miércoles, 27 de mayo de 2020

EL DUELO ROMÁNTICO

Vuelvo a rescatar algunos de mis posts antiguos más leídos. Así, revisamos ideas muy útiles a las que siempre viene bien hacer un repaso. Porque en psicología tan importante es lo que conviene aprender, como desaprender, como recordar.

Esta semana, un post que publiqué en Psicocode en julio del 2015, EL DUELO ROMÁNTICO, que nos habla de las distintas fases por las que podemos pasar tras una separación sentimental y algunas claves para facilitar el proceso de duelo. Espero que os guste y os sea útil.


-------------------

El duelo romántico o duelo por ruptura sentimental es un proceso de ajuste emocional después de la pérdida de la relación de pareja. Este proceso incluye diferentes etapas que no se dan de forma ordenada, sino que pueden solaparse y mezclarse, y no todo el mundo pasa por todas las etapas, aunque son bastante comunes. Estas etapas son:

- Impacto. Nos quedamos en shock. No nos creemos lo que nos ha pasado. “¿Cómo es posible que se haya terminado lo nuestro si iba a ser para siempre?”


- Negación. La incapacidad de aceptar que se ha terminado. “Esto es sólo pasajero, ya volverá, y si no, ya la recuperaré”. Altamente perjudicial sobre todo esa última expectativa.


- Tristeza. Sensación de vacío. El sentimiento de pérdida puede llevar, en esta etapa, a la depresión, que es cuando nos estancamos en ese estado emocional, y ahí se vuelve muy recomendable solicitar ayuda de un psicólogo.


- Culpa. Se tiende a pensar qué es lo que se hizo mal, lo que no se hizo, lo que se podría haber hecho distinto para retener a la otra persona… Y se menosprecian las responsabilidades del otro.


- Ira. Hacia la otra persona, aunque también hacia personas ajenas a la relación, como familiares o amigos. Nos percibimos como víctimas que han sufrido una injusticia y sacamos una rabia y rencor exagerados.


- Aceptación. Aceptar que la relación ha terminado es el principio del fin del proceso; nos liberamos de esa relación que ahora ya forma parte del pasado y recuperamos nuestra energía para invertirla en el aquí y ahora.


- Reconstrucción. Cuando dejo de prestar atención y energía en el pasado y empiezo a ocuparme de mí mismo y de mis necesidades y deseos. Como por ejemplo, conocer gente nueva, dedicarme a aficiones, emprender proyectos.

Existen una serie de recomendaciones sobre aquello que nos facilita la superación de un proceso de duelo romántico. La primera y más importante es: hay que pasar por el proceso de duelo romántico. Eso supone transitar por el dolor que nos provoca la ira, la culpa o la tristeza. El proceso no tiene una duración estándar ni hay fórmulas mágicas, pero sí hay cosas que se pueden hacer y no hacer para que ese proceso no se eternice y no se viva de manera tan intensa y limitante. Son las siguientes:

- Conocer el duelo romántico y sus etapas. Gracias a esto uno llega a entender que las emociones por las que pasa después de una ruptura, aunque dolorosas, son normales, lo que ayuda a desdramatizar y a no desesperase, en definitiva: a no sentirse peor por sentirse mal.

- Corta cualquier forma de contacto con la otra persona. Elimínala del Facebook, bloquéala en el whatssap, evita ver sus fotos en el ordenador… Durante este proceso de duelo se produce lo que se conoce como el efecto de la mariposa en llamas. ¿Sabéis de esos insectos que no pueden evitar acercarse a la luz a pesar de que el calor que irradia puede llegar a matarlos? Pues eso. Aléjate de las llamas, por mucho que te atraiga su luz.

- No idealices. Otro efecto muy común que se produce durante un proceso de duelo romántico es la atracción por la frustración. Imaginaos: nuestra relación con la otra persona iba fatal, nos tirábamos los trastos a la cabeza y, sin embargo, ha sido terminar y de repente pensamos que era perfecta, nuestra media naranja… Estamos idealizando, como cuando nos enamoramos de esa persona. Y es que nos atrae lo que no tenemos. Evita esa idealización recordando lo que para nada merecía la pena, lo que no te gustaba o incluso llegabas a odiar.

- Ocúpate de tu vida. Que durante el duelo emociones como la tristeza y la rabia estén muy presentes no es incompatible con que sigas trabajando, saliendo con tus amigos, asistiendo a reuniones familiares… Aunque no tengas ganas, fuérzate un poco, ya que en la medida en que seas capaz de recuperar tu vida normal, antes saldrás del proceso.

- Y, sobre todo, ni se te ocurra llegar a la conclusión de que porque se te esté haciendo largo o porque todavía te acuerdes de la persona, eso significa que nunca te recuperarás del golpe. Date tiempo, no te culpes por tener recuerdos. La duración de un duelo depende de cada persona y nadie, ni el mejor psicólogo del mundo, te puede asegurar que tu proceso de duelo durará un determinado tiempo.

Pero lo que yo sí te puedo asegurar es que se sale de ese proceso.

