martes, 25 de octubre de 2016

LA FALSA NECESIDAD DE APROBACIÓN



Seamos honestos: nos gusta gustar.

Nos gustan los "Me gusta" de Facebook, los halagos sinceros, enterarnos de que lo que hacemos o lo que somos agrada a otras personas.

Y todo aquello que nos gusta, que nos produce placer, que es percibido por nuestro cerebro como una recompensa, tendemos a conseguirlo de nuevo. Lo deseamos, lo buscamos.

Y no pienso que haya nada malo en ello. Que cada uno busque lo que desee, mientras no haga daño a otros y a sí mismo.

Sin embargo... cuando uno cree que necesita la aprobación de los demás para vivir de una manera digna y obtener felicidad a cambio: lo más normal es que haga daños a otros y a sí mismo. Y que por tanto no consiga, para nada, felicidad.

Cuando abandonas tus principios y valores para recibir la aprobación del grupo.

Cuando agredes a otras personas porque los demás lo verán guay o cool.

Cuando sacrificas el tiempo de los que más te quieren para ganar dinero y comprar cosas con las que impresionar a gente que no conoces.

Cuando vives la vida que no tú sino otros han elegido por ti.

Cuando mostrar lo que se hace se ha vuelto más importante que vivir lo que se hace.

Cuando no te atreves a gritar de rabia, llorar por melancolía o reír como un loco, por miedo a ser juzgado.

Cuando priorizas el "qué dirán" antes que el "cómo me sentiré".

Cuando prefieres la compañía de gente con la que te sientes solo, antes que la soledad de tu propia compañía.

Cuando consigues la sonrisa de los demás, pero pierdes la sonrisa del espejo.

Todos estas situaciones se dan a través de comportamientos o actitudes dirigidas por una falsa necesidad de aprobación: la creencia errónea de pensar que si no gusto no seré feliz, y que lleva a generar dependencia o apego, que generan ansiedad y frustraciones, que finalmente provocan... Por supuesto: infelicidad.

No necesitas gustar a nadie, más que a ti mismo, 
y para gustarte a ti mismo, sólo necesitas aceptarte.

Y si te aceptas, no tendrás ningún inconveniente en ser tú misma, y siendo tú misma:

Te atreverás a equivocarte.

Te atreverás a fracasar.

Te atreverás a llevar la contraria.

Te atreverás a defender tus derechos, tu individualidad, tu libertad.

Te atreverás a hacer el ridículo.

Te atreverás a decir "te quiero" sin esperar que te lo devuelvan.

Te atreverás a exponerte ante el juicio de los demás.

Te atreverás a decepcionar, a desilusionar, a no estar a la altura.

Te atreverás a no ser siempre correcto, a nunca querer ser perfecto.

Te atreverás a ser más tú.

Y ser más uno mismo es, sin lugar a dudas, el camino del crecimiento personal. Y en ese camino encontrarás, estoy seguro de ello, muchos más momentos felices que en el camino de la falsa necesidad de aprobación.

¿Que no me crees? No me importa. No necesito tu puta aprobación de mierda.

No necesito nada de ti.

Sólo te quiero.

Abrazos. 


Nota del Autor: este post está inspirado en capítulo 1º de la 3ª temporada de Black Mirror, titulado Nosedive (Caída en Picado, en español), el cual os recomiendo mucho, mucho.

jueves, 20 de octubre de 2016

SUPERA TU INCAPACIDAD PARA LANZARTE

"Soy muy indeciso, no sé qué hacer, mejor lo dejo para más adelante..."

¿Te sientes identificado o identificada con alguna de las expresiones anteriores?

Hay diversos factores que explican por qué hay personas a las que les cuesta más tomar una decisión y ejecutarla. La intolerancia a la incertidumbre, valoración exagerada del fracaso, perfeccionismo, inseguridad, miedos...

Al final podríamos resumir todas esas características en una sola: estas personas son yonquis del control.

