lunes, 19 de enero de 2026

DIFERENCIAS ENTRE TRISTEZA Y DEPRESIÓN

Hoy dicen que es Blue Monday. Ya sabes, esa chuminá que se inventó algún
iluminati para decir que el tercer lunes de enero es el más triste del año. Y yo llevo aprovechándome de esta fecha, de un tiempo hacia acá, para defender a la denostada tristeza y ensalzar sus valores. ¡Necesitamos a la tristeza! In love con la tristeza.


Este año, lo que quiero hacer para generarle buena fama a mi querida tristeza es diferenciarla bien de la depresión. Tristeza y depresión no son lo mismo.


Para vosotros quizá sea obvio, pero como psicólogo me encuentro con personas que sí creen que tienen depresión, cuando lo único que les pasa es que se sienten tristes, y con razón además. Se estigmatizan sin motivo (ojo: tampoco hay que hacerlo cuando se tiene depresión). Y pueden llegar a recurrir a psicofármacos sin tener por qué.


La tristeza es una emoción que puede durar minutos u horas. A veces pasamos de la emoción al estado de ánimo, y este puede durar días. No se diagnostica depresión hasta que la persona manifiesta sentirse de una determinada manera durante al menos dos semanas, la mayor parte del día.


Pero, además del factor tiempo, también tenemos que tener en cuenta las características. La depresión es un conjunto de síntomas. La tristeza es solo uno de ellos, y no necesariamente está presente siempre. La depresión no es estar triste, aunque pueda conllevar estarlo. Es sobre todo una pérdida de ganas. Por eso, otros síntomas que aparecen en un cuadro depresivo son la apatía, la anhedonia, la baja motivación, la falta de autoestima...


Se ha llegado a definir la depresión como la fatiga de ser uno mismo. La depresión conlleva una fatiga física, mental y emocional. El organismo se deprime, por eso se llama depresión. Es decir, se viene abajo. Nos exponemos a presiones que nos producen un estrés excesivo y continuado (cumplir con las exigencias, con los estándares), y cuando no podemos más, ¡plof! Nos cansamos de ser nosotros mismos, el yo que nos hemos exigido ser y que, en realidad, no podemos (ni es saludable).


En ocasiones se dice que la tristeza es la antesala a la depresión, pero no es verdad. La depresión puede venir también por un suceso aislado, no por una exposición constante al estrés: una ruptura sentimental, la pérdida de un ser querido, un trauma que produce demasiado dolor..., pero es, precisamente, nuestra resistencia a la tristeza y al dolor, nuestra lucha con nosotros mismos, lo que provoca esa fatiga que acaba en depresión.


De ahí la importancia de dejarse ser, imperfecto, vulnerable, y de aceptar la
parte jodida de la vida y las emociones que provoca, como la tristeza. No hay que luchar, no hay que reprimir, no hay que esconder... hay que sentir, transitar y soltar.


Y como todos, Todos, TODOS en algún/unos momentos de nuestra vida podemos caer en depresión, permitámonos pedir ayuda, por supuesto.


Cuenta conmigo para eso.


Cuestiona todo lo que digo, que la duda nos acerca más a la verdad.


Si te gustó el post, no te lo quedes solo para ti, porfa, comenta y comparte.


Si te gusté yo, hago terapia en consulta en Málaga y online para todo el mundo. También tengo un par de libros.


¡Y recibe el primer abrazo de 2026! ¡Feliz año! Y cuando no sea feliz, que al menos sea tolerable. 😉

jueves, 18 de diciembre de 2025

LO MEJOR DEL 2025

Como cada año por estas fechas, hago una selección de lo mejor que he visto en RRSS sobre psicología, bienestar y crecimiento personal y colectivo. Espero que os guste ¡y que os sea de provecho!