Os dejo para terminar un fragmento literario que creo que describe de forma magistral el proceso de duelo romántico... y su superación:





-------------------------

Llevo varios años tratando problemáticas relacionadas con el duelo romántico o la crisis de pareja, así que si necesitas ayuda, puedes contactarme aquí

Cuestiona todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.

Si te gustó este post y piensas que puede servirle a alguien, no te lo quedes solo para ti, compártelo.

Y recibe ¡este abrazo!

jueves, 21 de mayo de 2020

TOC, TOC, ¿QUIÉN ES?

Con la crisis de la COVID-19 y la progresiva desescalada que están implantando los diferentes gobiernos en cada país, está habiendo un repunte de casos de TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), es decir, personas que se obsesionan con la enfermedad y la amenaza de contagiarse y realizan actos impulsivos, repetitivos e irracionales para aliviar esa sensación de amenaza.

Hay muchos tipos de TOC (si has visto la película española TOC TOC ya conocerás algunos de ellos): el TOC del lavado de manos para eliminar gérmenes, el TOC de las comprobaciones al salir de casa, el TOC del orden y la simetría... Pero todos ellos siguen, más o menos, un patrón recurrente:

- Me viene una idea obsesiva a la cabeza: "puedo estar infectado", "¿me habré dejado la llave del gas abierta?", "todo tiene que estar en su sitio".

- Esa idea me provoca ansiedad.

- Siento la necesidad de aliviar esa ansiedad a través de un acto coherente con la idea: lavarme mucho las manos, comprobar continuamente, tener mi casa como una foto de revista.

- Esa compulsión mantiene y refuerza la idea obsesiva y la ansiedad derivada, por lo que se cronifica el ciclo.

Hay que decir que el TOC se convierte en una patología, es decir, en un problema que se ha de tratar en psicoterapia, cuando provoca un malestar significativo en la persona y/o interfiere en su vida de manera que no puede realizar actividades que desea hacer y forman parte de lo cotidiano. Por ejemplo, si eres muy ordenado y te gusta tenerlo todo siempre en su sitio pero eso no te provoca un serio malestar y puedes compatibilizar tu orden con las diferentes actividades de tu día a día, bueno, eres un maniático del orden, pero puedes vivir con ello (si tu pareja no puede, seguramente seas tú el que deba acudir a terapia, no ella).

El tratamiento del TOC consiste, muy resumidamente, en que la persona se dé cuenta de la irracionalidad de esas ideas o pensamientos que le vienen a la cabeza, para así dejar de darles tanto valor, y que corte de raíz sus compulsiones. Claro, al hacerlo, la persona va a sentir ansiedad, pero se tiene que aguantar (los psicólogos le ayudamos a acompañar su ansiedad con respiración, discurso interior tranquilizador, distracciones), y así ella misma comprueba que si no ejecuta la compulsión no pasa nada, puede vivir tranquila.

Claro, en este contexto pandémico, el tratamiento es algo diferente porque la amenaza es real y necesarias por tanto las diversas medidas de precaución (distancia, lavado de manos, mascarilla...). Pero, hay actos que están haciendo o dejando de hacer muchas personas con TOC, o que lo están desarrollando, y que podemos considerar como actos repetitivos, irracionales e impulsivos, es decir, compulsiones, y que son:

- Llevar mascarilla en el coche o en sitios abiertos donde no hay nadie a la vista. Yo la he visto puesta incluso en algún vecino que salía a su balcón (recordemos que la mascarilla hace que respires peor y además acrecienta la sensación de angustia).

- Lavarse continuamente las manos en casa.

- No salir de casa (¿vamos a coger el virus solo por respirar el aire de la calle?).

- Llegar a casa y echar toda la ropa a la lavadora cuando no se ha estado en interacción con nadie (o se ha estado pero llevaban mascarilla).

Es importante recordar que el virus se contagia por la interacción con una persona que lo tiene: hablando con ella, si te tose o estornuda, o estando muy cerca de ella, por la propia ley de la gravedad (por ejemplo, pegado en un ascensor o en el bus). Si no hay interacción no te contagias. Si la persona no está contagiada tampoco, pero como no lo sabemos con seguridad, por eso se aplican las medidas de distanciamiento y, en caso de que no sea posible el distanciamiento, la mascarilla (ahora en España se ha decretado el uso obligatorio, pero porque en mucho casos se está observando que el distanciamiento no es posible, así que conviene siempre llevarla puesta, porsiaca). 

¿Cuándo no hay que llevar mascarilla? Cuando estés en tu casa desde luego que no, a no ser que convivas con una persona contagiada o de riesgo y no puedas mantener la distancia. En el coche, si vas solo, tampoco. Y si sales al exterior y es un espacio abierto y no hay gente alrededor, tampoco.

¿Cuándo has de lavarte las manos y cuándo no? Sí has de lavártelas si has tocado a personas o cosas del exterior y antes de salir si las vas a tocar; en el resto de casos no. Si llevas guantes cuando salgas, tampoco.

Y por supuesto, puedes salir a la calle todo lo que te permitan las restricciones, que el virus no se contagia por el aire.

