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miércoles, 10 de mayo de 2017

FUERZA DE VOLUNTAD: CÓMO GENERARLA Y MANTENERLA

¿Qué es lo más importante que hay que tener para hacer algo?

Hace poco vi un vídeo que me contestó a esta pregunta:



Lo más importante para hacer algo es querer hacer algo. Lo más importante para hacer algo es la fuerza de voluntad ("voluntad" procede del latín "voluntas-atis" que significa "querer"). Para hacer algo que es poco accesible de hacer, bien porque no sé y he de poner entonces en marcha un mecanismo de aprendizaje (aprender a tocar la guitarra), bien porque no me es accesible, y tengo que poner en marcha un mecanismo de acciones dirigidas a tener acceso a eso que quiero hacer (acciones encaminadas a encontrar trabajo, por ejemplo). Ciertamente, estar tirado en el sofá viendo un partido mientras con una mano me bebo una cerveza y con la otra me rasco los genitales puede considerarse "hacer algo", pero no necesita de mucha fuerza de voluntad (quizá de un poco para ir al súper a comprar la cerveza, pero no más).

Por tanto, lo primero que necesitaré para generar mi fuerza de voluntad, es querer hacer algo y, para ello, necesitaré saber qué quiero hacer, es decir, necesitaré saber qué me gusta hacer, qué actividades me provocan emociones positivas como orgullo, satisfacción o plenitud. Qué me empuja, qué me motiva, que me atrae a dejar el sofá (y el rascamiento de "genis") y perseguir eso que quiero hacer.

Lo segundo será saber si ese algo que quiero hacer, lo puedo hacer. Si tengo las habilidades y conocimientos necesarios o los puedo conseguir. Si no tengo brazos, es posible que pueda usar mis pies para tocar la guitarra, pero deberé tener oído también, conocimiento musical, cultura de la música... o bien desarrollar esas aptitudes. En definitiva, se trata de hacer un ajuste entre tu capacidad y la dificultad de la tarea, entre lo que puedes dar y lo que se te exige para darlo, y para ello el autoconocimiento es fundamental, conocer tus fortalezas y debilidades es lo que te permitirá plantearte una meta realista.

Lo tercero, olvidarte de la meta. Si quieres sacarle provecho a tu fuerza de voluntad y mantenerla de una forma constante, por el momento, olvídate de la meta. Porque la fuerza de voluntad es querer hacer algo, no querer conseguir algo. El fin de la fuerza de voluntad no es que toques como Jimi Hendrix sino aprender a tocar la guitarra, no es vender bestsellers sino escribir un libro, no es tener trabajo, es buscar trabajo. Por tanto, si quieres que tu fuerza de voluntad te empuje, si quieres que sirva, sustituye enseguida objetivos de resultados por objetivos de rendimiento: "mi objetivo es ponerme, hacerlo, cada día, dar lo mejor de mí, lo mejor que pueda. Mi objetivo no es perder 4 kilos en un mes, mi objetivo es hacer dieta y entrenar hoy, mi objetivo no es dejar de fumar, mi objetivo es terminar el día de hoy sin fumar un cigarrillo".

Y cuarto y último, recuerda la meta. Sí, sé que es contradictorio con lo anterior, pero es que dependiendo del momento en el que te encuentres, seguramente necesitarás recordarte a ti mismo por qué estás haciendo lo que estás haciendo. Y esto pasará porque aprender a tocar la guitarra no es divertido, lo divertido es tocarla y ver la cara que ponen los chicos. Lo divertido no es hacer dieta sino tener un cuerpo sanote y ver la cara que ponen las chicas. Para aprender o para llegar a lo que se quiere hacer hay que pasar por un proceso que puede ser lento, aburrido, frustrante... pero que con paciencia y dedicación se sobrelleva bien. Sin embargo, tu Ego o Autoconsciencia (identificación con tu mente) que siempre es tan alterable, tan susceptible, tan temeroso, al ver que te estás esforzando, interpretará ese esfuerzo como dolor, y dada su naturaleza hedónica y sobreprotectora, empezará a lanzarte mensajes de autoboicot para que abandones ese dolor: pensamientos negativos ("no puedes, no vales..."), excusas ("no merece la pena, realmente no quieres hacerlo, no es lo tuyo..."), distracciones ("¿no estarías mejor en el sofá viendo el partido y tomándote una cervecita?"). Y entonces, entonces sí, conviene recordarle a tu maldito "Ego-Mente", por qué narices estás haciendo lo que estás haciendo.

PORQUE QUIERES HACER ALGO

El lema de mi Gabinete Psicológico es "La felicidad no es lo que te pasa. Es lo que haces".