Siempre quieren estar seguras de que sus decisiones las llevarán hacia los objetivos deseados, y que podrán ejecutar esas decisiones sin que implique un desequilibrio demasiado grave.

Saber que estoy tomando el rumbo correcto
y que no me costará llegar.

El problema reside en que... eso raramente suele suceder.

No se trata de tomar decisiones sin riesgo, porque el riesgo casi siempre existe, se trata de:
  1. Tomar decisiones con riesgo calculado. Tener en cuenta los pros, los contras, las probabilidades de éxito y de fracaso.
  2. Ser consciente de que toda decisión conllevará un cambio al que hay que adaptarse. Las adaptaciones implican en ocasiones dolor y esfuerzo. Pero eso no es trágico, es lo normal.
  3. Hacerlo. ¡Lanzarse!
Y si sale bien, bien. Y si sale mal, también bien.

¿Por qué si sale mal también bien? ¿Qué tontería es ésa David? ¡No nos comas la cabeza con tu manipulación psicológica!, si sale mal es mal.

No lo digo yo. Lo dice Bronnie Ware, enfermera experta en cuidados paliativos a enfemos terminales. ¿Has escuchado alguna vez la frase "la gente se arrepiente más de lo que no hizo, que de lo que hizo"? Se atribuye a Ware, quien en 2012 compiló en un libro los arrepentimientos más comunes de las personas a su cuidado, antes de morir (más info aquí).

Si sale mal, si no logras lo que querías, si pierdes... Al menos te quedarás tranquila contigo misma. No podrás reprochártelo en un futuro, no te arrepentirás de ni siquiera haberlo intentado. Nada más que por eso, ya merece la pena.

Por sobrevalorar el fracaso, la pérdida o el dolor,
subestimamos las oportunidades que nos concede,
una única vida.

Si te gusta una chica, y no le dices lo que sientes, ¿la duda de saber te hará menos daño que el "no"? Si quieres montar una empresa y acabas arruinado, podrás recuperarte, ¿pero te recuperarías a toda una vida en un trabajo que odias?  Si te animas a aprender una nueva habilidad y luego resulta que eres incapaz de adquirirla, ¿te pesará más esa incapacidad que no ser capaz ni siquiera  de atreverte?

Hoy escuché un slogan comercial que me resultó muy curioso: "Lo imposible ahora, y los milagros en un momento". No es verdad: existen los imposibles y no existen los milagros. Tienes todo el derecho del mundo a que las cosas vayan mal, a no conseguir lo que querías, a fracasar... igual que lo tienes a intentarlo.

El problema reside en que cuando no queda otra que lanzarse, pensamos que lo hacemos sin paracaídas, y que si nos caemos nos estrellamos. Y sí que tenemos un paracaídas: nuestra resiliencia, la capacidad del ser humano para sobreponerse a la adversidad, a la decepción, al fracaso.

Si va bien, bien, y si va mal, también bien. ¿Por qué? Porque me recuperaré al dolor, a la decepción, a la pérdida. Y porque aprenderé una gran lección. Porque eso es lo que hacemos y seguiremos haciendo, hasta el último día de nuestras vidas, los seres humanos.

Abrazos. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

REFLEXIONES EN UN DÍA DE LLUVIA

Particularmente, me encanta el buen tiempo, los días soleados, la playa, estar en una terraza junto a buena compañía y una cerveza bien fresca...

Pero hoy, al despertarme, he ido a la ventana, y me he puesto a observar. Y mientras observaba, he pensado: "Qué bonita la lluvia"

He sentido que realmente era hermosa, sólo que unos segundos después, mi mente siempre inquieta, demasiado inquieta a veces, me ha apartado de mi enamoramiento transitorio, y me ha susurrado: "Sí, qué bonita ahora, pero si estuvieras debajo de ella, dirías que qué mier... la lluvia".

Desde luego, no hubiera sido la primera vez que lo digo. Insultar a la hermosa lluvia.