Sabiendo esto, teniéndolo claro, si tienes TOC relacionado con algunos de estos casos, es hora de que te enfrentes a estas situaciones y la ansiedad que te generan, porque solo así podrás superarlo. Y es que cuando el TOC, TOC llama a nuestra puerta y decimos "¿quién es?", el que responde es el miedo. Y no se trata de cerrarle la puerta, sino de abrirla y, muy educadamente, invitarle a pasar. Porque no se trata de vivir sin miedo. Se trata de convivir con él.

Y si no puedes solo, yo te ayudo, tanto en consulta en Málaga como online.

Cuestiona siempre todo lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.

Si te gustó este post y crees que puede serle útil a más gente, compártelo por favor.

Y recibe, desde la distancia eso sí, ¡este abrazo!

miércoles, 13 de mayo de 2020

LO QUE SE HA HECHO MAL

En mi anterior post (me encanta decir esto, es como la voz en off de las series, "en capítulos anteriores"), Adaptarse a la nueva realidad, defendía que para volver a salir a la calle y empezar a hacer actividades que hasta ahora no se permitían y que con el avance de las fases de la desescalada en España se van a poder hacer (y es bueno que las vayamos haciendo), solo hay que tener en cuenta cinco prevenciones, solo cinco, además de, lógicamente, las que impongan como obligatorias las autoridades en cada zona. Esas cinco son:

1. Distanciamiento social 1-2 metros.

2. Lavarse las manos antes y después de salir y entrar.

3.  Usar mascarilla solo si no vas a poder aplicar el distanciamiento y con gente que tiene síntomas o no conoces.

4. Desinfectar espacios y objetos de uso público.

5. Si tienes síntomas, aunque sean leves, ¡quédate en casa!

Es sencillo, es concreto y todos lo podemos hacer.

Bien, hoy quiero hablar de otras cinco cosas que se han hecho mal, muy mal, por parte del Gobierno, y que si se hubieran hecho bien, muy probablemente esta crisis sanitaria no habría sido tan grave y no hubiese habido tantos muertos. Y hay muchas teorías y opiniones sobre esto: que si se debería haber actuado antes, que si se tendría que haber sido más estricto, que si errores en la adquisición de material sanitario... No, las cinco cosas que ha hecho mal (siempre desde mi punto de vista, claro) el Gobierno para prevenir esta crisis del coronavirus, son:

1. No darle la importancia que se merece a la nutrición.

2. No darle la importancia que se merece al ejercicio físico.

3. No darle la importancia que se merece al tabaco y al alcohol.

4. No darle la importancia que se merece al sueño.

5. No darle la importancia que se merece a la salud mental y, por tanto, a la psicología.

Por supuesto, estos no han sido errores que haya cometido solo el gobierno de Pedro Sánchez sino todos los gobiernos precedentes y, sobre todo, nosotros como sociedad, al no exigirle con mayor contundencia y consistencia a nuestros representantes medidas más amplias y sólidas para darle la importancia a todos esos temas que se merecen.

Por supuesto, este post no es un reproche sino una llamada de atención y, sobre todo, una llamada a la acción, para empezar desde ya a darle la importancia que se merece a la salud. Porque no hay mayor prevención de la enfermedad que la promoción de la salud. Porque individuos más sanos, simplemente, son individuos más fuertes y con menos probabilidades de morir por culpa de un virus de mierda.

Por supuesto, hay un sexto punto vital (y es posible que alguno más que se me haya escapado) que es el del medio ambiente. Muchas de las personas que somos individuos insanos hoy lo somos, en parte, por la contaminación. Pero como la contaminación no tiene solo un impacto negativo grave sobre nuestra salud sino también sobre el planeta, las poblaciones más vulnerables, la economía, el trabajo... Es comida aparte. Y ya le dediqué a este tema un post que puedes ver aquí.

Por supuesto, no hay que hablar solo de lo que se ha hecho mal y se debería hacer bien, sino del cómo. Es decir, cómo empezamos a darle la importancia que se merece a esos temas. Puede haber muchas ideas al respecto, pero yo seré tajante: desde la infancia. No puede ser, no puede seguir siendo, que en los colegios y en los institutos se ocupen tantas horas de clase para enseñar a los niños hacer ecuaciones, encontrar objetos directos, descubrir el maravilloso proceso de la fotosíntesis y memorizar ríos, cabos, golfos y fechas de momentos históricos, y no se les enseñe cómo conocer su cuerpo y cuidarlo y entrenarlo, cómo alimentarse bien, cómo adquirir buenos hábitos de sueño y descanso, o concienciarles más sobre las consecuencias negativas del tabaco y el alcohol y promover otras conductas más saludables.

Y, por supuesto, ya que soy psicólogo, mención aparte me merece la salud mental y la psicología. En los colegios y en los institutos, bajo mi humilde opinión, aunque también diré que no soy ni de lejos el único que lo piensa, se debería enseñar psicología. Y digo psicología y no inteligencia emocional porque la inteligencia emocional (o las emociones) son solo una parte de la psicología y por tanto solo una parte de la educación para la salud mental. Además de aprender a manejar nuestras emociones es básico aprender a manejar nuestros pensamientos (los pensamientos y emociones son hermanos siameses; donde va uno va el otro), y manejar la relación con los demás y, sobre todo, con uno mismo. Y es básico porque nuestra salud mental y emocional tiene un impacto directo y muy importante sobre nuestra salud física.