En este link encontraréis información detallada y útil sobre el TEPT (Trastorno de estrés postraumático) tras un accidente de tráfico.

https://farahandfarah.com/es/impacto-emocional-despues-de-un-accidente-traumatico/





Interesantísimo artículo que diferencia entre depresión estrictamente clínica y el malestar mental y emocional que, sin ser depresión ni requerir de tratamiento psiquiátrico, abunda en nuestros tiempos, debido a un estilo de vida exageradamente individualista que produce una patologización del yo.






Diferencia entre culpa y arrepentimiento. Analizarlas es clave para conseguir perdonarse a uno mismo.



Y, en esta ocasión, dada su reciente marcha, no podía faltar a la cita Robe Iniesta. Nos ha dejado no solo un gran poeta y artista, también un filósofo, y un terapeuta que nos sanó con sus versos y nos hizo crecer con su arte. Como leí hace poco que escribió alguien: "Todo lo que no me enseñó mi padre lo aprendí con las canciones de Extremoduro". ¡Larga vida a Robe!

He seleccionado algunas de las que son, para mí, sus más memorables frases:








Por supuesto, no podía faltar su himno, pero esta vez cantado por un coro de niñas. Y es que Robe inspiró a muchas generaciones, y este mensaje debería llegar a todo el mundo. ¡Ama, ama, ama, y ensancha el alma!





Si quieres regalarte salud mental, puedes pedirme cita aquí. Si quieres regalar un libro, ¡aquí tienes los míos!

Me despido hasta, espero, el 2026. Que tengas felices fiestas y buena entrada de año, y que se porten bien Los Reyes Magos. Y si te traen carbón, llámame... ¡y lo juntamos con el mío y hacemos una barbacoa! ¡Un fuerte abrazo! 💖


miércoles, 26 de noviembre de 2025

12 APRENDIZAJES QUE ME HA ENSEÑADO LA PSICOTERAPIA

Esta semana cumplo 12 años como psicólogo (¡casi na!) y quiero celebrarlo
compartiendo contigo algunas de las enseñanzas más importantes que he aprendido a través de la psicoterapia. Porque no solo es el paciente quien aprende y crece, también el profesional.


La psicoterapia es un espacio de encuentro en el que dos personas hablan del dolor y del sufrimiento. También del bienestar y de la felicidad. Y aunque es verdad que una de ellas, el psicólogo, es la encargada de ayudar a la otra, con su visión objetiva y analítica, con sus conocimientos y herramientas, de ese encuentro ambos sacan beneficio.


Por eso, te dejo algunas de las ganancias que he cosechado como psicólogo estos 12 años. Aquí van ¡12 aprendizajes que me ha enseñado la psicoterapia!


1. Existen dos máximas en psicología: si no quieres pensar en algo, lo peor que puedes hacer es desear no pensar en ese algo, y si no quieres sentir algo, lo peor que puedes hacer es desear no sentir ese algo.


2. Todo el mundo sufre; todos somos vulnerables. Y para ser feliz, hay que aprender a sufrir bien.


3. La felicidad ni se busca ni se alcanza. La felicidad es lo que te pasa (a veces) mientras vives, es lo que haces, es lo que eres.


4. Parafraseando a Carl Jung: un psicólogo, por muy profesional que sea, por mucha carrera y muchos másteres que tenga, al final, deber ser un ser humano delante de otro ser humano.


5. Las sonrisas más bonitas son las que aparecen detrás de las lágrimas. Sin el dolor, no podría haber felicidad.


6. La escucha activa y adecuada, a veces, ayuda más que la intervención (y esto vale para todos). Los silencios también sanan.


7. Un psicólogo, más que darte respuestas, te ayuda a hacerte las preguntas apropiadas para que las encuentres tú.


8. La terapia no soluciona tus mierdas. Te ayuda a entenderlas mejor. Y, gracias a ese entendimiento, poder llevarte mejor con ellas.


9. No existe crecimiento personal sin crecimiento colectivo. Nuestros bienestares están conectados. Por eso, el bien común es cosa de cada uno de nosotros y de todos.


