Seguramente, habrás escuchado más de una vez sentencias como esta, cuando no las habrás dicho tú en alguna ocasión.
¿Estamos peor que nunca? Bueno, la verdad es que le empezamos a prestar atención a la salud mental hace relativamente poco (el origen de la psiquiatría y la psicología se localizan en el siglo XIX), y a hablar de felicidad, casi compulsivamente, mucho más tarde (el auge ha sido a finales de siglo XX), así que no podemos comparar con otros periodos históricos (aunque antes, las guerras, enfermedades y pobreza no es que pintaran un panorama muy atractivo), pero lo cierto es que las estadísticas sobre salud mental (desde que hay estadísticas, es decir, desde hace muy poco), no hacen más que empeorar: cada vez hay más gente con problemas de depresión y ansiedad, más gente que se medica, más gente que va al psicólogo o a unidades de salud mental, más gente que se tira por la ventana (esto no es estrictamente cierto, pueden recurrir a otros métodos de suicidio).
Podríamos decir que entre los que están enfermos, los que no pero están a una canción de reggaeton de petarlo, y los que les gusta el reggaeton (que son los que están peor), todos estamos jodidos. La sociedad está jodida. Y aunque antes, cuando te morías a los treinta o te pasabas toda tu vida siendo un siervo del clero y la monarquía, seguramente no estábamos mucho mejor, ¿no resulta paradójico que ahora que le damos tanto valor a la salud mental y a la felicidad, nos sintamos tan así?
Pues sí, pero se puede explicar. Lo intentaré. Enga, vamos al lío:
En primer lugar, ¿qué coj***s es la felicidad? Recordemos que la salud, tanto en su dimensión física como mental (y emocional), se entiende no solo como la ausencia de enfermedad sino también como un estado de bienestar. Por lo que la felicidad, en parte (ahora veremos por qué solo en parte), puede entenderse como una condición de salud. Desde mi punto de vista, por lo que he estudiado, leído y vivido (ya más de treinta años, ¡yupi!), hay tres perspectivas diferentes, y complementarias, que nos explican qué es la felicidad.
- La perspectiva psicobiológica. La de la ciencia, la de la salud. Según esta perspectiva, la felicidad es un estado interno subjetivo. La persona experimenta felicidad, la siente (por H o por B). Como estado que es, es transitoria, es decir, no permanece, sino que va y viene. En mi libro, La dictadura de la felicidad, yo, muy puesto en mi papel de psicólogo, decía que no existen las personas felices, solo los momentos de felicidad.
- Sin embargo, la perspectiva filosófica sí defiende que existen las personas felices (y la creo). Porque, desde la filosofía (o, al menos, desde numerosos filósofos que se han dedicado a darle vueltas a la sesera con esto de la felicidad desde tiempos inmemoriales casi), la felicidad es una manera de ser en el mundo. Una manera de ser que se distingue, como bien estableció Aristóteles (un hacha el tío), por la búsqueda no de la felicidad, sino de la virtud. Cuando uno trata de ser virtuoso, en lo que hace, en su obra, es decir, cuando uno busca el obrar bien (que lo que haga esté bien hecho) y el buen obrar (hacer un bien a los demás), se siente satisfecho con lo que es y con lo que hace, y eso le vuelve happy.
- Porque, según la tercera perspectiva sobre la felicidad, esta se explica desde un punto de vista social o comunitario. No podemos ser felices sin el otro, sin el grupo. Somos animales sociales y necesitamos al otro, no solo para sobrevivir, sino también, por los visto, para ser felices. No tiene sentido, según esta perspectiva social, ser feliz en solitario. Necesitamos que los demás lo sepan. Nos gusta compartir nuestra felicidad y que los demás compartan su felicidad con nosotros. Y, de hecho, cuando a los demás o al grupo le va mal, afectará irremediablemente a mi felicidad, ya que esta depende de factores de grupo. Me conviene que el grupo sea feliz porque su felicidad (o infelicidad) afecta a la mía. Si hay crispación social, me afecta. Si hay bienestar social, también. Si hay desigualdad, me afecta, incluso aunque esté en la clase aventajada de esa sociedad desigual, ya que seguramente habrán tensiones y conflictos que se apaciguarían en una sociedad más igualitaria.
Vale. Pero, oye, ¿no era este un post titulado "Todos estamos jodidos"? ¿En qué nos explican estas tres perspectivas de la felicidad que la sociedad está jodida?
Pues en que el ser humano contemporáneo quiere ser feliz en todo momento, pretende que todos los instantes sean felices (dictadura de la felicidad), lo cual es incoherente con la naturaleza de la vida, ya que el dolor forma parte de esta, y para tener momentos de felicidad tiene que haber momentos de infelicidad, y tan importante es, si queremos tener una vida buena, generarnos esos momentos de felicidad como aprender a tolerar el dolor propio de la vida, y si creemos que todo ha de estar bien siempre y el dolor es evitable, os aseguro que las hostias van a doler mucho más.
En que la gente, hoy más que nunca, no busca la virtud, sino el materialismo, el estatus, el dinero... como objetos externos que nos darán una felicidad interna plena y estable (me meo), despreciando el desarrollo personal. Se ha interiorizado el "vales por lo que tienes" y la gente que lo piensa y actúa en consecuencia no vale nada, porque no tiene lo que de verdad importa, que son las virtudes: generosidad, amabilidad, humor, creatividad, integridad, honestidad, solidaridad, altruismo, templanza, sabiduría, cultura, paciencia, compasión...
Y en que con el neoliberalismo nos hemos convertido, cada vez más, en seres individualistas, egoístas, narcisistas, que solo piensan en su felicidad individual y que no colaboran con los otros para crear y mantener comunidades felices, sino que usan a los demás para “mejorar” su propia felicidad. Y nos les funciona, ni les va a funcionar, porque somos más felices cuanto más colectiva es la felicidad. Simplemente, así es como funciona. Pues no se enteran, oye.
Así que, estamos... muy... jodidos. Pero, ¿hay esperanza?
Este post ha surgido de un libro que me estoy leyendo y que, aunque todavía no he terminado, recomiendo desde ya: se llama "Todo está jodido. Un libro sobre la esperanza", de Mark Manson (autor de "El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda"). Es paradójico el título del libro, pero luego el autor lo explica de manera creíble: si todo está jodido, casi que es mejor no tener esperanza en que las cosas vayan a cambiar... y por tanto, centrarte solo en lo que puedes hacer ahora con las cosas.
Se lo compro. Si como sociedad estamos jodidos, si hemos tocado fondo, si el progreso nos ha llevado a que la gente salte por la ventana más que en cualquier otra era de la historia, que un tipo como Trump gobierne un país (¡por dos veces!) y que un chalao narcisista e histriónico se convierta en popular por hacer el ridículo en un conocido reality show de gente mediocre y mentalmente no muy sana (sí, sin duda hemos tocado fondo), entonces, la esperanza no sirve de nada. Es mejor aceptar lo que hay, lo que tenemos, y hacer lo mejor que podamos con eso.
Y creo que esto pasa por no dejarnos llevar por la cultura predominante en nuestros tiempos y...
Nos buscar constantemente la felicidad ni las cosas que nos dicen que debemos tener para ser felices.
Buscar, en cambio, la virtud (obrar bien, ser mejores personas).
Poner nuestro granito de arena por construir y mantener comunidades felices.
Y así, quizá, no todo ni todos estemos tan jodidos.
Cuestiona lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.
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Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para el resto del mundo. También tengo un par de libros.
Y sin joder más, ¡recibe este abrazo!