy seguro. Pero también estoy convencido de que habrá veces que sí. Q
uizá más de lo que imaginas.

Para terminar, contaré una anécdota reciente: un paciente, en terapia de pareja, me contaba que se había sentido muy deprimido cuando, hace poco, se le murió el hámster.... ¡porque le sopló! Su novia no pudo evitar, en ese momento, tener un ataque de risa nerviosa. Y, por supuesto, me la contagió a mí. Tuvimos suerte ambos de que este chico comprendiera que no nos estábamos riendo con crueldad de su desgracia ni deslegitimando sus sentimientos (de hecho, no le quedó otra que asumir nuestra risa con humor también). Simplemente... nos salió.

Pues, por muy mal que te vayan las cosas, si te sale la risa, no la bloquees. Deja que salga. Y ríete hasta de tu sombra.

Quiero dedicar este post al hámster de mi paciente. Descansa en paz pobre hámster.

Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.

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Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para el resto del mundo.

Si te gustó El Kanka, puedes seguirlo en Spotify, Youtube, Facebook, su página web... Es más psicólogo que yo, os lo aseguro.

Y, con mucho humor, ¡recibe este abrazo!

jueves, 4 de marzo de 2021

¿ALGUNA VEZ HAS DICHO "SÍ" CUANDO QUERÍA DECIR "NO"?

 Te ha pasado, ¿verdad?


Y es que, a veces, las personas somos "víctimas" de nuestras respuestas automáticas. Estas son el resultado de patrones de personalidad muy arraigados en nosotros.


Entonces, basta con que haya desarrollado una personalidad que teme el rechazo o el abandono, que sobrevalora la opinión o los sentimientos de los otros, que es tendente a complacer a los demás pero no se ocupa de satisfacerse a sí misma... para que, fácilmente, ante una petición, demanda o propuesta del otro, enseguida diga que sí y me encuentre poco después haciendo algo que realmente no quería hacer y encima castigándome con la culpa por ello.


Nos solemos decir, "¡no he aprendido nada!" Tanto libro de autoayuda, tanta conferencia, tanta terapia, y sigo cometiendo el mismo error; no he aprendido nada. Falso. Claro que has aprendido, y puede que mucho. Pero estamos hablando de respuestas automáticas, casi involuntarias, una sensación, pensamiento, emoción y conducta que se da en ti en cuestión de segundos o milisegundos.


Aprender a detener y cambiar ese patrón automático requiere de tiempo, para ir despertando una nueva consciencia en ti e ir dándote cuenta, cada vez más y en menos tiempo, de cuándo, cómo y por qué realizas esos automatismos. No has de no ejecutar la respuesta automática, ese no es el objetivo, sino tomar consciencia de que la haces, de que es perjudicial para ti (en las ocasiones que lo sea, quizá no siempre) y que existen alternativas para responder de otra manera favorable.


Y adquirir el compromiso de cambiar la respuesta. Pero este compromiso nunca se verá materializado en un cambio automático ("de la noche a la mañana"). Tendrás que volver a dar la misma respuesta que pretendes cambiar muchas veces para seguir ganado consciencia y provocando el cambio de respuesta muy progresivamente.


Entonces, si el automatismo al que nos estamos refiriendo en este post es decir que sí enseguida a una petición de otra persona (te pide un favor, o te solicita hablar contigo porque necesita contarte algo, o quiere quedar para salir...), te voy a enseñar una sencilla estrategia que te puede ayudar a detener la respuesta automática y sustituirla por otra más meditada. Es la siguiente:


1. En primer lugar, date tiempo. Cada vez que te hagan una proposición o demanda, no digas ni que sí ni que no al instante; date un mínimo de tiempo para pensar. Si tienes a la persona delante, lo único que has de decirles es "Necesito pensarlo antes de decirte" o "Un momento, déjame pensarlo". ¿Por qué hemos de responder enseguida a las demandas de los demás? ¿Lo hacemos siempre que el entorno nos demanda algo; verdad que no? No tiene sentido, puedes, perfectamente, darte ese tiempo.


