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miércoles, 17 de agosto de 2016

LA DESESPERANZA FRENTE A LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS

En 2015 tuve el orgullo de pasar a  formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de diversos puntos de España que contestan las consultas de los usuarios de este servicio, en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor... y muchos otros.

Desde entonces, mucho trabajo, más de 120 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo, y que quiero compartir contigo, publicando durante este Agosto una breve recopilación de algunas de las consultas que he tenido la oportunidad de contestar.

En esta semana: LA DESESPERANZA FRENTE A UNA SITUACIÓN COMPLICADA, un problema, lamentablemente, muy común hoy por los tiempos que corren, pero para el que existen soluciones. Espero que sea de utilidad. Muchos abrazos.

Consulta:

Yo era una persona que vivía muy bien, con estabilidad económica, tenia todo, hasta que empecé a ayudar con dinero a algunas amistades y a mi pareja y mi vida comenzó a decaer. Me siento desesperada, estoy al borde de un infarto, mi situación económica está en quiebra, todas las personas a las que pedí ayuda me dieron la espalda, los bancos me acosan con los cobros, el negocio que puso mi pareja está al borde de la quiebra y hasta su familia le ha dado la espalda. No sé qué hacer, he pensado en el suicidio. Tengo un hermano mayor al que todavía no he pedido ayuda y no sé si contarle o no; él es una persona muy recta y no sé cuál será su reacción al enterarse. Si al menos hubiera alguien que me ofreciera la mano. Gracias por escucharme...

Respuesta

Una situación de estrés económico como la que nos cuentas es muy complicada y lleva asociada consigo estados emocionales muy intensos y difíciles de gestionar, como la desesperanza. Sin embargo, es importante que te des cuenta de que mantener el foco de atención en el problema, en lo que se ha perdido, o en tu propio estado de ánimo, no te va a servir para sacarte de la situación y mucho menos para hacerte sentir mejor. Hay que, por mucho que se haya intentado, persistir en la búsqueda de soluciones.


Por ejemplo: está más que demostrada la importancia que tiene el apoyo social en las personas que deben hacer frente a graves complicaciones económicas. Tú dices que ya has pedido ayuda, pero, ¿has explorado todas las posibilidades? ¿Por qué no has pedido ayuda a tu hermano? ¿Qué es lo que temes o lo que sientes ante la perspectiva de hacerlo? ¿Acaso no has ofrecido tú ayuda a otros en el pasado? ¿Y ahora no la mereces?


A través del apoyo social no puedes encontrar sólo ayuda económica, sino distintos tipos de recursos: emocionales, instrumentales, informativos y evaluativos. Por eso es importante que también acudas a los servicios sociales de tu comunidad: entidades públicas, asociaciones, fundaciones, colectivos, etc. Te ayudarán a guiarte en esa búsqueda de soluciones tan importante ahora mismo para ti, y también a darte cuenta de que no estás sola en esta batalla, que hay más gente librándola, y personas que han pasado por tu misma situación y siguen adelante, o al menos, están en ello. Ánimo, un abrazo.



jueves, 2 de octubre de 2014

¿SE SABEN AQUÉL QUE ERAN UN PESIMISTA, UN OPTIMISTA Y UN REALISTA...?


El eterno dilema, ¿no? ¿Hay que ser optimista, hay que ser realista? ¿¿¿Pesimista yo???, ¡no, nunca, yo lo que soy es realista!

La verdad es que los seres humanos somos optimistas por naturaleza, por instinto. Si no fuera así, y conociendo las estadísticas, no nos montaríamos en coche, no comeríamos comida rápida, o nunca jugaríamos al Gordo de la lotería. 

Todo lo anterior lo hacemos casi sin pensar. Son decisiones habituales en las que no perdemos mucho tiempo porque si lo hiciéramos, la vida sería muy complicada. ¿Te imaginas haciendo una lista de pros y contras para decidir si vas a ir en bus o andando?

Ante decisiones más importantes entran en juego procesos intelectuales más complejos. Razonamos más y dirigimos nuestro proceso de elección en función de una predisposición más optimista o pesimista que va a estar definida por nuestra experiencia de aprendizaje.

Así, el pesimismo suele ser un mecanismo de defensa aprendido. Si pensamos que hay una alta probabilidad de que las cosas no salgan bien, no me llevaré una decepción tan grande que si hubiera pensado en el éxito absoluto. De eso nos protegemos con el pesimismo: de la decepción. Sin embargo: siempre que hacemos algo, siempre que iniciamos un nuevo proyecto, aunque nuestra mente nos diga "es muy difícil", nuestro instinto, ése que se libra de aprendizajes disfuncionales, mantiene la esperanza en el "lo lograré", porque si no ni siquiera nos hubiéramos puesto en marcha. Así que cuando no lo logramos y nos decimos "lo sabía" para aliviar nuestra decepción, en realidad nuestro corazón sufre lo mismo. Por ello, este pesimismo falsamente protector no sirve tanto para aliviar el dolor de la amarga derrota como sí para predisponernos a ella.

Porque luego están los optimistas que se dejan llevar excesivamente por su instinto, los que suelen ser llamados: optimistas ingenuos. Suelen confiar en el destino, en la buena suerte, y en que el Universo está conjurado para que todo les vaya bien. Y, ¿sabes qué?, a pesar de su inconsciencia, a éstos le suele ir bastante mejor que a los pesimistas. Porque si para el éxito bien son importante el esfuerzo y las aptitudes, la actitud no lo es menos, y el optimismo ingenuo facilita una actitud positiva ante los obstáculos y dificultades, facilita el empeño, la constancia, el coraje, la valentía. Los optimista se arriesgan más. El problema surge cuando esos riesgos, por no haber sido calculados, llevan al fracaso, no se asimila bien ese fracaso porque, ¡¿maldita sea, cómo ha podido suceder si tenía el apoyo del Universo?!, y nos frustramos tanto, tanto, que incluso podemos pasar de optimistas ingenuos a pesimistas obstinados.

"Así que David, la mejor actitud es la del realista". ¿Y qué es ser realista cuando se trata de embarcarse en un proyecto? El futuro es una realidad que no existe pero que nosotros podemos construir, desde el presente. El realista de Ward tenía la precaución de los pesimistas protectores y la esperanza de los optimistas ingenuos. Bien por él. Era un optimista no ingenuo. Se trata, al fin y al cabo, de ajustar las velas:
  1.  No te preocupes, ocúpate.
  2. No vivas en el futuro, no existe. Constrúyelo. Planifica.
  3. Toma riesgos, como harían los optimistas ingenuos, pero que sean riesgos calculados.
  4. Mantén la ilusión. No es ingenuidad, es esperanza, y la esperanza ayuda y acerca al éxito.
  5. Si te llevas una decepción, bienvenido al mundo real, ¡sobrevivirás! Si fracasas, abraza el fracaso, porque el fracaso es aprendizaje, y el aprendizaje crecimiento.
Recuerda que quien nunca fracasó, es porque no se atrevió a tirarse al mar.