Es simple. Prevenir la enfermedad pasa por promover la salud y promover la salud pasa por educar más y mejor en salud. Y quedarnos en casa, ponernos mascarillas, salir a los balcones a aplaudir o a hacer caceroladas y criticar lo mal que lo hacen unos u otros, puede estar muy bien, pero...

Pero me da a mí que no va a ser suficiente.

Ya podéis pedirme cita para sesiones en consulta, pues cumplo con todo el protocolo de seguridad, y las sigo haciendo también online.

Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.

Si te gustó este post y crees que puede ayudar, no te lo quedes solo para ti, porfa, compártelo.

¡Y recibe este fuerte abrazo!

miércoles, 6 de mayo de 2020

ADAPTARSE A LA NUEVA REALIDAD

Con la fase 0 iniciada el pasado lunes por el Gobierno en España empieza el desconfinamiento progresivo y, con él, la vuelta la incorporación a la nueva normalidad. Una realidad solo un poco diferente a la de antes y la que vamos a tener que adaptarnos.

Y de eso quiero hablar en este post: de adaptarnos a lo que viene. Porque hemos vivido estamos viviendo semanas difíciles, con muchas noticias negativas, con mucho dolor en algunos casos e incertidumbre en la mayoría por no decir en todos.

Así que van a ser muchas las personas que van a tener que hacer un esfuerzo por adaptarse a los cambios de esta situación de por sí cambiante. Y para que esa adaptación sea lo más positiva posible, habrán de hacerlo sin miedo con miedo.

Sí, sí, con miedo. Porque no se trata de tacharlo. Sentir miedo, experimentar sensaciones físicas de estrés y ansiedad, preocuparse, tomar precauciones... no solo es normal sino que es adaptativo, dadas las circunstancias. Lo que no puede ser es que ahora salgamos todos a la calle a darnos besos y abrazos y a apelotonarnos y hacer como si nada de esto hubiera pasado.

Pero, lo que no puede ser tampoco es que nos paralicemos. El miedo es una emoción y como tal es adaptativa... hasta que deja de serlo. Cuando el miedo nos sobrepasa, nos bloquea, nos impide hacer cosas que hacíamos antes o que queremos hacer porque son deseables, cuando el miedo se convierte no en un medio sino en una barrera, entonces, hay que superar ese miedo.

Pero superarlo no es matarlo. Es aprender a convivir con él. Exactamente lo mismo que vamos a tener que hacer con el coronavirus hasta que llegue la vacuna. Y nos espera más de un año hasta que eso pase. Por tanto, no se trata de no sentir miedo sino de que este no nos provoque un malestar grave y duradero que nos impida recuperar aquellas actividades que vamos a poder hacer con el levantamiento gradual de las medidas de restricción.

Aquí van unos cuantos consejos para ayudarte a convivir con el miedo y con el coronavirus:

1. Permítete sentir miedo. Normaliza. Nos pasa a todos. Hemos sido bombardeados con malas noticias, con números que parecían catastróficos (no lo eran, os lo aseguro), y el discurso del Gobierno (que como cualquier otro gobierno, ha hecho cosas bien y cosas mal), insistiendo una y otra vez en que no había que dar un paso atrás (como si los repuntes no estuvieran permitidos... lo que hay que hacer es controlarlos), nos han inoculado la sensación de que con simplemente salir a la calle y respirar íbamos a coger el virus. No es cierto.

2. Y para desmitificar tanto alarmismo y tanta tragedia, que es lo que nos ha llevado a todos a sentir miedo (y a algunos un miedo irracional y patológico), voy a dar algunos datos sobre el coronavirus: en España se han contagiado (confirmados) 220 mil personas, fallecidos casi 26 mil, curados 126 mil; España tiene una población de casi 47 millones de habitantes. En el mundo se han contagiado 3 millones 600 mil, fallecidos 257 mil, curados 1 millón 200 mil; el mundo tiene una población de alrededor de 7 mil 700 millones. Solo cada día mueren de hambre 8500 niños. Así que los términos "pandemia", "tragedia" o "fin del mundo", como vemos, creo que pueden llegar a relativizarse bastante.

3. Por otro lado, recordemos que en España (y estos datos son similares a nivel global) el 42% de los fallecidos tiene entre 80-89 años (que no es mala edad para morirse, yo la firmaba; la media de mortalidad en España está en esa franja), el 25,9% entre 70-79 años, el 18,4% más de 90 años, el 8,9% entre 60-69 años. De 59 hasta los 10 años no llega al 5% y no hay fallecidos entre los niños de 0 a 9 años (todavía se desconoce la causa). La mayoría de los fallecidos presentaban alguna patología previa y la mitad de ellos en España vivían en residencias (lo que ha puesto de manifiesto una grave problemática con las residencias para mayores en nuestro país).