Que hagáis muchas cosas bonitas. Un abrazo. 

miércoles, 28 de enero de 2015

SUPERAR LA ADVERSIDAD



En el anterior post hablaba de la fuerza del optimismo, que no es otra que prepararnos mejor desde un punto de vista actitudinal para afrontar los retos de la vida, es decir, nos dota de fuerza de voluntad. Si pensamos que puedo lograrlo, pondré más empeño; si pensamos que tendré suerte, no me quedaré escondido en casa por miedo a que nada más salir a la calle me atropelle un coche.

Pero hay veces que por mucho empeño que ponga, las cosas no salen como yo quería y no alcanzo las metas propuestas, ya que intervienen factores que están fuera de mi margen de maniobra, que no controlo, lo mismo que no controlo que me atropelle un coche si el conductor iba borracho, que me despidan porque a pesar de haber hecho mi trabajo de manera excelente la empresa se ve obligada a hacer recortes de plantilla, o que se me muera un ser querido.

Todo eso forma parte de lo que conocemos como adversidad, y la adversidad forma parte de la vida. No podemos pretender tener una vida sin adversidades y, lo repetiré mil veces, positividad no es pensar que todo te va a ir bien, es tener la convicción de que cuando las cosas no vayan bien seré capaz de seguir adelante. Tener una vida sin adversidad es algo que escapa totalmente de nuestro margen de maniobra, es algo que no controlamos. Pero sí que controlamos nuestra reacción ante la adversidad.

Y ahí es donde entra en juego la resiliencia. La resiliencia es nuestra capacidad para sobreponernos a la adversidad. Resiliencia es... Qué narices, resiliencia es Rocky Balboa:


Ni tú, ni yo ni nadie golpea más fuerte que la vida, pero no importa lo fuerte que golpeas sino lo fuerte que pueden golpearte, y lo aguantas mientras avanzas, hay que soportar sin dejar de avanzar.

¿Por qué hay quien se hunde cuando pasa por una ruptura sentimental y hay quien celebra que le han despedido por las nuevas oportunidades que están por presentársele? ¿Por qué algunas personas se rinden ante el más mínimo contratiempo y otras se crecen frente a los desafíos? ¿Por qué algunos muestran una entereza sorprendente ante eventos trágicos y otros tardan años en superarlos?

Porque somos diferentes. Hay que aceptar esto. No todos partimos de la misma genética, ni del mismo aprendizaje, ni de las mismas experiencias vitales. Pero si aceptamos esto, también debemos aceptar que podemos ser diferentes a nosotros mismos, sin cambiar lo que somos, sin cambiar nuestra esencia, pero podemos cambiar: aprender, mejorar, crecer, superarnos...

Por eso la resiliencia es una capacidad susceptible de desarrollarse. Y he aquí una serie de factores facilitadores de la resiliencia:
  1. Foco de atención no en el problema, sino en las soluciones, alternativas o compensaciones.
  2. Sé consciente de tus fortalezas, recursos y virtudes.
  3. No seas victimista. No te recrees en el dolor. Autocompasión positiva = sé amable contigo.
  4. Comprométete con el aquí y ahora. Planifica el futuro.
  5. No ocultes tu vulnerabilidad. La salida del dolor es a través del dolor.
  6. Acepta que la vida tiene una parte injusta.
  7. Aprende de los fracasos. Mira el lado bueno de los eventos negativos.
  8. No evites. Enfréntate a los problemas.
  9. Ten sentido del humor. Desdramatiza.
  10. Inspírate en modelos.Como Nick Vujicic, que nació en la adversidad:

 Así que la próxima vez que la vida te golpee, dime: ¿te vas a quedar tumbado en la lona, o vas a levantarte?

martes, 20 de enero de 2015

LA FUERZA DEL OPTIMISMO

¿Te has preguntado alguna vez por qué somos pesimistas? Y no me vale que me digas: "¡No, yo no lo soy, yo soy muy optimista!" Todos hemos sido pesimistas alguna vez.

¿Quién no se recuerda a sí mismo convencido de la derrota de su equipo, o con unas expectativas bastante pésimas respecto a aquella fiesta a la que asistía casi por obligación, o diciéndose: "Bah, para qué lo voy a intentar, si seguro que no le intereso".

"¡No era pesimismo, era realismo!" Ya... A ver si nos enteramos: real es lo que está pasando ahora, no lo que aún no ha pasado.