2. Aprovecha ese tiempo para contestar a estas tres preguntas: "¿Puedo?", ya que habrá veces que no puedas porque hayas de hacer algo más urgente y/o importante y que sea imposible aplazar o te resulte muy difícil posponer. "¿Quiero?", puesto que habrá veces que no te apetezca o prefieras hacer otra cosa y estés a punto de decir que sí solo para contentar a la otra persona sin tener en cuenta tus deseos. "¿No quiero pero por esta vez no me importa hacerlo?". Esta última solo tendrás que preguntártela si has dicho "no quiero" a la segunda pregunta. A veces no queremos pero evaluamos que para la otra persona es importante la demanda que nos está haciendo y para nosotros no es grave aplazar nuestras preferencias.


3. Decide. Di sí o di no. Quédate contento y tranquilo con tu decisión y, si el resultado es negativo, no te automachaques, solo aprende para la próxima vez.


A veces tu respuesta será afirmativa y otras negativa, pero ya no estarás cediendo automáticamente al sí para contentar al otro sino que te estarás teniendo en cuenta, que es de lo que se trata.


Si aplicando esta estrategia sigues percibiendo que dices mucho "sí" cuando realmente quieres decir "no", puedes leer este post sobre las resistencias psicológicas que nos dificultan el "no" y acudir a terapia psicológica. No sería la primera persona que acude al psicólogo por este motivo ya que hay muchos que no se atreven a decir que no por inseguridades y miedos que se pueden trabajar y superar.


Recuerda que, en muchas ocasiones, decir que no es decirse que sí a uno mismo.


Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.


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¡Un abrazo!

miércoles, 24 de febrero de 2021

CUIDA LO QUE TE DICES

Rescato uno de mis posts antiguos más leídos. Así, revisamos ideas muy útiles
las que siempre viene bien hacer un repaso. Porque en psicología tan importante es lo que conviene aprender, como desaprender, como reforzar.


Esta semana, CUIDA LO QUE TE DICES, un post que publiqué en Mayo de 2016 y que nos recuerda la importancia de la calidad de nuestro discurso interior para cuidarnos. A veces cuesta (ya lo que creo que cuesta) no mandar todo ni a uno mismo a la mierda, pero es un esfuerzo que merece la pena. Espero que os guste y os sirva.


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En otro de mis posts, La Opresión del Todobienismo, explicaba que no tenemos por qué condicionar completamente nuestro bienestar emocional al hecho de hacer una tarea de manera eficaz, a ser lo que se espera de nosotros, o a que las cosas vayan por el camino que pensamos que deberían ir.


Hacer las cosas bien, o que la fortuna nos sonría, no son condiciones ni necesarias ni suficientes para sentirnos bien. Y aunque no podemos, ¡ni debemos!, reprimir emociones desagradables, incómodas o doloras, sí que podemos evitar quedarnos con esas emociones, arrastrarlas, permitir que dirijan nuestra conducta y que nos limiten, paralicen o bloqueen.


No podemos no sentir; sentimos sin más.

Pero sí podemos soltar o quedarnos con la emoción.


Una llave que cierra o abre la puerta a la emoción es nuestro propio diálogo interior.


Nos hablamos a nosotros mismos. Muchas veces, a lo largo de un solo día. De hecho, somos la persona que más nos habla. Y nuestro diálogo interior, al igual que el exterior, está muy influenciado por nuestros aprendizajes:


"Si no te portas correctamente se reirán de ti".

"No lo sabes hacer, ¿es que eres tonto?"

¡Dame, torpe, yo lo haré!"

"Si lloras es porque eres una nenazas".

"¿No tienes novio?, eso es que eres muy fea".

"¡No tienes amigos porque eres un nerd!"


Y pasan los años y el eco de esos aprendizajes se sigue reproduciendo en nuestras mentes, sólo que ahora somos nosotros quienes nos bombardeamos con estos mensajes. Y nos llamamos tontos o inútiles por no saber hacer algo, nos clasificamos como débiles por sentir dolor, nos menospreciamos si no tenemos pareja, o nos automarginamos por ser diferentes. 


No lo hacemos por gusto, no somos masoquistas. Todos estos mensajes negativos tienen un fin: culparnos y castigarnos. Porque si me culpo y me castigo mucho cuando no haga las cosas bien, eso me incentivará para hacerlas mejor, y entonces, sólo entonces, podré ser feliz. MENTIRA: 


No hay sentimiento más inmovilizador que la culpa. La culpa coarta el cambio. La culpa es la excusa perfecta para decir "es que soy así".