4. Estos datos no los doy para que ahora todo gritemos "¡JAUJA!". Los doy para tomar una perspectiva más completa y racional de esta problemática. Hay mucha gente que no se ha muerto ni se va a morir de coronavirus, muchos más los que no que los que sí. Ahora bien, hay mucha gente que se ha muerto por coronavirus, y cada muerte, cada una de esas muertes, es un drama para familiares y amigos. Por tanto, ni jauja ni "¡PÁNICO!". Control. Con miedo, porque es normal sentir un miedo moderado con la que está cayendo, pero con control.

5. ¿Y cómo consigo ese control? Sin tratar de reprimir tu miedo. Es normal que sientas miedo, permítetelo. Recuerda las estadísticas que te he dado para ser consciente de que este problema, aunque grave, no es alarmante (no te dejes contagiar por el alarmismo de algunos, como por ejemplo gentes en Redes Sociales o los medios de comunicación). Y, por último, vive tu vida, siguiendo simplemente las recomendaciones que hace la Organización Mundial de la Salud (recordemos: 1. Mantén la distancia de seguridad de uno a dos metros. 2. Lávate con frecuencia las manos. 3. Desinfecta espacios de uso público. 4. Usa mascarilla si vas a estar con gente infectada o que no conoces y no vas a poder mantener la distancia. 5. Si tienes síntomas, aunque sean leves, quédate en casa) y cumpliendo con las restricciones que el Gobierno marque según las distintas fases en las que nos encontremos. No más. No tienes que hacer nada más que eso.

En definitiva, VIVE. Con miedo moderado, porque es normal, y porque es, además, la fuerza psicológica que nos va a echar una mano para tomar esas precauciones. Pero vive, maldita sea. Sal a la calle, respira, mira al cielo...

... porque ya se va viendo algo de luz.

Y para continuar con la adaptación, os recuerdo que ya podéis pedirme cita para consulta, pues cumplo con todo el protocolo de seguridad establecido. De la misma manera, también podéis solicitarme cita para terapia online.

Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.

Si te gustó el post y crees que le puede ser útil a mucha gente, compártelo porfa.

Y, valiente, porque aunque tengas miedo (y quién no), eres, solo por estar leyendo esto, solo por haberte atrevido a acabarlo, muy valiente, y por ello, ¡recibe este fuerte abrazo!

Fuentes de los datos:

https://elpais.com/sociedad/2020/04/09/actualidad/1586437657_937910.html

https://www.rtve.es/noticias/20200422/perfil-enfermos-coronavirus-espana/2010608.shtml

https://eacnur.org/blog/cuantos-ninos-mueren-de-hambre-al-dia-tc_alt45664n_o_pstn_o_pst/

https://es.statista.com/estadisticas/474539/numero-de-defunciones-en-espana-por-grupo-de-edad/

jueves, 30 de abril de 2020

LA FLEXIBILIDAD MENTAL

Vuelvo a rescatar algunos de mis posts antiguos más leídos. Así, revisamos ideas muy útiles a las que siempre viene bien hacer un repaso. Porque en psicología tan importante es lo que conviene aprender, como desaprender, como recordar.

Esta semana, LA FLEXIBILIDAD MENTAL, un post que escribí en junio de 2015 y que nos puede venir como anillo al dedo para adaptarnos a los cambios de esta nueva situación de vida que nos ha supuesto la crisis sanitaria de la COVID-19.


---------------------------

Ya lo decía Darwin:




Y la primera barrera que podemos encontrarnos en un proceso de adaptación es la rigidez mental.



La  rigidez mental se puede entender, básicamente, como apego dependiente. El apego no es malo, su definición esencial es: cariño, afecto o estimación hacia una persona o cosa. El problema aparece cuando llego a la conclusión de que sin esa persona o cosa no puedo ser feliz. Así, el día que nos falte encontraremos muchas dificultades para ser felices.



La rigidez mental es, entonces, apego dependiente a nuestras creencias, pensamientos, hábitos, costumbres, ideas... Es llegar a creer que cualquier elemento que entre en conflicto con ese sistema de valores, por ser diferente, amenaza mi felicidad, y, por tanto, lo rechazaré de plano desde el primer momento.



Para las personas que presentan un patrón rígido de pensamiento, cualquier cambio, cualquier novedad o cualquier imprevisto, puede ser valorado como algo sumamente hostil: la llegada de un nuevo jefe con métodos de trabajo distintos, el traslado a otra ciudad o país, empezar un romance con una persona con gustos o ideales diferentes...



Además, estas personas también suelen ser obsesivas con sus rutinas: tienen un horario muy marcado para hacer cada cosa, suelen ir siempre a los mismos sitios, y como les cambies el plan a última hora llegarán a la conclusión de que su vida se ha desestabilizado por completo. Su perfil de personalidad no puede ser muy diferente a la de este tipo.




Se trata del personaje Sheldon Cooper, de la serie The big bang theory, un científico con una patrón de personalidad claramente obsesivo compulsivo.



En definitiva, las personas con rigidez mental (y todos en algún momento/circunstancia podemos presentar cierta rigidez mental, afortunadamente no al mismo nivel que Sheldon) carecen de flexibilidad mental, que es la capacidad que podemos definir como:




Cuando nuestras cogniciones y hábitos no dominan nuestra vida,

sino que son una herramienta más para vivir.