10. El sentido del humor es fundamental en la terapia psicológica... ¡y en la vida!


11. Hacer crecer, te hace crecer.


12. Y, por último, por encima del qué dirán, por encima de lo que se supone que se espera de ti, por encima de tus tareas, responsabilidades y rendimiento, por encima de la resolución de problemas propios o ajenos, pon siempre tu salud mental y bienestar.


Gracias por estar a mi lado todos estos años. Os quiero.


Cuestiona lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.


Si te gustó el post, comenta y comparte, no te lo quedes para ti solo, porfa.


Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para todo el mundo. También tengo un par de libros publicados.


Y espero que, por muchos años más, ¡recibas este abrazo!

miércoles, 29 de octubre de 2025

LA MENTE ES UNA MONSTRUA

Ya estamos en la semana de Jallowín (como me gusta llamarla a mí). De aquí a poco, veremos cientos de monstruitos (y no tan "itos") invadiendo las calles, los colegios, los bares... 


¿Le tienes miedo a los monstruitos? No sé si ya te he contado esto, pero yo, de pequeño, me vi las mejores pelis de terror de la historia: El Resplandor, El exorcista, Alien, Viernes 13... Digamos que mis padres fueron un poco negligentes con nosotros en ese sentido. ¡Suerte que no he acabado siendo un psicópata, sino solo psicólogo! (no sé qué es peor 😅) Fue con aquella última que he mencionado, Viernes 13, con la que desarrollé cierto TOC. En una secuencia, un jovencísimo Kevin Bacon se tumba plácidamente en una cama y, un poquito después, un cuchillo le rebana el cuello. Me pasé años mirando debajo de la cama antes de acostarme. ¡Años!


Normal, hay cosas para las que un niño no está preparado. A favor de mis padres he de decir que también hicieron cosas bien, eh. Además, hoy día le debo a ellos que soy fan de las pelis de terror y me lo paso bomba viéndolas, incluso cuando paso miedo (que para eso están, para dar miedo). Mis monstruos de la infancia no son nada en comparación con los monstruos de la vida adulta: el rentista, el banquero, el cajero del súper mercado (pobre cajero, tampoco tiene la culpa). 


El caso es que hay miedos que se generan a través de experiencias, ya sea en primera o tercera persona, que vivimos en nuestro pasado, infancia y adolescencia sobre todo (aunque en cualquier momento de la vida adulta puede nacer un nuevo miedo). Es lo que le pasó a una de mis pacientes, que cuando era niña escuchó algunas historias de espíritus y fantasmas y vio también alguna peli del género o algún programa de Cuarto Milenio (que es como una peli pero en mala), y acabó desarrollando espectrofobia, o lo que es lo mismo, fobia a los fantasmas.


Esta fobia le limita bastante la vida, ya que no se atreve a dormir sola (siendo ya adulta), y tiene que dormir con la luz encendida (si no la de la habitación, al menos la del pasillo). Y aún haciendo todo esto, lo pasa mal, porque su mente no deja de ponerla en alerta ante la posibilidad de que un espíritu se le aparezca, o en el mejor de los casos, un asesino en serie (bueno, ante cualquiera de las dos posibilidades estaría bastante jodida, la verdad).


Y es ahí, en lo que acabo de decir (o escribir, para ser más exactos), donde radica el motivo de mi post. Porque he dicho (he escrito) "su mente no deja de ponerla en alerta". Entonces, si queremos superar algunos de nuestros miedos, o, al menos, poder convivir con ellos de manera más tranquila, ya sean esos miedos menos realistas, como los que tienen que ver con fenómenos paranormales o fantasmas, ya sean más realistas, como los relacionados con el rentista, el banquero y etc., hemos de aprender a hacerle menos caso a nuestra mente.


Que esa sí que es una monstrua. Y de monstruita nada. Monstrua, monstrua, una bien grande.


La mente es la loca de la casa. La mente-miente. No te creas a la mente (no siempre). No le hagas caso. Aprende a pasar de aquello que tu mente te diga y que no sea creíble, que no te aporte, que no sea amable contigo.