Solemos valorar, etiquetar y clasificar todos los eventos que nos suceden como buenos o malos, mejores o peores, "me gusta" o "no me gusta" o "me beneficia" y "no me beneficia", en función del momento, las circunstancias, nuestro propio estado de ánimo y, cómo no, nuestras falsas y mezquinas necesidades ególatras.

Y lo cierto es que, independientemente de nuestras necesidades ególatras, estado de ánimo, y de las circunstancias y el momento, las cosas no son buenas ni malas ni mejores ni peores. Las cosas son. O como dijo un hombre sabio de Almáchar (pueblo de Málaga): "Lo que é, é".

Sin embargo, como un niño caprichoso que no entiende que sus padres no es que no quieran regalarle un viaje a Disneyworld sino que no pueden, nos obcecamos en no pocas ocasiones en negar que "lo que é, é", y no como nos gustaría que fuera. Y como no es como me gustaría que fuera, es "malo", y entonces debo sentirme triste. Y después (y ésta es la parte realmente chunga), como me doy cuenta de que me siento triste (porque nos damos cuenta, por supuesto), pienso que eso también está mal, muy mal, y ahí es cuando me da el bajonazo. Un bajonazo que puede incluso derivar en depresión.

Si fuéramos más capaces de sustituir la valoración, la etiquetación y la clasificación por la ACEPTACIÓN de los eventos, tanto externos como internos, que nos suceden, creo que todos seríamos un poco más sabios, como mi buen amigo el de Almáchar, y en consecuencia, más sanos y felices.

Pero es que además, la aceptación es como una luz que nos guía y nos saca de la profunda neblina de la obcecación implícita en el rechazo a la realidad. Cuando acepto, soy capaz de ver con más claridad las alternativas de las que dispongo ("¡Un día festivo y llueve!... Bueno... ¡La oportunidad perfecta para quedarme en casa y organizar un maratón de series, yuhuuu!"). Y, sobre todo, sobre todo, sobre todo, cuando acepto, soy capaz de descubrir la belleza que se esconde detrás de cada fracaso, detrás de cada adversidad, detrás de cada día de lluvia de nuestra vida.

Y no esperar a que salga el sol, como suelen decir las canciones y los poetas, para sentirnos realmente plenos, felices y en paz.


Pues de esto más o menos irá el Taller de Mindfulness en Emociones que hago este sábado 15 de Octubre en Málaga. Aprender a observar, sin juicios ni críticas ni valoraciones, y aceptar nuestras emociones dolorosas y los eventos que las generan, para darnos cuenta de que nada es bueno ni malo ni peor ni mejor, y que todo, incluido la ira, la culpa, el miedo, la vergüenza o la tristeza, ES, sin más, y por el simple hecho de ser, guarda belleza en sí.

Que tengas un hermoso día de lluvia. Un fuerte abrazo.
 

martes, 4 de octubre de 2016

NO SÉ CÓMO HACERLO

De manera muy, muy resumida, la terapia psicológica se basa en: detectar patrones de pensamientos y comportamientos disfuncionales y dañinos para la persona, que se dé cuenta, y que los cambie.

Seré sincero: la primera y la segunda parte son bastante sencillas. La tercera parte, la de los cambios, es la más difícil, y sin embargo es donde más debe poner la persona de su parte y donde menos puede hacer el psicólogo.

Sí, cobramos por hacer lo fácil y el paciente paga por encargarse del trabajo duro. Es jodido, lo sé. Pero aún así os prometo que he recibido muchas muestras de gratitud por mi trabajo y en cambio... amenazas de muerte sólo dos o tres. Es broma.

Uno de los grandes problemas que nos encontramos en terapia, es que la persona no sabe cómo cambiar. No le falta voluntad, le faltan ideas, alternativas, imaginación... Para sustituir sus pensamientos y comportamientos tóxicos, por otros más sanos y útiles.

Y os aseguro que los psicólogos ponemos mucha (a veces mucha, mucha) voluntad, ideas, alternativas e imaginación para ser facilitadores del cambio. Porque eso es lo que finalmente somos en esta tercera parte del proceso terapéutico: facilitadores.