El castigo no produce conductas nuevas. Las puede erradicar, pero no sustituir por otras más eficaces.


Y sobre todo: ¿por qué esperar a ser feliz solo cuando las cosas te salgan bien? Y si cambiases el planteamiento. Y si por un momento...


Y si por un momento la vida no fuera como nos han dicho siempre, y fuera así:


No necesito que todo esté bien para sentirme bien.

Lo que necesito es sentirme bien.


Porque así, incluso aunque no todo esté bien, que seguramente no lo estará... estarás bien. Y, a veces (y a veces muchas veces), te sentirás mal... y estará bien.


Entonces, cuando hayas fallado, cuando no conseguiste lo que querías, cuando decepcionaste a alguien o cuando todo el Universo pareció ponerse de acuerdo para conspirar contra ti, por qué no pruebas a:


Quitarle hierro al asunto.

Reírte de ti mismo de una manera sana, sin menosprecio.

Recordarte que no eres perfecto... ni existe nadie que lo sea.

Poner el foco de atención sobre tus cualidades positivas.

Ser tan amable contigo como lo eres con la gente a la que respetas y quieres.

Quererte. Demostrártelo con palabras de aprecio, con autoamor.


¿Qué puede fallar si lo haces, qué puede ir mal? ¿Que no te esfuerces por ser lo suficientemente bueno? ¿Bueno para quién...?


Sé bueno para ti primero y, luego, más fácilmente podrás serlo para el resto.


Recuerda: el mundo está lleno de gentes con culpas, castigándose a sí mismos o los unos a los otros. Por eso las guerras, por eso los resentimientos y los odios. Pero allá donde siembres amor, recogerás amor.


¿A qué esperas para poner una semilla... dentro de ti?


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¡Un abrazo!

miércoles, 17 de febrero de 2021

LA EXCESIVA (Y FALSA) NECESIDAD DE CONTROL

Las personas necesitamos cierta sensación de control. 


Por eso tenemos rutinas, hábitos y costumbres. Por eso planificamos, organizamos y agendamos. 


Pero, como todo, el defecto y el exceso son perjudiciales. Entonces, pretender tener demasiado control para así poder quedarnos tranquilos, provoca un efecto paradójico: nos agobia. 


Ese exceso de control se manifiesta a través del análisis constante de todo, el perfeccionismo y la pretensión de certidumbre. Lo que nos lleva a rumiaciones, autoexigencias elevadas y pensamiento anticipatorio. Lo que nos lleva a inseguridad, ansiedad, malestar general, depresión...


El simple hecho de tomar consciencia de esto te servirá para identificar esos patrones tóxicos y, aunque a veces caigas en ellos (lo cual es normal, nos pasa a todos), salirte pronto para sustituirlos por patrones más saludables y funcionales: estar presente, dejarse llevar, hacerlo lo mejor que puedas/sepas.


Por tanto:


- Sustituye el darle vueltas y vueltas a las cosas por la aceptación, el entendimiento y el foco en lo que puedes hacer (y cuando no se pueda hacer nada, de nuevo, ACEPTA).


- Sustituye el querer llevarlo todo para delante siempre y de manera perfecta por ponerte tareas, plazos y metas que sean realistas y AMABLES contigo.


- Y sustituye los pensamientos anticipatorios como estrategia para saber lo que va a pasar por aceptar tu incertidumbre, tomar decisiones que pueden llevar a buen resultado o no (y no pasa nada), y estar presente para FLUIR en el aquí y ahora.


Una nota importante: no te frustres cuando no puedas hacerlo. Se cambia más y mejor desde la aceptación, la paciencia y la amabilidad que desde las prisas y la negación que conducen a frustración y autocrítica destructiva.


Al fin y al cabo, todos somos aprendices de la vida.


Pero, recuerda, al igual que no habrá ser más infeliz que aquel que quiera ser feliz
siempre, no perderemos más el control sobre nuestra paz interior que cuando pretendamos tenerlo todo fuera controlado.