¿Por qué la mente piensa lo que piensa y nos dice lo que nos dice? ¿Tenemos al enemigo en casa? ¿Es el peor monstruo de todos? ¿Si me disfrazo de mente en este Halloween lo petaré? Posiblemente, pero, más allá de eso, no, tu mente no es tu enemigo. Tu mente, o, mejor dicho, tu actividad mental (pensamientos, proyecciones, recuerdos...), es el resultado de tu actividad cerebral. Y el cerebro no es un enemigo, es un amigo que hace muchas cosas por ti, te ayuda a mantener un montón de funciones básicas para tu supervivencia, y está trabajando a destajo ahora para que entiendas este rollo que te estoy soltando.


El problema es que la función principal (diría que función exclusiva) de tu cerebro es precisamente aquella, tu supervivencia. Y a veces se lo toma más en serio de la cuenta, se pone nerviosillo, y se equivoca. ¿Quién no se ha equivocado estando nervioso? Pues, tu cerebro dispara cortisol (hormona del estrés) cuando él cree que estás en peligro, para ponerte en alerta. Y en esa sensación de amenaza que alerta a tu cerebro, influyen mucho, muchísimo, tus traumas, tus creencias, tus inseguridades y miedos... tu identidad personal, que se ha ido formando a través de experiencias de vida más o menos chungas, como escuchar historias de espíritus o ver morir con una violencia desatada a Kevin Bacon. Ya con las experiencias en primera persona, ni te cuento.


Una vez que estás en alerta, sientes ansiedad. Y esa ansiedad se nota en el cuerpo, y también en cómo funciona tu mente, en cómo son tus pensamientos: nos ponemos en lo peor, exageramos, rumiamos, tenemos pensamientos irracionales... Por eso, no hay que creerse (siempre) a la mente, mucho menos cuando estamos agobiados. Si te sientes mal, lo más probable es que pienses mal. Y, encima, ese pensamiento de mala calidad te pondrá peor todavía. ¡Sobre todo si te lo crees y lo sigues escuchando todo el tiempo!


Simplemente ser conscientes de todo esto que te acabo de contar (que cuando te pones a pensar cosas que te agobian o desatan tus mil demonios, lo más probable es que estés pensando así porque previamente te has agobiado, y seguramente sin necesidad alguna de agobiarte), te ayudará a poner el foco no en el peligro, no en la amenaza, porque seguramente ni existan, sino en ti, en tu agobio, en tu estado de alerta y ansiedad. Y así hacer algo que te ayude a relajarte: respirar profundo, hablarte de manera amable, usar algún estímulo que te facilite recuperar la calma... 


Una vez un poco más consciente y más relajado, podrás producir un pensamiento de mayor calidad. Por ejemplo, podrás decirte que entiendes que te da miedo que te asuste la oscuridad por todas las historias de fantasmas que escuchaste de pequeña, pero que tienes que afrontarlo y aprender a vivir con ello; o que después de que rebanaran el cuello a Kevin Bacon en esa peli, él hizo muchas pelis más, así que tu cerebro (que por otra parte, no distingue entre realidad y ficción) puede que exagere un poco; o que cada vez que pasas los productos por la caja del súper el atraco es bestial, pero que, aún así, consigues volver a la semana siguiente.


Recuerda esto: tú eres tú y tu mente es tu mente. Y no siempre tienes que creerte ni hacer caso ni prestar atención a lo que te dice tu mente. Porque tu mente es una peliculera, ¡y a veces se monta unas pelis de terror de la hostia!


Y si crees que nada de lo que te he dicho en este post te va a servir pa una mierda, ¡pues al menos te disfrazas de mente en Halloween, que seguro que lo petas!


Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


Si te gustó el post, comenta y comparte, no te lo quedes solo para ti, porfa.


Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para todo el mundo. También tengo un par de libros.


Y seas de Jallowín o no lo seas, ¡abraza a tus monstruitos de mi parte!  

martes, 23 de septiembre de 2025

LO OPUESTO AL MIEDO

 ¿Qué es lo opuesto al miedo?