Los psicólogos no cambiamos a la persona.
Es la persona la que cambia.

Los pensamientos y comportamientos que una persona produce a lo largo de un día y que forman parte de un cuadro patológico pueden llegar a ser muy numerosos. El psicólogo no puede tener una idea o alternativa para cada uno de ellos, porque no vivimos la vida que vive la persona. Por eso,a  pesar de nuestro trabajo, hay veces que la persona sale de consulta con la sensación: "Él o ella tiene razón, pero no es suficiente".

Y es una verdad como un templo de grande. No, no es suficiente.

No es suficiente... si lo que quieres es salir de mi consulta "curado".

Pero es más que de sobra para que empieces. Para que tú empieces.

Para que si te tratas mal a ti misma, empieces a tratarte bien.

Para que si lo ves siempre todo negro, empieces a ser más realista.

Para que si eres incapaz de tolerar tus emociones dolorosas, empieces a manejarlas de otro modo.

Ya sea en la consulta de un psicólogo, o leyendo un libro, o hablando con un amigo, y te das cuenta de que hay un trabajo por hacer contigo mismo, será más fácil si sustituyes el "debo quitarme esto malo que tengo, ¡ya!" por el: "Ahora que me he dado cuenta, empiezo algo nuevo, bueno, y hermoso".

Algo nuevo que no tiene fin, porque la relación con uno mismo dura toda la vida. Y en esa relación nunca se deja de aprender y de crecer.

Pero todo proceso de aprendizaje y crecimiento empieza con un "No sé" o un "No sé si sé".

Repito, porque esto es importante: Todo proceso de aprendizaje empieza con un "No sé" o un "No sé si sé".

Por lo tanto: no hay ningún problema, ningún   problema, en que cuando estás aprendiendo y creciendo aparezca un "No sé" o un "No sé si sé".

Simplemente no permitas que esa sensación de "No es suficiente" te limite, ponte en marcha, equivócate, cómete errores, confía en tu capacidad para tener ideas y generar alternativas, aprende, crece...

Y cuando vuelva a aparecer ese maldito y tan molesto "No sé cómo hacerlo", entonces, sonríe... Porque no hay que tenerle miedo. Porque puede ser el principio de algo verdaderamente nuevo, bueno y hermoso.

Así que, simplemente empieza.

Un abrazo.

lunes, 26 de septiembre de 2016

LA PÉRDIDA DE INTERÉS POR TODO

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, mucho trabajo, más de 120 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando en mi blog algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: LA PÉRDIDA DE INTERÉS POR TODO, un caso que nos ayuda a entender qué es y cómo combatir la anhedonia, uno de los síntomas más comunes en los cuadros depresivos.

CONSULTA

Siempre he sido extrovertida, incluso líder. Pero no sé qué me pasó. Hace 2 años tuve una depresión en la que me intenté suicidar, pero fuí al psiquiatra y me recuperé física y mentalmente. Me diagnosticaron trastorno bipolar. Y ahora dos años después siento que no me interesan las personas, los lugares, nada. Cuando salgo me cuesta mucho trabajo iniciar o mantener conversaciones, no me interesa lo que me digan, me aburro, cuando voy a lugares hermosos o en los que debería sentir emoción por el peligro, no siento nada y en ocasiones hasta me da sueño. Tampoco me dan ganas de salir ni de hacer nada y también me he vuelto muy voluble. Ya no quiero seguir así porque he perdido amigos y estoy teniendo problemas con mi pareja.

RESPUESTA

El trastorno bipolar es un trastorno del estado del ánimo que se caracteriza por cambios extremos en el estado anímico, definidos estos cambios por alegría y tristeza intensas. Su abordaje ha sido clásicamente farmacológico (litio), aunque en los últimos años se ha demostrado que su combinación con distintos tratamientos psicológicos permite una mayor mejoría.