Así que propóntelo como máxima de vida: renuncia a esa excesiva (y falsa) necesidad de control.


Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.


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Y, como siempre, ¡recibe este abrazo! 

miércoles, 10 de febrero de 2021

¿TE ENAMORAS DE AMORES IMPOSIBLES?

Nos acercamos al, para muchos, muy temido 14 de febrero, y Cupido está a punto
de salir a volar para apuntarnos con sus flechas el muy hijo de...

Perdonadme. Los que me conocéis ya sabéis que mi enemistad con San Valentín surge hace siete años, cuando hice mi primer taller "Desarmando a Cupido. Eliminación de Creencias Tóxicas sobre el amor". Y es que, desde que vengo desarrollando mi labor terapéutica, no han sido pocas las personas que han pasado por mi consulta y talleres víctimas del desamor.

Algo va mal en el amor cuando hay tantas personas que sufren por amor. Y no me refiero a enamorarse y desenamorarse; eso es algo normal. El amor es un encuentro y el algún momento (a los dos días, a los ochenta años) se produce el desencuentro. Pero, ya sea dentro de una relación como cuando se produce la ruptura, si sufrimos de forma intensa y prolongada, bien puede ser porque nuestras creencias y pensamientos están haciendo que nos relacionemos de manera tóxica con el otro o, lo que es peor, con nosotros mismos.

Nuestra forma de pensar el amor puede ser muy decisiva también a la hora de establecer patrones de comportamiento a través de los cuáles salimos perjudicados en la elección de la persona con la que deseamos estar. Bien porque siempre nos va a rechazar o bien porque la relación está destinada al fracaso desde un principio. Y esto se vuelve algo recurrente, un "siempre me pasa lo mismo". No, no te pasa. Siempre haces lo mismo. Solo que no te das cuenta.

Sirva este post para aflorar lo inconsciente y dotarnos de un poco de luz con la que servirnos para esquivar las flechas envenenadas de Maldito Cupido:

- ¿Te dejas llevar demasiado por la atracción sexual? No me gusta llamarla "atracción física" ya que la atracción que podemos llegar a sentir por alguien abarca más que lo puramente físico (la forma de expresarse, de actuar, el estatus, el olor, la voz...). En definitiva, la atracción sexual está marcada por las primeras impresiones, por una información muy superficial. Luego, hay que conocer bien a la persona y descubrir si, además de atraerme, es una candidata real a ser una buena compañera de vida. Hay veces que estamos tan cegados por la venda de la atracción sexual que, aunque las señales de incompatibilidad sean evidentes, seguimos adelante. Y es que el amor es ciego... pero la razón no debería serla nunca.

- ¿Crees que te autoboicoteas? Hay personas que tienen miedo a una relación, por sus inseguridades, por el miedo a la intimidad o por miedo a volver a pasarlo mal si la relación no funciona. Otras, simplemente, se sienten estupendamente estando solteras pero la presión social de tener una pareja les hace dudar de sí mismas. Entonces, como no se atreven a tener una relación o como no quieren, inconscientemente eligen a personas con las que será muy difícil que nazca algo de verdad: personas con las que no se da reciprocidad, que tienen pareja o cuyas diferencias son casi insalvables (por ejemplo, que uno de los dos quiera tener hijos y el otro no, o que vivan en lugares muy lejanos). Y así una y otra vez. La salida del bucle en el caso del miedo a la intimidad sería trabajar esas inseguridades a nivel terapéutico. En el caso de la persona que ama su soledad, no hay nada de malo, ¡no estamos obligados a estar en una relación! Pero si aparece una persona en tu vida con la que te gustaría estar y te da pereza porque te gusta estar solo, has de saber que estar en una relación no implica perder el espacio exclusivo que te gusta dedicarte a ti. No se puede tener todo. A veces el secreto está en dejar la puerta entreabierta, darse la oportunidad de conocer, y si va bien, bien, y si no, ¡al menos habrás probado!

- Otros. Los orígenes de esos patrones de enamorarnos de "quien no debemos" pueden ser tantos como personas existen, ya que es la historia de cada cual, esa que forja nuestra personalidad (forma de pensar y actuar) la que va a explicar el por qué de nuestras desafortunadas elecciones. Por lo tanto, cuando hacemos terapia psicológica y se produce el tan deseado insigth (toma de consciencia), es decir, cuando descubro el porqué de mis errores en el pasado, las consecuencias de los mismos y las alternativas que hay a mi alcance para corregir el tiro... ¡entonces es cuando Cupido ya no tiene nada que hacer!