Como capacidad que es, la flexibilidad mental se puede entrenar, y he aquí una lista de actividades que podemos hacer para desarrollarla:



1. Viajar. Pero no sólo eso, sobre todo, mézclate: empápate de otras culturas, conoce a las gentes de los destinos que visites, prueba a practicar alguna de sus costumbres... La apertura mental que estas experiencias te puede ofrecer es impagable.

2. Debate con gente que piensa distinto a ti. Respecto a cualquier tema: política, sexo, religión... Esto solo será agotador si afrontas el debate con el objetivo de querer cambiar la forma de pensar de esa persona. Si aceptas que tiene su propio punto de vista y te decides a escucharla, el tuyo no tiene por qué variar, y puede que aprendas algo (y posiblemente esa persona también).

3. No digas "no" sin preguntarte antes "¿Por qué no?". Nuestros esquemas y hábitos mentales llevan tanto tiempo funcionando que la negativa ante cualquier propuesta que implique cierto cambio será, a veces, automática. Sé consciente de ese automatismo y detenlo, porque puede hacerte perder muchas oportunidades.

4. Organízate pero sin pasarte. Planificar y tener rutinas nos sirve para tener una vida más organizada. Pero qué plan no se puede posponer, qué rutina no se puede sustituir. Si nos empeñamos en cumplir con los plannings y las rutinas, éstas dejarán de ser herramientas y se convertirán en objetivos que pueden llegar a resultar muy estresantes, sobre todo cuando surgen imprevistos (y ya sabes que casi siempre surgen imprevistos). 

5. Acostúmbrate al cambio. Tatúate, cambia de look, ve a sitios a los que no habías ido antes, prueba nuevas experiencias de ocio. En definitiva, haz de lo nuevo tu estilo de vida.



No por ello vas a dejar de ser tú, ni cambiar aquellos ideales que te definen y te hacen sentirte orgulloso de ti mismo. ¿Recuerdas la frase de Groucho Marx?





Pues tranquilo, solo era una broma del genial cómico.


----------------------------------------

Te recuerdo que durante lo que dure el estado de alarma sigo atendiendo consultas relacionadas, gratis, al correo info@elgabinetededavidsalinas.es, y también haciendo terapia psicológica en consulta en Málaga y para el resto del mundo on line.

Sigues teniendo disponible para descarga gratis el primer capítulo de mi próximo libro, La Dictadura de la Felicidad: Estado del Malestar

Cuestiona lo que digo; la duda nos acerca más a la verdad.

Si te gustó el post, no le quedes solo para ti, comparte, porfa.

¡Y recibe este abrazo!

martes, 21 de abril de 2020

CADA VIDA CUENTA. CADA PASO, TAMBIÉN.

5 semanas pa´ 6 de confinamiento desde que fue decretado el estado de alarma en España. Y supongo que la situación ya es cargante para muchos.

El presidente Pedro Sánchez anunció el pasado sábado que se iban a flexibilizar las medidas para niños menores de 12 años, permitiéndolos salir a la calle cerca de sus casas y acompañados por un adulto. Durante esta semana se está discutiendo cómo llevar a cabo esta medida de flexibilización y la posibilidad de incluir alguna más, como permitir también hacer ejercicio individual en la calle.

Mi opinión, como psicólogo general sanitario colegiado, es rotunda en este sentido: SÍ. Ha llegado el momento de permitir a la gente salir para, al menos, andar, correr y hacer otros ejercicios individuales (estiramientos, bicicleta, cardio), como mínimo en las zonas con menos contagios. Y soy muy firme en este sentido por varias razones:

- La gente no solo se muere de coronavirus. En 2018 (todavía no disponemos de los datos completos de 2019) cada dos horas y medias se suicidaba una persona en España, 10 al día, 3539 personas en todo el año (fuente aquí). Los motivos son varios, pero influye muchísimo el desempleo y la incertidumbre económica, dos factores de riesgos que ahora se han incrementado, de forma desorbitada, debido a esta crisis sanitaria. 

- Por supuesto, las personas que están desesperadas y contemplan la idea de suicidarse, no van a cambiar de idea simplemente porque les dejes salir a la calle. Pero vamos a hacer un análisis más profundo de este asunto: no es una situación económica complicada o situaciones de soledad o de abandono o un trauma o una decepción o cualquier otro tipo de condicionante externo lo que lleva a la gente a suicidarse, no. Son los sentimientos de depresión, angustia y desesperanza que vivencia la persona. Y está demostrado, por la investigación científica al respecto en el campo de la psicología, que el sol, el aire, andar, hacer ejercicio... tiene un impacto positivo sobre nuestras emociones, y eso ayuda, eso es un factor de prevención que puede ayudar a estas personas a sobrellevar sus situaciones particulares difíciles y los sentimientos de dolor asociados.