Según la teoría que revisemos, o a la persona que le preguntemos, podemos encontrar distintas respuestas: la ira, el odio, la alegría, el amor, la confianza...


Como respuesta popular, encontramos mucho el amor. Aunque surgen dudas, ¿no es el amor lo opuesto al odio?


Según el modelo de la Rueda de emociones de Robert Plutchik, es la ira lo opuesto al miedo, porque mientras que la función de este es la de evitar peligros, la ira nos empuja a enfrentarlos y superarlos. Pero, quizá antes, cuando el peligro era un animal salvaje o un enemigo, sí que era útil enrabiarse para enfrentarlo, y hoy no necesitemos siempre la ira para superar los obstáculos, ¿verdad?


Neurológicamente, en la actualidad sabemos que las partes del cerebro que se activan cuando tenemos miedo son las mismas que cuando sentimos confianza. Esto no significa que confianza y miedo sean lo mismo, obvio. Significa que cuando sentimos miedo, no sentimos confianza... y a la inversa.


Y ahí es dónde el amor y la confianza, desde mi punto de vista, se unen para contrarrestar la respuesta de miedo y ser su gran opositor o, incluso, su anulador.


La oxitocina es la famosamente conocida "hormona del amor". Pero también es la hormona de la confianza. ¿Cuándo libera nuestro organismo oxitocina? Cuando sentimos atracción sexual y afectiva hacia otra persona. ¿Y qué provoca en nosotros esta hormona? Apego, empatía, sensación de vínculo... y confianza.


Dejando a un lado lo puramente biológico, y dándole un toque más psicológico o hasta social a este razonamiento, tiene todo el sentido: cuando nos enamoramos, y es recíproco, nos sentimos como Leonardo DiCaprio con Kate Winslet en la proa del Titanic, "¡Soy el rey del mundo!". Confianza a tope.


Esta confianza, además, no es unidimensional, sino que tiene tres dimensiones: es confianza en el otro, claro, pero también confianza en uno mismo (la autoestima sube), y en la vida (nos volvemos más optimistas, ¿verdad?, aunque alguno se pasa: tienes el guapo subido, se dice mucho ahora). 


Por lo tanto, si quisiéramos dejar de sentir miedo, la solución sería bastante sencilla: ¡enamórate! No, es broma. Además de que esto puede ser contraproducente (enamorarse, pienso, es malo para la salud mental, aunque de eso ya hablaré en otra ocasión), en realidad no resulta tan sencillo. Ni siquiera si, atendiendo a las otras dimensiones de la confianza, nos intentamos enamorar de nosotros mismos o de la vida.


Estudios desvelan (por cierto, he de agradecer a David Pastor Vico y su libro Era de idiotas por descubrirme este dato) que los niveles de confianza interpersonal pueden estar bajando. En países como México y Estados Unidos así está sucediendo ya, y en Europa, entre 2017 y 2020, se sitúa el dato en que solo una de cada tres personas confía en la mayoría de sus conciudadanos. Que la confianza interpersonal esté decreciendo no es ninguna sorpresa en un mundo cada más individualista y competitivo.


¿Enamorarse de uno mismo? Sí, claro. Si consigues no compararte constantemente con la actividad social, la riqueza material o el cuerpo y el rostro que tienen otros y que exhiben sin complejos en sus RRSS, como poder, puedes.


¿Y de la vida? Quizá confiar en la vida tras el 2020 (COVID, volcanes, Danas, guerras, cambio climático...) sea un poquito más difícil, ¿verdad?


Quizá, que viviendo en sociedades bastante seguras y teniendo todo lo que necesitamos, cada vez tengamos más miedo (más trastornos de ansiedad), tenga sentido, ¿verdad?


Lo opuesto al miedo es construir vínculos significativos y seguros entre las personas y las comunidades. Lo opuesto al miedo es sentir que puedes contar con tu vecino. Lo opuesto al miedo es confiar en tus habilidades pero no porque necesites de estas para sobrevivir en una jungla de "sálvese quien pueda", sino porque aportarán a tu comunidad para que esta sea mejor y te beneficies tú y los demás. Lo opuesto al miedo es confiar en la vida porque cuando esta, de manera natural, te golpee, habrá una tribu que te sostenga para que no te caigas.


