miércoles, 16 de noviembre de 2016

EL FENÓMENO TRUMP DESDE UNA EXPLICACIÓN PSICOLÓGICA

Una semana después de la elección de Donald Trump como presidente de EEUU, muchos son hoy los que siguen diciendo: ARE YOU SERIOUS??? (¿¿¿en serio???).

Sin embargo, a mí particularmente me parece de lo más normal que un tipo como Donald Trump haya ganado las elecciones. No hay ningún misterio en esto. La clave está en la empatía.

No criticaré la ideología republicana de Trump, ya que éste no es un blog de política. Tampoco lo demonizaré por sus comentarios machistas o racistas, ya que nadie es perfecto y quién soy yo para juzgar a nadie. Tampoco cuestionaré sus posturas sobre el cambio climático o sobre las armas, ya que quién me dice a mí que no soy yo el que está equivocado y él quien lleva la razón.

Pero hay una cosa, una cosita, de la que cualquier psicólogo puede darse cuenta. Y es que los psicólogos sabemos algo de comunicación verbal y no verbal. Y, aunque la afirmación que voy a hacer ahora no es para nada científica, es muy fácil deducir, a partir tanto del contenido como del continente de los mensajes de Trump, pero muy fácil, muy fácil, que... a ver... que el hombre no da para mucho.

Y de verdad que estoy tratando de no ser subjetivo en esta cuestión, ¡a mí Hillary tampoco me gustaba nada! Pero reto a cualquier experto en comunicación para que me diga lo contrario: Trump no parece un tipo muy inteligente.

Me refiero a una inteligencia que va mucho más allá del éxito. Uno puede tener mucho éxito, como Trump precisamente, y no ser ello un indicador de inteligencia. Cuando hablo de inteligencia me refiero a todos los tipos de inteligencia que sabemos que existen: la lógico matemática, la lingüística, la social, la inteligencia emocional...

Si comparamos la comunicación de Obama con la de Trump, el primero nos transmite seguridad, confianza, coherencia, moralidad... Y Trump... no mucho de eso. ¡Y sin embargo ha ganado! ¿Por qué? Insisto: la clave es la empatía.

Es mucho más fácil empatizar con los que se parecen a ti,
que con los que no.

Las estadísticas dicen que Trump ha ganado fundamentalmente porque ha arrasado en algunos Estados con el voto de clase media sin estudios superiores. Su discurso básico, simplón, y a veces chabacano (bueno: muchas veces), que molesta tanto a algunos, facilitaba no obstante que mucha gente empatizara con él, porque bueno, supongo que, perdónenme, son bastante básicos, simples y chabacanos.

Esto no quiere decir que todas las personas sin estudios superiores sean así, ni mucho menos, porque entre otras cosas no todas las personas sin estudios superiores han votado a Trump, igual que aquí en España no todos los universitarios votan a Podemos, pero sí parece que se ha establecido esa conexión empática entre muchos votantes y Trump: "Habla como pienso; como se parece a mí, le voto".

Podríamos decir que lo anterior es un ejemplo de Empatía Positiva: se produce una reacción empática por identificación con la otra persona. Pongamos un ejemplo de Empatía Negativa, o No Empatía, es decir: cuando no empatizo con la otra persona porque no me identifico con ella. Como cuando me provoca cierto grado de indiferencia que los sirios mueran ahogados en el agua porque son moritos (no son como yo) o me da un poco igual que violen a las niñas en las guerrillas del Congo para apoderarse del mineral con el que se fabrican los móviles, porque al fin y al cabo, son sólo unas negritas.

Desconozco si Donald Trump va aportar para que este mundo sea mejor o sea peor (tengo mis "ligeras" sospechas, pero me las guardo para mí). De lo que sí estoy convencido es que cada uno de nosotros sí puede, como dicen los americanos, make a difference, marcar una diferencia, marcar una pequeña diferencia. La Empatía Global, o globalización de la empatía, a todos, por igual, ponerse en el lugar del otro, provenga de donde provenga, sea su color de piel del color que sea, o sea hombre o mujer, puede ayudarnos un poco, a marcar esa pequeña diferencia.