Uno de los síntomas habituales en los episodios depresivos del trastorno bipolar es la anhedonia: disminución de la capacidad para disfrutar o mostrar interés y/o placer en las actividades habituales. Podemos convertir el hecho de combatir la anhedonia en una oportunidad para conocerte mejor a ti misma: pregúntate qué es lo que más te gusta, lo que más te motiva, aquello que al practicarlo hace que alcances el flujo, ese estado por el cual pierdes conciencia de ti misma y las horas se pasan volando; explora, experimenta, practica... Añade aquéllo que hayas descubierto como placentero o gratificante a tu rutina de vida.

El tratamiento farmacológico puede estar influyendo sobre tu capacidad de interés y disfrute. Coméntaselo a tu psiquiatra para ver si es posible una reducción de la dosis o modificación del tratamiento. Por otra parte, no olvides  que puedes complementar ese tratamiento con la terapia psicológica. Ésta te ayudará a que aprendas a manejar los síntomas maniáticos y depresivos de la enfermedad, e interfieran así en la menor medida posible sobre tu bienestar y salud. Ánimo, un abrazo.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿POR QUÉ ELIJO SIEMPRE MAL EN EL AMOR?

¿Vas de relación en relación de una manera involuntaria? ¿Siempre te queda la sensación de que te fijas en las personas inadecuadas? ¿Ya no sabes si el problema es tuyo, o de los demás que se han vuelto todos locos? ¿Es la solución meterse a un monasterio o convento?

Quizá no haya que ser tan radical y sólo la lectura de este post te ayude a entender un poco mejor lo que te pasa. Aunque si sientes la llamada de Dios, quién soy yo para distraerte...

Si no es así (que sinceramente, espero que no), lee con atención:

En primer lugar, lo que te pasa no es tan anormal. ¿Sabía por ejemplo que en España actualmente el 61% de los matrimonios termina en separación o divorcio (¡más de la mitad!), y en algunos países como Bélgica superan el 70% (¿tendrán la culpa los gofres?... con eso de que el chocolate es el sustitutivo del sexo). Es un dato que pone de manifiesto que hoy en día el "fueron felices para siempre"... ¡más que nunca es un cuento de hadas! Así que fuera culpas, fuera victimizaciones, y fuera estigmatizaciones. Sentirte especialmente rara o poco desenvuelta en el amor, no te va ayudar en nada.

En segundo lugar, como psicólogo, cuando trabajo el duelo romántico, me encuentro casi con una frecuencia del 100%, una sensación de fracaso en la persona que viene a verme. Y es algo que me deja desconcertado. ¿Realmente, cuando empiezas una relación, haya matrimonio de por medio o no lo haya, tu objetivo se centra en llegar a la tumba casado con esa persona, y si no lo consigues es un fracaso? Olvídate de eso, relájate, y disfruta dure lo que dure. Nuestro objetivo en la vida no creo que debiera ser lograr objetivos y mantenerlos, sino ser felices, en la medida de lo posible. Nos encontramos, estamos, y un día nos separamos y dejamos de estar. Puede ser doloroso, pero no crea que haya ningún fracaso ahí, sin embargo, la sensación de fracaso, multiplica el dolor.

En tercer lugar: sí es verdad que hoy aguantamos menos. Hace tan sólo unas décadas, las separaciones estaban muy mal vistas por el entorno familiar y social, así que nuestros abuelos o incluso padres aguantaban más. Hoy nos hemos liberado de esa presión social, y eso es bueno. Pero, vivimos en una sociedad hedonista, y eso no es bueno. Recuerdo: hedonismo = búsqueda constante del placer y huida permante del dolor = ¡eso es imposible! No se puede estar bien siempre, y cuando lo pretendemos y estamos inmersos en una relación de pareja, a la mínima que nos encontremos mal, vamos a cortar la relación. Ni tanto ni tan calvo. Ni aguantarlo todo, ni huir a las primeras de cambio. Comunicación, empatía, asertividad, resolución de conflictos, terapia de pareja (que también hago, por cierto), CAMBIOS... ¿Has probado algo de eso antes de terminar una relación?