Lo opuesto al miedo es el amor. Y para amar necesitamos confiar.


Y la verdad es que para poder confiar más... necesitamos volvernos "un poquito" más confiables.


Mejores personas construyendo mejores tribus.


Cuestiona lo que te digo, la duda nos acerca más a la verdad.


Si te gustó el post, no te lo quedes solo para ti, comenta y comparte, porfa.


Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para el resto del mundo. También tengo un par de libros.


Ah, y si estás en Málaga el viernes 17 de octubre, estaré a las 18h en La Polivalente haciendo un evento de Cuento Terapia, con recaudación "paga lo que quieras" que irá destinada a ayuda a Gaza.


Como siempre, ¡recibe este abrazo!

lunes, 11 de agosto de 2025

TRANSITAR EL DOLOR

 ¿Por qué no montar una fiesta cuando nos pase alguna putada? 


Sí, estás leyendo bien. No, no soy un sádico que se hizo psicólogo para disfrutar mejor del sufrimiento ajeno ni los calores del verano me han derretido los sesos. Si celebramos los logros y las dichas, ¿por qué no también los fracasos e infortunios?


Solo que sería una celebración distinta, claro, porque si no, no tendría mucho sentido. Mirad, cuando nos pasa algo bueno, nos provoca alegría, satisfacción, orgullo, felicidad... y queremos compartir esas emociones con otras personas. Nos recompensamos.


¿Y qué pasa cuando nos pasa algo malo o fracasamos en algún proyecto? Que nos castigamos.


Spoiler: ni nos hace sentir mejor ni aprendemos más con ello.


No, no tienes que montar una fiesta si te han despedido o si tu relación se acaba de ir al carajo (lo mismo sí, dale una vuelta). Pero quizá sí debas hacer algo que te haga el tránsito por ese dolor más fácil.


No sé, Bridget Jones veía pelis románticas y comía helados cada vez que alguna de sus relaciones se iba al traste, ¿no? Pues algo así.


Cada persona deberá encontrar qué es lo que le ayuda con ese tránsito. Quizá no sea montar una fiesta ni comer helado, pero tampoco aislarse ni recrearse en el dolor. Quizá necesites la compañía de un amigo, quizá solo tu propia compañía durante un tiempo. Quizá escribir, para expresar cómo te sientes o entenderte mejor. Quizá una escapada para desconectar del ruido y del estrés y conectar con la naturaleza silenciosa. Quizá ponerte música para cantar y bailar a lo loco. O darle al play de la canción más triste del mundo para quedarte por fin seco de lágrimas.


No es hacer una fiesta. Pero quizá sí sea darte un regalo.


Hazte (nos) un favor y, cuando las cosas vayan mal, date tiempo para transitar
por el dolor. Y póntelo fácil en vez de difícil, ¿vale?


Hazte esa pregunta: ¿qué me va a ayudar a que esto sea un poco más fácil?


Y hazlo. Porque ese es el regalo de la autocompasión.


Cuestiona lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


Si te gustó este post, comenta y comparte, no te lo quedes solo para ti, porfa.


Si te gusté yo, soy psicólogo y hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para todo el mundo. También tengo un par de libros publicados


Y nos volveremos a ver ya para la vuelta de mis vacas. Así que, hasta entonces, ¡recibe este abrazo!

viernes, 23 de mayo de 2025

EL MEJOR GESTO DE AUTOCOMPASIÓN

Mientras más experiencia tengo como psicólogo, más consciente soy de la
importancia de dos factores claves en los procesos de mejora de un paciente o de cualquier persona inmersa en un estado de malestar psicoemocional: la comprensión y la autocompasión.


Entender qué te pasa, por qué, cómo te afecta, qué consecuencias tiene, cuáles son tus alternativas.