Éste, por supuesto, no era un post sobre Donald Trump.

martes, 8 de noviembre de 2016

EL TRAUMA GOLPEA DOS VECES

Desde hace 3 años que vengo haciendo el Taller "¡Soy infeliz y me alegro!".

Sin duda un expresión difícil de entender. ¿¿¿Cómo puede nadie ser infeliz y alegrarse por ello???

A lo largo del taller ofrezco varias claves que justifican el sentido de dicha frase, y aunque para conocerlas hay que asistir al taller, en el post de esta semana voy a hablar de un tema muy relacionado: el trauma.

Existen diferentes definiciones para el trauma psicológico, pero para resumir, lo podríamos delimitar como la herida emocional que se produce como consecuencia a la exposición ante una adversidad o un fracaso.

Un trauma se produce al sufrir una violación, los efectos de una guerra, o tras un accidente de tráfico. Sin embargo, no es tan importante la magnitud o gravedad del suceso, como la percepción, interpretación y valoración del mismo. Así, un trauma también pueden ser: una ruptura sentimental, una discusión, o la perdida de empleo.

Todo depende de cómo se vivencien los acontecimientos.

Por esto, los psicoanalistas dicen que el trauma golpea dos veces. Una cuando se vive, cuando pasa. La otra, cuando le damos significado a lo que nos pasa.

Puede ser que no le demos significado, y nos quedemos sólo en el impacto emocional, por lo que la herida quedará abierta. O que le demos un significado tan exagerado e irreal, que la herida mal cicatrizará. Es cuando conseguirmos integrar el trauma como una experiencia de vida más, cuando sanamos.

Sin embargo, para ello es fundamental el entorno del sujeto. El entorno, con sus sucesos positivos y negativos, forja nuestra personalidad y estilos de afrontamiento, nuestra identidad. Pero no lo hace solo...

Forjamos nuestra identidad frente a la mirada de los otros.

Los otros: la familia, el grupo de iguales, la comunidad, las Redes Sociales... Están siempre presente en los sucesos que nos pasan, incluso cuando no lo están.

"Me han despedido. Dios mío, ¿qué pasará cuando se enteren?"

Lo sé. Te has sentido muy identificada con ese "qué pasará cuando se enteren". Yo también.

La respuesta de nuestro entorno a nuestros propios traumas, o la importancia que yo dé a la respuesta del entorno a mi propio trauma, puede ser determinante, en la proyección que hago de mí mismo y de mi historia personal, de mi identidad, a partir del suceso traumático.

Y... Como sociedad, estamos tan preparados para compartir la alegría, ¿verdad? Enseñarles a nuestros amigos las fotos de nuestro último viaje, brindar por un éxito reciente, montar una fiesta para celebrar cualquier buena nueva.

Sin embargo, la adversidad y el fracaso, es mejor taparlas, ocultarlas, porque lo que dicen de mí... Lo que dicen de mí aquellas dos perras es que...

Soy un infeliz.

Si me pasan cosas malas, soy un infeliz.

¿Realmente... lo crees? ¿Crees que esto es así? ¿Crees que debe ser así? ¿Crees que tu identidad se debe basar en lo que te pasa y como tu entorno lo interprete y valore? ¿O existe una alternativa?

Yo creo que existe una alternativa. Y por eso llevo 3 años haciendo el taller, con irónico título (¡y no daré más pistas que ya estoy hablando demasiado!) "¡Soy infeliz y me alegro!". El próximo será este sábado 12/11 por la mañana en el centro de Málaga. Si estás por allí, te espero. Si no, como siempre...

Fuertes abrazos.

martes, 1 de noviembre de 2016

PENSAR QUE ESTORBO

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, mucho trabajo, más de 120 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando en mi blog algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: PENSAR QUE ESTORBO, un caso que nos ayuda a identificar cómo los pensamientos negativos polarizados pueden suponer una fuente de destrucción de la propia autoestima y, por ende, del bienestar personal.