Sin embargo, una vez visto esto tres puntos esenciales, vamos a detenernos en el tema principal de este post, y que considero una de las causas fundamentales de las separaciones de pareja: la mala elección. Si, desde el principio, elijo mal a mi compañero o compañera de viaje, resultará entonces mucho más fácil que no terminemos el viaje juntos.

Y hoy día elegimos mal, rematadamente mal. Alguno de los motivos que expongo a continuación explican el por qué de esa mala elección y, por tanto, qué podemos hacer diferente, para solucionarlo. Éstos son:
  • El Efecto Halo. Muchos ya habréis oído hablar de él. Consiste en una generalización errónea a partir de una sola cualidad de un objeto o persona. En el tema que nos atañe: conozco a una persona con un físico imponente, y a partir de ahí pienso que también es inteligente, amable, cariñosa, con buen fondo, etc. A partir de una característica positiva deduzco otras muchas más, que pueden darse en la persona, o no... Algunas veces para cuando me doy cuenta de que esas otras cualidades positivas nunca existieron, ya es demasiado tarde. Por tanto: a todos nos entra una persona por la vista, eso es innegable, pero el físico es sólo lo principial, no lo principal, no te quedes ahí. Primero conócete bien a ti, qué te gusta, qué es lo que quieres de una persona. Estamos de acuerdo en que no existe la media naranja y no hay nadie que haya venido a este mundo a cumplir todas tus expectativas, ¿pero no será importante que la persona con la que compartas cama y fluidos, también tenga en común contigo intereses, ideales, metas...? Una relación no puede basarse única y exclusivamente en la atracción, porque el intensísimo deseo inicial acaba tranformándose en una fuerza mucho más poderosa: en AMOR. Y si no hay amor, muere el deseo, y no queda nada.
  • Un mal procesamiento del duelo. Tras una ruptura sentimental las personas pasan por emociones dolorosas, que no nos gustan, que cuestan asumir... Sin embargo, como ya he explicado en otro post, es necesario pasar por esas emociones para curar las heridas del duelo, y para pasar por esas emociones, requieres de tiempo. Muchas personas no obstante muestran una intolerancia bastante grave a sus propias emociones dolorosas, y no las soportan, así que recurren a vías de escape para no pasar por ellas: juergas desenfranadas, adicciones... otro "amor". Y cuando el inicio de tu actual relación de pareja se basa en la huida, en lugar de en la búsqueda, en el miedo en vez de en la motivación, entonces, es muy sencillo que nada bueno salga de ahí.
  • No soportar la soledad. Esta causa de mal elección es muy parecida a la anterior, sólo que no tiene por qué haber ruptura previa. Hay personas que en algún momento de sus vidas se sienten especialmente solas y, como pasaba con el duelo, no soportan esa emoción y acaban eligiendo por una necesidad de salir de ella. No soportar la soledad es en realidad no soportarse a uno mismo y, para elegir una pareja que te quiera y que te trate bien, es imprescindible que antes seas tú quien se quiera y se trate bien a sí mismo. Si te sientes bien contigo mismo y aprovechas la soledad para disfrutarte, tu elección de pareja ya no estará influenciada por la presión de la necesidad o el agobio de la ansiedad. Querrás a alguien que mejore lo que tengas. Tus criterios de elección serán más firmes.
Y básicamente, por eso elegimos mal en el amor. Así que nada de decir: "es que el mercado está muy mal". Conócete, quiérete, valórate, busca a personas que además de atraerte tengan cosas en común contigo, y si acabas de terminar una relación de pareja, date tiempo. Si sigues estas sencillas reglas, mejorarás tu capacidad de elección, aunque ninguna de ellas te garantiza que acabes conociendo al hombre o mujer de tu vida... ¡porque eso no existe! Como dice un dicho popular:



Así que coge tu vida, 
ve al "mercado", 
y abre bien los ojos, 
con estas nuevas lentes que te he dado. 