Y, en lugar de juzgarte, exigirte, culparte o automachacarte, darte el autocuidado que necesitas. Acompañarte bien en tu proceso. Ayudarte, dándote tiempo y proporcionándote todo aquello que, dentro de lo malo, te haga estar un poquito mejor. Hablo de autocompasión, pero lo suyo sería que no fuera solo "auto", y que el entorno de la persona participara en ese apoyo y cuidado.


Pues bien, es de este segundo factor clave del que quiero hablar en este post, porque encuentro que, quizá, el mayor gesto de autocompasión que podemos tener hacia nosotros mismos es decirnos "Esto me cuesta" o "Cuando tengo que pasar por algo como esto, lo llevo mal"


Nos cuesta reconocer y aceptar nuestra propia vulnerabilidad y el resultado suele ser que la rechazamos. Si algo nos cuesta, nos decimos (aunque sea en un nivel muy inconsciente) "No debería costarme", o si lo pasamos mal ante algo que, quizá, valoramos como demasiado insignificante para que nos provoque ese malestar, o nos comparamos con otros que no lo pasan mal ante lo mismo, nos decimos "¿Qué pasa? No debería reaccionar así. ¿Por qué? ¡Seré tonto!"


Spoiler: no ayuda.


Sin embargo, sí que ayuda conocer bien cuáles son tus puntos débiles, tu lado más vulnerable, para que no te pillen de sorpresa tus respuestas emocionales intensas, ¡que son las tuyas, no las de otros, las tuyas! (los demás tendrán las suyas también), y así ser un aliado, no un crítico ni un tirano, cuando tengas que pasar por una situación difícil o un periodo de malestar.


Por ejemplo:


- Si tienes que enfrentar una reunión laboral al día siguiente, y estás nervioso, no le des vueltas en la cama pensando que tus compañeros son más seguros que tú y que no es bueno que te pongas así porque entonces no vas a poder dormir e ir en buenas condiciones a la reunión. ¡No puedes evitar ponerte nervioso! Y no puedes evitarlo porque te afecta, a ti, y, seguramente, por tus experiencias vitales, si te afecta, ¡es que existen buenas razones para que te afecte! Acéptalo, permítete, haz solo aquello que te ayude a sobrellevarlo, y en la reunión exígete, únicamente, hacerlo lo mejor que tú puedas. Porque no puedes hacerlo mejor que eso, y con eso ya está bien.


- Si estás atravesando por un periodo de vulnerabilidad (quizá desmotivación tan solo, o tal vez sea una depresión), no te exijas estar bien. Suficiente tienes ya con lo tuyo como para soportar, encima, esa frustración. ¿No crees que si pudieras estar bien, lo estarías? ¿Y que si existiera un botón que te quitara esos síntomas, le darías? Spoiler: no, no hay botón. Pero sí puedes activar el botón de la autocompasión: entender que las prisas y las presiones juegan en tu contra, darte tiempo, permitirte estar low y slow, descansar, hacer más lo que más te ayuda a estar bien, y, por supuesto, si no lo hiciste todavía, pedir ayuda.


Se suele decir "Hay gente que se ahoga en un vaso de agua". Pues, spoiler: a
todos nos puede pasar de vez en cuando.
Porque todos tenemos esos puntos débiles que, cuando nos los tocan, saltan nuestras inseguridades, miedos o zonas traumadas. Puede que alguien sea un crack hablando en público y, cuando le toca enfrentar algún conflicto, lo evita por ansiedad. Puede que alguien sea el alma de las fiestas y, cuando está solo, se viene abajo. Puede que alguien sea un mákina ayudando a los demás y luego no sepa cómo ayudarse a sí mismo.


O solo que le cueste un poquito más.


Todos tenemos nuestras luces y nuestras sombras. Autocompasión es abrazar nuestras sombras. Y cogernos de la mano para transitar lo mejor posible a través de senderos oscuros.


Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


Si te gustó el post, comenta y comparte, no te lo quedes solo para ti, porfa.


Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para el resto del mundo. También tengo un par de libros.


Y, amando tus sombras, ¡recibe este abrazo!