CONSULTA
  
Esta es la historia de alguien que siempre buscó compañía, al que sus amigos dejaron atrás, al que la ansiedad le resultaba extenuante y sólo se mantenía si pensaba en una razón para seguir luchando. Pero se enteró de que una enfermedad acabaría con lo único que lo motivaba y decidió no volver a estorbar. Alguien que no logró nada en su vida, sin valor, que nunca pudo dejar huella, alguien olvidado que aunque sabe que su problema no es el mayor del mundo, es el mayor de su propio mundo. Un inútil, una persona más con problemas no mayores a los de muchos pero que ya no puede soportar. Si alguien realmente lee esto le pido perdón por lo aburrido y tedioso.

RESPUESTA
   
La última frase de tu historia  es quizás el reflejo más evidente de un importante déficit de autoestima, y que es consecuencia del automachaque al que te sometes durante todo el texto. Este automachaque aparece cuando nuestros pensamientos van dirigidos casi exclusivamente al fallo, al error, a lo que se hizo mal, lo que no se hizo e incluso a lo que nos sucedió y que no controlábamos. Este automachaque suele estar asociado a sentimientos de culpa irracionales, como por ejemplo sentirse culpable ante una enfermedad, como si tú hubieras elegido tenerla. Este automachaque no es bueno y, desde luego, no va a ayudarte en nada a resolver ese problema que mencionas. 

Tampoco van a ayudarte mucho los pensamientos polarizados. "Lo único que lo motivaba... no logró nada en su vida... nunca pudo dejar huella". Palabras como "único, nada, nunca", reflejan una clara tendencia a irte hacia los extremos, una peligrosa y autodestructiva tendencia cuando además tiendes a irte al extremo negativo. La realidad raramente es blanca o negra, sino que está llena de matices, de grises, o de colores, si lo prefieres.

¿Qué es lo que sí puede ayudarte? Lo primero ponerte en manos de un profesional. Te ayudará a acabar con ese automachaque y ese pensamiento polarizado. Te ayudará a que empieces a autoexplorarte y autoconocerte, a dirigir el foco de atención hacia tus virtudes, y hacia tus logros, porque seguro que los tienes. Te ayudará encontrar nuevas fuentes de motivación compatibles con tu enfermedad, y te ayudará a recuperar la fuerza de voluntad necesaria para construir nuevas redes sociales, importantísimas para ser feliz. Te ayudará en definitiva a redescubrirte, y quién sabe si, cuando eso pase, hasta a que te rías del "inútil" de tu historia, porque tu nuevo concepto de ti mismo ya quedará muy, muy lejos de él. Ánimo, un abrazo.

martes, 25 de octubre de 2016

LA FALSA NECESIDAD DE APROBACIÓN



Seamos honestos: nos gusta gustar.

Nos gustan los "Me gusta" de Facebook, los halagos sinceros, enterarnos de que lo que hacemos o lo que somos agrada a otras personas.

Y todo aquello que nos gusta, que nos produce placer, que es percibido por nuestro cerebro como una recompensa, tendemos a conseguirlo de nuevo. Lo deseamos, lo buscamos.

Y no pienso que haya nada malo en ello. Que cada uno busque lo que desee, mientras no haga daño a otros y a sí mismo.

Sin embargo... cuando uno cree que necesita la aprobación de los demás para vivir de una manera digna y obtener felicidad a cambio: lo más normal es que haga daños a otros y a sí mismo. Y que por tanto no consiga, para nada, felicidad.

Cuando abandonas tus principios y valores para recibir la aprobación del grupo.

Cuando agredes a otras personas porque los demás lo verán guay o cool.

Cuando sacrificas el tiempo de los que más te quieren para ganar dinero y comprar cosas con las que impresionar a gente que no conoces.

Cuando vives la vida que no tú sino otros han elegido por ti.

Cuando mostrar lo que se hace se ha vuelto más importante que vivir lo que se hace.

Cuando no te atreves a gritar de rabia, llorar por melancolía o reír como un loco, por miedo a ser juzgado.

Cuando priorizas el "qué dirán" antes que el "cómo me sentiré".

Cuando prefieres la compañía de gente con la que te sientes solo, antes que la soledad de tu propia compañía.

Cuando consigues la sonrisa de los demás, pero pierdes la sonrisa del espejo.