Nuestras predicciones pesimistas son un mecanismo de defensa frente al dolor que puede suponer un fracaso o evento negativo, ante la adversidad. Pero son un mecanismo inválido, inútil. Me explico:

Pongamos el ejemplo del aficionado que piensa que su equipo va a perder. "Fo, seguro que perdemos, tenemos mucho lesionados, el otro equipo llega en muy buena racha, los árbitros la tienen tomada con nosotros..." Se lo dice a sus amigos, que están viendo el partido con él, rodeados de cervezas y ricos aperitivos. Pero también se lo dice a él mismo. Es su manera de lanzarle al cerebro el siguiente mensaje: "Si finalmente tu equipo pierde, no debes sufrir, porque ya lo sabías".

El pesimismo pretende prepararnos para la decepción y el dolor al que nos vemos expuestos ante un evento no deseado.

Pero, ¡no sirve! ¿Qué más da que supieras que tu equipo iba a perder? Porque en el fondo, deseabas con todas tus fuerzas que ganase, porque en el fondo mantenías esa ilusión, y cuando finalmente ha perdido, te has sentido muy decepcionado por la derrota. Y por mucho que ocultaras esa ilusión a tus amigos, dentro de ti, el pesimismo no ha podido acabar con ella.

Cuando iniciamos proyectos y nos proponemos unas metas, sin embargo, el optimismo actúa como una fuerza que nos acerca a nuestro objetivos, porque se produce un ajuste entre las expectativas y el esfuerzo. Es decir:

El pesimismo no nos prepara para hacer frente al fracaso, pero el optimismo sí nos prepara para poner los medios hacia el éxito.

Sin dejar nunca de ser unos optimistas no ingenuos, pensar que la suerte me acompañará o que tengo los suficientes recursos personales para afrontar los retos que me proponga, nos dota de fuerza de voluntad, frente al inmovilismo en el que nos sumerge el pensamiento negativo.

Pero... Por mucha confianza que tenga en la victoria de mi equipo, eso es algo que no controlo. O por mucho empeño que ponga, a veces las cosas no salen como uno quería. Pero ante esas situaciones, no nos ayuda en nada pensar: "¿De qué ha servido?, no tendría que haber puesto tanta ilusión, la próxima vez será mejor que me esté quietecito o piense que todo va a salir mal, así no me llevaré una decepción..."

Hay otras maneras mucho más efectivas de superar la adversidad. Pero de eso, hablaré en el siguiente post. ¡Os espero! 

jueves, 20 de noviembre de 2014

LA FACILITACIÓN EMOCIONAL

La Inteligencia Emocional es un concepto ampliamente difundido. En pocas palabras podemos decir de ella que es la capacidad para reconocer, comprender, expresar, regular nuestras propias emociones y la de los demás.

Y también es alcanzar la facilitación emocional.

Creo que todos entendemos, más o menos, en qué consiste reconocer una emoción ("estoy triste"), comprenderla ("estoy triste porque me he peleado y eso me hace sentir mal"), expresarla (a través del llanto, o de la apatía), y regularla ("voy a hacer algo que me ponga de buen humor y me quite esta pena"). Pero cuando hablamos de facilitación emocional... ¿esto qué es lo que es?

En psicología entendemos la facilitación emocional como el proceso en el cual mejoramos nuestro estilo de respuesta ante un estímulo, aumentando las probabilidades de éxito frente a las exigencias del mismo, gracias al estado emocional dominante en ese momento. Es decir:


Facilitación emocional es cuando nuestras emociones nos facilitan conseguir nuestros objetivos.

Pongamos varios ejemplos, casos negativos y positivos:
  • Te enfrentas al temido examen de conducir. Caso negativo: los nervios no te dejan dormir la noche anterior, llegas al examen con miedo y ojeras de Record Guinness, y lo primero que se te pasa por la cabeza es que en cuanto salgas del aparcamiento vas a atropellar a alguien (pensamiento que por cierto, no es que logre calmarte mucho, precisamente). Caso positivo: te tomas una tila (o dos), haces meditación, yoga, respiraciones profundas, e intentas visualizarte haciendo un gran examen, aprobando, y poniéndote tan contenta que acabas dándole un morreo a tu examinador o examinadora. Resultado: llegarás mucho más tranquilo a la prueba y con más confianza en ti mismo (acuérdate de llevarte chicles de menta, por si acaso...)
  • Tienes un trabajo pendiente y no consigues sacar fuerza de voluntad para hacerlo. Caso negativo: pones el foco de atención en el marrón que te ha caído encima, lo bien que te sentirías si estuvieras haciendo otra cosa, lo amargante que es tu vida por tanto, te deprimes, al final no haces nada. Caso positivo: piensas en las consecuencias positivas que tendrá terminar el trabajo (orgullo, satisfacción, una buena nota en tu expediente académico, una alabanza del jefe...). Sin embargo: "pufff, es que todavía veo muy lejos esas consecuencias positivas..." ¡Peligro, peligro, fuerza de voluntad bajando a niveles mínimos! No pasa nada, en ese caso puedes pensar en alguna actividad agradable que vayas a hacer después de la tarea: "Venga, ahora me pongo a trabajar y cuando termine me veo una peli, me pongo a hacer ejercicio o... ¡cojo a mi pareja y le doy un buen achuchón!".
  • No siempre tienen que ser emociones positivas las que nos conducen al éxito. Estás demostrado que niveles medios de ansiedad son los adecuados para obtener un buen rendimiento. Imagínate que en el caso del examen de conducir, llegases tan relajado que prácticamente te sintieras flotando en una nube, ¿qué pasaría? Pues que efectivamente atropellarías a alguien nada más salir del aparcamiento porque... ¡es que ni siquiera tenías los ojos abiertos! Hay trabajos en los que más te vale "estar espabilado", porque como seas demasiado tranquilo, te despiden. O imagina que los futbolistas salieran al campo sin un mínimo de tensión (bueno, eso ya pasa, son aquéllos a los que la gente les grita: "¡hay que sudar más la camiseta!" y a continuación se acuerdan de sus madres).