- Sin embargo, mi propuesta para que se pueda salir a andar y hacer ejercicio (siempre individualmente) no es solo para ayudar a personas en riesgo de suicidio. Hay muchas, muchísimas personas, que sin llegar a plantearse el suicidio como opción, lo están pasando muy mal, lidiando, quizá en soledad, con sentimientos depresivos y de ansiedad que si bien nos lo van a matar ahora, suponen problemáticas que pueden empeorar y cronificarse más adelante, y que guardan cierta correlación (no hay causalidad pero sí conexión, es decir: no causa pero facilita la probabilidad) con enfermedades coronarias o cáncer. De nuevo, por el simple hecho de andar y hacer ejercicio quizá estas personas no dejen de estar deprimidas o tener problemas de ansiedad. Pero, al igual que al coronavirus no lo vamos a eliminar solo quedándonos en casa sino que reducimos su riesgo, salir a la calle a hacer ejercicio reduce el riesgo de aparición, empeoramiento y cronificación de trastornos del estado de ánimo, porque es una actividad que ayuda, que tiene un impacto positivo sobre nuestra salud mental y emocional.

- Por otro lado, son ya muchos los expertos que señalan que, ¡ojo!, atención sanitaria para esta pandemia toda la que haga falta, pero no nos olvidemos de los que van a vivir. Ocupémonos de las personas que pueden morir por culpa de este maldito bicho, pero no podemos abandonar a los autónomos que han cerrado su negocio, los trabajadores que se han quedado sin empleo, los que lo mantienen pero no saben hasta cuándo y en qué condiciones... El impacto económico de esta crisis no va a ser pequeño y, por supuesto, lleva aparejado un impacto psicológico y social muy importante. Por ello, todos los expertos coinciden en que hay que llevar a cabo estrategias que busquen reducir el riesgo de muertes y contagios al tiempo que se minimiza también el impacto sobre el trabajo y la economía. Ahora, que la curva ya está bajando en España, hay que empezar a reducir las medidas de confinamiento, para iniciar ya esa "desescalada" de la que habla el Gobierno, no solo para propulsar la recuperación económica cuanto antes sino para comenzar a dar ya también algo de confianza a tantas personas absorbidas por la incertidumbre y por expectativas muy pesimistas.

- Y por último, no nos podemos olvidar de nuestros mayores. Sí, esos mayores que hoy son el principal grupo de riesgo de la COVID-19, también sufren de artrosis u otras enfermedades degenerativas, y necesitan moverse. Los médicos, tanto a ellas como a otras personas no ancianas pero que también tenemos enfermedades muscoequeléticas (yo, por ejemplo, tengo dos hernias discales que me ocasionan fuertes y frecuentes dolores de espalda) nos recomiendan andar, correr, movernos... como tratamiento para nuestra enfermedad. Y, a veces, el espacio reducido de una casa no es suficiente y los dolores y enfermedades se agravan.

Considero, y es mi opinión particular como profesional (y como ser humano), que por las razones que acabo de exponer, la medida que implique permitir a los mayores de 12 años, de manera individual, salir a la calle a hacer ejercicio, se debería implementar ya, a partir del siguiente periodo del estado de alarma, es decir, a partir del 26 de abril. Ahora bien, soy consciente de que esta medida conlleva riesgos para la prevención de la propagación del coronavirus: que haya personas que no respeten la obligación de individualidad de estas actividades y aprovechen para hacer interacción social o que se produzcan situaciones de aglomeración que dificulten el distanciamiento.

Bien, pues eso, lleva pasando desde el primer día en los super e hipermercados. Desde el primer día. Y la gente, como hemos visto, no solo necesita comprar porque no solo se puede morir de hambre (en España muy pocos). Ahora bien, que una cosa se haga mal desde el primer momento no es justificación para que otras cosas también se hagan mal. Si una medida que es buena, como permitir a las personas salir a andar y hacer ejercicio individual, implica problemas y riesgos, lo que habrá que hacer entonces es buscar soluciones a esos problemas y tratar de controlar esos riesgos:

- Vigilar el tránsito de gente, a través de las distintas fuerzas de seguridad, al igual que se controla el tráfico de vehículos cuando hay mucho flujo. Y esto, sobre todo, se podría hacer poniendo más policía en las zonas con más afluencia de deportistas, como parques o paseos marítimos.

- Informar y concienciar a la sociedad de la importancia de cumplir con las medidas de flexibilización siguiendo todas las precauciones obligatorias.

A ese respecto, recuerdo una cosa que es esencial, que deberíamos saber todos y tener siempre en cuenta, y que son las medidas de protección recomendadas por la OMS (Organización Mundial de la Salud) para las personas que viven en zonas donde se está propagando la COVID-19 (como España) y que son, y solo son, las siguientes:

- Permanecer en casa siempre que se encuentre mal, aunque la sintomatología sea leve.

- Mantener el distanciamiento social (recomendable 2 metros; mínimo 1 metro).

- Lavarse las manos, sobretodo antes de salir de casa y al regresar.

- Usar mascarillas solo es obligatorio si se está en contacto cercano con enfermos o población de riesgo (ancianos, personas con patologías previas) o si se forma parte de esa población.

- Limpiar con desinfectante las zonas y objetos de uso público: autobuses y otros transportes públicos, carritos de los supermercados, asientos de consultas médicas y psicológicas, etc.