Todos estas situaciones se dan a través de comportamientos o actitudes dirigidas por una falsa necesidad de aprobación: la creencia errónea de pensar que si no gusto no seré feliz, y que lleva a generar dependencia o apego, que generan ansiedad y frustraciones, que finalmente provocan... Por supuesto: infelicidad.

No necesitas gustar a nadie, más que a ti mismo, 
y para gustarte a ti mismo, sólo necesitas aceptarte.

Y si te aceptas, no tendrás ningún inconveniente en ser tú misma, y siendo tú misma:

Te atreverás a equivocarte.

Te atreverás a fracasar.

Te atreverás a llevar la contraria.

Te atreverás a defender tus derechos, tu individualidad, tu libertad.

Te atreverás a hacer el ridículo.

Te atreverás a decir "te quiero" sin esperar que te lo devuelvan.

Te atreverás a exponerte ante el juicio de los demás.

Te atreverás a decepcionar, a desilusionar, a no estar a la altura.

Te atreverás a no ser siempre correcto, a nunca querer ser perfecto.

Te atreverás a ser más tú.

Y ser más uno mismo es, sin lugar a dudas, el camino del crecimiento personal. Y en ese camino encontrarás, estoy seguro de ello, muchos más momentos felices que en el camino de la falsa necesidad de aprobación.

¿Que no me crees? No me importa. No necesito tu puta aprobación de mierda.

No necesito nada de ti.

Sólo te quiero.

Abrazos. 


Nota del Autor: este post está inspirado en capítulo 1º de la 3ª temporada de Black Mirror, titulado Nosedive (Caída en Picado, en español), el cual os recomiendo mucho, mucho.

jueves, 20 de octubre de 2016

SUPERA TU INCAPACIDAD PARA LANZARTE

"Soy muy indeciso, no sé qué hacer, mejor lo dejo para más adelante..."

¿Te sientes identificado o identificada con alguna de las expresiones anteriores?

Hay diversos factores que explican por qué hay personas a las que les cuesta más tomar una decisión y ejecutarla. La intolerancia a la incertidumbre, valoración exagerada del fracaso, perfeccionismo, inseguridad, miedos...

Al final podríamos resumir todas esas características en una sola: estas personas son yonquis del control.

Siempre quieren estar seguras de que sus decisiones las llevarán hacia los objetivos deseados, y que podrán ejecutar esas decisiones sin que implique un desequilibrio demasiado grave.

Saber que estoy tomando el rumbo correcto
y que no me costará llegar.

El problema reside en que... eso raramente suele suceder.

No se trata de tomar decisiones sin riesgo, porque el riesgo casi siempre existe, se trata de:
  1. Tomar decisiones con riesgo calculado. Tener en cuenta los pros, los contras, las probabilidades de éxito y de fracaso.
  2. Ser consciente de que toda decisión conllevará un cambio al que hay que adaptarse. Las adaptaciones implican en ocasiones dolor y esfuerzo. Pero eso no es trágico, es lo normal.
  3. Hacerlo. ¡Lanzarse!
Y si sale bien, bien. Y si sale mal, también bien.

¿Por qué si sale mal también bien? ¿Qué tontería es ésa David? ¡No nos comas la cabeza con tu manipulación psicológica!, si sale mal es mal.

No lo digo yo. Lo dice Bronnie Ware, enfermera experta en cuidados paliativos a enfemos terminales. ¿Has escuchado alguna vez la frase "la gente se arrepiente más de lo que no hizo, que de lo que hizo"? Se atribuye a Ware, quien en 2012 compiló en un libro los arrepentimientos más comunes de las personas a su cuidado, antes de morir (más info aquí).

Si sale mal, si no logras lo que querías, si pierdes... Al menos te quedarás tranquila contigo misma. No podrás reprochártelo en un futuro, no te arrepentirás de ni siquiera haberlo intentado. Nada más que por eso, ya merece la pena.

Por sobrevalorar el fracaso, la pérdida o el dolor,
subestimamos las oportunidades que nos concede,
una única vida.

Si te gusta una chica, y no le dices lo que sientes, ¿la duda de saber te hará menos daño que el "no"? Si quieres montar una empresa y acabas arruinado, podrás recuperarte, ¿pero te recuperarías a toda una vida en un trabajo que odias?  Si te animas a aprender una nueva habilidad y luego resulta que eres incapaz de adquirirla, ¿te pesará más esa incapacidad que no ser capaz ni siquiera  de atreverte?