Suerte la próxima vez, un abrazo.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

SOLTAR (QUE NO TIRAR) LAS RIENDAS

Habla Rafael Santandreu en su libro El arte de no amargarse la vida, que las personas sólo tenemos 3 necesidades para poder vivir felices: agua, comida, y techo (para refugiarnos de las condiciones meteorológicas). Por supuesto, no solemos conformarnos con esto, queremos más. Deseamos más. El problema es que cuando confundimos deseos con necesidades, añadimos presión, frustración a nuestras vidas y, por tanto, ansiedad y depresión, y por tanto, infelicidad. Nos amargamos, innecesariamente la vida.

Pues, hablando de necesidades inventadas:

LA NECESIDAD DE CONTROL

En un mundo en el que puedes hablar con alguien cara a cara aunque viva a miles de kilómetros de distancia, en el que puedes comprar cualquier cosa sin moverte de casa o en el que puedes encontrar al hombre o mujer de tu vida sin salir de tu habitación, hemos aprendido (malaprendido) que lo controlamos todo.

En un mundo en el que por medio de una diminuta pastilla puedo dejar de sentir miedo o tristeza, hemos malaprendido que controlamos todo nuestro mundo interior.

En un mundo en el que a un niño le basta un simple berrinche para conseguir que sus padres le den todo lo que desea, hemos aprendido que controlamos a los demás y que si no conseguimos lo que esperamos de ellos, deberé sentirme muy mal conmigo mismo.

No es verdad. No lo controlas todo. Y como dije al principio, esa necesidad autoimpuesta nos puede provocar un elevado nivel de malestar.

Hay situaciones, momentos y personas con los que hemos de adquirir un Modo Activo ante la vida. Tomar las riendas. Afrontar. Actuar.

Pero hay otras situaciones, momentos y personas con los que es mejor adoptar un Modo Pasivo o Contemplativo. Simplemente observar, y dejar que pase. Soltar esas riendas, porque con ellas lo único que conseguimos es atar una situación, momento o persona que el tiempo se encargará de mover hacia su sitio.

Sé que esto es muy difícil para algunos (y me incluyo). Después de todo, a mi consulta vienen muchas personas con esta necesidad de control, a las que les cuesta mucho soltar esas riendas. Y les cuesta porque resulta que, algún día las soltaron, y no las volvieron a coger en mucho, mucho tiempo. Se metieron en su cuarto, en su cama, se aislaron del mundo... Y temen que les vuelva a pasar.

Lo que pasa es que estas personas confunden el soltar las riendas con el abandonarse a sí mismas. Cuando te propongo que sueltes las riendas, no te digo que tires las riendas, te digo que dejes de atarte a una situación, momento o persona determinadas.

Has de distinguir por tanto, aquellas situaciones, momentos y personas de tu vida que sí controlas, y las que no. Porque tu energía es limitada, y es importante que aprendas a invertirla sobre aquellos que controlas y a no desperdiciarla en lo que no controlas.

Por si te lo estabas preguntando: sí, la única persona a la que controlas en tu vida, es a ti misma. Pero ni siquiera tienes un grado de control absoluto sobre ti. Por mucho que hayas investigado y estudiado sobre Psicología, por mucho que hayas practicado la meditación y el diálogo interno, muchas veces tus emociones y pensamientos se manifiestan sin que tú puedas hacer nada por evitarlo. Nada, excepto observar, sin identificarte, sin reaccionar, sin juzgarte ni culparte por ello,y dejar que pase.

Te da miedo lo que te digo. Lo sé. Tienes miedo a perder el control. Pero cuando sientas ese miedo, piensa en esto que te digo:

Se da la paradoja de que, 
cuando soltamos las riendas
sobre algunas cosas de nuestra vida,
incluído nuestro propio mundo interior,
recuperamos el control, sobre nosotros mismos.

Un abrazo.