No soy político y no depende de mí que la medida se tome. Solo quería, con este texto, poner el énfasis, una vez más, en la importancia de la salud mental y emocional, ya que no solo sufrimos o nos morimos porque nos contagiemos de un virus. El sol, el aire fresco, andar y el ejercicio son muy importantes. Y me acaba de llegar la noticia (publicada en el Diario Sur) de que los expertos en Sanidad ya están asesorando al Gobierno para que el siguiente paso de la "desescalada" sea permitir el ejercicio individual en el exterior. Es una buena noticia, pero bajo mi criterio esto debería hacerse ya, este 26 de abril. Porque si esa progresiva flexibilización de las medidas de confinamiento es demasiado tardía y lenta...

... eso también se va a llevar muchas vidas.

Cada vida cuenta. Cada paso, también.

Cuestiona todo lo que escribo (en un tema tan controvertido como este, más todavía); la duda nos acerca a la verdad.

Si te gustó este post y lo consideras, como yo, muy necesario, compártelo, por favor.

¡Y recibe este abrazo! 

jueves, 16 de abril de 2020

EL PROBLEMA DE LA FELICIDAD

Espero que estés llevando bien esta laaaaaaaaaaaarga (ánimo, ya queda menos) cuarentena.

Yo, voy a intentar, una vez más, ponértelo fácil. Y en esta ocasión no te voy a dar orientaciones, pautas, estrategias, consejos... No, te voy a dar un regalo. Uno de los regalos más importantes que se pueden dar en estos días. Una lectura:


En ese enlace puedes leer online y descargarte el primer capítulo de mi próximo libro, titulado La Dictadura de la Felicidad (a cambio, solo te pido que dejes tus comentarios en la página tras leerlo; si quieres, es totalmente voluntario). Un libro que aborda el tema de la felicidad desde una perspectiva un poco diferente a la que estamos acostumbrados. Es decir, no nos dice lo que queremos oír. O sí, quizá nos dice exactamente lo que queríamos oír de una vez porque ya estábamos harto de tanto discurso fácil y "maravilloso" sobre la felicidad. No lo sé; júzgalo por ti mismo.

Y es que, creo, hay un problema hoy día con la felicidad, y pienso que es el siguiente.

En primer lugar, no podemos entender la felicidad como el mismo fenómeno en este siglo que en el siglo XX. En el anterior, sí, se hablaba de felicidad, pero no era algo tan importante y, sobre todo, se tenía la idea general de que, bueno, más o menos haciendo lo que se suponía que se debía hacer (tener trabajo, casarse, comprar una casa, engendrar hijos, hacer unos cuantos amigos y distraerse de vez en cuando) ya uno era feliz.

¿Qué es lo que pasa cuando entramos en el siglo actual? La Psicología Positiva es lo que pasa. Es decir, aparece una corriente dentro de la psicología que dice: "Oye, nosotros, los psicólogos, siempre nos hemos ocupado de la enfermedad mental, del sufrimiento emocional, del problema, de lo malo... ¿Qué hay de la felicidad? ¿¿¿Nadie se va a ocupar de eso???" Y se ocuparon: empezaron a investigar sobre qué nos hacía felices, sobre todo, qué fortalezas personales son las que facilitan la felicidad y si son susceptibles de entrenarse y desarrollarse. Y resulta que hallaron que sí, que igual que el neuroticismo o la negatividad se entrenan, y mucho, la felicidad también.

Y eso fue un ¡bum!, un ¡guau! para mucha gente, profesionales y seudoprofesionales. Porque si la felicidad se puede entrenar y desarrollar, ¡vamos a enseñarle al mundo lo que tienen que hacer para conseguirlo! (y así de paso, ganamos un poco de dinerito también). Y empezaron a proliferar libros de autoayuda y crecimiento personal, congresos, conferencias, sesiones de coaching, retiros espirituales... Y así hasta nuestros días. La felicidad se ha convertido en una disciplina.

Y está bien que así sea (creo). Es decir, lo malo es que abandonemos nuestra felicidad personal a lo que, por costumbre, por aceptación social, se nos ha dicho que debemos hacer. No. Creo que es importante saber sobre felicidad y ocuparme de mi propia felicidad que, ¡ojo!, puede ser muy distinta de la tuya. El problema, por fin, radica en ¿cuánto de importante debe ser eso para mí, para nosotros?

Porque, si una de las consecuencias de tanto y tanto hablar sobre felicidad es que la felicidad se ha convertido en algo muy muy importante, en algo grande... Todo lo que es grande al final acaba pesando, y se acaba convirtiendo en una carga, y lo llevo a cuestas, dejando ya de ser una elección para convertirse en una imposición, en... En un dictado de la dictadura de la felicidad.

Y podemos liberarnos de ese yugo, claro que se puede. Y espero tener muy pronto publicado el libro para echarte una mano con eso.

Disfruta del primer capítulo, ojalá que te guste.

Cuestiona siempre lo que digo. La duda nos acerca más a la verdad.

Si te gustó este post, comparte, sobre todo con aquellos que estén más aburriditos en casa y puedan entretenerse con la lectura.

Y recibe, cómo no, este abrazo.

David Salinas.