Hoy escuché un slogan comercial que me resultó muy curioso: "Lo imposible ahora, y los milagros en un momento". No es verdad: existen los imposibles y no existen los milagros. Tienes todo el derecho del mundo a que las cosas vayan mal, a no conseguir lo que querías, a fracasar... igual que lo tienes a intentarlo.

El problema reside en que cuando no queda otra que lanzarse, pensamos que lo hacemos sin paracaídas, y que si nos caemos nos estrellamos. Y sí que tenemos un paracaídas: nuestra resiliencia, la capacidad del ser humano para sobreponerse a la adversidad, a la decepción, al fracaso.

Si va bien, bien, y si va mal, también bien. ¿Por qué? Porque me recuperaré al dolor, a la decepción, a la pérdida. Y porque aprenderé una gran lección. Porque eso es lo que hacemos y seguiremos haciendo, hasta el último día de nuestras vidas, los seres humanos.

Abrazos. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

REFLEXIONES EN UN DÍA DE LLUVIA

Particularmente, me encanta el buen tiempo, los días soleados, la playa, estar en una terraza junto a buena compañía y una cerveza bien fresca...

Pero hoy, al despertarme, he ido a la ventana, y me he puesto a observar. Y mientras observaba, he pensado: "Qué bonita la lluvia"

He sentido que realmente era hermosa, sólo que unos segundos después, mi mente siempre inquieta, demasiado inquieta a veces, me ha apartado de mi enamoramiento transitorio, y me ha susurrado: "Sí, qué bonita ahora, pero si estuvieras debajo de ella, dirías que qué mier... la lluvia".

Desde luego, no hubiera sido la primera vez que lo digo. Insultar a la hermosa lluvia.

Solemos valorar, etiquetar y clasificar todos los eventos que nos suceden como buenos o malos, mejores o peores, "me gusta" o "no me gusta" o "me beneficia" y "no me beneficia", en función del momento, las circunstancias, nuestro propio estado de ánimo y, cómo no, nuestras falsas y mezquinas necesidades ególatras.

Y lo cierto es que, independientemente de nuestras necesidades ególatras, estado de ánimo, y de las circunstancias y el momento, las cosas no son buenas ni malas ni mejores ni peores. Las cosas son. O como dijo un hombre sabio de Almáchar (pueblo de Málaga): "Lo que é, é".

Sin embargo, como un niño caprichoso que no entiende que sus padres no es que no quieran regalarle un viaje a Disneyworld sino que no pueden, nos obcecamos en no pocas ocasiones en negar que "lo que é, é", y no como nos gustaría que fuera. Y como no es como me gustaría que fuera, es "malo", y entonces debo sentirme triste. Y después (y ésta es la parte realmente chunga), como me doy cuenta de que me siento triste (porque nos damos cuenta, por supuesto), pienso que eso también está mal, muy mal, y ahí es cuando me da el bajonazo. Un bajonazo que puede incluso derivar en depresión.

Si fuéramos más capaces de sustituir la valoración, la etiquetación y la clasificación por la ACEPTACIÓN de los eventos, tanto externos como internos, que nos suceden, creo que todos seríamos un poco más sabios, como mi buen amigo el de Almáchar, y en consecuencia, más sanos y felices.

Pero es que además, la aceptación es como una luz que nos guía y nos saca de la profunda neblina de la obcecación implícita en el rechazo a la realidad. Cuando acepto, soy capaz de ver con más claridad las alternativas de las que dispongo ("¡Un día festivo y llueve!... Bueno... ¡La oportunidad perfecta para quedarme en casa y organizar un maratón de series, yuhuuu!"). Y, sobre todo, sobre todo, sobre todo, cuando acepto, soy capaz de descubrir la belleza que se esconde detrás de cada fracaso, detrás de cada adversidad, detrás de cada día de lluvia de nuestra vida.

Y no esperar a que salga el sol, como suelen decir las canciones y los poetas, para sentirnos realmente plenos, felices y en paz.