No se trata de enamorarnos con la cabeza, ya que eso es imposible. El amor es visceral, es un sentimiento. Nace del corazón (o, si nos atenemos a lo científico, del sistema límbico, la parte del cerebro que se ocupa de las emociones... el corazón del cerebro). Sigamos enamorándonos con el corazón... pero sin perder la cabeza. Siempre poniéndole consciencia y buen juicio. Para amar y amarnos mejor.

Este año, debido a la COVID-19, no podré hacer el taller que hago todos los años
acercándose el 14 de febrero, ¡pero no pasa nada!, porque en su lugar voy a hacer una charla online a través de videoconferencia. ¡Y además es gratuita! Será el viernes 12 de febrero de 19:00 a 20:30. En este enlace tienes más información: https://www.elgabinetededavidsalinas.es/evento/62/video-conferencia-desarmando-a-cupido

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Y con corazón y con cabeza, ¡recibe este abrazo! 

miércoles, 3 de febrero de 2021

SOCIEDAD DE CRISTAL

Nos llaman La Generación de Cristal*, y no sin motivo. Como hemos tenido tanto,
nos creemos con derecho a todo y sin deber de nada. Entonces, en esa zona de confort tan amplia como frágil,  cualquier cosa que pase y no sea lo deseado, o cualquier cosa que se diga o haga (o que no se diga ni haga) y no guste, no es que no guste, sino que molesta. Y llega a molestar mucho. Demasiado. Nos ralla, nos rompe. Generación de cristal.


Exigimos respeto al otro para que no hiera nuestro ego, ignorando que este es como un globo al que si acercas un alfiler, por pequeño que sea el alquiler, acabará reventando. Reclamamos tolerancia, pero nos olvidamos de fortalecer nuestras propias tolerancias: a la frustración, a la adversidad, al rechazo, a la diferencia, al NO. Y sin ese fortalecimiento, nos volvemos susceptibles, blandos, ofendiditos. De cristal.


Quizá, el antídoto a esta pandemia universal que nos afecta a todos desde hace décadas, en mayor o menor medida, no resida en la queja, el enfado o el desprecio al otro. Quizá no haya que disfrazar con dignidad lo que es orgullo. Si no, precisamente, quitarse disfraces, despojarse de las identidades tras la que nos escondemos, de los yoes, y atreverse a mostrarse uno tal como es, dispuesto a recibir amor, pero también, a veces, rechazo e incluso odio. Porque... así es la vida.


Puede que no haya que poner gritos en el cielo ni sentirse caer a los infiernos ni colocar mordazas ni bloquear del whatsapp ni levantar muros de rencor (o de miedo... a que se rompa nuestro cristal). Yo pienso que es mejor ponerse la vacuna de la aceptación. Amar la historia de uno (eso que llamamos vida) y a uno mismo. Amar lo que es bueno y fuerte. Pero también lo que es caos y vulnerabilidad.


Porque creo firmemente en que cuando uno consigue aceptar que lo que es, es (con sus luces y sombras), y amarse a sí mismo de manera incondicional, lo que pase, lo que se diga y lo que se haga o lo que no pase ni se diga ni se haga, puede dañar... pero no romper.


* "La generación de cristal" es un término acuñado por la filósofa española Monserrat Nebrera que hace referencia a los hijos de la generación X –los nacidos entre finales de los 60 y los 80– y que pueden rondar, actualmente, los 18 años de edad. Sin embargo, el autor, David Salinas, lo usa en este texto para la sociedad contemporánea en general, ya que se achaca a los más jóvenes el ser excesivamente frágiles por culpa de tenerlo todo, pero, en realidad, ¿quién hoy, en un país rico, no lo tiene prácticamente todo... y no le satisface nada? Por eso, seguramente, el término más acertado para el autor sea: Sociedad de Cristal.


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Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad. 


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Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para todo el mundo.


Y recibe, sin romperte, este abrazo.