Pero, importante el matiz: niveles medios de ansiedad. No está demostrado que el estrés, la depresión, ni el mal humor, que son la alargación e intensificación de la ansiedad, la tristeza y la ira, ni tampoco la vergüenza ni la culpa, que llevan hacia aquéllos estados del ánimo, sean facilitadores de nada bueno. Así que si no fuera poco el motivo de "sentirse bien" para salir de estos estados, ahora ya tienes otro:

Conseguir logros que te hagan sentir bien.

lunes, 22 de septiembre de 2014

CUESTIÓN DE ACTITUD

Hoy en la madrugada cambiamos "oficialmente" de estación. El verano da lugar al otoño. Y para los que amamos la estación veraniega es éste un cambio un poco doloroso, así que ayer, pensando ya en ello, me desahogué escribiendo el siguiente post en una red social:

"El verano es una actitud, y termina cuando a mí me salga los hue... narices"

Esto me ha hecho reflexionar en que, no el verano, LA VIDA, es una cuestión de actitud. Y muchas veces hay que echarle hue... Narices. Y ovarios.

¿Acaso vas a dejar de ir a la playa o practicar deporte sólo porque el calendario diga que ya no es verano, si aún hace buen tiempo? Desde luego, si te gustan la playa y el deporte no tienes por qué.

¿Acaso vas a renunciar a tu bienestar y vas a abandonarte a la miseria  por ser época de tormentas? ¿Vas a desistir en tu búsqueda de la felicidad ante la primera tempestad que destruya el paisaje veraniego en el que vivías envuelto? No tiene que ser así. Por mucho que te llueva, por mucho que te golpee el viento en la cara: no pierdes tu derecho a ser feliz. 

Aunque hayas perdido a esa persona que tanto querías, aunque te hayan echado de ese trabajo que amabas, aunque tu vida cambie de forma tan radical que pienses que nada volverá a ser lo mismo, grábatelo con fuego ardiente en la cabeza: no pierdes tu derecho a ser feliz.

En la vida de nadie es verano por siempre. Así que estate preparado para disfrutar del plácido sol... y aprender a bailar bajo la más torrencial de las lluvias:


Porque, tenlo claro:

La felicidad no depende tanto de lo que nos pasa, 
como de cómo lo percibimos, interpretamos, asimilamos
y aprovechamos para nuestro futuro.

Para hablar de todo esto y mucho más daré el próximo sábado día 4 de Octubre un taller en Málaga llamado "Taller de Psicología Positiva: ¡Soy infeliz y me alegro!", al que os invito a asistir: más información en este enlace.

Y sí, lo sé. ¿¿¿Soy infeliz y me alegro??? Pero, diréis, ¡si ese mensaje es totalmente contradictorio con el "tienes derecho a ser feliz"! Mmm, sí, y no, no, no tiene por qué... De ello hablaremos en el taller, pero os adelanto tres premisas en relación a esto que para mí son fundamentales:

1. La felicidad no es una meta, es una búsqueda. En el momento en que se terminara esa búsqueda... ¡os aseguro que dejaríamos de ser felices!
2. No existen personas felices, existen estados de felicidad.
3. Hoy en día parece que para ser feliz hay que controlar cosas que la mayoría de las veces están fuera de nuestro margen de decisión (casa grande, coche caro, familia perfecta...). La emoción la decides tú.

La mala noticia es que tomar esa decisión, alcanzar esos estados o persistir en la búsqueda, en ocasiones, no es nada fácil. Y en ese punto, precisamente en ese punto, es cuando hay que echarle hue... ova... nari... ¡Actitud, hay que echarle actitud, coño!