Pues de esto más o menos irá el Taller de Mindfulness en Emociones que hago este sábado 15 de Octubre en Málaga. Aprender a observar, sin juicios ni críticas ni valoraciones, y aceptar nuestras emociones dolorosas y los eventos que las generan, para darnos cuenta de que nada es bueno ni malo ni peor ni mejor, y que todo, incluido la ira, la culpa, el miedo, la vergüenza o la tristeza, ES, sin más, y por el simple hecho de ser, guarda belleza en sí.

Que tengas un hermoso día de lluvia. Un fuerte abrazo.
 

martes, 4 de octubre de 2016

NO SÉ CÓMO HACERLO

De manera muy, muy resumida, la terapia psicológica se basa en: detectar patrones de pensamientos y comportamientos disfuncionales y dañinos para la persona, que se dé cuenta, y que los cambie.

Seré sincero: la primera y la segunda parte son bastante sencillas. La tercera parte, la de los cambios, es la más difícil, y sin embargo es donde más debe poner la persona de su parte y donde menos puede hacer el psicólogo.

Sí, cobramos por hacer lo fácil y el paciente paga por encargarse del trabajo duro. Es jodido, lo sé. Pero aún así os prometo que he recibido muchas muestras de gratitud por mi trabajo y en cambio... amenazas de muerte sólo dos o tres. Es broma.

Uno de los grandes problemas que nos encontramos en terapia, es que la persona no sabe cómo cambiar. No le falta voluntad, le faltan ideas, alternativas, imaginación... Para sustituir sus pensamientos y comportamientos tóxicos, por otros más sanos y útiles.

Y os aseguro que los psicólogos ponemos mucha (a veces mucha, mucha) voluntad, ideas, alternativas e imaginación para ser facilitadores del cambio. Porque eso es lo que finalmente somos en esta tercera parte del proceso terapéutico: facilitadores.

Los psicólogos no cambiamos a la persona.
Es la persona la que cambia.

Los pensamientos y comportamientos que una persona produce a lo largo de un día y que forman parte de un cuadro patológico pueden llegar a ser muy numerosos. El psicólogo no puede tener una idea o alternativa para cada uno de ellos, porque no vivimos la vida que vive la persona. Por eso,a  pesar de nuestro trabajo, hay veces que la persona sale de consulta con la sensación: "Él o ella tiene razón, pero no es suficiente".

Y es una verdad como un templo de grande. No, no es suficiente.

No es suficiente... si lo que quieres es salir de mi consulta "curado".

Pero es más que de sobra para que empieces. Para que tú empieces.

Para que si te tratas mal a ti misma, empieces a tratarte bien.

Para que si lo ves siempre todo negro, empieces a ser más realista.

Para que si eres incapaz de tolerar tus emociones dolorosas, empieces a manejarlas de otro modo.

Ya sea en la consulta de un psicólogo, o leyendo un libro, o hablando con un amigo, y te das cuenta de que hay un trabajo por hacer contigo mismo, será más fácil si sustituyes el "debo quitarme esto malo que tengo, ¡ya!" por el: "Ahora que me he dado cuenta, empiezo algo nuevo, bueno, y hermoso".

Algo nuevo que no tiene fin, porque la relación con uno mismo dura toda la vida. Y en esa relación nunca se deja de aprender y de crecer.

Pero todo proceso de aprendizaje y crecimiento empieza con un "No sé" o un "No sé si sé".

Repito, porque esto es importante: Todo proceso de aprendizaje empieza con un "No sé" o un "No sé si sé".

Por lo tanto: no hay ningún problema, ningún   problema, en que cuando estás aprendiendo y creciendo aparezca un "No sé" o un "No sé si sé".

Simplemente no permitas que esa sensación de "No es suficiente" te limite, ponte en marcha, equivócate, cómete errores, confía en tu capacidad para tener ideas y generar alternativas, aprende, crece...

Y cuando vuelva a aparecer ese maldito y tan molesto "No sé cómo hacerlo", entonces, sonríe... Porque no hay que tenerle miedo. Porque puede ser el principio de algo verdaderamente nuevo, bueno y hermoso.

Así que, simplemente empieza.

Un abrazo.